PACIENTE: Sra. C.C., 47 años, ama de casa. Sus síntomas no los especificamos, ya que son tan largos que podrían llenar todo este libro. No había un lugar, de cabeza a pies, que no estuviese afectado. Además, la paciente se repite tanto, que no podemos corregirla cuando olvida algún detalle. Prácticamente una "incurable".
El análisis estomatológico no muestra nada; una boca cuidada, con dos prótesis de acero parcialmente apoyadas, y, como de costumbre, solo dos (superior e inferior) muelas del juicio situadas demasiado atrás. Amígdalas: atrofiadas, correspondientes a la edad, pero con criptas abiertas, sin que pudiera establecerse una patogeneidad. Cavidad maxilar, ya operado, actualmente sin diagnóstico.
TERAPIA: a la vista de estos resultados casi negativos, se recomendó en primer lugar la extracción de las dos muelas del juicio, ya que, como decíamos anteriormente, no se pierde nada con esta intervención.
(* Actualmente, está probado el hecho de que las muelas del juicio, debido a la disminución de la estructura ósea máxilo-mandibular, antropológicamente, no se emplean para masticar; no tienen ninguna utilidad).
El primer resultado (que desconocíamos previamente) fue que podía "pelar patatas" de nuevo, ya que había recuperado la movilidad de los dedos en la mano derecha (lado de las muelas del juicio). Esto, de momento, le dio algo de optimismo. A nosotros también.
Como tratamiento de continuidad (una vez cicatrizadas las heridas), se practicaban, cada 4 días, infiltraciones en los polos amigdalares. Este tratamiento no actuaba en el sentido de una mejoría sino como provocación. Y esta provocación se hallaba en la vesícula biliar y en los anejos (menopausia). Entonces, se descubrió que la paciente estaba como "hinchada", que desde hacia años llevaba sus faldas con cinturilla de goma, etc. (lo que no sabíamos).
El correspondiente tratamiento conllevó una mejoría administrando fermentos biliares y pancreáticos, y así se dio otro paso hacia adelante. Vemos, de esta forma, cómo un método de prueba negativo, bien aprovechado, puedo contribuir a la curación de esta paciente "incurable".
PACIENTE: Sra. A.O., 48 años, Barcelona (nos fue enviada por el farmacéutico, porque tenía una intoxicación por abuso de medicamentos. ¡Y dicho por un farmacéutico!).
Por el momento, se trataba de un catarro bronquial iniciado antes del verano, que era tratado desde hacia 4 meses con antibióticos de amplio espectro, de manera que, además, se produjo una debilidad general, nerviosismo y otras molestias hasta después del verano.
La revisión estomatológica no mostraba nada más que los análisis anteriores, es decir, según el juicio "usual", 4 muelas del juicio normales con bolsas marginales (Imágenes nºs 50 y 51).
COMENTARIO: Aquí debe mencionarse que la terapia empleada, que consistía en la extracción -en dos sesiones- de estos "presuntos" campos de irritación, fue una terapia en la que sentimos cierto apuro, motivado por el comentario de nuestro colaborador internista, tan entusiasta en otras ocasiones de nuestro sistema. Nos dijo: "No pierdan el tiempo con esta paciente, ya que es una evidente paciente psiquiátrica".
¿TENIA RAZÓN?. Desde luego que tenía razón, ya que, mediante un tratamiento inútil, que se había prolongado por cuatro meses, la paciente se convirtió en una psicópata. No lo era anteriormente. Y vemos muchos de estos pacientes que, a causa de una terapia estéril, y cambiando frecuentemente de médico, se vuelven psicópatas, o por lo menos así los "etiquetan".
No es el objetivo del libro relatarles todos estos casos carentes de un interés especial dentro del terreno neuro-focal, o de los campos interferentes del S.N.V., pero sí que deben únicamente servir de ejemplo para miles de casos similares. Cuando nuestra paciente se vio libre de su catarro bronquial, cambió también su estado psíquico. A veces los pacientes también tienen razón. Y casi siempre son esas pequeñas cosas insignificantes en las que menos se piensa, los minicampos de irritación, en los que frecuentemente no creemos ni nosotros mismos.