CAPITULOXII: EN BUSCA DEL TEMPLO DE ISHTAR
Estaba delante de la puerta de mis aposentos aferre fuertemente el pomo y la abr�  despacio. Deb�a prepararlo todo para mi viaje me dirig� hacia el cofre que hab�a a los pies de mi cama y lo abr� all� estaba mi vieja armadura y mi capa que tanto tiempo me hab�a ocultado del resto de la gente. Saqu� mis pocas pertenencias del cofre y las coloque sobre la cama, cuando la puerta de mis aposentos se abri�, era Driad.
- Siento lo que paso en la sala, fue tan r�pido que no me dio tiempo a reaccionar.
- No deb�is darme explicaciones, es vuestro prometido.
Driad se acerco a mi despacio me cogi� por los brazos y con lagrimas en los ojos me dijo:
- No lo es, yo no le amo y vos lo sab�is.......
No termino su frase mis labios se lo impidieron un dulce beso nos volvi� a unir como en la noche anterior, no puede contenerme a pesar de que mi mente me recordara que no podr�a ser m�a. Pero la amaba tanto... nuestros labios se separaron.
- Lo se mi se�ora pero os deb�is a vuestro reino y deb�is mirar por el anteponiendo sus intereses a vuestros sentimientos. Necesit�is un hombre bueno que sea vuestro rey y ese hombre no soy yo. Yo nunca podr� daros la felicidad ya que tengo un cruel destino que cumplir.......
Los suaves dedos de Driad reclamaron mi silencio pos�ndose sobre mi boca.
- No continu�is mi se�or ya que os equivoc�is, ya he encontrado el hombre del que me habl�is y sois vos.
Otro dulce beso nos volvi� a fundir en una nube de alegr�a y esperanza.
- Ahora tengo que hablar con La�n, debo contarle todo os ver� esta noche.
- Esta noche nos veremos mi se�ora.
Estas palabras salieron de mi boca con poca convicci�n ya que si las cosas sal�an bien jamas la volver�a a ver. Pase todo el d�a encerrado en mis aposentos prepar�ndome para el viaje. Al fin la fr�a noche lo cubri� todo. Parec�a  que era mi aliada ya que esta noche era especialmente oscura. No me seria dif�cil llegar hasta los establos y coger un caballo. Sobre mi lecho deje dos cartas una para Luo explic�ndole mi decisi�n y otra para mi amada despidi�ndome. Como hab�a previsto no me fue dif�cil llegar a los establos sin ser descubierto por mis hermanos all� vi un precioso corcel negro.
- Tu me acompa�aras en mi viaje bello amigo.
De repente una voz conocida para m� son� a mis espaldas.
- El solo no te acompa�ara Ettiene.
Era Driad, incluso en esta oscura noche sus ojos reluc�an como las m�s bellas estrellas del firmamento.
- Lo siento Driad no puedo permitiros que me acompa��is. Este viaje debo hacerlo solo.
- Una vez alguien me dijo que jamas volver�a a caminar sola. �Ahora que debo hacer?, No me dej�is. Vos no, os lo ruego, no podr�a soportar no veros mas.
Sus ojos se llenaron de lagrimas y cay� al suelo. Me acerque corriendo y mis manos cogieron sus hombros, ella alzo su cabeza y me miro.
- Vos no Ettiene, vos no pod�is fallarme.
La ayude a incorporarse y con mis manos seque sus lagrimas con mis manos.
- Sabed que peligroso camino hab�is elegido mi se�ora ya que mi destino es triste, pero si ese es vuestro deseo, para mi ser� un gran honor que me acompa��is.
Ella sonr�o y el cielo se ilumino.
- Debemos  partir.
Ensill� un bello corcel blanco en el que ella mont�. Salimos al galope de la fortaleza sin ser visto nuestro destino nos esperaba en el monte de Meda. Cabalgamos toda la noche sin descanso. Cuando lleg� el alba nos refugiamos en un bosque all� descansar�amos. Cominos unas escasas provisiones que me hab�a dado tiempo de robar de la cocina del alc�zar. Incluso cansada era bell�sima.
-�Est�is bien?.
- Si perfectamente. Ahora os agradecer�a que me contaseis que es esa historia acerca de vuestro tr�gico destino.
- Esta bien como quer�is. �Os acord�is de la flecha que me hiri� en Mo?.
- Como olvidarla.
- No era una flecha corriente, era una flecha con un hechizo de enlace. �Sab�is lo que significa eso?
- No, pero vos me lo vais a explicar.
- El conjuro sirve para en lazar a dos personas. Esa flecha fue disparada por la dama negra, Y cuando me traspas� el coraz�n quede enlazado con Ella m�gicamente. As� crey� quitarme de en medio ya que si Ella muere yo morir� tambi�n y ning�n otro hechizo podr� devolverme a la vida. Por eso decid� marcharme ya que morir� en esta lucha.
- Pero no puede ser...-Sus ojos se cerraron y hundi� su bello rostro en mi pecho.
- No os preocupeis, yo conoc�a mi destino de antemano. Estoy preparado para ello y doy gracias a los dioses por Permitirme conocer a tan m�gica mujer y os doy gracias a vos por ense�arme lo que es amar. �sab�is? Dicen que hay una ceremonia que es como el matrimonio que permite estar juntos a dos seres que se amaban no f�sicamente sino espiritualmente.
-  Para mi seria un gran honor estar unido a vos eternamente ya que la eternidad sin vos seria la mayor de las c�rceles. Que me respond�is �quer�is ser mi esposa?.........
- ya conoc�is mi respuesta milord. Dije sonriendo.
Ettiene me cogi� de la mano y nos dirigimos a un claro del bosque.
-Driad-me dijo- puede que esto no sea mas que una locura, puede que este mortal que ahora os abserva no os merezca en absoluto, pero podeis estar segura, de que nadie, jamas, podra amaros del modo en que yo lo hago. Se que por nuestro amor debereis renunciar a la immortalidad que proteje a vuestra raza...vos teneis m�s que perder y no yo....
-Shhhhhh- dije poniendo mi mano junto a sus labios- de sobra conoceis mi respuesta. Os lo dije una vez, prefiero una vida junto a vos qe mil sin vuestra compa��a. Hacedme vuestra esposa y llevadme con vos. Cuando todo esto termine podremos ser felices.
Mientras  los debiles rayos de sol del amancer anunciaban que la ma�ana estaba ya cercana, Ettiene extrajo dos anillos forjados en bronce en donde se le�a "mi eternidad es tuya y mia es tu vida eterna".
-Ahora princesa,- dijo ettiene mientras introducia el anillo en mi dedo- dadme vuestra mano y ofrecedla al alba que rompe timidamente, pues cuando la luz del sol la ba�e por completo ser� vuestro eterno compa�ero, mas all� de la vida y de la muerte, de los convencionalismos y las razas. Vos y yo seremos uno desde hoy y para siempre princesa de Einar.- as� lo hice. Nuestras manos se entrlazaron y el sol comenz� a ba�arlas t�midamente. Mientras eso sucedia, una gran sensacion de bienestar y felicidad recorria mi cuerpo. Pod�a sentirlo. Ettiene y yo seriamos uno, por siempre. Se  acerc� para sellar tan dulce momento  con un beso y justamete cuando nuestros labios se encontraron una risotada estridente nos sac� bruscamente de aquel ensue�o.
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