El trabajo de un estomatólogo es una labor difícil, exacta, que requiere mucho tiempo, que la gran mayoría considera solamente como si se tratara de empastar agujeros. Valiosos trabajos como por ejemplo ya al principio en la zona molar realizar empastes con replesión base neutral (todos del mismo material en lo que concierne a los metales en la cavidad bucal, son rechazados porque no los paga el "seguro".) Dicen que ahora en Alemania esto ha cambiado.

Otra circunstancia negativa pero muy importante, ya bajo el punto de vista profiláctico, es el dolor. Un tratamiento indoloro requiere tiempo que no se tiene, con tantos y tantos pacientes diarios incrementados por el sistema de los volantes.

En el caso de los turistas que nos visitan, hemos podido constatar en miles de casos, que la caries secundaria no es tal sino que vista bajo el microscopio, procede parcialmente de antes de realizar el empaste, porque en su momento y a causa del dolor no se pudo proceder a una preparación correcta (no hablo aquí de los casos de negligencia personal).

Aquí las dificultades no empiezan únicamente con respecto al diente desvitalizado con su replesión de raíz, sino en los dientes, total o parcialmente, es decir, por degeneración de la pulpa, sea por caries secundaria, sea por falta de aislamiento del empaste (cementos-silicona-materia plática) pero a menudo hasta a causa de profundas repleciones de amalgama, asimismo sin suficiente aislamiento térmico que, a causa del efecto frío-calor, produce una degeneración de la pulpa. Otro efecto negativo se produce mediante exceso de calor, al pulir los dientes para trabajos de prótesis. Las posibilidades citadas son, sobre todo, las que colocan al estomatólogo en una posición casi imposible, siempre que tenga que elaborar un estado de foco para el médico de cabecera o para el especialista; examinar radiológicamente para comprobar si no hay nada anómalo, o poder localizar un campo de irritación es muy importante, especialmente en casos de focos indoloros, que son los peores y que traen más graves consecuencias.

Así fue en el caso de una paciente joven (12 años) tratada por muchos especialistas en diferentes clínicas para ver de localizar la causa de una fuerte linfadenitis* (del tamaño de un puño en la zona submaxilar-cervical). El motivo, resistente a cualquier terapia, era una replesión de cemento en la proximidad de la pulpa del primer molar inferior. Un nuevo empaste con hidróxido de calcio y cemento por encima permitió que al día siguiente hubiesen desaparecido todas las molestias.

(* "linfadenitis": Se refiere a la Inflamación de los ganglios linfáticos.)

En el caso de otro paciente (Rvdo. J.M. - Bolivia) con un eczema que duraba ya 9 años en el brazo izquierdo se consiguió el mismo resultado mediante eliminación de un empaste de cemento sin empaste base situado en las proximidades de la pulpa, es decir, con el mismo tratamiento que en el caso anterior, (aclaramos el motivo al observar que este diente reaccionaba con mayor sensibilidad, a pesar de su gran empaste, a las mediciones eléctricas, más que los dientes vecinos, por lo tanto, que existía una llamada hiperemia de la pulpa.)
¿Qué dirá entonces un médico de medicina general que no conoce esta especialidad y se tiene que fiar de radiografías que no demuestran nada?. ¿O el estomatólogo, que quiere establecer un diagnóstico basándose únicamente en la radiografía?. Por esto creemos que era, o es necesario, que llamemos la atención sobre todos los fallos, a pesar de que éstos se produzcan en el ámbito de la odontología, pero el cuerpo humano es una unidad y precisamente esta pequeña zona del trigémino desordena a veces esta unidad sin que podamos apreciar nada en los análisis.

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