Acerca de la elaboración de las definiciones

 

(DE) al final de cada enunciado: Definición explícita
(DI) al final de cada enunciado: Definición implícita

 

Acerca de las definiciones explícitas

He considerado como definiciones explícitas, a los fines de este trabajo, aquellos enunciados que corresponden a fragmentos de texto en los cuales los autores de los trabajos del corpus, definen expresamente un término o expresión. Los términos definidos explícitamente aparecen en este diccionario sin modificaciones gramaticales respecto de su uso en esos fragmentos de texto del corpus; ciertos cambios, a los fines de su presentación, pueden verse en Sobre la presentación de las entradas. Las definiciones explícitas incluyen desde definiciones formales con superordinado ("Negativo de la lasca es la marca dejada en el artefacto por el desprendimiento de la lasca"; 16.109), hasta definiciones menos formales que, en algunos casos, podrían indicar equivalencias de términos o paráfrasis ("Cara anterior o dorsal o anverso es la cara más trabajada" (13.015), donde "cara anterior", "cara dorsal", "anverso", son sinónimos para este autor, mientras que "cara más trabajada", puede considerarse como una paráfrasis). Se diferencian de las definiciones implícitas, en que éstas fueron recuperadas a partir de fragmentos de texto que constituyen indicaciones, enumeraciones, referencias descriptivas al mundo de los objetos, etc., que he reelaborado sintácticamente como para que definan, a mediante su pronominalización ("X es aquello que..."), aquel término que arqueológicamente y según los criterios adoptados aquí, correspondiera. Me referiré más adelante a las clases de enunciados que pudieron recuperarse de este corpus.

Las definiciones, o sea, lo que podríamos decir que está del lado derecho del verbo (encuentro forzado llamarlo "definiens", por la variedad de formas de enunciados que incluyo, pero valga la relación para indicar a qué me refiero por "lado derecho del enunciado"), reconstruyen hasta donde se pudo, la manera de haberlo expresado el autor. Hasta donde se pudo, porque a veces fue necesario recuperar algún supuesto, completar o aclarar frases, etc.; aún en estos casos, respetando la textualidad particular, transcribiendo fragmentos, etc. Esto significa, simplemente, que no hubo reelaboración de estos enunciados, salvo a nivel meramente sintáctico.

Mucho menos hay, entonces, reelaboración conceptual de mi parte. Por ello, puede haber, y de hecho, hay, definiciones contradictorias de un mismo término, o bien diferencias entre las definiciones, en lo que hace a su forma, a las clases de superordinados que los autores han elegido, a la manera de especificarlo, etc., por supuesto, dicho todo ello en distintos textos, ya que las definiciones se pusieron meramente bajo el término que definen (o "lado izquierdo del enunciado", que igualmente encuentro difícil llamar "definiendum", por lo mismo de antes), uno a continuación de otro. No está en la intención de este diccionario tener un carácter normativo, en cuanto no pretende establecer ningún deber ser relativo a la terminología lítica. Independientemente de que en algún momento encare un estudio de estas diferencias, que hacen al lenguaje arqueológico de una manera muy central.

La extensión de cada definición es variable. He necesitado tomar la decisión relativa a cómo delimitar el fragmento del texto original, ya que son diversos los casos posibles; en un extremo está el caso de cuando la definición del texto del corpus está ya delimitada, o sea que el autor define un término en una oración y luego pasa a hablar de otra cosa o de otra manera, y en el otro, aquellos casos en que es difícil decidir dónde termina la definición, ya que el autor continúa hablando aparentemente de lo mismo y/o en el mismo modo definicional, más allá de la oración. No existen criterios a seguir en este dominio, y sería materia de otro trabajo el desarrollarlos, dada la libertad del lenguaje arqueológico; es cuestión de opciones elegir entre la definición más amplia posible y la definición más rigurosa formalmente. Una opción moderada es la que considero mejor: la mayor amplitud posible, a condición de mantener la forma definicional del enunciado.

La elaboración de las definiciones, excepto por las modificaciones que implican los nuevos criterios desarrollados aquí, sigue lo dicho en los criterios al "viejo" diccionario (en su Introducción teórica y metodológica), y, especialmente su actualización en Criterios lingüístico-semióticos para la elaboración de un diccionario arqueológico", Cuadernos 17, UNJU).

 

Acerca de las definiciones implícitas

El conjunto de definiciones implícitas es el resultado de una exploración complementaria para extraer del texto, después de haber sacado las definiciones explícitas, aspectos que pueden aportar a la construcción definicional de los términos usados. El haber tomado como fuente una masa de texto de la que ya no puedo obtener definiciones explícitas, hace que tampoco exista una metodología estricta. En los puntos desarrollados más abajo, doy cuenta, brevemente, de algunos problemas y opciones.

Es posible que puedan extraerse otros fragmentos aquí omitidos y, aún, puede que haya incluido algún enunciado que, aunque aporte a la comprensión del término, pueda no obstante resultar discutible; quizá las opciones sean otras si es otro el investigador. Y también puede haber sido diferente la forma de la definición. En algunas definiciones, he tratado de seguir el criterio de la pronominalización y, en otras, en especial cuando tuve que ocuparme de algunas enumeraciones, el criterio de poner el término del que se habla, bajo la categoría superior, simplemente. Unos pocos, son fragmentos casi textuales.

Entonces, en la construcción de las definiciones implícitas, he realizado algunas intervenciones, tratando siempre de no perturbar el sentido del fragmento de texto original. Pero dejando en claro que el resultado de esas intervenciones, o sea, un nuevo fragmento de texto, que es la definición implícita, depende de mi interpretación, en cuanto arqueóloga, de cada fragmento dado. Como aquí no se trata de buscar aquellas instancias en las que el autor define expresamente un término, sino de convertir una cantidad de fragmentos de diversa forma, en definiciones que resulten útiles, en cuanto tales, para un usuario arqueólogo de este diccionario, las modificaciones realizadas con el objetivo de obtener fragmentos de texto cuya forma satisfaga las características que se esperan de un diccionario, responden a menos restricciones que las empleadas en la elaboración de las definiciones explícitas.

Diferencias en las estrategias

Las diferencias en las estrategias adoptadas por los autores de los trabajos que integran este corpus, llevan a modificar los criterios seguidos para elaborar los enunciados que van a formar el conjunto de las definiciones implícitas. Mientras que al realizar las definiciones explícitas, es necesario encontrar aquellos enunciados en los que el autor define un término, al realizar las definiciones implícitas, hay que conseguir que todos aquellos enunciados en los cuales el autor no está definiendo un término, lleguen a tener forma definicional, aunque de una manera no estricta. Ello significa que, mientras que en el caso de las definiciones explícitas, se pueden aplicar criterios válidos para todo el corpus, de una manera bastante homogénea, no ocurre lo mismo para las definiciones implícitas, ya que las operaciones para elaborar una definición a partir de un enunciado, dependen de la forma que tenga ese enunciado en el texto original y, de hecho, los textos tienen grandes diferencias, en ese sentido. Por lo cual, será necesario decir cómo trabajé cada texto o, al menos, los casos más difíciles, más alejados de lo que podría ser un criterio generalizado.

En algunos textos, cuando su mayor densidad corresponde a enumeraciones (por ejemplo, Austral, 02), la recuperación de la forma definicional fue imposible, porque en casi toda esa masa de texto, el autor desarrolla posibles estados o cualidades de las partes o rasgos de la pieza. Ante la alternativa de dejar de lado esa información, o incluirla, aunque sin la forma deseada, he optado por esta última, para poder contar con toda la multiplicidad de posiciones (en este texto, Austral se había apartado de las corrientes que eran habituales en el análisis lítico) y posibilitar comparaciones posteriormente. En general, los enunciados de este trabajo de Austral, atribuyen cualidades al elemento que aparece como "entrada" en el diccionario.

García Cook realiza una tipología para, estrictamente, los objetos hallados en un sitio (14). Presenta algunas definiciones pero, en lo que respecta a las implícitas, hay que recuperarlas a partir de su tipología. Por ejemplo, ¿cómo dar cuenta, sin recomponer la tipología, sino mostrando el uso de los términos en definiciones, de lo que este autor entiende por raspador espigado?, considerando que para él los raspadores pertenecen, por ejemplo, a la familia convexos, subfamilia semicirculares, tipos: espigado, doble, abultado. En Aschero (01), en Orquera y Piana (12), al igual que en alguna medida en Austral (02), evité entrar en la parte tipológica, dado que la masa textual en todos estos trabajos (especialmente en los dos primeros mencionados), consiste en detalladas descripciones de objetos o de sus estados, que permiten recuperar enunciados definicionales. Pero García Cook realiza la descripción de cada tipo, mediante la comparación de sus distintas descripciones de conjuntos de objetos, por lo que no evité considerar esa parte de su trabajo. En el caso de los enunciados en los que describe los raspadores aludidos más arriba (14.213 a 14.219), la solución fue recuperar las categorías más amplias, en cada definición, pero dejando como entrada a la categoría menor. Es decir: la entrada es RASPADOR ESPIGADO y su definición: "...raspador convexo semicircular, que presenta una espiga o pedúnculo para ser enmangado, facilitando con ello su prensión." Esto es coherente con la decisión adoptada de definir mediante superordinado; "raspador convexo semicircular" es, efectivamente, la categoría bajo la cual el propio autor coloca a "raspador espigado".

Puede ocurrir también, que el autor ponga al artesano, su intencionalidad, sus criterios, sus actitudes frente al objeto, como el elemento del que le interesa hablar, como aquello de lo cual dice todo lo demás y entonces la organización de los enunciados para el diccionario, o su selección o excepción, requiere que sea posible hallar u organizar una frase nominal coherente con el criterio adoptado respecto de qué términos y qué conceptos son pertinentes al diccionario y que sea coherente con lo que dice el texto que se está trabajando. Cuando el fragmento de texto original es de una gran generalidad, y lo que dice se va especificando en otros parágrafos del mismo texto, entonces evito ese parágrafo demasiado general, inconducente para lo que me propuse aquí (reconstruir enunciados de forma definicional para definir términos considerados específicos del análisis lítico). Pero cuando interesa, porque habla de características del objeto lítico o de acciones o eventos vinculados a él, de tal manera que puedan construirse enunciados definicionales sin distorsionarlo, entonces reelaboro el fragmento, respetando lo dicho por el autor.
Estas son las intervenciones conceptuales a las que me refería más arriba. Conceptuales, en el sentido en que tuve que elegir el término a definir y delimitar lo que se dice de él, en lugar de seguir criterios metodológicos preestablecidos. Un ejemplo de ello, es Jaimes (10), cuando dice "La primera intención (del artesano) al enfrentarse a un gran bloque, es la de desbastarlo a base de golpes con grandes percutores a fin de obtener una gran variedad de lascas de todo tamaño y anchura; el criterio de selección del individuo de escoger las lascas necesarias para elaborar cuál tipo y tamaño de útiles, se puede verificar por (...). Caso contrario ocurre cuando el artesano se enfrente a cantos rodados o lascas naturales, ya que la elaboración los artefactos se hará dependiendo del tamaño de las matrices." (10.003).
¿De qué habla el autor, si sacamos de en medio al artesano y su intención y criterios? En el fragmento de texto transcripto, recupero: "Lascas son aquellas cuya variedad, en cuanto a tamaño y anchura, se obtienen desbastando, por ejemplo, un gran bloque a base de golpes con grandes percutores." y "Desechos son aquellos que, siendo de los primeros intentos de elaboración de un útil, permitirían verificar qué lascas se utilizaron para elaborar qué tipo y tamaño de útiles." (10.003) Y así siguiendo. En estos casos, he utilizado definiciones contextuales para organizar las definiciones implícitas (o sea, pronominalizando el término que considero más conveniente definir).
A pesar de lo poco informativo de algunos de estos enunciados, los considero útiles porque emplean términos que el autor luego no usa más, ni tampoco enfatiza el aspecto técnico del trabajo lítico, sino más bien, el aspecto morfológico de la descripción. No voy a dar cada ejemplo concreto de este tipo de problemas y sus soluciones; creo que lo anterior puede servir de un modo orientativo respecto de mis criterios de reelaboración de estas clases de definiciones.

En las Jornadas de Tipología y Tecnología Líticas (23), trabajo que consiste en la desgrabación de ese evento, se discuten algunos conceptos y el uso de algunos términos, que ya se venían empleando en la Argentina, pero que requerían ser fijados, quizá por una cierta diversidad en la aplicación de la terminología. Entrar en este material para registrar enunciados con los que se puedan construir definiciones que aporten nueva y útil información, no siempre ha resultado fácil. Recuperar la vivencia de ese discurso oral, de algunas de sus discusiones, podría aportar a un estudio de las transformaciones de ciertos conceptos a través del tiempo, pero resultaría ajeno a un diccionario de uso. Sin embargo, por el tono del debate, la calidad de quienes intervienen en él, y la permanente actualidad de algunos de los conceptos discutidos, me esforcé por conservar la mayor cantidad posible de enunciados, descartando solamente aquellos que consisten en opiniones que luego se van corrigiendo, en intervenciones interrumpidas o que no permiten reconstruir una definición. Ha sido particulamente difícil no intervenir en algunos pocos casos, organizando algún concepto desarrollado a lo largo de más de un fragmento de texto (pero nunca a lo largo de más de un parágrafo). La correspondencia del enunciado con su autor (en la gran mayoría de ellos, es L.A. Orquera, pero entre los presentes y los ausentes representados, en este evento, son 19 los intervinientes), está indicada al final de cada definición, entre paréntesis.
Uno de los aspectos particulares de este debate, es que en algunos enunciados se da cuenta de procedimientos, de las operaciones que llevan a un determinado resultado (como, por ejemplo, algunas DI de "hoja") y otro, relacionado al anterior, es la presencia de recomendaciones (en algún caso por negación); tuve en cuenta ambos tipos de enunciados, cuando consideré que aportan información útil o diferencial respecto de algún aspecto del análisis lítico. En general, he considerado como enunciado apto para una definición implícita, todo aquel fragmento de texto que aporta información a aquello que el término definido designa, con la conciencia de que esta es sólo mi opción; hay otras muchas.Estas diferencias entre las estrategias empleadas por los autores de cada texto, se manifiestan también en la manera de presentarse en ellos la sinonimia, aspecto del que daré cuenta en breve.

En un caso (Kulemeyer; 24), el trabajo del corpus se propone como una serie de indicaciones para realizar los dibujos de las piezas, una vez orientadas éstas. En su primera parte, el autor define unos pocos términos (algunos, no obstante, sólo implícitamente), que son los que consideró pertinentes a su objetivo, y luego se dedica, extensamente, a los criterios de representación de las piezas. Son dos partes que, como en algún otro texto, el de Jaimes, mencionado en un párrafo anterior, se pueden recuperar, por el criterio de las definiciones explícitas, en caso de haberlas, y por el de las definiciones contextuales, cuando el autor habla de un ámbito ajeno al del diccionario (las reglas para el dibujo de las piezas), pero utiliza para ello los términos que corresponden a la terminología que estoy tratando de recuperar. O sea que estos términos se han tenido que seleccionar y pronominalizar los enunciados que los contienen, como para que pueda recuperar lo que el texto dice de ellos.

Los enunciados que informan sobre aspectos contingentes, como por ejemplo, cantidades de hallazgos y descripciones de piezas individuales, o recapitulaciones de los conceptos históricos, o actuales, de diversos arqueólogos citados, pueden o no emplear términos propios del análisis lítico. En caso de usarlos, estos términos, si no están definidos expresamente por el autor (en una definición explícita) o no pueden definirse en alguna definición contextual (implícita) porque no aportan a la terminología descriptiva de las piezas, no pueden tenerse en cuenta para el diccionario.
Es el caso de los trabajos de López (05, 06, 07, 08, 21, 22), que hasta el momento son los únicos que, en este corpus, no se ocupan de términos o de tipologías, sino que dan cuenta de los resultados de investigaciones a partir del contexto del trabajo de campo. Por eso, en general, aparte de algunas definiciones explícitas y otras, implícitas, que pudieron recuperarse, la mayor parte de cada texto no se usó para el diccionario a pesar de que en el capítulo que dedica en ellos al material lítico, utiliza una cantidad de términos de este lenguaje. Igualmente, son muchas las definiciones correspondientes a este autor.
A diferencia de otros textos (por ejemplo, García Cook, 14), cuando alguno de los trabajos de López presenta la descripción de una pieza, se refiere a una concreta pieza hallada por el autor en ese sitio, y para describir ese objeto emplea términos ya definidos (en otros autores, que cita). No tomé en cuenta estas descripciones individuales, ni las generalizaciones de corto alcance que se realizan a partir de ellas, porque dudo que proporcionen información para quien busque la definición, aún en el más amplio sentido de definición, de un término dado. Esta información puede encontrarse en las redes del diccionario anterior, a las que se llega desde el pie de cada entrada en ese diccionario.

Queda pendiente, así, es necesario subrayarlo, una atención más detenida a las características de estos textos, tanto en sus elecciones para clasificar, como en sus opciones terminológicas y otras. Estudio que resta y que importa, porque permitirá iluminar el camino que ha seguido la arqueología, al menos en este dominio del análisis lítico, a lo largo de un prolongado y complicado período del país, y que seguimos recorriendo, pero con variaciones cuyo origen ya se relaciona menos con las estrategias seguidas por los autores en los textos locales.

 

Acerca de los términos

1. Qué términos incluyo en el diccionario

Se presentan como entradas de este diccionario todos aquellos términos, simples o complejos, que se encuentran en la frase nominal de los enunciados, siendo aquello de lo que éstos hablan, trátese de sustantivos, verbos o adjetivos y aquellos términos de uso frecuente en arqueología, que son recuperables como definiciones implícitas mediante pronominalización. Cuando son términos complejos, o sea, que se componen de más de un término simple, he tratado de volcarlos en el orden en que se presentan en la expresión de cada texto, hasta donde ha sido posible, aunque a veces esto pueda producir el efecto de una cierta heterogeneidad en cuanto a la secuencia de modalizadores que los componen.

En el aspecto gramatical, la única restricción es la de los adjetivos, que sólo entraron en el caso de haberse definido explícitamente. En caso contrario, entraron como modalizadores, en definiciones explícitas o implícitas.

Dado que la piedra tallada y la descripción relacionada con el análisis macroscópico son, por decirlo así, los límites temáticos principales del diccionario, al menos por ahora, y que los textos del corpus van más allá, con descripciones de la piedra pulida y del análisis microscópico, hay algunas restricciones a los términos que se seleccionan de estos textos del corpus.

Aún cuando estén tratados separadamente, uno y otro ámbitos, el de la piedra tallada y el de la piedra pulida, se encuentran presentes en todos los textos del corpus, y las referencias de una a otra se entrecruzan. Por eso, he mantenido en el diccionario las definiciones de "mano", "molino", "mortero", etc., especialmente cuando estuviesen definidos formalmente, pero la mayoría de los términos vinculados a la piedra pulida, quedaron fuera, provisoriamente.

También ha pasado alguna definición que correspondería más al ámbito del análisis microscópico, como por ejemplo, "ángulo del borde"; en este caso, se trata de un elemento observable macroscópicamente, tal como surge de la generalidad de las definiciones, pero un autor lo trata como elemento microscópico. Esto mismo ocurre con "estrías" (definido como observable macroscópicamente, pero también microscópicamente), "pulimento", y algún otro término quizás. Los textos del corpus no realizan descripciones microscópicas, salvo una parte del trabajo de Mena y Ocampo (11); en general, los aspectos macroscópico y microscópico se separan claramente en el análisis lítico. Sin embargo, en el caso del texto de Mena y Ocampo, que desarrolla ambos aspectos, han entrado los enunciados recuperados de esas dos partes en el diccionario; pero añado una referencia en las definiciones que corresponden a la parte microscópica.

Hay designaciones atribuibles a otra terminología específica, que, en el caso de la geología, posiblemente se han ido modificando en esa ciencia, después de su uso por los autores de este corpus. Señalo otra vez la característica de diccionario del uso de esta producción, y la estrategia seguida, que vuelve obligada la presencia de los términos explícitamente definidos en algún texto del corpus, sin abrir juicio sobre su pertinencia o vigencia respecto del posible uso que estas otras ciencias hagan de esos términos en sus textos actuales. Las referencias a las clases y propiedades de la materia prima; en general, las referencias a las rocas, es uno de los aspectos difíciles de las decisiones acerca de qué términos incluir o no en el diccionario. Ello significa qué enunciados concretos, qué definiciones pueden considerarse como "arqueológicas" o como pertinentes al dominio que estoy registrando, lo cual siempre es relativamente arbitrario y, aquí, provisorio. Por ahora, me he tomado la libertad de excluir algunos enunciados, los que utilizan más términos geológicos que términos arqueológicos. Un estudio terminológico de la relación entre la geología y el análisis lítico, mostraría las regiones en que ambos discursos resultan difíciles de diferenciar, al menos si se los ve desde uno de ellos, el de la arqueología.

Algo similar ocurre con los términos que se utilizan en estos textos para hablar sobre la elaboración y designaciones de las categorías empleadas en las tipologías (industria, clase, tipo, etc.). Los enunciados en que se habla de estos términos, no han entrado al diccionario porque corresponden a un metanivel, que por ahora escapa a los criterios para acotar el corpus, tal como lo vengo diciendo en muchas partes de estas observaciones. Pero, no obstante, cuando algún enunciado presenta una información que se refiere a la pieza, entonces sí lo he considerado, como por ejemplo, la entrada INDUSTRIA DE HOJAS, que menciona las superficies de percusión preparadas (03.039). Términos de mayor abstracción, como "industria", "clase", "categoría", "familia", "tipo", "uso", "función", etc., que sostienen la racionalidad de cada sistema tipológico construido en estos textos, quedan excluídos del diccionario, por ahora (ver: 3. Criterios y Procedimientos, en "Criterios lingüístico-semióticos para la elaboración de un diccionario arqueológico", Cuadernos 17, UNJU).

He mencionado antes el problema de los términos de relación geológica, luego los términos que se refieren a las entidades más abstractas, que dan cuenta de la racionalidad de las tipologías, y a los términos relacionados con las dos observaciones, macro y microscópica, de la pieza. Interesa ver estas redefiniciones de términos de otros ámbitos científicos (o del lenguaje cotidiano), las diferencias de nivel que marcan ciertos términos teóricos, y las bifurcaciones del lenguaje arqueológico marcando los grados de visibilidad del objeto lítico, etc. (no se agotan aquí las diferencias). Toda esta gama de préstamos, desniveles, aparentes polisemias, etc., no son otra cosa que aquello que es el lenguaje del análisis lítico, sumado a los términos que crea o produce de muchas otras maneras que convendrá estudiar también. Pero aquí, dado el criterio inicial de tener en cuenta solamente los términos descriptivos del objeto lítico, de los que pueda decirse un referente perceptual, esos otros términos quedarán algo postergados, provisoriamente.

En caso de que algún término pueda sugerir alguna diferencia regional en la lengua (por ejemplo, "córtex", en lugar de "corteza") y no se presente en los diccionarios consultados (de la lengua o arqueológicos), queda provisionalmente tal como lo usó su autor.

2. Términos simples y expresiones de diversa extensión

Por esa opción de respetar la secuencia que el autor define, pueden verse aquí como entradas, algunas expresiones extensas, con más de un modalizador (por ejemplo, "artefacto unifacial retocado"); en la medida en que han sido objeto de una definición explícita, acotan un referente específicamente arqueológico, que no puede ser desestimado como objeto de conocimiento de la arqueología (excepto a partir de algún modelo conceptual previo, que proponga otra grilla para recortar apriorísticamente sus objetos, a lo cual, es obvio, no podría adherirme).

No estoy tratando de recomponer el sistema de los textos mediante estos conjuntos de definiciones, sino de recuperar la específica textualidad con que los distintos autores se refirieron a su objeto de estudio, para ubicarlo como cabecera de cada fragmento que pueda considerarse como definicional. Por eso, las entradas pueden ser un tanto extensas, y es posible que, también, muy desiguales, al no responder a un sistema ordenado de categorías. Cumplen con dos condiciones: que sean, efectivamente, aquello que el enunciado define (explícita o implícitamente), y que sean perceptuales, ya sea de objetos, o de acciones. Cada expresión tiene que representar algo perceptual en el mundo del objeto lítico. Hay, siempre, límites difusos, como el de los términos que aluden a índices o cocientes y, en general, las mediciones. Los cuales, no obstante, se definen mediante indicaciones que en última instancia reenvían necesariamente a lo perceptual.

He incluido también alguna expresión cuyo carácter aparentemente demasiado general, pareciera que la aleja de una terminología especializada, como por ejemplo, "pieza completa", "pieza rota", etc. Aunque estas expresiones corresponden sin duda a conceptos arqueológicos determinados, de no haber sido explícitamente definidos en algún texto, no hubieran entrado al diccionario.

Algunos términos unidos por guión (como por ejemplo, un sustantivo modalizado por otro), podrían quizá considerarse, al menos a la luz de estos resultados, como unidades terminológicas no segmentables. Pero siempre queda alguna duda, ya que son pocos y hay casos como el de "lascas-láminas", que modaliza a "núcleo", que se exceptúan de esta tendencia (su presencia es en la expresión "núcleo de lascas-láminas", que requiere, precisamente, diferenciar conceptualmente los términos a ambos lados del guión).

Respecto de las secuencias de términos modalizados, no necesariamente están definidos todos los términos que han sido modalizados en estos textos. La mayoría de las expresiones, que están integradas por más de un término simple, son definiciones de los estados o formas que puede asumir un rasgo y a veces ocurre que ese rasgo está definido en otro u otros autores, pero no en el que lo usa en su sistema. O también, puede que no esté definido en absoluto.

3. Sinónimos o equivalencias

He incluído definiciones que proponen la equivalencia de dos o más términos; podrían, eventualmente, considerarse como propuestas de sinonimia. Estas definiciones se basan en paréntesis (como por ejemplo, "lámina 'primaria' (o 'inicial' o de 'descortezamiento')", 01.109), ciertas disyunciones ("Astilla o esquirla: fragmento no utilizable que se desprende de una piedra..."; 13.005), remisiones ("Aletas: Ver Lengüetas"; 09.142), sustitución de términos (como por ejemplo, cuando en el parágrafo en que Febles define "borde de ataque", cambia, a mitad de parágrafo, esta expresión por la de "borde de trabajo"; 09.017), propuestas explícitas de sinonimia ("Caras de lascado: (...) También son conocidas bajo la denominación 'planos de lascado'"; 24.010), etc.

El estudio de la sinonimia está en curso aún. Provisionalmente, se podrían sintetizar las formas de presentarse la posible sinonimia en los textos del corpus como: a) cuando el autor dice explícitamente que dos términos tienen el mismo uso, ya sea atribuyendo él mismo las dos posibilidades de nombrar algo, o bien, comparando los usos semejantes del término que está definiendo, en distintos autores, escuelas, etc.; b) cuando el texto remite, para la definición de un término, a la de otro, considerándolos equivalentes; c) cuando el término es seguido de otro, ya sea entre paréntesis, entre guiones, o entre comas, y la definición que pueda recuperarse para ambos, es la misma; d) también cuando en dos lugares distintos del texto de uno o varios autores, se recupera la misma definición para dos términos distintos, que entonces pueden considerarse como mutuamente sustituibles, etc.

4. Otros aspectos

Cuando la expresión que se está definiendo incluye una serie de alternativas (como por ejemplo, "ángulo de lascado o de rotura o de fractura es..."), he desglosado esos tres nombres ("ángulo de lascado es...", "ángulo de rotura es...", "ángulo de fractura es..."), que aparecen separados en este listado, duplicando o multiplicando, entonces, la correspondiente definición. Lo hice previendo la posibilidad de que en algún texto distinto, se presente alguna de esas expresiones y pueda compararse lo que de ellas se dice. De hecho, en este listado, por ejemplo, "ángulo de fractura" está definido de la misma manera por dos textos, la Convención de Córdoba (13) y Austral (03); es que Austral participó en esa Convención, a la que cita en su Bibliografía. Y en su trabajo, aporta esas otras opciones para denominar el mismo elemento. Pero me refiero especialmente a la posibilidad de que se utilice con distinto sentido alguna de estas opciones terminológicas.

Otro asunto problemático es el de los superordinados que a veces tuve que utilizar para poder darle forma de definición a frases incompletas; son de gran generalidad y diversos: el más general es "pieza"; otros, se recuperaron del texto correspondiente. Y de aquí surgen otros interrogantes: ¿Cómo organiza el arqueólogo sus categorías? ¿En qué relaciones de inclusión coloca los términos al emplearlos, construyendo así un sistema conceptual?

Inicio

 

Hosted by www.Geocities.ws

1