La
actitud de la princesa hacia el antiguo amigo de su madre era mas comprensible
de lo que quizas advirtio Fersen.
Si ella hubiera estado al tanto -y casi seguramente lo estaba- de lo que
se decia en las cortes y cancillerias europeas de su madre y del hombre
que ahora acudia a reclamarle el dinero de sus padres, no podia menos
que haberse sentido incomoda, si no abiertamente disgustada.
Maria
Teresa no tenia nada del encanto de su madre, ni habia heredado tampoco
la naturaleza bondadosa del padre.
Cada
palabra que escribio o que dijo indica que la figura central de su recuerdo
no era la de su madre sino la de su tia, Madame Elizabeth.
Y Elizabeth, por «santa» que haya podido ser a los ojos
de los realistas y por santa que fuera en realidad, tenia opiniones
muy presbiterianas sobre los fugaces placeres de este mundo de pecado.
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Habia
mirado las fiestas campestres del Trianon con una desaprobacion igual
a la que muestran hoy algunos historiadores.
No
le gustaban los Polignac ni su 'entourage', ni ninguna de las personas
de quienes finalmente llego a creer que habian llevado por mal camino
a su pobre cuñada.
Entre esa gente se encontraba indudablemente Fersen, y es tambien casi
seguro que Elizabeth habia transmitido su desaprobacion, bien que discretamente
y con santa indulgencia, a la joven Maria Teresa.
Fersen no debia de haberse sorprendido porque la princesa le tratara
con frialdad. |
Madame
Elizabeth, la hermana de Luis XVI, apenas viviria 30 años.
El
9 de mayo de 1794 seria conducida al tribunal encabezado por Fouquier-Tinville
quien pidio su muerte y la de 24 personas mas "culpables por conspirar
contra la Republica".
Al
dia siguiente, en la carreta hacia la guillotina, la acompañaban
la anciana Mme de Senozan, hermana de Malesherbes; Mme de Crussol, de
Laigle, de Montmorin, un Loménie de Brienne, dos abates, comerciantes
y artesanos, ademas de domesticos, no se trataba en ningun caso, por
cierto, de "conspiradores" |