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| ISILME AR LAURENENNO MELMEKWENTA (Una historia de Amor en tiempos que anuncian guerra) EL sol ya entraba entre las ramas del mallorn cuando Isilme abri� los ojos. La luz p�lida en los amaneceres de primavera hac�a brillar las vetas plateadas de los �rboles de L�rien, los mallorns. Gloriosos se alzaban los mallorns desde el suelo, deseando el azul del cielo, intentando alcanzarlos con sus largos dedos. Misteriosos se alzaban los mallorns desde el suelo para los extranjeros, que eran escrutados desde las alturas. ? Isilme permaneci� sobre el lecho que la hab�a guardado durante la noche �lfica, contemplando la luz, a�orando el brillo de las estrellas, a�orando la barca de Tilion. Se incorpor� y sali� del lecho. Una suave brisa se col� entre sus cabellos negros como la noche, y sus ojos brillaron, pues sus ojos son tan brillantes como Elbereth, tanto de d�a como de noche. ? Mir� al horizonte y una sombra oscureci� su mente, pero no fue una sombra maligna, sino algo que estaba creciendo dentro de ella desde hac�a unas cuantas noches atr�s y que ahora se hab�a hecho notar. Era una sensaci�n que le ordenaba salir de la ciudad de los galadrim, la brillante ciudad del Se�or y la Dama del bosque. Decidida, baj� livianamente por las escaleras adosadas al �rbol y se dirigi� hacia las cuadras donde se guardaban algunos caballos fuertes y r�pidos. Con voz clara le dirigi� a su favorito, Ninkwetur, Se�or de las Nieves, unas palabras en lengua �lfica y el caballo empez� a galopar, una sombra de plata entre los �rboles, tan silenciosamente que los guardias no llegaron a adivinar qu� (o quien) hab�a salido de la ciudad de los Galadrim, Caras Galadon. |
| ? Otro d�a en el extra�o viaje errante de Laurenen, hijo de Ambaron, un joven elfo de Rivendel, que hab�a partido de su casa sin saber a d�nde se dirig�a cuando en sue�os vio una luz sobrecogedora, tan pura como la que vieron los primeros nacidos al llegar a Valinor, una luz que lo atra�a y con tan solo un arco y un carcaj como compa�eros de viaje le obligo a partir hacia donde lo guiaba su coraz�n. ? Aquel d�a hab�a llegado a un bosque de plata, a trav�s del cauce del r�o Celebrant, y se llamaba LothL�rien. Despu�s de un tiempo andando sin rumbo entre los �rboles, la vio, vio la anhelada luz. ? Sin saber como, una m�gica fuerza, apoder�ndose de su voluntad, movi� un brazo hacia atr�s para coger el arco; movi� el otro brazo para coger una flecha, apunt� y dispar�. *** ? Oy� un zumbido, y al darse la vuelta, un dolor agudo invadi� su cuerpo. Isilme se mir� y vio la flecha clavada en su hombro izquierdo. Vio la flecha, mas no al arquero. ? Sus piernas flaquearon y cay� de rodillas, un escalofr�o la recorri� de arriba abajo y se estremeci�, derrumb�ndose en la hierba ? Entonces Laurenen sali� de su letargo y la vio yaciendo en el suelo con su flecha clavada y entendi�. Corri� hacia ella, la tom� en sus brazos y mientras sosten�a su cuerpo inerte un fuego se encendi� dentro de �l, un fuego que nunca se apagar�a y se apiad� de Isilme, pues el elfo era bondadoso y hab�a ca�do enamorado, tierna y sinceramente. ? Pero los ojos de Isilme ya se cerraban y su coraz�n aminoraba. Laurenen deb�a hacer algo por evitar su muerte, o �l tambi�n morir�a con ella. Vio a Ninkwetur y mont� sobre �l. Sosteniendo el cuerpo de Isilme, empez� a galopar. ? Ninkwetur parec�a entender lo que pasaba y corri� m�s �gil y r�pido que nunca y en poco tiempo alcanz� las puertas de Caras Galadon. Los guardias tocaron las trompetas anunciando la llegada de un caballo de jinete desconocido. ? El caballo se par� y Laurenen baj�. Esperando estaba la Dama Galadriel, misteriosa pero bondadosa. Sus ojos no se mostraban severos pues su mente hab�a visto todo cuanto hab�a acontecido en el bosque y en la mente de Laurenen e Isilme. ? Junto a la Dama Galadriel se encontraban Celeblind� y Aurendil, los amigos m�s allegados de Isilme, y, aunque con cierto temor por su amiga, sab�an que en manos de Galadriel, Isilme no corr�a peligro. ? Galadriel le orden� a Laurenen que la siguiera hasta la falda sur de Caras Galadon. Cruzaron una cerca verde y alta y entraron en un jard�n cerrado. El cielo se abr�a sobre �l. Galadriel, seguida de Celeblind�, Aurendil y Laurenen con Isilme en �ltimo t�rmino, baj� una larga escalera y entr� en una profunda cavidad verde, por la que corr�a murmurando poemas ininteligibles la corriente plateada de una fuente en la colina. En el centro, como si de un �rbol naciente se tratase, hab�a esculpido un pil�n de plata, ancho y poco profundo, lleno de agua clara. Lo llamaban "El espejo de Galadriel". ? Laurenen, sobrecogido, miraba at�nito, pues ni en sus m�s ocultos sue�os tal belleza se hab�a presentado. ? La voz de Galadriel empez� primero grave, profunda, y sigui� m�s dulce, m�s suave, pero aun as�, �sta invad�a a todos y casi pod�an respirarla. A la voz de Galadriel se le unieron las de Celeblind� y Aurendil. El conjunto de palabras �lficas a modo de misteriosa canci�n, invocaba a las fuerzas del interior de la tierra y el cielo y les imploraba que ayudasen a Isilme, cuyo coraz�n lat�a cada vez m�s lentamente. Emiti� un triste gemido ag�nico, luchando por su vida. La estrella de la tarde aparec�a en el cielo. ? Pero Isilme ya no se encontraba con ellos, se encontraba ante unas enormes puertas de piedra, con runas finamente talladas que contaban el inicio de los d�as. Isilme no ten�a miedo, simplemente esperaba, et�rea aunque todav�a materializada, como si en la l�nea de separaci�n entre la vida y la muerte se encontrase. ? Las puertas se abrieron lenta y limpiamente y apareci� un bonito jard�n, con �rboles y flores desconocidos para ella. Se encontraba ante las Estancias de Mandos, donde moraban todas las criaturas seguidoras de la luz eternamente, una vez su existencia en la Tierra Media hab�a terminado. ? Una figura femenina apareci� en el umbral, con vestido verde y dorado como el jard�n. Era L�thien Tin�viel, cuyo amor por un mortal los hab�a llevado por grandes aventuras en los d�as antiguos, llev�ndolos finalmente a las sagradas estancias del Vala Mandos. Levantando una mano, en adem�n de impedirle el paso, le dijo con voz mel�dica que deb�an pasar muchas noches antes de que ella volviese a �stas puertas para morar detr�s de ellas eternamente; que no guardase rencor al que la hab�a llevado hasta all�, que el destino los hab�a unido. Entonces, el esp�ritu de Isilme regres�. ? Galadriel levant� sus manos hacia el cielo, y el fuego plateado de la estrella de la tarde baj� desde le cielo y se pos� en el cuerpo de Isilme, que abri� sus brillantes ojos, ahora d�biles y temblorosos y contemplaron por primera vez el rostro de Laurenen. Entonces cay� en un profundo sue�o. ? Durmi� durante tres d�as, velada d�a y noche por Laurenen y tambi�n por Celeblind� y Aurendil. Un buen d�a, cuando Celeblind� hab�a ido a informar a Galadriel del estado de Isilme y Aurendil a por algo de comer para Laurenen, Isilme abri� los ojos y vio que no s�lo la acompa�aba el canto de los p�jaros, sino que tambi�n Laurenen estaba all� y la miraba con ojos bondadosos. ? A pesar de los esfuerzos de Laurenen por que se quedara en cama y descansase, Isilme insisti� en que quer�a dar un paseo por el bosque, al lugar donde todo ocurri�. Laurenen la acompa�ar�a y la cuidar�a. Apoy�ndose en los fuertes brazos de Laurenen, Isilme baj� del mallorn y se dirigieron al bosque. Estuvieron hablando y hablando con sus voces �lficas, alegres y despreocupadas. Llegaron a orillas del r�o Nimrodel, y la propia voz de Nimrodel los salud� con voz dulce. Y all�, sobre la tierna hierba, Laurenen tom� a Isilme entre sus brazos y le confes� que hab�a estado muy preocupado por ella, porque pensaba que la hab�a matado y que no podr�a decirle que se hab�a enamorado de ella desde la primera vez que la vio, inerte y herida de muerte y la bes�. Un beso tierno y sincero con el que Laurenen le dec�a a Isilme que la amaba y que permanecer�a siempre junto a ella. Despu�s Laurenen le dijo: - S� que amas LothL�rien y que tu coraz�n ha morado aqu� mucho tiempo, pero, he de pedirte, �vendr�s conmigo a Imladris, y te casar�s conmigo? Oh, luz de luna, te necesito. ? Isilme mir� largamente a Laurenen, sus ojos se humedecieron y respondi�: - Laurenen, amo L�rien tanto como a ti, me ser�a muy doloroso abandonar la tierra que me ha visto nacer y crecer, abandonar a mis amigos, pero, donde vayas t�, yo te seguir�. Hasta los l�mites de la Tierra, hasta la m�s peligrosa de las empresas, hasta las entra�as de un drag�n o las mismas puertas de Mandos... � dijo Isilme con una l�grima de plata corri�ndole por la mejilla. - Melanyet, Isilme, A inya Gilthoniel - Inye, Laurenen, oiale, tenna i tyel ambaro - I umbar hostieve - dijo Laurenen - Alm�rea na I umbar * - dijo Isilme. |