"Los Señores del Fuego"Kore corría por el campo tras su perro Dincky, Kore era una chica de ojos rasgados, melena lisa y larga, y al contrarió que los naturales que vivían a los pies del monte Futji, era alta, pero la mayor peculiaridad que había en ella era su risa, su risa se podía escuchar a varios cientos de kilómetros a la redonda, arrastrada por el viento que con frecuencia se daba en la región. Los habitantes de la pequeña aldea de montaña le regañaban con frecuencia por ser tan ‘escandalosa’, intentan asustarla con Los Señores del Fuego, decían los ancianos del lugar que si los despertaba sería lo último que vería antes de morir de una forma horrible, consumida por el calor que desprendían sus cuerpos. Pero Kore sabía que aquello no eran más que historias para asustar a los niños pequeños, y ella ya tenía edad, según decía su madre, para ser desposada, claro que ¿quién querría a una mujer tan alegre?
Su madre no entendía que no tenía ganas de aguantar a uno de aquellos hombres que no aportaban más que hijos y esclavitud a las mujeres, siempre pendientes de ellos, dispuestas a dejarlo todo para atenderlos. Kore prefería pintar grandes murales que luego servían para hacer puertas a su abuelo, que curiosamente parecía ser el único que la comprendía, que la disculpaba. Dejó de pensar en las ganas que tenía de echarse una siesta cuándo dejó de divisar a Dincky, lo llamó con fuerza, pero no oyó ni el más leve ladrido o gruñido procedente de quién debería haber sido la comida del año nuevo, y que ella sacó de la cocina a hurtadillas antes de que su madre comenzara a prepararlo, aquello le había costado un buen disgustó, una pelea y un castigó, pero no podía dejar que asesinaran a otro perro, los demás parecían no darse cuenta de la inteligencia y el montón de virtudes que tenían los perros, entendía que se comieran una estúpida gallina, un pavo, pero nunca entendió como se podía desperdiciar tanta hermosura para servir como entremés. Fue cuándo le dio por liberar a todos los perros del poblado, y su padre tuvo que pagar una fuerte suma en concepto de multa, intentaron que cocinara el plato típico con uno de sus amigos pero ella se negó, prefirió estar encerrada seis meses como castigo. Levantó la vista un segundó, y todo su cuerpo se conmovió… ante la vista de uno de aquellos seres. Tenía ante ella a Los Señores del Fuego.
Intentó abrir los ojos, pero algo se lo impedía, intentó destapárselos, pero sintió con temor que estaba atada, así que hizo lo único que se le ocurrió, pensó que sólo tendría una oportunidad de escapar si aquellos seres la creían dormida, se dispuso a prestar la máxima atención, y entonces escuchó una voz.
Kore emitió un gemido muy quedó al oír la conversación, pero fue suficiente para que Los Señores del Fuego percibieran que estaba despierta, un sonido siseante se acercó a ella, notó cómo de golpe la cara y el resto del cuerpo se calentaban, tembló ante la perspectiva de ser consumida en una abrazó, cerró los puños, gritó “aparta”, y volvió a desmayarse. Cuándo de nuevo abrió los ojos se encontró en un extraño lugar, miró a su alrededor y sólo vio un cielo azul, sin una sola nube, supo que estaba en algún tipo de plataforma por la balaustrada que divisó al fondo, se acercó lentamente, y entonces abrió la boca, impresionada, aquello no era una plataforma, sino una isla, extraña, porqué se movía, abajo todo era agua, arriba cielo, en medio horizonte, nada más, tembló un instante, y entonces se dio cuenta de que estaba desnuda, con un gestó fue a sujetar la punta de sus cabellos, y no halló ni uno solo de ellos, se asomó por la barandilla, y para su asombro vio que no tenía un solo cabello, los había perdido todos, quizá junto con la ropa, pensó en Los Señores del Fuego, quizá al cogerla para llevarla con ellos habían achicharrado su ropa, se miró los brazos, y tampoco encontró un sólo vello, miró con curiosidad su pubis, y cómo en el restó del cuerpo sólo encontró ausencia de vello, sonrió pensando que parecía haber vuelto a la niñez, y cuándo estaba a puntó de volverse para inspeccionar aquella extraña isla, el mar comenzó a bullir…
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