El culto solar es, de
todas la creencias de los habitantes de la Europa Protohistórica, el
que ha tenido una mayor importancia en la vida y en el arte de estos
pueblos así como el que más trascendencia tuvo en otras épocas de la
Civilización Occidental. El arte europeo de la Edad del Bronce y de la
primera Edad del Hierro presenta en todos los lugares, a pesar de las
diversidades locales, ciertas similitudes de tipos en los que una de
las principales causas de estas analogías hay que buscarlas en sus
creencias comunes.
El culto al Sol y la rueda solar
en la Europa Protohistórica
Los griegos de la época clásica designaban con el nombre de hiperbóreos
a los pueblos situados vagamente en los extremos del norte y del oeste
de Europa, es decir los celtas y los germanos. Gracias al comercio del
ámbar, ellos poseían sobre estos pueblos algunos conocimientos
mezclados con fábulas. Sabían que aquellos hiperbóreos reverenciaban
mediante un culto especial a un dios que ellos identificaban con
Apolo (Apolo era primitivamente un dios de la Luz y el Sol). En el
siglo IV a.C. Hecateo de Abdera hablaba de una isla (Gran Bretaña)
ocupada por los hiperbóreos en la que éstos habían levantado a Apolo un
templo magnífico de forma circular (algunos autores lo han asociado a
Stonehenge). Julio Cesar cuenta en su obra “La guerra de las Galias”
que los germanos adoraban al Sol, el fuego y la Luna.
Los pueblos de estirpe indoeuropea rendían culto al Sol, mediante la
celebración de la fiesta y los ritos del Solsticio, cuyos ritos
cristianizados (Navidad, liturgia del Sábado de Gloria, fuegos de la
noche de San Juan) han permanecido hasta hoy entre nosotros. Según
Pierre Vial: “Los textos arios hacen del sol el origen de todo lo que
existe, el principio y el fin de toda manifestación... El ciclo solar
simboliza la alternación vida-muerte-renacimiento... El Sol es un
aspecto del árbol del mundo (del árbol de la vida) que se identifica
con el rayo solar”[1] Entre estos pueblos el culto solar no se reducía
a una simple adoración material del astro solar, sino que era la
expresión de reverencia ante el símbolo de una realidad más alta e
inaprensible. Para los arios el Sol era el símbolo de Dios.
En el año 1902, en Trundholm, localidad situada en la parte norte de la
isla de Seeland (Dinamarca), apareció un pequeño carro de bronce con un
caballo que arrastraba un disco dorado colocado verticalmente. Este
objeto, imagen incontestable del disco solar, revelaba el destino
preciso de toda una serie de discos en oro y carros votivos que han ido
apareciendo posteriormente. Estos discos están profundamente decorados
con símbolos solares como son los círculos concéntricos, el círculo
crucífero y la estrella[2] .
También hay que constatar la asociación entre el culto solar y el
caballo, que veremos reaparecer en otras regiones y épocas: Así, el
mito indoeuropeo del disco solar arrastrado por un caballo, reaparece
en un himno védico que habla del carro solar “de rueda única” que
hace avanzar “un corcel único” [3] Dechelette ve reforzada esta
teoría en la asociación de símbolos solares y cráneos de caballos
que aparecieron en los túmulos de Mané-Lud, en Locmariquer
(Bretaña), y en el tema caballo-disco solar que volvemos a ver en la
isla de Siros en el mar Egeo[4]
En las regiones del norte, el Sol describe un movimiento rectilíneo a
lo largo del horizonte produciendo así la imagen de una rueda de fuego
que gira lenta y serena en las alturas. Aquí el resplandor del Sol
dibuja a veces en el cielo una gran cruz luminosa que se destaca sobre
el fondo de un círculo radiante (es el meteoro que se conoce con el
nombre de halo solar o parhelios). Esto nos da la forma de rueda o
disco cruzado con que aparece representado en los petroglifos
escandinavos de la Edad del Bronce[5]
Los mitos antiguos relativos al Sol se refieren al recorrido aparente
que efectúa en veinticuatro horas alrededor de la Tierra, trayecto
dividido en dos fases: durante la primera, se eleva de Oriente, recorre
su ruta celeste y desaparece en Occidente sobre las aguas del río
Océano que rodea a la Tierra; durante la segunda, invisible a los
humanos, navega sobre las aguas, de Poniente a Levante, para regresar a
su punto de partida. El astro, durante ese segundo recorrido,
navega sobre un barco que simboliza este viaje en que deja a la tierra
en tinieblas. Este éxodo del astro de la luz afectaba especialmente a
los habitantes de las regiones hiperbóreas, donde las interminables
noches de invierno contrastaban con los días más largos del
verano.
Los arqueólogos tienen por representaciones solares a las barcas que
frecuentemente aparecen en los grabados rupestres de esta región. Sobre
la barca solar M. Montelius afirma: ”Del modo en que se representaba el
Sol portado por una barca, la barca pertenece a los símbolos solares.
Entre los numerosos navíos de los grabados rupestres, muchos deben ser
símbolos. De ellas hay también diversas figuraciones similares que
aparecen sobre los cuchillos y otros bronces nórdicos de la misma
época”[6]
Asociado al tema de la barca solar y en los carros votivos
aparece el cisne. Este ave la veremos como el principal símbolo o
compañero del Sol durante la segunda mitad de la Edad del Bronce y de
la primera Edad del Hierro en la Europa del sur, del centro y del norte
portado por los pueblos indoeuropeos de la “Cultura de los Túmulos” y
especialmente por los de la “Cultura de los Campos de Urnas”. Así en la
cultura de Villanova en Italia, creada por los pueblos de los “Campos
de Urnas”, aparecen constantemente los cisnes junto al disco solar en
jarrones de bronce, cascos, fíbulas y armas (en unión de círculos
concéntricos, espirales y svásticas). Las sepulturas de Hallstatt
(1ª Edad del Hierro) han dado numerosos ejemplares del mismo tipo. En
la región del Rhin, los cinturones de la necrópolis del bosque de
Haguenau llevan símbolos similares y los círculos concéntricos están
así mismo asociados a la svástica. En la Galia, el símbolo de la rueda
solar sobre la barca con dos proas en forma de ave, se vuelve a
encontrar en pendientes y amuletos del final de la Edad del
Bronce.
En líneas generales se puede decir que, desde la expansión de los
indoeuropeos, el Sol aparece desde la India hasta Escandinavia
vinculado al caballo durante su viaje celeste y al cisne durante su
regreso infernal sobre le río Océano. Los dos animales uncidos al carro
o a la barca solar son instrumentos de viaje funerario hacia Occidente,
más allá del Océano, lo mismo en Creta al final del minoico que en los
países nórdicos.
Una pervivencia del tema sol-cisne la encontramos con posterioridad en
la mitología de la Grecia clásica, en la que el símbolo del Apolo
hiperbóreo (que habita en las regiones del norte) era el cisne. En
estrecha relación con este Apolo hiperbóreo está el “gorgonèion” (otro
emblema conocido del Sol) que reemplaza a las ruedas solares en la
ornamentación de las armaduras y a las svásticas que aparecen sobre los
cascos de la época clásica.
La svástica y los símbolos derivados de la rueda
La svástica es uno de los símbolos más antiguos y enigmáticos de la
historia de la humanidad. El nombre, de origen hindú, deriva del
sánscrito “Su” (bien) y “As” (ser), por lo que se puede traducir por
“lo que es bueno”. En griego equivale a “vigoroso” o “sano”. La
svástica de cuatro brazos en ángulo recto es conocida también por cruz
gamada o “gammadión” porque puede constituirse juntando cuatro letras
gamma del alfabeto griego. Poseía, al menos en su origen un carácter
sagrado, más tarde reducido a un valor simbólico o profiláctico.
La svástica, junto al disco, la rueda solar en llamas (también conocida
como “cruz céltica”), el “triskele” (svástica de tres brazos utilizada
por los celtas), los círculos concéntricos, etc. Es un símbolo solar:
En las épocas remotas de la humanidad el Sol era representado en
principio como círculo, luego doble círculo, para terminar por grabar
en éste una cruz. De ello resultó una rueda solar de un rayo. A veces
el círculo era solo esbozado brevemente, a veces el Sol representado
simplemente como cruz. Ahora bien, ¿qué relación tiene éste con la
svástica? En las excavaciones que el arqueólogo alemán Schiemann
realizó en la segunda ciudad de Troya (del 2500 a.C.)encontró urnas en
al que la svástica está asociada con la rueda solar crucífera y más
concretamente, los dos símbolos tendrían un mismo significado: ambos
eran el sagrado símbolo del Sol.
Sobre su significado Dechelette afirma: “No puede, en nuestra opinión,
subsistir ninguna duda sobre su significación primitiva: era el emblema
del Sol en movimiento, el equivalente de la rueda de la cual no es más
que su derivación doble”[7] Para Ludwig Müller, en la Edad del Hierro,
la svástica representaba al dios supremo[8]. Pero para René Guènon
tendría un significado diferente: como símbolo del Polo, sería el
centro de la acción del Principio sobre el Universo[9]. No obstante, la
interpretación más generalizada, ya en la Edad Media, es que
corresponde al movimiento y ala fuerza solar (visión que es asumida por
Dechelette y la mayoría de los autores).
Los primeros testimonios en que aparece la svástica son de Irán en la
época neolítica y en Elam durante el cuarto milenio antes de nuestra
era. En Siebenbürgen (Transilvania) aparecieron vasijas (tales vasijas
debieron ser recipientes de ofrendas junto a los sepulcros). También
empieza a verse en los últimos períodos de la Edad del Bronce en Italia
Central.
El punto concreto desde el cual se expande este símbolo no ha sido
todavía determinado con exactitud. Para algunos autores
tendría un origen hindú, mientras que otros señalan como su
probable lugar de origen la zona del Egeo y del Asia Anterior. Así los
especímenes encontrados por Schielemann en Troya y los utilizados por
otros pueblos indoeuropeos de la zona del Egeo pudieran ser el punto
desde el cual se difundió este símbolo.
Lo cierto es que la generalización de su uso se debe a que fue portada
y extendida por las diferentes estirpes indoeuropeas durante la primera
Edad del Hierro (Período del Hallstatt, que va del 1000 al 500 a.C.) y,
desde Troya hasta la península Ibérica, la svástica está relacionada
con las creencias de estos pueblos junto laos viejos motivos
escandinavos del caballo solar y de las aves acuáticas: En Grecia
la encontramos primero entre los inmigrantes dorios ( hacia el 1150
a.C.) y la veremos reaparecer entre los espartanos, descendientes de
los dorios. En Persia y la India la svástica fue introducida por los
arios (hacia 1500 a.C.) y sobrevivió hasta nuestros días como símbolo
religioso de los Jainas y de los Budistas. Z. Mayani indica que entre
hicsos que invadieron Egipto hacia el 1788 a.C., la svástica era
utilizada por éstos como un símbolo de diferenciación racial respecto a
los no arios del Próximo Oriente, pues los pueblos semíticos de
Babilonia, Asiria, Fenicia o Israel jamás utilizaron la svástica,
símbolo específicamente ario.
Pero con el paso del tiempo no se puede atribuir a todas las
figuraciones de la cruz gamada un mismo significado. Para algunos
autores, la svástica comienza aparecer con un nuevo significado en el
arte escítico: La imagen del carro solar portado por cuatro caballos...
que alguien ha querido identificar con los jinetes del Apocalipsis
(como se ve en el tesoro de Craiova).
El investigador danés Axel Olrik estudió la svástica entre los germanos
y constató que entre los pueblos teutónicos la cruz gamada es el signo
del dios de la guerra: Donnar - Thor[10]. Esta svástica germánica está
relacionada con el Martillo de Thor (Mjöllnir) que cruzaba el cielo
despidiendo relámpagos y que, según las sagas nórdicas, de su
golpe hizo salir el fuego del cielo.[11]
La svástica y la simbología solar en la Península Ibérica
La Península no iba a quedar al margen de estas creencias y
simbología propias de los indoeuropeos que se habían extendido por toda
Europa. En este sentido, E. Cabré afirma: “Por consiguiente, podría
suponerse con verosimilitud que también los pueblos prerromanos de la
península Ibérica habrían profesado el culto al Sol y justificado tanto
por el origen centro-europeo de muchos pueblos peninsulares de la Edad
del Hierro” [12]
Los primeros testimonios de simbología solar en nuestro territorio se
remontan ala Edad del Bronce. Así, en el Museo Arqueológico Provincial
de Oviedo, se conservan unos discos áureos decorados con círculos
concéntricos y con una cruz en su interior (de la misma forma en
que la rueda solar aparece en el rupestre escandinavo). Estos discos
fueron estudiados por E. McWhite, el cual los relacionó con el ámbito
irlandés y con especímenes semejantes encontrados en Portugal[13]. Sin
embargo, otros autores no piensan en un origen irlandés sino que los
asocian al gran mito solar que se expande durante la Edad del Bronce
por la zona atlántica desde Escandinavia hasta Portugal. Otros
testimonios de este período son los grabados del santuario solar de
Cabrojo (Santander), el disco solar que aparece en la cueva de Los
Hoyos (Santander) y sobre todo, los grabados rupestres de
Galicia.
Con la llegada de las diferentes oleadas de pueblos célticos portadores
del hierro (desde el 1100 a.C.) se produce una mayor difusión de
las creencias solares, y con ello una manifestación de estos temas en
el arte de los pueblos peninsulares. Ya a principios del siglo XX
Dechelette señalaba como objetos que pudieran testimoniar este culto a
las fíbulas de caballo y el conocido bronce con caballo-rueda solar de
Calaceite. Posteriormente en la cultura céltica de Las Cogotas (Ávila),
la cerámica encontrada ostenta en su decoración temas solares, incisos
o estampillados. En la misma necrópolis de Las Cogotas aparecieron unas
plaquitas de hierro recortado con ornamentación de tema solar, como
svásticas, ruedas solares e incluso la barca solar escandinava. Los
mismos temas de la barca ritual y las aves acuáticas aparecen entre los
vácceos (antiguos pobladores de la actual provincia de Valladolid), y
que han sido estudiados por F. Wattenberg.[14]
Singular importancia tenían entre los pueblos celtas sus armas de
hierro, en las que se sustentaban su supervivencia y su preeminencia
sobre otros pueblos. La espada, el arma indoeuropea por excelencia,
estaba íntimamente ligada alas creencias hiperbóreas y solares. Cabré
ha señalado que las vainas de las espadas célticas de la 2ª Edad del
Hierro (Período de La Téne, que va desde el 500 a.C. hasta la
romanización) representan en su totalidad una barca ritual, por lo cual
aparece representada en ellas el agua (zigzag u ondas serpenteantes, al
igual que en los cuchillos del Bronce Nórdico) y el disco solar.
Cabré da la siguiente interpretación: “Dentro de esta barca simbólica
viajaba la espada, arma portadora de la muerte, que debe ser guiada en
su manejo certeramente por el dios solar, tan repetidamente
representado en ella, para que a la vez sea talismán protector del
guerrero que la usaba”[15]
Las creencias solares permanecerían entre los pueblos de origen europeo
hasta la llegada de los romanos. Así, entre los celtíberos de Numáncia
(cerca de la actual Soria) vemos a través de sus cerámicas y trompetas
de guerra que le culto solar seguía vivo entre ellos por las
numerosísimas representaciones de la cruz gamada (asociado al tema del
caballo) que nos han legado sobre ellas. La cruz gamada. Aparte de
símbolo religioso, parecía tener entre los numantinos un carácter
emblemático de su ciudad, puesto que no aparece con tanta profusión en
otras ciudades y asentamientos celtíberos. F. Wattenberg, entre otros,
estudió los diferentes estilos de las cerámicas numantinas y los fechó
en un período que va desde el 320 al 123 a.C. en que la ciudad
sucumbe heroicamente tras largas guerras con Roma.[16]
Otra zona muy influida por los mitos solares, debido a los
asentamientos céltico – indoeuropeos, es todo el norte peninsular desde
Galicia a los Pirineos. Dentro del ámbito gallego aparecen profusamente
el triskele y el tetraskele. Ejemplares notables son el collar y la
diadema áureos encontrados en el Castro de Elviña (A Coruña) en los que
podemos apreciar en su decoración la reproducción de la svástica de
lados curvos, tan frecuente en esta región.[17]
En Cantabria el culto al Sol está atestiguado por los restos
arqueológicos que han llegado hasta nosotros y que se encuentran en su
mayor parte en el Museo Provincial de Prehistoria de Santander: Las dos
estelas discoideas gigantes de Lombera tienen grabadas sendas svásticas
de cinco brazos curvos a modo de rayos solares y en la estela de Zurita
se puede ver una cruz gamada muy desgastada por la erosión sobre uno de
los escudos de los guerreros que aprecen en ella. También son
numerosísimas las svásticas que aparecen sobre las estelas funerarias
cantabro – romanas y en toda la epigrafía cántabra en forma de cruz
gamada, o simplificada ésta en forma de simple cruz[18]. Otros
testimonios son los restos cerámicos aparecidos en el castro cántabro
de Celada Marlantes, entre los que hay uno que lleva pintada una cruz
gamada que según sus descubridores, sería de tradición celtibérica.[19]
Referido a Cantabria, es de señalar, que tras el sometimiento de la
región, los romanos adoptaron de aquel pueblo la simbología solar de
cruces gamadas y símbolos lunares de los cántabros como lábaro
legionario, y que sería conocido como “Cantaber”. Antes de Constantino
se le escogería como enseña o estandarte de la bandera imperial,
figurando sobre la misma la significación SPQR; que en tiempos de
Constantino fue suprimida imprimiéndose el anagrama XP y la cruz
de Cristo.[20]
De todas formas no se puede olvidar que los primitivos pueblos itálicos
ya conocían la cruz gamada: En las urnas con forma de cabaña que
Giacomo Boni encontró en 1903 en el Foro Romano (anteriores al año 753
a.C.) conservaban una decoración de laberintos y svásticas que, dicho
investigador, interpretó como destinadas a distraer a los espíritus
malignos e impedir que molestasen a los habitantes de las cabañas. Un
testimonio muy posterior de su utilización entre los romanos es el
escudo de legionario encontrado en Dura Europos (Siria), que puede
fecharse en el siglo III d.C., y que en su decoración exhibe cuatro
cruces gamadas en rojo.
La svástica hasta nuestros días
Con en el emperador romano conocido como Juliano el Apóstata (siglo IV
d.C.) se produjo el último renacer de las creencias solares. Juliano se
había educado en la cultura helenística y propugnaba, frente a la
infiltración del cristianismo oriental, una religiosidad basada en la
tradición pagana en la que la adoración de Helios ocupaba el
lugar de mayor importancia. Juliano llamaba al Sol “Imagen sensible de
la Inteligencia suprasensible del Padre Celestial”. Pero su movimiento
religioso-filosófico sucumbiría con él mismo, cuando en el momento de
presentar batalla a los partos de Sapor II en el año 363, fue asesinado
por un cristiano encuadrado en sus propias legiones.
En los primeros siglos de la era cristiana la svástica no fue desechada
sino preservada: Muchas de las losas sepulcrales de las catacumbas
romanas llevan el símbolo de la svástica. Sin embargo, en épocas
posteriores el cristianismo persiguió al antiguo símbolo intentando
destruirlo. Así, en el siglo III d.C., Minutio Félix predicó contra la
cruz “pagana” (originalmente en latín “paganas” equivale a lo que es
propio del campo o de la aldea). San Patricio (siglo IV) en su obra
“Confesión”, amenazaba a los irlandeses con penas eternas si
continuaban adorando al Sol. San Bonifacio en el siglo VIII luchó
contra ella entre los germanos, llegando a cortar la encina sagrada en
que se veneraba a Donnar – Thor (cuyo símbolo era la cruz gamada, como
ya vimos). A lo largo de toda la Edad Media la Iglesia distaría duras
leyes anti-“rusticorum” (del campo) contra el viejo símbolo y sus
cultos.
En este punto es interesante constatar que, como señalaba el
nacionalsocialista Alfred Rosenberg[21], la cruz cristiana era otro
símbolo solar directamente emparentado con la cruz gamada (de la que
era su representación simplificada) y que fue adoptada por el
cristianismo ante lo imposible de erradicar un emblema de tan
ancestral contenido religioso (el madero del martirio de Cristo
no tenía forma de cruz sino de T).
Efectivamente, al no poder acabar con la cultura y la espiritualidad
anterior, la Iglesia asoció o superpuso sus propias creencias a las
antiguas. Veremos aparecer a los antiguos símbolos solares en los
lugares sagrados del cristianismo: En el códice medieval de las
“Cántigas de Santa María” de Alfonso X el Sabio, puede verse que en los
manteles de los altares está profusamente representada la cruz gamada.
También la veremos sobre las mitras de los obispos y en el interior de
las catedrales. Otros ejemplos de esta primitiva asociación pudieran
encontrase en Cantabria, donde en la iglesia de Santa María de Lebeña
(siglo X) encontramos un altar en le que el símbolo central es ocupado
por una svástica de múltiples brazos curvos[22]; y en las svásticas que
decoran la ermita de San Román de Moroso (siglo X).
Lo mismo ocurre con la rueda solar, que en el cristianismo es utilizada
en las regiones con mayor raigambre céltica como estela funeraria. La
“rueda de fuego” que se hace rodar montaña abajo en las fiestas
populares de los solsticios, como las ruedas de fuegos artificiales...
las procesiones de la Edad Media, en que se llevaban ruedas montadas
sobre barcas o carros y otras costumbres como la “rueda de la
fortuna”, la “rueda del año”, etc., señalen un simbolismo de carácter
solar hondamente arraigado. Numerosos autores señalan esta
supervivencia de los cultos solares en el folklores europeo y
demuestran que las fiestas tradicionales del Solsticio de Verano
(fiestas de San Juan) y las del Solsticio de Invierno (Navidad),
perpetúan entre las poblaciones rurales las antiguas ceremonias
realizadas en honor al Sol.
Hasta no hace mucho los montantes de las puertas de los viejos caseríos
vascos llevaban la cruz gamada, a fin de mantener alejado de la casa y
de sus habitantes el influjo del “Maligno”. El “lauburu” (svástica de
brazos curvos con cabezas engomadas o empatadas) y la cruz gamada de
brazos rectos fueron recuperadas como símbolo racial por los
nacionalistas vascos desde el siglo XIX. Pero con la consiguiente
derivación del nacionalismo vasco hacia posturas burguesas o marxistas,
el símbolo ancestral ha sido arrinconado.[23]
La historia contemporánea de la cruz gamada comienza con el
movimiento gimnástico del llamado “padre de la gimnasia”, Friedrich
Jahn, que buscando un símbolo para la cuatro efes de su programa –
Frisch (vital), Fromm (correcto), Froh (alegre), Frei (libre)-
entrecruzó las efes, formando la cruz gamada. Al crearse la Federación
Alemana de Gimnasia hizo suyo el símbolo de Jahn. También el grupo
alemán de la asociación de aves de paso utilizaba la svástica como
emblema, en este caso con un claro sentido antisemítico y apoyándose en
la tradición de los ancestros germánicos.
A título anecdótico se puede citar que el emblema de la 45
división americana durante la guerra de Secesión era la cruz gamada. Y
el estandarte del estado nipón durante la guerra chino-japonesa, era la
cruz gamada.
Merece destacarse el hecho sorprendente de que la zarina Alexandra
Ferodovna, antes de ser asesinada por los bolcheviques el 17 de Julio
de 1818, trazó en los muros de su prisión de Ekaterinenburg el símbolo
de la cruz gamada.
En Alemania tras la 1ª Guerra Mundial utilizaron la svástica como
distintivo político los excombatientes del cuerpo de voluntarios,
Freikorps, que se alzaron en 1918 contra el comunismo. También el
“Grupo Thule” organizado por el barón R. Von Sebottendorf y basándose
en los estudios de Adolf-Josef Lang, recogió como emblema la cruz
gamada.
Fue en estos años cuando Adolf Hitler adoptó la cruz gamada como
símbolo del nacionalsocialismo. Hasta 1920 el pequeño partido
nacionalsocialista había visto crecer sus filas y perfilarse su futura
estructura, pero carecía todavía de una bandera o un símbolo para sus
partidarios. Consciente de esta necesidad, Hitler nos explica cómo se
adoptó la cruz gamada: “La cuestión de nuestra bandera, es decir, lo
relacionado con su aspecto, nos preocupó por entonces muy intensamente.
De todos lados recibíamos sugestiones bien intencionadas, pero carentes
de valor práctico. Por mi parte me pronuncié a favor de la
conservación de los antiguos colores (los de la bandera
imperial), no solo porque como a soldado son ellos para mí lo más
sagrado de la vida, sino también por su efecto estético, ya que mejor
que cualquier otra combinación armonizan con mi propio modo de sentir.
Yo mismo, después de innumerables ensayos logré precisar una forma
definitiva: sobre un fondo rojo, un disco blanco y en el centro de
éste, la cruz gamada en negro. Igualmente, después de largas
experiencias, pude encontrar la forma y el tamaño de la svástica. Y así
quedó”[24] Sobre su significado, añade: “Como nacionalsocialistas vemos
en nuestra bandera nuestro programa. En el ROJO, la idea social del
movimiento; en el BLANCO, la idea nacionalista y en la SVÁSTICA la
misión de luchar por la victoria del hombre ario y, al mismo tiempo,
por el triunfo de la idea del trabajo productivo, idea que es y será
siempre antisemita”[25] Así, en la localidad de Tegernsee, en el
verano de 1920 se alzó por primera vez la bandera del joven movimiento
que se disponía a cambiar el curso de la Historia.
También en Finlandia la cruz gamada tenía un contenido ancestral
y racial. Durante la 2ª Guerra Mundial sirvió de distintivo en la
aviación (en azul sobre fondo blanco) y en las tropas femeninas
finlandesas (las llamadas “Lottas”)
La svástica aparece en otras culturas no arias. Si bien queda por saber
si en cada caso se trataba del mismo símbolo cósmico, o la svástica no
pasó de ser un adorno sin otro sentido más profundo, o bien con otros
significados: En el Tíbet se marca el pecho de los muertos (aun después
del régimen de Mao) antes de enterrarlos, con la cruz gamada. Entre los
budistas simboliza “lo infinito” y los pechos de los Budas llevan
pintada la cruz gamada[26]. Alfombras persas con la svástica como marca
de origen, se siguen produciendo (después de la 2ª G.M., los rusos
ejecutaron a muchos civiles alemanes por encontrar en sus casas
alfombras persas con el símbolo de la cruz gamada, completamente
convencidos de que se trataba de propaganda nacionalsocialista).
Sin embargo, fue Hitler quien dio a la svástica su significado más
actual al elegir como enseña del nacionalsocialismo al viejo símbolo
indoeuropeo e investirle de un sentido político racista con el que ha
quedado inseparablemente unida como representación de las más nobles
esencias de nuestra
raza.
E. J. P.L
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NOTAS:
[1] Jean Mabire y Pierre Vial, “Les Solstices. Historie et actualité”
GRECE editions, París, 1975.
[2] Motivos estudiados por J. Dechelette en “Le culte du Soleil aux
temps prehistóriques”, Rev. Archeologie, París, 1909.
[3] RIG-VEDA, I, 164, 2.
[4] J. Dechelette, “Manuel d´Arquéologie préhistorique, celtique et
gallo-romaine” Vol. 2, pág. 416. París, 1910
[5] El origen del culto solar en los grabados rupestres escandinavos ha
sido estudiado, entre otros, por P. Gelling y H.Ellis Davidson en “The
Chariot of the Sun”, Londres, 1969.
A ello podríamos añadir y complementar al autor de este artículo
que estos tipos de petroglifos no solo son patrimonio de los
escandinavos. En nuestra península y concretamente en Galiza tenemos
abundantes petroglifos con representaciones de ruedas solares, ciervos,
caballos, laberintos... concretamente en el concello pontevedrés
de Campo Lameiro. (Nota de la Redacción)
[8] J. Marques Riviere, “Amulets, talismans et pantacles”, París, 1950
[9] René Guènon, “Le Symbolisme de la Croix”, París, 1931.
[10] Axel Olrik, “Om Raganarok”, Copenhage, 1902-1914.
[11] Para los germanos y los nórdicos, la svástica es conocida
como el fylfol. Esto es lo que nos explica un autor versado en el mundo
tradicional: “Se atribuía a dicho símbolo un poder protector contra el
rayo, precisamente por su conexión con el dios que lo domina. El fylfol
era grabado sobre las campanas como signo de protección contra las
tormentas y el rayo. Es oportuno aclarar que la esvástica, además de
símbolo solar y polar, que expresa la idea de centralidad, de
equilibrio y de fuerza, es signo de lucha y victoria, de prosperidad y
buena fortuna. Significa una acción enérgica, fulminante, efectuada en
armonía con el orden cósmico: una acción que resulta eficaz y da buenos
resultados precisamente porque está bien centrada.
Probablemente represente tal símbolo el girar del martillo lanzado al
aire y que vuelve después a manos de su poseedor. La forma del fylfol
muy posiblemente sugiriera a los primitivos hombres del Norte la marcha
o vuelo del martillo al girar. Por un lado, es como una cruz con pies,
en movimiento o en actitud caminante; por otro, está formada por cuatro
hachas o martillos unidos por la extremidad del mango y girando todos
ellos en torno a un mismo centro.” Esta explicación nos la ofrece
Antonio Medrano en su libro “La lucha con el dragón”, pág. 46-47, Ed.
YataY, Madrid, 1999. (Nota de la Redacción)
[12] E.Cabré, “El simbolismo solar en la ornamentación de las espadas
de la segunda Edad del Hierro céltico en la Península Ibérica” en Arch.
Esp. Prehª Levantina, III, pág.101, 1952.
[13] E. McWhite, “Estudios sobre las relaciones atlánticas de la
Península Hispánica en la Edad del Bronce”, Madrid, 1951.
[14] F. Wattenberg, “Las barcas solares del círculo vacceo”,
Pyrenne nº2. Instituto de Arqueología y Prehistoria, Barcelona, 1966.
[15] E. Cabré, Op. cit. pág.116.
[16] F. Wattenberg, “Las cerámicas indígenas de Numancia”,
Bibliotheca Praehistorica Hispana, Vol.4, Madrid, 1963.
[17] Dicha diadema se puede observar en el Museu Arqueolóxico
Provincial de A Coruña. Igualmente representaciones de tetraskeles
(svásticas de lados curvos) las podemos encontrar labradas en piedra en
los Museus Arquolóxicos de Pontevedra y Ourense respectivamente,
piedras que se colocaban a las entradas de las casas castreñas, por
ejemplo en el castro de Santa Tecla (Pontevedra) o de Castromao
(Ourense). Igualmente las ondas y los zigzags de los que habla el
autor, también las encontramos dentro de la cerámica y labradas en
enormes piedras (las” pedras formosas”, siendo la más conocida la
encontrada en la citánia de Briteiros, al norte de Portugal) de esta
cultura céltica y atlántica por excelencia. ( Nota de la Redacción)
[18] Ver la obra de J.M, Iglesias Gil, “Epigrafía cántabra.
Estreometría, decoración y onomástica”. Institución Cultural de
Cantabria. Santander, 1976.
[19] Ver la obra de M.A. García Guinea y Regino Rincón, “El
asentamiento cántabro de Celada Marlantes”, Institución Cultural de
Cantabria, Santander, 1976.
[20] Así lo citan Minutio Félix, Tertuliano y el “Codex Theodosianus”.
También tenemos noticias de que en el Museo Nacional de Roma se
guardaba un estandarte o “Cantaber”, pero actualmente no hemos
encontrado nada sobre él. (Según testigos, llevaba el símbolo de las
medias lunas de los cántabros junto a cinco cruces gamadas que lo
rodeaban).
[21] Alfred Rosenberg, “Das Wefensgefüge des Nationalsozialismus”,
Munich, 1933.
[22] Dicha iglesia es una auténtica joya de nuestro arte
mozárabe, enclavada en medio del desfiladero de La Hermida (Picos de
Europa), al lado del río Deva (deva, en sánscrito significa dios,
vida... curiosamente). Los canecillos exteriores de la iglesia están
formados por triskeles. Y justo en el atrio de la iglesia tenemos un
tejo milenario, donde según cuentan los lugareños, era lugar de reunión
de los habitantes del pueblo para sus solemnidades y demás actos
sociales. (Nota de la Redacción)
[23] La ignorancia con respecto a este símbolo en Euskadi, que lo
han querido “politizar”, es enorme. Preguntando a algún nacionalista
por el significado del “lauburu”, han llegado a contestar que es la
representación de las tres provincias vascas (Alava, Guipúzcoa,
Vizcaya) y de Navarra... ¡increíble! (¿... y la parte francesa de
EuskalHerria, no la recoge el “lauburu”? El significado sacro de este
símbolo se desconoce por completo) (Nota de la Redacción)
[26] La svástica en el Buddhismo Mahayâna (Tíbet, Japón,
China...) no solo es representada en el pecho del Buddha (como
símbolo de apertura de corazón, de realización espiritual... por
algo se le sitúa en ese chakra) sino que también es situada a la
entrada de los templos, como símbolo benéfico y de protección.
Para una profundización mayor de este símbolo en su concepción
tradicional y más metafísica podemos consultar las siguientes obras de
René Guènon, “La Gran Triada” ( Cap. V “La doble espiral” y
VI.”Solve et Coagula” Ed. Obelisco, Barcelona, 1986), “ El Simbolismo
de la Cruz”(Cap. X. “La esvástica” Ed.Obelisco, Barcelona, 1987) y
”Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada” (Cap.XVII “La Letra G y
el Svástika”, Eudeba-Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1988). Igualmente
en el libro del belga Conde Glauvet D´Alveilla, “A Migraçao dos
Símbolos”, Ed. Pensamento, Sao Paulo, 1986, encontramos un capítulo
dedicado a la gammadion-svástica. (Nota de la Redacción)