|
Geol�gicamente sus tierras corresponden al cenozoide medio. Son de sedimentos integrados esencialmente de lava, broma y toba de composici�n variada, con predominio de andesita en la parte superior, y violeta y tepetate al inferior. Encierran en sus entra�as diversos minerales y elementos que se utilizan como materiales para la construcci�n. Los pliegues rocosos favorecen el dep�cito de la tierra donde crecen peque�os grupos de arbustos que en cierta forma cohesionan el entorno y le dan vida. |
|
|
Hay una realidad constante: lomas cubiertas de mezquitales, huizaches, abrojos y nopales; de palmilla, garru�os y magueyes, y en cuyos vac�os se cultiva ma�z y frijol, cuando la lluvia es generosa; la hierba que el temporal hace crecer entre matorrales, la pasta el ganado, sost�n importante regional. Es cita de Hernando Gallegos: << la regi�n tiene el pasto necesario para los ganados de ella que son pocos y si hubiera muchos perecer�an; es est�ril de toda fruta de Castilla y de la tierra que no se da por ser tierra fr�a y abunda de los mantenimientos ordinarios para los naturales que son ma�z, frijol, chile, algod�n, calabazas, magueyes y en tanta calidad que el ordinario ah� saca de ello para las minas de Zacatecas y siempre hay en estos pueblos o provincias espa�olas que tiene por granjer�as rescatarlo y llevar a las dichas minas>>. Hacia el Valle de Huej�car y l�mites con Zacatecas la regi�n pierde su mon�tona aridez; por esa parte encontramos parajes boscosos de suelos formados por dectrito y con agua abundante. Escribe Bakewell que la zona de los ca�ones << se diferencia del resto de la regi�n por ser m�s baja, m�s c�lida, m�s fertil y porque cuenta con mayores recursos acu�ticos>>. Hidrol�gicamente la regi�n forma parte de la cuenta Lerma-Santiago; aunque por su clima m�s seco que h�medo y su ecolog�a m�s bien la calificaremos de semides�rtica. Se distinguen de dos zonas clim�ticas m�s o menos definidas; una invernal, del clima seco; la otra de verano, con algunas lluvias que se prolongan hasta oto�o; sin embargo tambi�n se dan fluctuaciones propias de cada estaci�n. Sus temperaturas son soportables en todo el a�o; y por eso entrar�a en las regiones de <<climas templados semisecos>>. Los r�os y corrientes arrastran sus aguas hacia el r�o Verde, que en el paraje << Las Juntas >> vierte sus caudales en el r�o Grande de Santiago. Para la historia de nuestra regi�n no deja de ser importante su ritmo nodal de climas, uniforme o no, pues ha dado y da vida a la sociedad. |
|
|
La <<homogeneidad clim�tica y ortogr�fica>> contribuy� no poco a conformar una sociedad coherente, << sui generis >>. Nacida en la conquista y colonizaci�n procur� no violentar el entorno, aunque aplic� la tecnolog�a occidental. Refieren los documentos que fue tierra de ganados, de ma�z, de nopales, de mezquites y huizaches. Mota y escobar la describi� en los inicios del siglo XVII as�: << estas diez leguas despobladas que hay de Teocaltiche aqu� (Aguascalientes) est�n llenas de estancias de ganados mayores y labranzas de trigo y ma�z, todo de espa�oles. Desde esta villa de Aguas Calientes hay diez y ocho leguas a Zacatecas en las cuales no hay ninguna poblaci�n de indios ni espa�oles s�lo estancias de ganados mayores por los cuales se van haciendo jornada hasta llegar a Zacatecas. En este mundo adusto, marginal, extramuros de la civilizaci�n, es donde se asent� y creci� la primigenia Parroquia de la Aguas Calientes. Un mundo donde el regional prehisp�nico se sinti� prisionero de los elementos; donde se movi� el colonizador, el estanciero, hacendado, ranchero o comerciante criollo, y dio salida a sus productos, haca asentamientos aut�ctonos y urbanos, o a los reales de minas. Un mundo en que por muchos a�os la trashumancia, fen�meno complejo, activ� toda suerte de situaciones; donde la agitaci�n, el tr�fago del hombre, las caravanas de carreras y recuas dieron vida; donde los interminables convoyes y hatos de bestias, caballos y las sufridas ac�milas que casi desaparec�an bajo sus cargas, cruzando de occidente a norte para ofrecer, a su paso, sal y algod�n, ma�z y trigo, mercader�as y metales de toda especie. En fin, donde el movimiento del acarreo fue vida, nexo entre la regi�n y las semiregiones. Fue en la Villa fundada por Juan de Montoro, Ger�nimo de la Cueva, Alonso de Alarc�n y otros; en la villa que titul�: �de la Ascensi�n� el 22 de octubre de 1575, el doctor Ger�nimo de Orozco, presidente de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, cuyo escrito por cierto nunca tuvo confirmaci�n del rey, donde se asent� la Parroquia de Nuestra Se�ora de la Asunci�n de las Aguas Calientes al despuntar el siglo XVII. |
|
|
En este mundo adusto, marginal, extramuros de la civilizaci�n, es donde se asent� y creci� la primigenia Parroquia de las Aguas Calientes. Un mundo donde el regional prehisp�nico se sinti� prisionero de los elementos; donde se movi� el colonizador, el estanciero, hacendado, ranchero o comerciante criollo, y dio a los reales de minas. Un mundo en el que por muchos a�os la trashumancia, fen�meno complejo, activ� toda suerte de situaciones; donde la agitaci�n, el tr�fago del hombre, las caravanas de carretas y recuas dieron vida; donde los interminables convoyes y hatos de bestias, caballos y las sufridas ac�milas que casi desaparec�an bajo sus cargas, cruzando de occidente a norte para ofrecer, a su paso, sal algod�n, ma�z y trigo, mercader�as y metales de toda especie. En fin, donde el movimiento del acarreo fue vida, nexo entre la regi�n y las semirregiones. Fue en la Villa fundada por Juan de Montoro, Ger�nimo de la Cueva, Alonso de Alarc�n y otros; en la villa que titul� �de la Ascenci�n� el 22 de octubre de 1575, el doctor Ger�nimo de Orozco, presidente de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, cuyo escritopor cierto nunca tuvo confirmaci�n del rey, donde se asent� la Parroquia de Nuestra Se�ora de la Asunci�n de las Aguas Calientes al despuntar el siglo XVII. |
|