Tras comentar el diagnóstico con el médico que me envió la paciente, y con la paciente misma, indicándole que en este caso concreto no podíamos establecer un pronóstico, se decidió empezar con la eliminación del campo de irritación en el lado izquierdo, es decir, en el mandibular, ya que el punto doloroso correspondiente en las vértebras cervicales era el más relevante.

EPICRISIS: Eliminamos el colmillo retenido visible en la Imagen nº 83 y el "soporte del puente". El diagnóstico postoperatorio mostraba una completa corrosión de la raíz de este diente, o sea; una reabsorción apical*, tal y como la hemos descrito en otros capítulos.

(* "Reabsorción apical": que el hueso absorbe la raíz de la pieza dental, lo que provoca un importante campo interferente o foco neural).

Ya en los siguientes días, la paciente experimentó una sensible mejo-ría en la articulación del hombro izquierdo y la grave y persistente conjuntivitis del ojo izquierdo (Imagen nº. 84) desapareció completamente al tercer día de la operación. (Al margen, comentamos que los casos graves oftalmológicos no suelen mejorar hasta transcurridos los dos meses).

                            

Lo interesante de este caso es seguramente que solamente se ve afectada de conjuntivitis la mitad inferior del globo ocular.

Como tratamiento postoperatorio, a nuestra paciente, se le practicaron infiltraciones al lado de la herida con una disolución de Procaina*, con lo que se incrementaba la mejoría de la afección secundaria.

(* "Procaína": una clase de anestésico que además aporta una regeneración de la membrana celular, lo que significa una mejor reconstrucción de los tejidos afectados).

Quisiéramos repetir que el paciente no debe notar ninguna molestia al aplicar las infiltraciones, por lo que hay que trabajar con una aguja finísima y con anestesia previa en la mucosa*, ya que se trata de una zona hiperálgica.

(* La anestesia previa en mucosa consiste en un spray anestésico aplicado en la mucosa de la encía, o bien, en ocasiones, se depositan unas gotas de anestésico en la zona de la encía a tratar).

Como complemento a este capitulo ( "¿Es peligrosa la teoría de la infección focal?") y cuando únicamente se piensa en ella, sirva el siguiente ejemplo. Insistimos de nuevo en que no se trata de ejemplos poco frecuentes, y que no se producen únicamente en nuestro país, sino que se trata de casos que se producen, en general, en todas partes.

Ello no significa en ningún modo la intención de menoscabar el valor de la teoría de infección focal, frecuentemente ignorada, minimizada y hasta rechazada ¡de ninguna manera!. La finalidad debe consistir en atender a ambos factores, sabiamente incorporados en la patología general y en la terapia de la medicina, nada más. Todas las demás formas de terapia se acercaran entonces más al éxito deseado.

Veamos brevemente un ejemplo.

OFTALMOPATÍA:
PACIENTE: J.C. Nos fue enviado por el farmacéutico, con el comentario: "Este hombre se envenenará con tantos medicamentos" (aún quedan personas honradas).

Y aquí debemos decir algo en favor del oftalmólogo de otra ciudad, a pesar de la terapia practicada. SU DIAGNÓSTICO ERA: "Existe una trombosis en la vena central de la retina del ojo izquierdo", y añadía: "Un tra-tamiento con antibióticos ha mejorado algo el estado".

Se realizó una exploración y se hicieron radiografías de las cavidades maxilares, así como una exploración de las amígdalas, todo ello sin resultados. Coagulación algo retrasada a causa del tratamiento con Heparina y otros.

A la vista de la mejoría experimentada, y de los resultados negativos sobre la existencia de focos, a los que el oftalmólogo se remitió en primera instancia, en el transcurso de los meses siguientes se le aplicaron, por parte de su médico, los medicamentos que se detallan: Dosil, Fibrocid, Ronical, Heparin Vardasa, Farmapen, Ceporan, Heparin lipicaico, Sterisone Prontotard y 4 más. Y pese a todo empeoraba. ¿Es pues de extrañar que el farmacéutico nos enviara al enfermo a pesar de que se tratara de un buen cliente? (el médico que lo trataba vivía en otra ciudad).

Nuestro análisis estomatológico nos mostraba dos muelas del juicio con carencia de espacio y con bolsa retromolar, repleta de pus. O sea, dos factores que se potencian: zona séptica más presión.

Como el paciente no tenía caries, el colega no hizo radiografías, lo que lamentablemente es una costumbre ordinaria.

Después de la extracción, no se produjo provocación en la afección ocular, sino tan solo una cicatrización retardada de la herida, ya que el paciente, "saturado" por la gran cantidad de medicamentos, y por el campo de irritación, estaba bloqueado en lo que respecta a sus centros de regulación.

Lentamente, fue mejorando el estado desolador del ojo, que había ido de mal en peor, a causa del diagnóstico erróneo de un estomatólogo y de la consiguiente terapia, totalmente ineficaz.

Vemos repetidamente la gran importancia que tiene un diagnóstico correcto, especialmente cuando es tan sencillo de establecer como en el caso precedente. Pero, aparentemente, en este sentido, aún no nos hallamos en el siglo XX, especialmente cuando se nos da a conocer otro diagnóstico establecido en una gran ciudad. Se trata de unas muelas del juicio medio retenidas que también son las causantes de una afección o enfermedad.

EL COMENTARIO VERBAL DEL ESTOMATÓLOGO (SEGÚN EL PACIENTE) ERA: "Yo personalmente no permitiría la extracción de piezas dentales sin caries." A pesar suyo, comenzamos con el tratamiento. Como anécdota añadiremos que el paciente, tras la operación, algo laboriosa a causa de las circunstancias anatómicas, nos preguntaba: ¿Cuándo puedo venir para que me arreglen el otro lado?. Él lo comprendió mejor. Por tanto, procuremos todos entenderlo algo mejor para bien de nuestros pacientes y de la medicina seria.

Anterior | Seguir

Hosted by www.Geocities.ws

1