| CAPITULO XIII: FRENTE A FRENTE |
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Cabalgu� sin descanso hasta bien entrada la noche. Me adentr� en los bosques de Shereria y finalmente llegu� a mi destino, la laguna de Mannth. All� entre sus cristalinas aguas se hallaba el refugio de las piedras que ser�an capaces de terminar con el reinado de las tinieblas para siempre. Al fin hab�a llegado al templo de Ishtar. Desmont� y, siguiendo las instrucciones precisas de mi madre comenc� a desvestirme, pues solo el cuerpo desnudo de las guardianas pod�a tener acceso a la c�mara del tesoro. Despojada de todo lo material, y con la llave de estrella colgando sobre mi pecho, entr� en el lago, recitando los versos que generaci�n tras generaci�n se hab�an transmitido de madres a hijas y me identificaban como la �ltima de aquella estirpe de eternas sacerdotisas protectoras de la luz del mundo: -Oh gran Istar,Protectora de la vida,Se�ora del amor,Poseedora del secreto de la pazAbre tus puertas A esta tu sierva. Pues tu hora ha llegadoY la luz debe reinar Sobre las tinieblas Que se ciernen Ante nuestra pac�fica existencia Oh gran Ishtar Mu�strame el camino- Dicho esto, las aguas se abrieron, y de ellas emergi� una bella ondina, que tomando mi mano dijo: - Bienvenida seas Driad, Princesa de Einar, vigesimos�ptima guardiana de la orden de Ishtar. Te estabamos esperando. La segu� como en un sue�o, y las aguas se cerraron a nuestro paso. Un sinf�n de criaturas moraban en las profundidades de aquella laguna. No sab�a como, pero pod�a respirar. La ondina pareci� leer mis pensamientos y me dijo que todo ir�a bien mientras no soltase su mano |
Nos sumergimos hasta lo mas profundo de la laguna all� encontramos la entrada a un templo, tallado en la roca del lago y custodiado por la imagen de dos enormes sacerdotisas de piedra. Su tama�o era tal, que uno solo de sus ojos era mayor que yo misma. Madre me hab�a hablado muchas veces de la majestuosidad del templo, pero aquello superaba con creces todas mis expectativas. Ya en el interior, una docena de muchachas, ondinas tambi�n. Se inclinaron ante nuestra presencia, dejando libre el camino hacia un altar, en el que reposaba la figura de una bell�sima diosa, de m�rmol blanco, portadora en sus brazos de un cofre de oro. - Esta es -dijo la ondina que me acompa�aba- la r�plica de la estatuilla de la autentica Diosa Ishtar. Como ves, sus ojos est�n vac�os, como tambi�n lo est�n los de la autentica. Tu eres la �nica que puede sacar las piedras del cofre que las ha guardado durante generaciones y devolverlos a la estatuilla original, escondida en las entra�as del monte Meda. Solo entonces la Diosa escuchar� tus peticiones. Pero recuerda, solo escuchara una voz, la voz que le devuelva la vista. Por tanto es necesario que nadie mas que tu entre en la c�mara secreta. De este modo podr�s invocar su protecci�n, y los ej�rcitos de la oscuridad ser�n derrotados. Ahora Driad, encu�ntrate con tu destino. La ondina se apart� de mi dej�ndome ante el cofre. En ese momento las aguas se abrieron a mi alrededor formando una c�pula de aire respirable. Cog� la llave de estrella y la pose sobre el hueco del cofre. No tuve mas que girarla suavemente y ante mi aparecieron las legendarias piedras. Los ojos de Ishtar. Las tom� y con sumo cuidado las introduje en los orificios que la llave de estrella ten�a preparados para ello y la devolv� a mi cuello. Al hacer esto una t�nica de plata me envolvi� por completo y sin saber como aparec� a los pies del monte meda, en una zona segura. Los ojos de Ishtar comenzaron a brillar, deb�a estar muy cerca de mi objetivo. Ten�a que encontrar la estatuilla de la diosa. Pronto me percat� de que no era due�a de mis actos sino que eran los ojos quienes guiaban mis pasos. Ante m� se abri� una puerta surgida de la nada y penetr� a las entra�as de la tierra. Donde infinidad de pasadizos la atravesaban. Gracias a la gu�a que portaba en mi cuello logr� avanzar sin titubeos por aquella tela de ara�a excavada en la piedra. Estaba claro que la Diosa Ishtar reclamaba sus ojos y estos acud�an prestos a la llamada de su due�a. |