Un cuento es un relato fantástico que lleva enseñanzas, conjeturas, especulaciones y simples encuentros del aventurero vuelo de la imaginación, así ha resultado este ensayo que presenta al amor como la causa y la solución de la tragedia humana, y a la mística del presente nutrida por el misterio del pasado prehistórico.
El hombre es un animal político, un "zoon politikon", como lo decía el filósofo griego Aristóteles hace unos 2350 años, y como tal es que el autor se ha esmerado en reunir los datos y argumentos que conforman la presente disertación, ensayando reinterpretaciones antropológicas en la investigación de soluciones a los actuales problemas mundiales y sus consecuencias futuras.
Tratando de acoplar el entendimiento científico a nuestra herencia cultural, en la cual se desarrolla nuestra primera educación, el autor ha realizado por muchos años una investigación independiente sobre las culturas prehispánicas y su relación con la prehistoria mundial, resultando en un refinamiento a la teoría antropológica vigente, basada en la cultura religiosa de las diversas civilizaciones, particularmente de la occidental y la mexica o azteca, y corroborada por la existencia de vestigios prehistóricos que para muchas personas e investigadores, la Arqueología no ha explicado satisfactoriamente.
¿Podría tener algún sentido histórico aquella antigua religión de sacrificios humanos? ¿Por qué y para qué fueron? ¿Para que una naciente humanidad pudiera heredar la sabiduría de una milenaria cultura? ¿Acaso no fue el consentimiento de Cristo en que se le sacrificara en la Cruz lo que ha de traernos la salvación? ¿Podría consistir en esto el verdadero tesoro de Moctezuma, aquel que nunca se encontró y por el cual Hernán Cortés ordenó que torturaran a Cuauhtemoc? ¿Por qué tuvieron que desaparecer culturas tan sabias y misteriosas como la Inca, la Maya o la Mexica?
Hoy nos jactamos de nuestra moderna civilización, aseguramos que nuestro desarrollo científico y tecnológico nunca antes fuel alcanzado por nuestra especie humana y que es lo que debe predominar en el futuro. Menospreciamos las organizaciones económicas de épocas antiguas, las vemos como obras de hombres de menor entendimiento al nuestro, anacrónicas y rebasadas, inservibles para aplicarlas en nuestro medio, llevando así a nuestros modernos sistemas económicos a ahogarse en sus limitaciones y contradicciones.
Dado que con la visión materialista de la ciencia no alcanzan los recursos naturales del planeta para que toda la humanidad pueda llevar una vida digna, es necesario retomar los valores espirituales de las religiones, que consignan una vida de austeridad y ascetismo, para de este modo poder alcanzar un equilibrio ecológico entre la naturaleza terrestre y el ser humano como especie dominante.
Hace falta que cada individuo se entregue voluntariamente a llevar una vida en favor del género humano y sus distintas comunidades y entornos, proyectando en ello toda la intensidad de su amor, como lo hace con sus hijos o su pareja, con Dios o las cosas que ama. Para ello hay que buscar formas de hacer afín cada conciencia individual, desde el lugar que ocupe en la sociedad, a un proyecto de conciencia colectiva, para que sus voluntades lleguen a sumarse en un mismo sentido.
Es necesario advertir al amable lector que la construcción de la presente teoría no constituye el desarrollo de una vocación de fe, sino más bien de una vocación científica, ya que se ha guiado por un pensamiento tan crítico como escéptico y tan simplista como pragmático, en el planteamiento de la "hipótesis religiosa" como un ensayo en la búsqueda de soluciones al grave problema de la devastación antropogénica de la naturaleza.
Se maneja así a la ciencia como una infraestructura del conocimiento, a partir de la cual puede accederse a la existencia de un mundo abstracto, postulándolo como medio para evitar la devastación del mundo físico a la que nos lleva nuestra limitación o priorización a los valores materiales.
El concepto de Dios se adopta como un elemento cultural necesario para encausar la movilización creativa de una comunidad, respetando la libertad de cada individuo a concebirlo según su religión o creencias se lo permitan. El carácter puramente metafísico que aquí se le considera evita cualquier contradicción con la ciencia, posibilitando su acción como un poderoso símbolo de orientación popular.
Las leyes mexicanas son bien claras en la delimitación que hacen entre gobierno y religión: un sacerdote o ministro religioso no puede ser candidato a un cargo de elección popular; la educación pública debe ser laica, es decir, impartida solamente por creyentes laicos, que no sean ministros de su respectiva religión, y que no induzcan a sus alumnos a dicha religión porque por la libertad de culto sus familias podrían practicar otra religión o ninguna.
Sin embargo queda espacio para que en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, de una manera científica e imparcial, sean estudiados los valores espirituales que manejan las distintas religiones y su aplicación laica a la vida cotidiana en la construcción de una mejor cultura de convivencia y colaboración en la solución a los problemas sociales y ambientales.
El autor ubica la configuración de la presente teoría dentro de la moderna ciencia conocida como Antropología Política, la cual estudia las instituciones, los sistemas simbólicos y los movimientos sociales de las diversas civilizaciones, observando las estructuras de poder y relacionando los sistemas políticos y formas de gobierno de distintas épocas y culturas.
Plantear reinterpretaciones del pasado en la búsqueda de soluciones y mejor tratamiento de la problemática actual y sus consecuencias futuras, es aplicar la política a la investigación en Antropología, confirmando que la Antropología Política es una rama de retroalimentación de los conceptos fundamentales de la Antropología, no limitándose a ser únicamente una herramienta al servicio de un poder parcial, sino que va más allá buscando el poder de todo el género humano para lograr su correcta evolución.
Con las perspectivas del pasado, futuro y presente que se plantean en este ensayo antropológico, el autor ha buscado proveer al ciudadano común de la información necesaria para que pueda practicar una política y participación ciudadana propia de una democracia, en la que la sociedad civil asuma la responsabilidad de gobernarse siguiendo el significado literal del término.
La sintética construcción del presente ensayo ha seguido la recomendación del filósofo presocrático Heráclito de Éfeso: "Todo lo que es contrario es útil; de lo que está en conflicto nace la más bella armonía; todas las cosas se engendran de discordia. Unid lo que está completo y lo que no lo está, lo concordante y lo discordante, lo que está en armonía y lo que está en desacuerdo; haced de todas las cosas, una, y, de una, todas las cosas."
En su "Visión de Anáhuac", el escritor mexicano Alfonso Reyes nos invita a contemplar nuestro mundo, a escudriñar y romper el velo de nuestro pasado y así terminar con la agobiante incomplitud de nuestra identidad. Pero la región más transparente del aire se ha trasladado a mayor altitud sobre la meseta de Anáhuac y es necesario elevarnos hasta la región de las águilas para poder cumplir con la consigna de Reyes, siguiendo su conocida estrategia: “La única forma de ser provechosamente nacional consiste en ser generosamente universal”.
Águilas y estrellas
Marcelino Dávalos
Del seno de la niebla desolada
a donde descendió mi estirpe de águilas,
vengo henchido de glorias y recuerdos
de grandezas derruidas . . .
¿Ilhuicamina el flechador del cielo
y Nezahualcóyotl, donde se hallan?
Se alzará de la huesta funeraria:
la estirpe muerta, la de la testa brava;
y al sonar el caracol y el teponaxtle
agitará sus armas de obsidiana.
Raza sin abolengo . . .
Surgida del cadáver de mi raza,
¿Quieres que de sus ruinas y leyendas
Tenochtlitlan renazca?
¡Al indio resucita! Al indio que si evoca
de la patria el recuerdo sagrado,
sólo sabe de bosques que le talan
y jirones de tierra que le roban.
¡Guerreros del sol! ¡Tened el arco!
¡Guerreros águila! ¡aprestad el arma!
¡Tened el escudo, guerreros tigre!
Que en el Teocalli esta encendida el ara . . .
¡Huitzilopochtli!
¡Resucita el cadáver de mi raza,
De águilas hoscas y a la par bravías . . .!
Marcelino Dávalos Vázquez nació en Guadalajara en 1871, destacado dramaturgo, cuentista, poeta y periodista. Se consagró como autor dramático en la Ciudad de México, en 1900, con el estreno de su obra "El Último Cuadro" en el Teatro Renacimiento. Se recibió de abogado y fue diputado maderista, por lo que sufrió el destierro de Huerta al estado de Texas. Murió en 1923.