El concepto de religión, proveniente del verbo "religare" en latín, que significa ligar o unir, puede interpretarse como un conjunto de conocimientos o creencias que unifican a una comunidad. Así como unir o relacionar todo lo existente mediante una simbología, determinando el comportamiento que debe seguir cada miembro de la comunidad que practica dicha religión.
El filósofo y matemático inglés de principios del siglo XX, Bertrand Russell, observó que las religiones siempre han estado entre las primeras causas de las guerras. Esta experiencia histórica se ha utilizado para argumentar que es mejor no tener ninguna religión, pero esto es imposible partiendo de su significado literal, de religar o relacionar el todo en una sola visión o entendimiento, por lo que doctrinas como el marxismo, el nazismo, el fascismo o el capitalismo, que también han sido causa de grandes guerras, caen dentro de esta definición general de religión y vienen a confirmar la observación de Bertrand Russell.
El desafío de la actual humanidad es entonces encontrar una interpretación satisfactoria que le explique porqué las religiones han jugado ese papel de catalizadores de guerras y genocidios, integrándola al nuevo conocimiento de manera que le permita ahora escapar a esa historicidad y de esta manera lograr unificarse mundialmente para poder trabajar por la superación del actual estado de emergencia ambiental y definir las directrices que han de llevarla por su correcta evolución.
Particularmente esto requiere de una redefinición del concepto de guerra, en que su esencia no sea ya la aniquilación del enemigo, sino la común superación de las causas que provocan los enfrentamientos, identificando al principal enemigo con uno mismo, con los propios prejuicios que impiden la solución de los problemas. Huitzilopochtli es “el de la serpiente de fuego”, el fuego de la guerra que será dirigido por el viento helado de las altas montañas, a cuya altura sólo moran las águilas y los cóndores.
El plano mental del género humano es una dimensión del espacio real que debemos ponderar adecuadamente, buscando en ella la salida a la contradicción existencial del mundo moderno. Las creencias son parte medular del pensamiento humano y vienen ocupando un lugar preponderante en la evolución de nuestra especie, por lo que conviene estudiarlas y aplicarlas acertadamente.
Dicho plano mental puede interpretarse como el espacio metafísico o espiritual aludido por las religiones, y entonces no resulta independiente y determinante de la realidad física como en el modelo platónico, sino más bien ambos coexisten en mutua dependencia y procreación.
La Conquista de México fue un fenómeno preponderantemente influido por el misticismo, mientras los españoles encausaban su fe por la protección y la razón de la señal de la Cruz y el merecido castigo a los infieles que profesaban religiones paganas, los antiguos mexicanos esperaban la llegada de Quetzalcoatl, quien habría de venir a reinarlos.
Resulta hoy totalmente consecuente suponer que una civilización esperaba la llegada de la otra para ser sacrificada por ella, puesto que antes de su llegada acostumbraba a practicar sacrificios rituales y sus principales sacrificadores y sacerdotes dirigentes de aquel sistema religioso acompañaban su nombre jerárquico del de Quetzalcoatl (Quetzalcohuatl Totec Tlamacazqui, Quetzalcohuatl Tlaloc Tlamacazqui, etc.). De manera que podemos identificar a la llegada de Quetzalcoatl con la llegada de Cristo, es decir, del cristianismo.
A partir de la definición general de religión aquí planteada y de la histórica confrontación que ha existido entre la religión y el desarrollo del conocimiento científico, revela que la ciencia constituye la creación de una nueva religión elaborada por la humanidad histórica, cuyo desarrollo fue previsto por una prehistórica civilización mundial e impulsado por su imposición de la antigua religión.
A lo largo de la historia han convivido estas dos humanidades, la antigua en un proceso de extinción, caracterizado por la pérdida de una prehistórica sabiduría que la ciencia actual aún no ha logrado reconocer, pero renaciendo en la moderna humanidad mediante su redescubrimiento del conocimiento que ha de llevarla a la comprensión de que es la misma prehistórica humanidad volviendo a resucitar.
Es decir, que este proceso voluntario de la prehistórica humanidad, de morir para volver a renacer, ha tenido el fin de heredar a la nueva humanidad ese conocimiento prehistórico de la trascendencia del espíritu humano a través de sus distintas generaciones. De este modo podemos ir comprendiendo porque las religiones han tenido históricamente ese papel de promotoras de guerras y genocidios.
De manera que el voluntario sacrificio de Cristo vino a ser el “botón de la muestra” de un acto supremo de amor realizado por una prehistórica civilización mundial, en el que ofrendó lo más preciado que cualquier persona puede tener, que es su propia vida.
A partir de la existencia de fósiles humanos de mayor antigüedad que la que refiere la cronología bíblica, de manera innegable se ha demostrado que Adán y Eva no pudieron haber sido la primer pareja humana, si acaso lo fue del pueblo hebreo. Pero ahora en la práctica se maneja como dogma que lo que la Arqueología no puede comprobar de manera evidente sobre el pasado es necesariamente falso.
Cuando resulta más realista manejar que sobre la mayoría del pasado no han podido quedar vestigios arqueológicos, pero han quedado huellas en la sicología, las creencias y la historia de la humanidad, que probablemente reflejan los hechos más trascendentales del pasado olvidado de nuestra especie. Como disciplina la ciencia exige cuestionar y analizar dichas creencias, pero tomarlas por falsas de antemano resulta tan anticientífico como aceptarlas a priori.
Aunque la Arqueología ha tenido un desarrollo impresionante, permitiendo hacer grandes inferencias sobre el pasado a partir de los relativamente escasos vestigios que han podido identificarse, las teorías vigentes aún no han podido superar la sicología creacionista, simplemente han trasladado el concepto de la divina creación referida en el génesis bíblico a un milagroso desarrollo reciente de la inteligencia humana. Pero resulta mucho más coherente con la evolución de nuestra especie humana a lo largo de los dos millones de años de la Era Cuaternaria, suponer que la actual creación del conocimiento científico se ha desarrollado fundamentalmente por herencia y no por primera vez.
Dogmas religiosos como el de la resurrección de la carne o la reencarnación del espíritu, pertenecientes a diversas religiones, son interpretables en base a argumentos antropológicos y a partir del conocido desarrollo de la historia universal.
El concepto del mestizaje cósmico o de todas las razas del filósofo mexicano José Vasconcelos se relaciona con el dogma de la resurrección de la carne, ya que al ser éste originario de una extensa zona que rodea al Medio Oriente, el cual es un vértice geográfico de unión entre tres continentes: Asia, África y Europa, ha sido la primer región en todo el mundo donde desde tiempos prehistóricos han podido converger y mestizarse todas las razas humanas.
Podemos entonces interpretar el dogma de la resurrección de la carne como la consigna religiosa de la repetición de este mestizaje cósmico o total a nivel mundial, el cual con la expansión de la cultura occidental o europea mediante su colonización del resto de los continentes, se ha dado por todas partes del mundo, y de manera particularmente extensiva en América.
Una comprobación cotidiana de la resurrección de la carne es que muchos mexicanos tenemos rasgos raciales comunes con los pueblos árabes, el parecido con los pueblos de la India ya existía desde antes de la época de la Colonia, de lo cual se derivó el error histórico de llamar indios a los habitantes de América. Conviene formular a este mestizaje cósmico, que no solamente ha sido racial, sino también cultural y espiritual, como el sentido que ha tenido nuestra historia universal.
El concepto de la resurrección de la carne es coherente con el concepto de la reencarnación del espíritu, perteneciente a culturas que por su antigüedad aún no habían completado el mestizaje cósmico, y su idea de reencarnación les permite volver a vivir tanto en su raza original, como en nuevos mestizajes.
El fundamento filosófico de estos conceptos religiosos es el eterno retorno a través del tiempo, fincado en la observación de la periodicidad de los fenómenos naturales, desde los fenómenos astronómicos hasta los fenómenos sociales, concluyendo que nuestra especie viene evolucionando en ciclos que no son idénticos pero sí semejantes, en los cuales viene reencarnando el espíritu humano que tampoco escapa a su evolución. Podemos considerar a esta naturaleza cíclica del universo como su cualidad femenina, en base al ciclo de fertilidad en la mujer, que misteriosamente tiende a coincidir con el ciclo de las fases de la luna, estableciendo una relación íntima entre el astro y el género femenino.
Entenderemos entonces al nuevo conocimiento, que contiene al conocimiento científico, como una religión puramente laica: sin iglesias, ministros, ni rituales, cuya diaria oración sea el trabajo concertado entre personas de todas las edades para superar sus problemas comunes y satisfacer las necesidades de su espíritu. Con la política de respetar las creencias y actividades de las distintas religiones, buscando colaborar con ellas en la obra creadora de Dios, independientemente de la idea que tengamos de él.
No podrá haber una conciliación nacional en ningún país que no esté enmarcada dentro de su cultura religiosa, con sus milenarias raíces occidentales y autóctonas. Como tampoco puede ya darse dicha conciliación si no queda también enmarcada dentro del marxismo, como pensamiento que ha influido universalmente en la historia del último siglo.
Se ha dicho que el Dalai Lama, que predica paz y felicidad, procura recuperar un poder teocrático que mantenía la esclavitud, pero si pensamos que el actual régimen chino no es esclavista, nada más recordemos que su competitividad se basa en su mano de obra barata. Claro que hay de esclavismos a esclavismos, inclusive el voluntario, y todo régimen es necesariamente esclavista, por lo que en lugar de engañarnos con que hemos abolido la esclavitud, deberíamos de tratar de asociarle el mayor grado posible de libertad.
La causa de todo es la modernidad, que mientras en México siempre se ha dado de manera constante y paulatina debido a su cercanía con Estados Unidos, en China se atrasó y debido a las dimensiones gigantescas del país ahora es el ¡boom! de actualidad. Quizá China ahora se encuentre en una etapa equivalente a la del sexenio de Echeverría en México, en que todavía existía la economía mixta del capitalismo de estado, pero su futuro al igual que en México es la recesión económica, que sólo podrá ser superada o evadida con una nueva economía mixta capitalista y comunitaria, que tendrá que fundamentarse en conceptos económicos, sociales y religiosos.
Marx predijo que el socialismo se derrumbaría para dar paso a un estado de desorden que concluiría con el triunfo del comunismo, lo que significa que el socialismo no es la única vía al comunismo, sino que también lo es el capitalismo, por ello debemos construir una nueva economía mixta capitalista y comunitaria, en que las diversas comunidades civiles vayan arrebatándole al Estado muchas de sus funciones organizativas y ejecutivas, hasta llegar a construir una auténtica democracia.
De este modo la sociedad civil mundial no volverá a permitir que ningún Estado invada militarmente a otro, provocando la masacre de gente inocente y poniendo en riesgo a su propio pueblo, y encontrará la solución entre las partes en conflicto eliminando el terrorismo a partir del fin de las agresiones imperialistas de cualquier Nación.
Lo que existe es lo que impera, y para que pueda eliminarse un imperio sin terminar con la existencia es necesario que sea sustituido por otro. Por ello a partir de una crítica a la civilización actual se ha configurado la presente teoría postulando que después de sus atroces experiencias en intentos pasados, el ser humano será por fin capaz de construir el imperio correcto que reclama su espíritu.
El supuesto giro a la izquierda de la política no es más que un mito, la razón por la que López Obrador podría ganar las elecciones del 2006 es la misma por las que Fox ganó en el 2000, se trata de un movimiento ciudadano en contra de la partidocracia, sistema oligárquico que fomenta la corrupción de políticos y gobernantes. Nos acercamos al fin de la geometría política de derecha-izquierda, al límite de su convergencia, en que desaparecerán los partidos y divisionismos políticos de cada nación en bien de su propio desarrollo.
Atendiendo las demandas ciudadanas y la caducidad de los partidos políticos, si verdaderamente los candidatos presidenciales tuvieran la capacidad para gobernar en bien de la nación, establecerían una alianza en la que convocarían a sus partidos a convenir su desaparición a partir de la conclusión de las elecciones del 2 de julio, de este modo quien resulte electo podrá llamar a sus contrincantes a colaborar en su administración y unir esfuerzos representando a las diversas facciones políticas del país en proceso de unificación.
Entonces México se pondría a la vanguardia de la evolución política mundial, acaudillando la convergencia de la geometría política de derecha-izquierda en que desaparecerán los partidos y divisionismos políticos de cada nación en bien de su propio desarrollo.
En su libro “El Arte en la nueva era”, el filósofo francés Serge Raynaud de la Ferrière escribió: "Lo que era ignorado hace 300 o 400 años era perfectamente conocido hace 3000 o 4000. La coloración del vidrio, como la practicaban los chinos hace milenios, es todavía desconocida en nuestros días . . . El vaciado en bronce en el arte negro de los reyes de Benin en el río Níger, así como los bajorrelieves de las tranquilas figuras de los balubas, demuestra que el artista africano al hacer un retrato ya no buscaba la realidad sino la yuxtaposición simbólica de volúmenes (arte moderno) . . . Durante mucho tiempo el trabajo era ejecutado por el valor del trabajo en sí, y no para beneficio personal; se trataba de una verdadera espiritualidad . . . El valor de las palabras ciertamente ha perdido todo sentido profundo, y si la gramática de hace tres mil años parece ser de extrema simplicidad, acordémonos de la riqueza de la literatura griega, hebraica o sánscrita de ese periodo."
III Vestigios prehistóricos .... Índice....