Hitler y Jung
por Miguel Serrano
El libro C. G. Jung Speaking, del profesor William McGuire, ha sido
traducido últimamente al castellano y publicado por la editorial Trotta
con el título, Encuentros con Jung.
Ahí se reproducen las descripciones de Jung cuando viera a Hitler y a
Mussolini juntos, dirigiéndose a una gran concentración de masas.
Mientras Mussolini era un hombre normal, "un ser humano", por así
decir, hasta simpático, Hitler no lo era, "carente de individualidad,
confundido con el alma colectiva de su Nación, poseído por su
Inconsciente Colectivo". Y Jung agregaba: "Ni siquiera por el
Inconsciente Colectivo de un solo país, sino de toda una raza, de la
raza aria. Y es por ello que los oyentes, aun cuando no entiendan el
alemán, si son arios, serán arrebatados, hipnotizados por sus palabras,
porque los representa a todos ellos, habla por todos. Y si lo hace a
gritos, es porque una nación entera, toda una raza, se está expresando
a través de él". Así, Hitler es la encarnación del Dios ario Wotan.
Está poseído por él, no es ya un ser humano. Y Jung llega a compararlo
con Mahoma, con el fenómeno Mahoma, y lo que él fuera y aún es para
todo el mundo islámico.
No creo que el profesor Jung haya leído el libro de Kubizek,
Adolf Hitler, mi Amigo de Juventud, el más importante que se haya
escrito sobre el Führer germano, y que nos ilustra como ninguno al
confirmar sus apreciaciones, narrando una escena extraordinaria
acaecida una noche de su juventud, tras haber asistido los dos amigos a
la representación en Linz, de "Rienzi", de Richard Wagner. Fue tan
grande la impresión que le produjo esta obra a Hitler (en la que tal
vez presentía su propio drama futuro), que marchó con su amigo en total
silencio por las calles nocturnas en dirección al bosque, en la
montaña. Y cuenta Kubizek que, una vez llegados allí, le tomó una mano
entre las suyas y comenzó a hablar como en trance, con una voz que no
le pertenecía, admirado él mismo al escucharse. Se refería a Alemania,
a los germanos y a lo que él haría por ese pueblo: una revolución
total. Y esto lo declaraba un muchacho austríaco de no más de dieciséis
años, un completo desconocido. Revela Kubizek que muchos años después,
cuando ya Adolf Hitler era el Führer de Alemania, le recordó esa
extraordinaria escena de una lejana noche de su juventud. Y Hitler le
dijo: "Sí, jamás la he olvidado; porque ahí comenzó todo...".
Como en muchas otras cosas, también el psicoanálisis se ha
apoderado de conceptos y expresiones de Nietzsche, sin declararlo ni
reconocerlo. Así pasa con la concepción del "Inconsciente", de Freud,
que a su vez adoptara Jung ampliándola al Inconsciente Colectivo. Fue
Nietzsche quien afirmó que "había algo en él que sabía más de lo que él
mismo sabía; porque él no era consciente de saberlo".
Y Jung amplió esta vivencia al afirmar: "Yo sé cosas de usted que usted
mismo no sabe y que yo tampoco sé que las sé...".
Sin duda, Jung en los años treinta se sintió intrigado por el
fenómeno del nacionalsocialismo, con su fuerza arrolladora, amenazando
extenderse mundialmente. Y aceptó la Presidencia de la Sociedad Médica
Internacional de Psicoterapia, entrando a reemplazar al hermano de
Göring. Además, se había producido su ruptura con Freud y acuñaría su
teoría de los "Dos Inconscientes Colectivos", entregándole con ella un
arma formidable al nazismo; pero que éste jamás uso, debido a la
desconfianza esencial que el hitlerismo tenía de todo lo que proviniese
del psicoanálisis y de su terminología.
No hay duda de que para Jung el final de la Guerra fue una
catástrofe, temiendo que también toda su obra pudiera ser destruida al
vincularlo al hitlerismo, aunque sólo fuera de un modo "filosófico",
también por su concepción del Arquetipo, refiriéndose a Wotan o a
Vishnú, de modo que Adolf Hitler, al ser poseído por Wotan, pasaba a
ser un Avatara, así "ocupado" por una divinidad externa,
extraterrestre, como se diría hoy. Al final de sus días, Jung, y por
primera vez, declara en el prólogo a mi libro Las Visitas de la Reina
de Saba que el "Arquetipo" sería una Entidad superconsciente; es decir,
un Dios, y no una "representación de los instintos", como hasta
entonces lo definieran sus discípulos.
Temiendo por la destrucción de la obra de toda su vida, y a
que lo vincularan a Hitler o al hitlerismo, al finalizar la Guerra Jung
sufrió tres ataques al corazón. Ya antes había aconsejado a los
Servicios Secretos ingleses y norteamericanos de "alargar la guerra;
porque Hitler estaba poseído por Wotan, Dios del huracán y la tormenta
(Blitzkrieg). Y una tormenta no puede durar mucho tiempo, se va
agotando, autodestruyéndose...".
De todos modos, la actitud de Jung, un suizo, fue
diametralmente opuesta a la de Heidegger, un alemán, quien se mantuvo
firme, como partidario del nazismo, hasta el final, sin pensar en lo
que pudiera suceder con su obra.
Y Heidegger recordaría a Ezra Pound: "¡Mantente firme en los viejos
sueños, para que tu mundo no pierda la esperanza...!".

Sobre encuentros con Jung de William McGuire y R. F. C. Hull.
Por Miguel Serrano.
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