Los que aquí escribimos, que somos muy pocos, no pretendemos, ni lo
hemos pretendido, acaudillar un movimiento político. Se engaña quien lo
piense.
“La Nueva Edad” nació en medio de este tiempo peligroso, cuando aún
nada se oponía firmemente al enemigo, ni nadie aquí vislumbraba las
líneas de los tiempos venideros ni los peligros que se irían abriendo a
nuestro paso. Nació de una clara concepción de unos cuántos muchachos
cultos, que antes de gritar y de iniciar gestos excesivos se han
preocupado de estudiar y de cultivar su hombría y su propio corazón.
Por lo mismo y porque conocemos la mentalidad y la realidad de nuestro
país se tuvo como principal cuidado el evitar toda sugestión en el
sentido de iniciar a través de nuestras personas “un nuevo movimiento
político”, que aunque muy en la mentalidad criolla, habría contribuido
solamente a crear un nuevo motivo de confusión en las ya tan raleadas
filas del nacionalismo chileno. El caudillaje y la tontera son el motor
desgraciado que aún está moviendo a nuestra juventud.
Conocemos y sentimos hondamente nuestra realidad, presentimos las
líneas que mueven el surgir profundo de las coordinadas (sic) de los
tiempos universales. Todo ello porque nosotros antes de ponernos a
escribir hemos estudiado a conciencia y porque antes de actuar aquí,
hemos pasado por una auténtica trayectoria y conocimiento
revolucionario en el plano vital y en el plano teórico. Nuestra
posición, más que un mero sentimiento oscuro e impreciso, es una
superación íntima y un conocimiento aún de nuestros enemigos.
Hay también otras ventajas a nuestro favor. El hecho de estar siempre
muy bien informados, el de conocer el fondo del pensamiento de los
caudillejos nacionales y el de poseer una desconfianza y una intuición
que nos permitirá no dar pasos en falso al mismo tiempo que poder
indicar el camino y la verdad a quien esté dispuesto a seguirlos. No
deseamos otra cosa que poder orientar, aunque sea un poco, a esta
generación desorientada.
No hay ambiciones personales en nosotros; únicamente nos importa el
destino de nuestra patria y de nuestro continente. Esta revista ha
pretendido ser un órgano de orientación y de adoctrinamiento. Y esto es
y esto será. Es por eso que estamos más autorizados que nadie para
hablar y para decir lo siguiente al nacionalismo chileno.
Como auténticos, como verdaderos revolucionarios y como patriotas hemos
llegado a la conclusión, después de presenciar la semana pasada los
sucesos ocurridos en una reunión pública, que el nacionalismo y los
nacionalistas chilenos están perdiendo tontamente el tiempo. Y en estos
momentos el tiempo es precioso, porque cada día que pasa, cada hora,
está siendo aprovechada avaramente por los comunistas y los traidores
intestinos.
El comunismo es una secta internacional, fabricada par los judíos y
organizada a base de la masa popular descontenta por la explotación de
la otra parte del judaísmo ubicada en los puestos de la alta banca y de
la especulación derechista. Cuando el comunismo se lanza a la acción
callejera ya no se limita a componer sus cuadros con elementos obreros
descontentos y explotados, sino que, debido a la mística y sugestión
que despierta la acción, llegan hasta él las juventudes universitarias
y las muchachadas que permanecían languideciendo sin una acción
determinada en el antro infesto y oscuro de las aulas antivitales.
En Chile el partido comunista cuenta con el apoyo del capital judío
norteamericano y con la instrucción de los elementos españoles
refugiados y de algunos agitadores mexicanos traídos para el caso.
Además que ya hay aquí rusos llegados últimamente y todo un estado
mayor de judíos que están haciendo el papel de comisarios. La
organización de los Restoranes Populares, dirigida por un masón títere,
es una basta red de soplonaje y una organización revolucionaria,
manejada por agentes extranjeros. En Chile ya están organizadas por el
partido comunista las famosas “Brigadas del Amanecer”, de trágico
recuerdo en la revolución española. Ante esto, el gobierno se encuentra
incapaz y las Cámaras del país se contentan con crear un organismo para
investigar las actividades de una quinta columna imaginaria, cuando la
verdadera organización de terroristas sigue creciendo bajo el auspicio
de su voto criminal y de la complicidad que encuentra en la venalidad
de estos representantes de la más podrida entre las democracias
podridas.
El ejército carece de un organismo de investigación apropiado para
enterarse de la realidad de los hechos y de la propaganda que aún se
hace entre la tropa. Además, adormecidos por la digestión masónica, no
cree en tanta gravedad o espera un “imponderable” y, cuando los
acontecimientos le vienen a despertar llamándole a sus puertas, apenas
pasados, se piensa que ya no se repetirán más y por consiguiente les
olvidan apresuradamente.
Mientras tanto los teléfonos (la Compañía es judía,) están controlados.
La Sección de Investigaciones es un antro comunista y las Embajadas
Anglosajonas, representantes del judaísmo mundial, tienen para sus
fines un servicio de investigaciones propios.
Mientras todo esto sucede y mientras los comunistas, respaldados por
los yanquis, comprendiendo que Rusia se derrumba, y que el judaísmo
tiene que ganar América, se apresuran a conquistar la calle, el
nacionalismo chileno se encuentra dividido y racionalizado, lleno de
reticencias y de dudas, con “tácticas” proselitistas y dialécticas
suicidas. No bastan los fracasos y las vergüenzas para convencer a los
dirigentes que ya no se trata de defender una posición personal o de
justificar una errada trayectoria anterior con la actitud blanda de hoy
día. No basta el espectáculo de la misma masa que aún va quedando de
juventud y que pide ansiosamente que se quiten la careta y que se digan
revolucionarios de una vez y que planteen las cosas como hombres y no
como congresales de los partidos filomarxistas.
El comunismo piensa ganar la calle en estos tiempos. Y no es
Carabineros ni el Ejército el que podrá acabar con el comunismo. El
comunismo es una mística —mística de los bajos instintos, de la sombra
y de la destrucción; pero mística al fin— mística como todo movimiento
que no siendo militar llega a la acción y al combate. A esta mística
sólo se la puede acabar y destruir con otra mística. Con la mística de
la luz y de la construcción. Los comunistas actúan; pero cobardemente.
Su arma preferida es el puñal y su táctica la emboscada. Actúan hoy
porque saben que al frente no van a encontrar a un enemigo, sino una
falange náufraga y desorganizada, que no tiene la orden de presentarles
pelea. Si supieran que al frente hay algo sólido, quedarían en sus
guaridas. No temen al carabinero, porque les da prestigio. Y no temen a
la cárcel, porque los carceleros son sus cómplices. En todas partes del
mundo al comunismo se le ha acabado a palos. Y después de todo la
situación en Italia y en Alemania no fue mejor que la de Chile hoy día.
Pero al comunismo solamente se le puede acabar con una mística
nacionalsocialista. Hay en la historia una ley de polaridad que obliga.
Ella es hoy en día que cuando en un punto del planeta existe comunismo
tiene que existir también su contrario el nacionalsocialismo, a manos
de quien está escrito que perecerá tal como la serpiente, estrangulada
por el Arcángel; por muy enorme que hoy sea la serpiente y por muy
pequeño que sea el arcángel. Para esto solamente se requiere que el
arcángel sea de verdad un arcángel y no un demonio disfrazado o un
incrédulo, un hombre débil y titubeante. Hoy se requiere que de una vez
por todas se reestructure en Chile el nacionalsocialismo, tal corno ya
lo fue una vez. Nunca se presentará de nuevo tan magnífica oportunidad,
ni tan grandes posibilidades de éxito. El país lo requiere, el país lo
necesita. Solamente el nacismo podrá salvar a Chile. Pero como antes,
sin tapujos, sin sutilezas, ni escamoteos, luchando de nuevo contra el
gigante y planteando el fondo de la cuestión, la verdad del problema,
que es judío y, que es masónico. El nacismo se hace a base de hombres
(el nombre del partido no es aún lo principal, lo principal son los
hombres. Ser revolucionario nacionalsocialista no es pegar un puñetazo
en una mesa ni ser un ambicioso de poder, ser nacionalsocialista es
tener clara visión de la revolución económica y de la raíz judía del
problema universal). Pues bien, estamos seguros de que hoy ha llegado
ya el momento de que cada patriota chileno, ante la gravedad de la
situación, salga de sus capillas particulares y se ponga como hombre en
contacto con los que de uno o de otro modo piensa igual que él.
Es necesario que el partido Unión Nacionalista se reestructure a base
de la nueva generación y que sean los jóvenes los que le den la visión,
el impulso, y los que tengan los principales puestos de comandos. Hasta
ahora los nacionalistas han permanecido divididos. Y si esto es triste
y regocija a nuestros adversarios, obedece sin embargo, a una realidad.
La culpa está en aquellos que han evitado el planteamiento a fondo del
problema y que han escamoteado de su léxico el planteamiento de la
cuestión judía, que es la base de la cuestión. La juventud está
desconfiada y no quiere caer en trampas masónicas. Para aclarar la
cuestión y para fusionar sin pérdida de tiempo las fuerzas en esta
lucha, es preciso arrojar las viejas tácticas de proselitismo, puesto
que la única gente que interesa conquistar, porque es la única que
responde, si es preciso con sus vidas, es la vieja guardia de la
revolución nacionalsocialista. Y esta no vendrá si se sigue por el
camino de las “tácticas”, porque esta gente quiere claridad, cara al
sol, y pelea de hombres.
Hasta este momento “La Nueva Edad” se ha mantenido sugiriendo los
errores y si hemos provocado sucesos ha sido para bien, porque no
queremos dudar de que la presión de los acontecimientos en el seno del
nacionalismo han sido para mejor, pues han obligado a apresurar el paso
a los más recalcitrantes y talvez obliguen a sacarse la careta a los
burgueses y a retirarse ante lo grave de la hora y dejar el paso a la
juventud revolucionaria.
Los momentos actuales son decisivos para nuestra querida patria. Que
todos aquellos que están dispuestos a dar sus vidas se pongan en
contacto, olvidando hoy lo de hace un momento, para tratar de llegar a
un acuerdo sobre la base del verdadero planteamiento de la revolución
nacionalsocialista. Malas intenciones no hay por ningún lado; nosotros
lo hemos comprobado. Hay sólo que escuchar al patriotismo y dejar las
viejas artimañas del personalismo y del partidismo, para ubicarse cada
uno en el sitio que le corresponde. Es el destino de la patria si que
está en juego. Y aún en Chile hay patriotas y hay una juventud
revolucionaria.
En mano de los nacionalistas de hoy está el porvenir de la patria. Que
se nos escuche: Sólo tomará la punta aquel que se defina y se deje de
“tácticas”. Es la única forma de obtener el triunfo, de derrotar al
gigante. Mientras mayores sean las dificultades que se esté dispuestas
a afrontar, mayores son las probabilidades del triunfo. Fe, solamente
fe se necesita.
Nosotros aquí, estamos dispuestos a ayudar en lo que se pueda. Por lo
menos no tenemos miedo de dar la vida. Por hoy ya no hay más que dos
caminos: el triunfo o la derrota.
Por eso esperamos que aquellos nacionalistas que hoy tienen en sus
manos la responsabilidad del destino de Chile y con quienes ya hemos
conversado, atiendan un poco a estas palabras.