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Acá está el mensaje enviado por Alma
[Mensaje recibido el 18 de agosto]

Son las 2:36... miércoles ¿23? de julio.

He estado tratando de arreglar mis cosas, cajas, papeles, libros, apuntes, grabaciones viejas... mucho polvo. Se convirtió en hábito ocupar julio en estas tareas. Así, encontré una grabación del ocho de agosto de 1999 {2000}. En ella el Dr. Flavio Cocho hablaba del propósito del seminario, de la crisis civilizatoria, de la necesidad de revertir la violencia. No era mi intención encontrar esa cinta, aun cuando el 18 de julio (última reunión "oficial" del seminario), acordamos quienes estábamos ahí definir y redefinir el, un tanto accidentado propósito del seminario.

Algunas cosas se olvidan, aunque yo creo que todo eso que llamamos experiencia y que sólo es pasada nunca se pierde. Se olvidan detalles, realidad; aunque hay un sedimento, una pieza transformada en la que una puede interpretar cómo fue lo que ya no es. Una se recupera en sus propios depósitos. ¿Resuena? En psicología, de personas que hacen trabajo clínico (terapia) he escuchado decir que el cuerpo recuerda todo. Cuando me ocurre encontrarme con Jorge Mendoza "el Tri", por ejemplo, sólo soy sensible a esa especie de rencor, más o menos constante y el recuerdo de su origen nunca es necesariamente inmediato, muchas veces ese recuerdo no llega. que esa provocación en mis sensaciones por Jorge no tiene que ver con la huelga, ni con que estábamos en la misma facultad y nunca nos hablamos, ni con su ¿ejercicio? político... Una vez, mucho antes de que la huelga comenzara oficialmente, sentí que Jorge nos utilizaba. No nos veía. Pero eso es sólo una parte de mi rencor. Por eso que son los encuentros -¿por qué otra cosa, no hablemos de causas, les escribiría?- conocí personas que aprecié y a las que Jorge había lastimado mucho. Eso es lo que recuerdo si pienso y, el rencor se me activa aunque no piense. Puede ser una empatía muy extendida, aunque también reconozco que es una falta de compromiso ¿congruencia? con un discurso que anhela distanciarse de la violencia. Me pasa con ustedes justo un sentimiento ¿contrario? al que acabo de describir. Confió en ustedes, me gusta verlos y a veces encontrarlos, lo que se siente es afecto, aún cuando no hemos compartido tanto tiempo. Creo que lo compartido entre [email protected] son las inconformidades, a veces la tristeza y con un poco de suerte la esperanza (palabra muy amplia).

El lado opuesto de la cinta de la que hablo, es un fragmento de una de las asambleas del CGH. Pues sí, las cosas se nos olvidan compañeros, grita una voz. Pero ¿por qué es importante no olvidar? ¿No es una virtud el olvido? Quizá la posibilidad de olvido lo sea. Ignoro qué nos ha llevado a reunirnos durante dos {tres} años, [email protected] más y [email protected] menos. Si de verdad es que nuestra huelga compartida tuvo una convocatoria más allá de sus propios límites. Creo que como me dijo Juan Luis alguna vez, todo es uno y cambia. No creo que la huelga como fue nos siga convocando. La virtud del olvido es que nos deja espacio para la creatividad. Ahora diría que nos reunimos por puro gusto o placer o sentimiento o afecto y que en la huelga también hubo eso. Me atrevo a recordarla como una pasión y un amor en un tiempo que no permite contemplaciones ni paciencias. Pablo Fernández, un psicólogo social, dice que

"[...] las pasiones, como lo fue el siglo XIX, son un sentimiento romántico y no son cómodas y espectaculares, porque pasarse la vida tras una idea fija requiere disciplina, voluntad y malos ratos. Se suele retratar a los apasionados en su momento más chic, Beethoven todo despeinado imaginando la Novena, pero en realidad, las pasiones no son sentimientos arrebatados, sino sentimientos subterráneos que crecen con lentitud: no se les ve moverse, lo único que se nota a los verdaderos apasionados es la monotonía, duro y dale con lo mismo, una y otra vez. La pasión es una cosa sólida, no líquida. El siglo XX se sintió muy novedoso y ya no quiso ser romántico sino "moderno" y tomó como slogans el "cambio" y la "libertad", que nunca se supo a que se referían, pero en cualquier caso quedaron asociados con hacer todo rápido, llegar rápido, trabajar rápido, saber rápido, usar vestidos rápido para ponerse otros [...] se podía ir cambiando todo el tiempo y zafarse sin compromiso de lo que se había usado y visto el día de ayer. Entonces, tener pasiones empezó a sonar de una lentitud impacientante, incongruente con los aviones, la informática, la liquidez de capital y el tráfico de las ciudades. Sufrieron la inyección de la velocidad que las convertía en capricho: un capricho es una pasión que pasa rápido. Si la pasión es una fiebre, el capricho es un estornudo, es decir, un arrebato de dedicación a lo que sea, mientras uno espera a que se le pase y recupere la ecuanimidad y el aburrimiento. La ventaja moderna del tranvía es que no necesita mucha voluntad, ni mucha disciplina, ni siquiera muchas ganas [...] En la libertad de saber que cualquier cosa que uno decida o escoja no vale la pena, por lo que puede dejar de hacerla cuando quiera".

Alberoni, en su libro "Enamoramiento y amor" recuerda que:

"Entre los grandes movimientos colectivos de la historia y el enamoramiento hay un parentesco bastante estrecho, el tipo de fuerzas que se liberan y actúan son de la misma clase, muchas de las experiencias de solidaridad, alegría de vivir, renovación, son análogas. La diferencia fundamental reside en el hecho de que los grandes movimientos colectivos están constituidos por muchísimas personas y se abren al ingreso de otras personas. El enamoramiento en cambio, aún siendo un movimiento colectivo se constituye entre dos personas solas. Este es el motivo de su especificidad, de su singularidad [...] Durkheim, al hablar de los estados de efervescencia colectiva, de los grandes episodios revolucionarios, escribe: ‘el hombre tiene la impresión de estar dominado por fuerzas que no reconoce como suyas, que lo arrastran y que no domina... se siente transportado a un mundo diferente de aquél en el que se desarrolla su existencia privada. La vida en él no es sólo intensa, sino que es cualitativamente diferente... se desinteresa de sí mismo, se olvida de sí mismo, se entrega enteramente a los fines comunes’ [...] El enamoramiento, como todos los movimientos colectivos, se coloca en el plano de lo extraordinario".

Me recuerdo, ese periodo de huelga, inmensamente vital. Si es que se puede estar más viva que lo vivo. Me enamoré, supongo.

Quería la huelga, detener el reglamento de cuotas, cerrar la universidad, construir las barricadas, hacer las guardias, asistir a las asambleas, hacer boteo, difundir, participar en brigadas, bailar en las fiestas, recorrer CU en las noches-madrugadas, conocer los murales en las escuelas, agotarme en el CGH, limpiar salones, marchar, angustiarme y temer, desvelarme, discutir todos los temas, desde la propuesta para un proyecto de universidad -que si mi memoria es aún clara, fue la convocatoria de nuestras reuniones- hasta lo que terminó siendo la discusión acerca del sistema-mundo. Todo eso fue un sentimiento de vitalidad-pertenencia-identidad-posibilidad-esperanza: poder o amor. Quizá todo eso conduzca a una cierta noción de victoria. Después, todo lo ordinario regresó.

¿Qué permanece de la huelga de ese enamoramiento colectivo que nos formó y deformó?

Un recuerdo: memoria. Experiencia ¿aprendizaje? Nuevas redes de relaciones. Nuevas posibilidades de hacer y de pensar.

El 18 de julio conversamos precisamente acerca del hacer o haceres como posibilidad para el seminario y más aún, como capacidad. Surgieron las siguientes preguntas, aunque también fueron una suerte de tareas: ¿Qué hemos entendido por el hacer del seminario durante este tiempo? ¿Para cada [email protected] de [email protected] cuáles serían los haceres importantes -y posibles- dentro del seminario? ¿Cuáles son las cosas que sí hemos hecho? ¿Para qué hacer (orientación)?

Alrededor de estas preguntas, planteadas para que sean contestadas "individualmente" y después permitan una respuesta colectiva, hablamos, quienes ese día nos reunimos, lo siguiente:

  • Necesidad de establecer objetivos a corto plazo, un poco con el fin de que sea posible comprometernos con ellos. Además de tener un proyecto que dé sentido a nuestras reuniones. Hablamos de que el sóloreunirnos no es inútil, constituye en sí un sentido y que probablemente eso era suficiente.
  • Necesidad de comunicarnos aquello que hemos entendido como los haceres del seminario (preguntas iniciales).
  • Discutir acerca del grado de compromiso y participación de cada [email protected], ligado a la pregunta de ¿cuáles son nuestras necesidades? En un sentido amplio.
  • Cuáles son nuestras capacidades, con qué conocimientos contamos: ¿qué podemos hacer?

Acerca de los haceres del seminario se mencionaron las siguientes posibilidades, muchas de ellas de vaga composición:

  • Espacio de encuentros.
  • Espacio de discusión, aunque se concluyó que era un inicio. Las discusiones ahora, podrían realizarse por temas o áreas y finalizar con algún documento.
  • Propuesta pedagógica (trabajo social)
  • Posibilidad de constituirnos legalmente.
  • Trabajos con comunidades.
  • Trabajo teórico, como un "hedonismo intelectual".
  • Proyecto editorial, publicaciones.

Presentadas a grandes rasgos, estas intenciones fueron el pretexto para convocar a una reunión -con urgencia se dijo- para la segunda semana después de volver a clases. Si no hay sugerencias, el lugar es el Instituto de Física, a la 6:00 p.m. Se pretende que sea una reunión para tomar decisiones, así que en la utopía esperamos que [email protected] asistan y que sean puntuales, para que esas decisiones nos incluyan, claro que siempre habrá más oportunidades para vernos, pero hablamos acerca de que vale la pena reunirnos una sola vez y discutir todo lo aquí expresado y muchas otras cosas, aunque después nuestros contactos se reduzcan a la red, a reuniones menos frecuentes o con menos personas.

Como leen, nuestro futuro es incierto, así que no se queden fuera de las votaciones.

Me despido, cualquier propuesta, por favor comuníquenla.

Alma.
Por cierto que esto lo terminé de escribir el 18 de agosto...



Un poco de historia
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