SER HUMANOS
Desde
los albores de la humanidad el ser humano primero se ha planteado la
supervivencia, luego se ha puesto trascendente y ha seguido
preguntándose ¿Pero quiénes somos? ¿Para qué estamos aquí?
¿Qué podemos hacer? ¿Qué queremos conseguir? ¿Hacia dónde
vamos? ¿Hay otra vida después de esta vida? ¿Hay vida en otros
planetas? ¿Sería inteligente? ¿Más o menos que la conocida en la
Tierra? Y no ha parado de preguntarse otras cosas: ¿Cómo hemos sido
creados? ¿Por quién o por qué, y para qué? Para
mi parece claro que algunas hipótesis son más o menos válidas.
Siguiendo un encadenamiento físico-químico, nuestro origen como
especie sigue un proceso de causa-efecto y podemos aventurarnos con
relativa seguridad hasta un pasado suficientemente remoto, protozooico,
como para que sin saber el origen, la razón o la intención, sí
conozcamos el proceso que nos ha llevado a través de diferentes
etapas -la más importante de las cuales fue hace 13 millones de
años, al empezar a evolucionar como homínido- a pasar por la
prehistoria con una capacidad diferenciadora de nuestra especie, la que
nos hace “racionales” como individuos y sobre todo como especie. Para
producirse esta evolución no nos ha sido necesario tener certeza sobre
una posible intencionalidad sobre nuestro propio origen o el de la vida,
sea esta orgánica o inorgánica; sobre el origen del universo, la
materia o la energía. No nos ha importado saber si somos la ejecución
de una plan perfecto o efectos del azar, pero incluso ignorándolo hemos
llegado hasta aquí. SER HUMANOS POR SER
DIFERENTES
De
los interrogantes que se ha planteado el hombre he subrayado los que a
mi entender son más importantes en orden de prioridades. Si bien lo
primero que nos mueve es la propia subsistencia y la perpetuación de la
especie en general, y de nosotros como individuos en particular, sin
olvidar la subsistencia de los distintos grupos o sociedades a los que,
en mayor o menor medida, nos sentimos pertenecer, lo que verdaderamente
nos hace diferentes y nos hace superiores a otras especies, es la
capacidad de evolucionar, no sólo físicamente, sino sobre todo
síquica y emocionalmente, lo que incluye aspectos materiales como la
ciencia y la tecnología, tanto la herencia genética como el
reconocimiento del material psíquico, del cerebro y de sus funciones ,
así como la interpretación que hacemos de sus capacidades de acción y
de reacción. La
historia y sobre todo la prehistoria nos sirven para comprendernos a
nosotros mismos como seres inteligentes –que entienden cosas y que son
capaces de crecer en dicha capacidad- y es muy útil la autocrítica de
especie, ya que a mi me ha enseñado varias cosas, que “por hoy” doy
por válidas. Una de ellas es la capacidad para clasificar todos los
fenómenos percibidos, sean estos visibles o intuibles, en términos de
un catálogo de experiencias preconocidas. Es como si tratáramos de
colocar las figuras que nos han entregado en un Test en sus
correspondientes cajetines, el cuadrado en este hueco, el triángulo en
este otro, y así sucesivamente por semejanzas de perfiles o
características reconocibles e identificables. La
experiencia personal me ha enseñado en cabeza propia, y sobre todo en
las ajenas, que cada innovación resulta rechazada sistemáticamente
cuando no encaja entre lo conocido. El escepticismo surge de la
imposibilidad de encajar una cosa o una nueva idea en la propia
experiencia personal o de especie. Cada vez que nos enfrentamos a la
novedad, de forma natural, tratamos de buscar semejanzas entre lo
conocido, esa es una reacción que en nuestra especie por ahora no ha
cambiado, las hogueras inquisitoriales siempre han dado buena cuenta de
los visionarios. De
la misma forma, por que tenemos una necesidad natural de entender y
racionalizar los fenómenos y acontecimientos
que conocemos, hemos recurrido desde que la especie usa su capacidad
diferenciadora, la analítica, a achacar o clasificar fenómenos
imposibles –de entender o de catalogar-
como fenómenos milagrosos, cuando no paranormales. No en vano
somos mente, cuerpo y espíritu. ¿Qué
hay de misterioso, mágico, paranormal, milagrosos o teológico en
muchos de los fenómenos más naturales, aprendidos desde pequeñitos y
aceptados de forma generalizada, también sin tener la propia
experiencia para contrastarlos? ¿Por ejemplo que hay de misterioso en
la cúpula celeste y el movimiento de los astros, en la forma esférica
de la Tierra o en la circulación sanguínea? Ya nada. Para
nosotros todo eso es historia antígua, pero como especie, aún son
muchos más los enigmas, los misterios o lo desconocido, lo que
necesitamos negar por “irracional”, que lo ya sabido y asumido a
sangre y fuego, porque como especie cada vez más, sólo sabemos que
no sabemos dada. Nuestros horizontes se amplían cada vez que
subimos por la escarpada ladera de la montaña del conocimiento, es
mucho más lejos lo que podemos mirar y son cosas nuevas lo que nos
brinda esa mayor perspectiva, pero siempre se nos negará la visión del
otro lado de la montaña. Cuando
era joven hacía marchas a las montañas y me proponía desde un valle
la subida a una cumbre visible, me inundaba el gozo del logro y las
vistas que se me brindaban. Desde la cumbre veía el espectacular
panorama a mis pies, que por otro lado siempre había estado allí, no
importaba que yo no lo hubiera visto hasta entonces y que por ello
negara o dudara su existencia. Pero no sólo veía lo que ya existía
pero
hasta entonces no había sido evidente para mi, sino que si miraba más
arriba, más adelante;
podía vislumbrar entre las nubes, más alta que mi alcanzada cima, otra
cima aún más alta y desde allí no se sabe que más cosas podrían alcanzar
a verse y conocerse;
cosas que existían ya, pero que yo no era capaz de ver desde donde, por
aquel día, había logrado subir. El ser
humano ha negado por milenios lo desconocido, teniéndolo por
inexistente. Lo que no existe para mi como individuo o como especie, hoy
por hoy no existe, es una entelequia producto de la imaginación. Así
ha ocurrido y parece que es natural que siga ocurriendo. LA
MOTIVACIÓN PARA SER HUMANOS Volviendo al párrafo inicial, a las frases subrayadas, lo que
creo que de verdad más ha interesado al común de los mortales, al
prototipo de humano que ya hace 13 millones de años no se conformó con
quedarse a vivir en los árboles peleándose por sus hojas cuando se
secaban o no daban ya para todos los “acomodados” en el clan
familiar del árbol; por cierto que una bajada de 4º en la temperatura
media de la Tierra tuvo mucho que ver con esa decisión. El mismo que
luego nos ha conducido como especie por la aldea nómada, en búsqueda
perenne de nuevos recursos para subsistir, pasando por la aldea estable
al convertirse en capaz de subsistir explotando los recursos del
asentamiento, o el que hizo surgir, también después de otra nueva
bajada de 4 º de la temperatura media de la Tierra, ya hace 6000 años,
la civilización en Próximo Oriente, India y China, y que nos ha
llevado hasta la aldea global ¿a la que parecemos condenados de forma
involuntaria? Y creo que la razón más importante que le ha movido en
cada etapa, más allá de la simple subsistencia, ha sido intentar dar
respuesta a una pregunta, ¿Qué queremos conseguir?;
porque creo que el resto de cuestiones se refieren, en mayor o menor
medida, a lo que “otro” haya podido planear o desear, por y para
nosotros como especie, dentro de un orden universal y no a lo que “yo”
como
individuo deseo y decido libremente. El ser es humano cuando ejerce su cualidad diferenciadora, cuando busca y encuentra motivos para la acción –motivación- pienso que no es la inercia la que nos hace progresar, no es dejarse arrastrar por la corriente la que nos lleva a conocer valles diferentes. Algunos seres son más humanos, es decir asumen su papel
diferenciador y nos conducen –lideran-,
la mayoría de las veces sin proponérselo, al resto del clan, de
la especie. Son los que se atreven y aventuran por el terreno
desconocido y demuestran a los que les siguen que sí
se puede. Dice el dicho popular ¿Dónde va la gente? Donde va Vicente Yo
quiero ser
parte
de los que decidimos lo que queremos, y ponemos los medios
para conseguirlo, sabiendo que lo divertido, lo estimulante, lo bueno, es
el camino y no
tanto
el llegar a la meta. Porque la mayoría de nuestros
congéneres sueñan con tener un golpe de suerte para cambiar su vida,
que les toque la lotería para despedirse de su trabajo y hacer un corte
de mangas a su jefe, cuando no a sus compañeros, sean estos de trabajo,
de peña, o algo aún peor, cuando
piensan en hacérselo
a sus propios compañeros de hogar. Da
pena pensar que muchas personas pasan una tercera parte de la vida a
disgusto, en contra de su voluntad y sufriéndola cuando podrían
disfrutarla. Eso explica muchos de los comportamientos que no puedo
llegar a entender en los seres humanos que veo a diario cuando circulo
en coche, o voy en metro o autobús;
cuando entro a un comercio, oficina o centro de trabajo. Cuando yo creía
ver seres humanos libres, viviendo en el primer mundo, resulta que bien
mirado y mejor pensado, me cruzo con esclavos, cuando no zombis,
desengañados de la vida;
seguramente muchos son más felices durmiendo, ya que ni sienten ni
padecen en esos momentos;
claro que
así
tampoco disfrutan
de la vida,
y me parece que aquí estamos para disfrutar, para ser felices, y ojo a
lo que llamo felicidad, no soy un iluso hedonista, me considero un
optimista realista. La Felicidad no puede ser la idílica ausencia
absoluta de dolor. Yo
me considero afortunado al entender que la vida me da la oportunidad de
ponerme a prueba y lograr superar
con éxito cada día la convivencia con mis propios problemas; los de mi
hijo mediano que son graves y los de mi esposa que no le van a la zaga.
Así como la prueba que supone la superación de una crisis económica y
el reenfoque vital que me está suponiendo analizar lo que “yo” hice
hoy bien y lo que hice que
aún
es mejorable: “Hoy
tuve una reacción negativa al llegar del supermercado sobre algo que en
realizad no tenía importancia como para enfadarme, quizás porque antes, anticipándome a pagar mientras se terminaba de hornear
el pan
en la
panadería, lo hice en contra de la voluntad de mi esposa, y también al ponerme en la fila de
pago antes
de terminar ella de comprar para ir adelantando; parece
que ella lo
interpretó como un reto y creo que trató de boicotearme ralentizando la
compra de una ínfima cantidad de cosas, y que al
fina no compró; creo
que escuché bien su conversación camino del supermercado, lo que la hizo
sentirse comunicativa por ser escuchada. A la noche salir de nuevo a la
sala para no demostrar resentimiento después de un enfrentamiento
anterior que me hizo refugiarme en mi cuarto y más tarde, acompañar a
acostarse a mi hijo pequeño cuando me lo pidieron su madre y el mismo.
Cuando me levanté de la siesta no frené mi impulso de salir a la calle a
hacer cosas de las que me arrepentí más tarde, cuando habría podido
aprovechar ese tiempo con la lectura...” Esto
es
un ejemplo de lo que significa
entrar en control, tener plena conciencia de mis actos, y por tanto me permite actuar en consecuencia, cortando de
forma anticipada reacciones viscerales encadenadas, justo antes de
perder el control y decir o hacer cosas de las que luego me arrepienta,
y
que
sean
más difíciles de reconocer y de pedir y lograr el perdón por ambas
partes. Tener conciencia de mi mismo,
es
no ver sólo la paja en el ojo
ajeno e ignorar la viga en el propio. Por este camino mejoro mi calidad
de vida y la oportunidad me la brindan también las circunstancias
negativas de mi vida, así que ¿de qué podría quejarme si hasta lo
malo es bueno por necesario? La
vida, el sentido de la vida; la vida tiene un sentido para mi,
divertirse haciendo cosas útiles, útiles para conseguir mis objetivos
personales. No hay objetivo común
en ninguna empresa, organización o grupo que sea válido para
todos, más bien hay coincidencias y elementos comunes entre mis
objetivos particulares y los de otras personas,
con las que coincido en los objetivos
dentro de una o varias de esas estructuras, entidades u
organizaciones. No
existe un objetivo externo al cual me adhiera como persona. Y empiezo
por analizar y decidir cual es mi objetivo personal, que revisaré
periódicamente para ver su grado de cumplimiento y el interés en
mantenerlo o corregirlo. Luego puedo buscar y/o encontrar coincidencias
de intereses o caminos que me facilitan el tránsito en compañía
de otros. No
puedo simplemente ayudar a otros a cumplir sus sueños y renunciar a
elegir mi propio sueño, y si ya lo tengo
elegido, no debo renunciar acercarme a
el. Por
la misma razón no debo esperar que otros hagan lo mismo por mi sueño,
es decir que renuncien a tener sus propios sueños o peor aún que los
tengan y no hagan todo lo posible, con cada aliento de su respiración,
para acercarse a él y disfrutar
en el camino de conseguirlo. Esto último sería pedirles que se traicionen a si mismos
y desperdicien sus vidas
al
sacrificar
su sueño, obligándoles o encandilándoles para hacer que mi sueño sea su
sueño, y tampoco al contrario;
renunciar a conseguir
mi propio destino libremente elegido, sólo para ayudar a conseguir el de
otros. Por
eso es imprescindible aprender a reconocer estos valores fundamentales,
esta capacidad de realización individual como esencia misma del ser
humano, para encontrar sentido a mi vida, y entender que de la misma
forma le ocurre a otros seres humanos. Aunque en realidad no ocurre con
todos, si bien en teoría no somos distintos, en la práctica cada uno
somos un mundo, o mejor expresado, cada uno estamos en un estado diferente
de evolución. Eso se
entiende si nos comparamos con nosotros mismos pero en distintas épocas
de nuestra vida, y malo será si esto no es así, lo que demostraría
que tenemos un encefalograma plano en cuanto al aprovechamiento de
nuestra capacidad esencial como ser humano, la de pensar y
desarrollarnos; sobre todo en lo que respecta a entendernos y esperar y exigirnos mejores
resultados a nosotros mismos, y no sólo resultados materiales, no
olvido que somos mente, cuerpo y espíritu. Pero
si en nosotros no vemos cambios que signifiquen una mejora gradual de
nuestros planteamientos vitales, y no podemos reconocer que somos dos
seres distintos, simplemente comparándonos en dos épocas distantes de
nuestra existencia personal, al menos apreciaremos que en el resto del
planeta, aquí y ahora, viven seres con estados evolutivos materiales y
no materiales -psíquicos, intelectuales, espirituales, etc.- claramente
diferenciados. Es decir si miramos como vivía el ser humano en la edad
de piedra –por la que muchos están aún pasando- podemos ver que
somos diferencia más que coincidencia, como seres individuales. No
existe la inteligencia o la satisfacción más allá de la mente
individual, no existe la vida interior de ninguna entidad más allá de
los seres vivos individuales que la integran y es la que nos interesa,
la del ser humano; ojo la de cada uno y para sí mismo es, la única que
en verdad existe. Otra cosa es la satisfacción de nuestras propias
necesidades a través del clan, sea este de la naturaleza que sea, desde
la aldea nómada hasta la aldea global; esto incluye el sentido de
pertenencia y la protección dentro de un grupo o el reconocimiento
público. No
dudo de la necesidad y la tendencia a apoyarnos en nuestros semejantes
–que no en nuestro clones- aunque reconozco que en esencia no es
imprescindible para alcanzar la satisfacción vital individual. Podemos
ser verdaderos Robinsones. Nos organizamos para satisfacer nuestras necesidades, en el plano material e inmaterial, y eso puede estar bien si anteponemos y tenemos claro cual es nuestro objetivo vital y con ello lo conseguimos todo lo que es posible cada minuto, con cada acción u omisión, en cada suspiro, sin renuncias gratuitas. Si nos proponemos algo, que esto nos merezca la pena, pero no sólo esperemos a alcanzarlo para disfrutar, disfrutemos en el camino, durante todos los kilómetros y las jornadas del trayecto; también apreciando lo que pueda parecer menos positivo; entendámoslo como un paso necesario para llegar a los siguientes que serán mejores, o como consecuencia inevitable de anteriores acciones o decisiones; no lo negativicemos ni lo magnifiquemos dándole más importancia que la necesaria, eso resulta más peligroso aún. Cuando afrontamos problemas podemos pensar que pronto recordaremos con añoranza esta época, incluida esta situación no tan positiva. CUALQUIER
TIEMPO PASADO FUE MEJOR Por
ejemplo yo recuerdo con añoranza mi época escolar, que felices éramos
entonces, sobre todo me lo planteo viendo a mi hijo pequeño yendo al
colegio. En esos momento el debe estar pensando en sus angustias
diarias: enfrentarse con su profesora y
la cruda realidad de no haber hecho todos sus deberes o no saber la
lección asignada que probablemente le preguntará hoy; pensará
angustiado en el examen y el sudor frío de no recordar precisamente las
respuestas a esas preguntas. Otro día puede ir acongojado a su clase de
gimnasia, para la que no parece bien dotado, y menos para saltar el
potro, que para el es de tortura, ya que lo pone en evidencia antes sus
compañeros. Y lo que es pero, lo que cada día seguro que llega, estar
escondiéndose en los recreos de los abusadores de turno que a veces le
hacen querer morirse. ¡Qué
felices son los niños que no tienen los problemas de nosotros los
mayores! No saben muchos niños lo que se pierden, los que no
están disfrutando la infancia y desean ser mayores para poder
hacer lo que les plazca, sin que nadie les obligue a hacer lo que ellos
mismos no desean. Anhelan a esa edad el poder de la libertad, de la
independencia y el libre albedrío que suponen les otorgará su mayoría
de edad, para hacer un corte de mangas a los mayores –padres,
profesores, etc.- y realizar entonces sus sueños. ¡Hay
pero que ingenuos somos los seres humanos!, pero eso si, lo somos siempre, desde que somos niños y
dependientes hasta que llegamos a ser adultos sojuzgados; siempre
deseamos zafarnos de nuestro
yugo, siempre soñando, o en realidad nunca. Ya que soñar es necesario,
pero realizar el sueño es imprescindible, y si lo creemos irrealizable,
mejor que renunciemos a el desde ahora, ¿para que mortificarse? Ahora
bien, si es posible, si lo consideramos factible, ¿a que esperamos para
lograrlo un poquito cada minuto,
cada segundo, con cada aliento vital? No perdamos la ilusión, la
emoción, el tiempo, ni el sentido de la vida. Hagamos sólo lo
necesario, que siempre es lo suficiente. Aprender a valorar y a apreciar lo que se tiene, y todo por lo que pasamos, sólo es cuestión de redefinir el marco. El tiempo y la distancia, con su perspectiva, lo hacen siempre. Valoramos lo que perdimos, lo que entonces dábamos por sentado y con un valor mínimo e inapreciable. Del pasado sólo son útiles las experiencias cuando nos servimos de ellas para no repetir los mismos errores; del futuro no sabemos ni siquiera si viviremos. Así que vivamos el presente sabiendo que lo vivido será inmediatamente añorado, sería una lástima que nos tengamos que arrepentir de no haberlo aprovechado y disfrutado cuando pudimos, que siempre es ahora, siempre presente, por eso saquemos lo mejor inclusive a lo peor, estamos vivos y eso ya es apreciable. No demos nada por sentado y merecido. Encuentra el valor y sentido de la vida, en todos los momentos presentes. LLEGA A SER EL QUE ERES Píndaro nos lo propuso a todos, y yo nunca me resigno, no renuncio a conseguirlo cada día. Por siglos los dominadores de la Tierra han buscado las fórmulas para someter al resto de los humanos; para hacerlos disciplinados, sumisos y para que se conformaran con sus vidas y con la suerte que a cada uno le había correspondido. Temerosos de que la subversión del orden establecido les hiciera caer del pináculo donde ellos se consideraban criaturas privilegiadas, nunca dispuestas a renunciar a esa posición. Por definición para estar encumbrados debían tener a su pies a la masa pisoteada de la que aprovecharse. "La
explotación del pobre puede ser suprimida, no haciendo desaparecer los
pocos millonarios, pero haciendo desaparecer la ignorancia del pobre y
enseñándole a no colaborar con los que lo explotan. Esto convertirá a
los explotadores, igualmente." Mohandas K.Gandhi, Haryan, 28 de
julio 1940. Luis Lorca Zarza |
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