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BIOGRAFÍA
Tenía
pensado escribir yo mismo la Biografía de Diamanda Galás para la
página Web; vagando por la red, encontré una excelente biografía
sobre Galás: completa, clara y bueno en fin... esa es la Biografía que
podrán leer a continuación.
(Los
créditos se encuentran en la parte inferior de esta sección, algunas
fotos fueron modificadas)
Mujer contradictoria, enigmática,
versátil compositora y artista, cuya excepcional voz tiene una riqueza
de matices y registros pocas veces encontrada en el mundo de las músicas
alternativas, ha sido descrita por John Gill en "Time Out
London" con estas palabras: "Puta, santa, demonio, amante,
loca o ángel, no hay otra voz en el rock, el jazz o la vanguardia
musical con su violencia, con su abrasadora pasión y pura fuerza
elemental". Y así es. Diamanda, mujer fatal, posee una energía
aparentemente inextinguible que transmite a todas sus obras, sus
provocativas apariciones en público y su descarado desparpajo no por
ello menos teñido de seriedad en las distintas entrevistas que ha
concedido a lo largo de su dilatada carrera. Acusada de blasfema,
obsesionada con el vampirismo, ardiente defensora y portavoz de los
seropositivos, su inconformismo y su tremenda fuerza interior la han
llevado a explorar todas las posibilidades de expresión artística
comprometida con los grupos marginales de nuestra sociedad, a expresar
su rebeldía y su particular concepción del arte en una atmósfera
siniestra, oscura, no siempre comprendida por el gran público.
GENESIS
Diamanda
Galas nace en San Diego, California, si bien su familia es de origen
griego. Diamanda ha visitado en ocasiones a sus parientes griegos de
Atenas y Manati (cerca de Esparta) - también los tiene en Katarsos,
Egipto, Esmirna y Turquía -. Sobre su cultura de origen, la artista
comenta su dureza, su fama de ser tierra de "vendettas", una
cultura donde domina el poder masculino, y que es este rasgo, el
masculino, el que ella desarrolla en sus actuaciones. Otro rasgo que
destaca de su cultura de origen es el materialismo, motivo por el cual
su familia no comprende el estilo de vida agitanado que Diamanda adoptaría,
siempre de gira, moviéndose de un lado a otro, sin ahorrar para el
futuro.
Su padre, profesor de mitología griega, tocaba el bajo y el trombón en
una orquesta de jazz, y la iniciaría en la música (especialmente la música
tradicional griega y árabe), ya que solía tocar con él. En aquel
entonces Diamanda se dedicaba al piano, no a cantar, pues según su
padre, "sólo los idiotas y las putas son cantantes." Por ello
no estudiaría ópera hasta mucho más tarde, debido a la absoluta
actitud de rechazo que su padre tenía hacia las cantantes de ópera en
especial. Sin embargo, a Diamanda no le faltó una extensa formación
musical. Dadas sus innatas cualidades musicales, pronto se licencia en
la carrera de Música, y a los catorce años se convierte en concertista
de la Orquesta Sinfónica de San Diego. Además, estudia las artes escénicas
en la Universidad de California. Posteriormente se interesa por el blues
y el free jazz. Del piano pasa a los teclados. Sin embargo aún tardaría
en descubrir su voz. No fue sino hasta 1974, cuando se dedicaba a cosas
que nada tenían que ver con la música, en una época en que Diamanda
se cuestionaba todo lo que había hecho anteriormente. Solía cantar
mientras trabajaba en la calle, con un grupo de travestis en Oakland, y
fue entonces cuando empezó a interesarse por sus facultades vocales.
Sus primeros pasos en esta dirección la llevarían al Gospel, y
posteriormente a una exploración más profunda de esta faceta vocal en
diversos campos. Galas empezó actuando en hospitales para enfermos
mentales y sanatorios en San Diego entre 1975 y 1977, fecha en que lo
dejó, ya que no se considera una terapeuta. Sin embargo la experiencia
le resultaría interesante. Fue allí donde desarrollaría su técnica
vocal, rompiendo con las normas preestablecidas de la música,
utilizando la voz como respuesta visceral del cuerpo y expresión anímica
por excelencia.
ACTIVISTA
COMPROMETIDA
Cuando su hermano Philip Dimitri Galas (1954-1986), ya entonces un
famoso libretista y productor teatral, se contagia de SIDA, Diamanda se
siente muy afectada, ya que ambos estaban muy unidos. Un brillante
guionista teatral y actor, cuyo trabajo venía financiado a través de
Galas Exotic Cards, negocio que emprendiera en San Francisco en 1978,
inspiraría a Diamanda en su adolescencia. Fue él quien la llevó a
pasar del free jazz a la música de cabaret, a interesarse por las obras
de Nietzsche, Antonin Artaud, Gerard Nerval Artaud, Gore Vidal,
Baudelaire, y Lautreamont, entre otros, y con quien compartiría su
afición a Edgar Allan Poe. Estas lecturas influirían, cómo no, su
trabajo.
Desde
1983 Diamanda ha emprendido una cruzada en pro de los enfermos de SIDA,
y no necesariamente debido a la enfermedad de su hermano, según ella
misma afirma, pues ya dos años antes de que a Philip se le
diagnosticara el virus, ella era una ferviente activista en este campo.
Su preocupación real por este marginado colectivo viene plasmada en su
trilogía The Plague Mass ("Misa de la Plaga"), un polémico
oratorio-denuncia. Mucha gente de los círculos artísticos la
presionaron en contra de su proyecto. Pese a ello, la artista continuó
trabajando en su trilogía en Londres, sin importarle que la
consideraran un bicho raro. Diamanda niega que este trabajo refleje un
sentimentalismo sensiblero como el que algunos, según ella, "misóginos",
le achacan, trivializando su mensaje. Pese a ser seronegativa, Diamanda
se ha involucrado plenamente en la causa de los seropositivos, no de
boquilla, sino trabajando realmente codo a codo con ellos. Dedica su
tiempo a los pacientes de SIDA abandonados por sus familias. Y se
esfuerza sin descanso por conseguir un adecuado desarrollo de la
investigación en la enfermedad y las mejoras legislativas para proteger
a este colectivo. Aun así, en ocasiones se ha visto rechazada por
algunos enfermos, tal vez por el tono agresivo que adopta en su actuación,
a veces interpretado como provocación más que como una denuncia. No es
de extrañar que haya chocado incluso a algunos de los afectados por el
virus. No obstante, Diamanda señala que su intención no es terapéutica
sino artística. Pese a su interés en el tema, no hay que confundir los
términos. Ello no obsta para que su preocupación por los enfermos de
SIDA sea real y auténtica.
Cierto, quien no tiene el virus difícilmente puede comprender lo que
sienten realmente los enfermos, pero Diamanda cree en el poder de la
empatía, en la capacidad humana de contribuir a este colectivo. Y por
ello no limita su interés a los seropositivos, sino que su simpatía se
extiende a otros colectivos. En sus trabajos la artista explora el mundo
de la esquizofrenia, la afasia, la demencia, visualizando tales
comportamientos como una reacción casi racional a situaciones de
aislamiento extremo, intolerables e incluso irracionales, en términos
de una catarsis personal. Diamanda entiende de tal aislamiento, ya que
así lo vivió en su infancia, y aun hoy suele buscar la soledad con
frecuencia. Tras sufrir durante cuatro años de una hepatitis crónica
(Hepatitis C), también comprende perfectamente el desánimo que afecta
a todo colectivo de enfermos - sea de SIDA, hepatitis, ciertos tipos de
cáncer o cualquier otra enfermedad considerada incurable, y denuncia la
tendencia del estamento médico a negarse a colaborar con el paciente
para encontrar tratamientos adecuados, o su renuencia a admitir su
ignorancia repecto a éstos. Para ella, lo más peligroso respecto a la
epidemia de SIDA es la manera en que se nos condiciona a pensar en la
enfermedad, como algo que de modo inevitable lleva a la muerte. Cree
inadecuados los tratamientos con alfa-interferón o medicinas placebo,
cuando lo que sería de esperar es que los médicos trabajaran
conjuntamente con el paciente en hallar el modo de estimular el sistema
inmunológico mediante terapias combinadas, aunque sean experimentales,
en vez de rechazar tales iniciativas, por no mencionar las terapias
alternativas, de modo que si a uno le diagnostican alguno de estos
virus, lo único que le queda al enfermo es ir preparando su funeral. Lo
que más le molesta es la actitud de la sociedad ante epidemias como el
SIDA, pues ante el temor a contagiarse margina y desprecia a todo un
colectivo, trivializando de un modo cobarde lo que debería afectarnos a
todos. Para ella tal actitud no es sino una señal de desorden mental
social, propio de los que conciben de modo simplón el mundo. La
desinformación que causa este aislamiento y confusión se encuentran
también en la investigación en el campo de las enfermedades mentales,
y tanto los enfermos de SIDA como los pacientes que sufren desórdenes
mentales se encuentran impotentes y desamparados ante la sociedad en
general; y si comentan cualquier cosa sobre sus enfermedades se les
suele considerar sospechosos, cuando no indeseables.
EL
LADO OSCURO DEL ARTE
Además de representar a los
seropositivos y enfermos mentales, Diamanda también denuncia las
situaciones que llevan a la muerte a muchos inocentes. La separación y
la muerte son temas que explora en sus obras con la misma pasión con
que ha explorado otras situaciones desde que iniciara su carrera. En su
segundo trabajo, llamado Diamanda Galas, publicado en 1984 bajo el sello
Metalanguage Records, tan solo hay dos temas, el primero de los cuales
es "Tragouthia apo to Aima Exoun Fonos" ("Cántico de la
Sangre de los Reclusos Asesinados"): esta angustiosa pieza trata de
la tortura de los prisioneros políticos por la Junta griega; y el
segundo, "Panoptikon", ("Muchos Ojos"), refleja
modelos de claustrofobia y paranoia. Su trabajo siempre se relaciona con
una persona en situación de aislamiento forzoso, ya sea éste impuesto
desde fuera, o desde dentro, desde la perspectiva bioquímica o social,
causada por la esquizofrenia o no. Gran parte de sus obras se centran en
el lado oscuro de la persona. Según afirma, el hecho de ser conscientes
de este lado oscuro de la psique nos capacita para afrontar las
dificultades y golpes de la vida. Por ejemplo, en sus dos últimos años
de vida, su hermano Philip, lejos de amilanarse, trabajó duramente con
el fin de ver completada su obra, con la ilusión de que ésta le
sobreviviera.
En su obra Insekta, la artista trabaja el tema del aislamiento una vez más,
con un tratamiento vocal que revela el punto de vista desde ambos lados
de la jaula de la soledad forzosa del individuo. En su actuación en el
Lincoln Center, la jaula cuelga del techo. Se trata de una torturada
pieza sobre el trato que reciben ciertas comunidades anónimas, como son
las personas encerradas en instituciones mentales cuyos familiares no
pueden o no desean salvarles. Insekta da voz a las situaciones en que
los pacientes son violados y/o maltratados en medio de la noche. Para
estas personas, la única libertad es la de sus pensamientos.
En Vena Cava la artista trata de nuevo el tema de una persona que se
encuentra en una situación de aislamiento, en una especie de
confinamiento en solitario. En ella las vocalizaciones son más sutiles
que en su trilogía, el texto refleja una mayor introversión, y la voz
conlleva una mayor dosis de consciencia, siendo más internalizada que
en la Plague Mass. Esta obra, considerada satánica por algunos, le
supuso a Diamanda Galas ver vetado su trabajo, tanto por parte de la
Iglesia como por parte de los defensores de la eutanasia en la versión
en cinta magnética de Final Exit, por lo que no pudo incluir todo el
material que había preparado para Vena Cava tal como era su deseo.
UNA
VOZ, MUCHOS GENEROS
Diamanda no se ha limitado a un solo
género musical, sino que los ha explorado todos: ha cantado música de
Puerto Rico, Salsa, música cubana, blues e incluso flamenco. Su fuerza
en el escenario y su versatilidad en el aspecto musical atraen la atención
de los compositores Pierre Boulez, Iannis Xenakis y Vinko Globokar, por
citar algunos. Este último la invita a intervenir en su obra Un jour
comme un autre. Diamanda tambien colabora con Test Department,
Einsturzende Neubaten, Nick Cave, D. Thomas, y Henry, entre otros.
Asimismo ha actuado en clubs punk como Club Lingerie en Los Angeles, y
en otro tipo de clubs, por ejemplo, el I-beam, Club Nine y Danceteria en
la ciudad de Nueva York. Pocos artistas pueden alegar una gama tan
variada de actividades. Su introdución en el mundo de las Nuevas Músicas
vino de la mano de sus propias improvisaciones, aunque no niega la
influencia que en ella tuvo John Coltrane.
En el desarrollo de su voz Diamanda reconoce haber recibido una cierta
influencia de Cecil Taylor, Sun Ra, o Artaud, aunque para ella tales
influencias sólo tienen un carácter marginal. Pese a haber realizado
un Master en música, Galas se autoconsideraba una especie de proscrita
de los niveles academicistas normales, por lo que terminó abandonando
la institución académica, al considerar que ésta no le permitía
desarrollar su creatividad libremente. Diamanda tratará de sacarle el máximo
partido a su voz, comparable a la de Meredith Monk, Joan LaBarbara, María
Callas o Fatima Miranda, por no mencionar a Cathy Berberian, virtuosa de
la voz de vanguardia, cuyos experimentos vocales servirían de inspiración
a Diamanda, a la vez que ésta supera dicho virtuosismo al desarrollar
nuevas técnicas vocales propias en las que tan pronto sobrepone
episodios y grupos vocales añadiendo significado musical al conjunto,
bien en cortos movimientos o bien en un flujo ininterrumpido de voz,
como improvisa nuevos efectos vocales, siempre de modo innovador y jamás
adaptándose a las tradiciones vocales reiterativas del método clásico
de la elaboración temática convencional, ni tampoco conforme al método
minimalista de Philip Glass o modular de Steve Reich, de modo que la
artista parece enfatizar más bien la discontinuidad vocal que la
continuidad. Además, su tratamiento del texto oral en sus
composiciones, sigue una pauta irregular en que el texto va desintegrándose,
distorsionándose, de modo que el lenguaje no es tanto un vehículo que
transmita información de por sí sino más bien una presencia sónica
críptica y poderosa, en la que el énfasis entre lo puramente musical y
lo oral va cambiando de punto de mira, en una especie de collage sonoro
con significado aural cambiante e innovador, todo ello sintetizado en
una serie de sutiles metamorfosis que varían en cada actuación.
Diamanda ha estado trabajando durante largos años con su profesor de
bel canto, Frank Kelly, llegando a alcanzar tres octavas y media
perfectamente bien. Su compenetración con el medio electrónico le
permite controlar su actuación en todo momento. Para ella el escenario
es sagrado y ello le exige dar lo mejor de sí misma en cada ocasión.
Por esta razón suele cuidar la puesta en escena hasta en sus más ínfimos
detalles, como son los juegos de luces, las cuestiones técnicas en el
aspecto electrónico, la producción de cintas magnéticas, es decir,
todo. Le gusta controlar todos y cada uno de los aspectos de sus
actuaciones con el fin de garantizar la máxima profesionalidad posible.
Diamanda cree que actuar no es experimentar ni buscar una catarsis, sino
un sacrificio y una entrega de su arte que exige una muy cuidada
preparación. Sus trabajos reflejan una atmósfera siniestra, diabólica,
oscura e inquietante. En su afán de explorar todos los campos
musicales, produce diversos espectáculos en que incluye unas tétricas
puestas en escena y sonidos electrónicos perturbadores, a veces
inspirados en un sombrío romanticismo casi hipnótico que transmite
dolor, angustia, terror, impotencia o desesperación. Sus trabajos
incluyen el uso de distintos idiomas, como son el inglés, francés, su
griego natal o el italiano, e incluso llega a crear enigmáticos
lenguages utilizando para ello complicadas onomatopeyas y timbres de voz
distorsionados. Este último aspecto se ve reflejado en sus actuaciones
en producciones de cine de terror, la más notable de las cuales es el
Drácula de Coppola, donde encarna a una de las novias del vampiro, al
tiempo que participa con su voz en la banda sonora, contribuyendo a la
atmósfera de terror con su particular interpretación de las voces de
ultratumba. Galas siempre se ha sentido fascinada por el tema de los
vampiros, pero ni ella misma sabe la razón de tal fascinación. Una de
las vampiras que más la ha inspirado, por ejemplo, para actuar en esta
película, fue precisamente la figura de la condesa Bathory, famosa
vampiresa lesbiana que, con una edad de quinientos años, solía seducir
a jóvenes doncellas vírgenes para rejuvenecer bebiendo su sangre.
PARTITURAS
CINEMATICAS
Respecto al modo como Galas hace su música,
la artista explica que sus partituras son como notas de cine. Pese a que
no recibió una formación adecuada como compositora, es perfectamente
capaz de leer música, y le molestan los músicos que alardean de no
hacerlo. Aunque no sepa muy bien escribir música, pues se centró en la
actuación experimental, y en especial, dada la circunstancia de que lo
que hace es tan extraño, tan rápidamente cambiante, considera que sería
muy difícil escribir sus creaciones con la notación convencional. En
ocasiones sí lo ha hecho para algunas personas, pero no lo considera
esencial. Prefiere escribir su música a su manera, anotando la modulación
y manipulación espacial, el timbre que usa en cada momento, el aspecto
lingüístico a destacar en cada modulación, el tono y alcance del
mismo, algunos símbolos para señalar los enlaces vocales, silencios,
pausas, reverberación, incluso la iluminación en cada actuación, la
electrónica, todo, más como si se tratase de una obra de teatro o un
guión cinenatográfico que una partitura convencional. Su particular
forma de entender la notación musical es cinemática, más parecida a
la poesía, e incluye todos los aspectos vocales, gestuales, técnicos y
dramáticos que sus complejas puestas en escena exigen.
Diamanda se ve a sí misma como una especie de actriz o intérprete
electroacústica, pues utiliza su voz con cuatro o cinco micrófonos,
dos unidades de delay, a veces dos armonizadores, ecualización estéreo
selectiva para ciertos fragmentos, etc. Es decir, su voz se convierte así
en un nuevo instrumento que forma parte de un todo electrónico. De tal
modo que no es una simple voz que suena con instrumentos electrónicos
sino que ésta se convierte en voz electrónica de un modo literal.
Diamanda Galas pone un gran énfasis en distinguir entre las cualidades
acústicas y electrónicas de su voz. Para ella, sus tres octavas y
media de registro vocal en las que se ha entrenado, son la parte acústica
de su repertorio, mientras que lo electroacústico es la interface que
establece entre las posibilidades ofrecidas por la voz humana, los
efectos extraños de sonido que ofrece el medio electrónico en la
manipulación de esta voz mediante líneas de delay, o procesamiento
analógico o digital, el procesamiento de cada señal. Diamanda da como
ejemplo la producción de un sonido vocal cualquiera procesado con un
delay de, por ejemplo, 250 milisegundos que lo convierte en un coro, en
que el nuevo instrumento es producido vocalmente, transformando toda la
habitación en instrumento a su vez, ya que la resonancia de esta voz
cambia con todo el equipo, al crear el soporte electrónico una nueva
sonoridad. La diferencia equivaldría a la existente entre una guitarra
acústica y otra eléctrica. En su particular versión, su
"guitarra" son sus cuerdas vocales, y no es fácil conseguir
estos efectos con su voz por este motivo.
ALBUMES
POLEMICOS
La producción discográfica de
Diamanda es tan ecléctica como sus espectaculares actuaciones en
directo. Su primera obra, publicada en 1982, fue Litanies of Satan, obra
en la que colabora Dave Hunt, una de cuyas composiciones es una
adaptacion de la obra de Charles Baudelaire, los Poemas de la Revuelta,
y más concretamente su poema Les Litanies de Satan, dedicado a los que
por causa de la opresión por parte del gobierno son condenados al
aislamiento y alienación social. Este álbum incluye cinta magnética,
voces y tratamientos electrónicos. El segundo y último tema,
"Wild Women With Steak Knives", expresa sórdidas relaciones
humanas y espirituales con su versátil voz. Diamanda comenta que a raíz
de esta obra, sus conciertos se vieron cancelados por la presión social
de grupos moralistas diversos. Este álbum sin duda contribuiría a que
se la considerase una satanista, impía y blasfema. De su segundo disco,
Diamanda Galas (1984), ya hemos hablado antes.
Otra obra de esta carismática y polémica artista que podemos citar es
por ejemplo, The Singer, un trabajo en el que la artista agrupa una
serie de viejos blues, escritos por Willie Dixon, M. Bloomfleid, Jay
Hawkins y Roy Acuff. En este álbum Diamanda incluye además algunos
arreglos de temas más o menos tradicionales realizados por ella misma,
acompañados de su piano o de su órgano Hammond. En este álbum, sólo
el último tema, "Judgement Day", fue compuesto por Galas. Les
Yeux Sans Sang es otra obra compuesta por esta artista, desarrollada a
partir de su obra Wild Women With Steak Knives, y estrenada en 1984 en
el Horizon's Festival de la Filarmónica de Nueva York.
LA
"MISA DE LA PLAGA"
Pero
es sin lugar a dudas su trilogía The Masque of the Red Death, a la que
se refiere con el título genérico de Plague Mass, su obra cumbre por
excelencia. Plague Mass viene a ser un oratorio en el que, según
explica el New York Times, la autora "denuncia con dureza a la
gente que considera el SIDA un castigo divino", y el Observer lo
califica de "la más profunda contribución musical que jamás se
hizo en apoyo de la comunidad de enfermos de SIDA". En esta obra la
autora refleja sus ideas a través de un individuo que se convierte en
el portavoz de grupos de gente marginada, muchos de los cuales ya no
pueden hablar por sí mismos, en el contexto de la sociedad. Asimismo
implica al individuo que se opone a otros grupos sociales. En la Plague
Mass los temas vienen a ser declamados más que cantados. Diamanda
utiliza aquí los Salmos bíblicos y el Levítico, el conjunto de textos
de la ley mosaica en que se detallan los procedimientos a seguir en caso
de cuarentena, al modo tradicional en que los clérigos suelen referirse
a la homosexualidad, y los rituales en demanda de protección de la
divinidad. Por ejemplo, en el salmo 88, se inicia el ritual con la
frase. "Oh, Señor, Dios de mis salvación, he clamado día y noche
ante tí... Inclina tu oído a mi súplica". The Masque Of The Red
Death, directamente inspirada por la obra homónima de Poe, aunque también
contiene temas basados en muchas otras fuentes, y relacionada con una
multitud de convicciones, consiste en tres álbumes, al cual se le añadiría
posteriormente una cuarta entrega, cada uno de los cuales refleja una
perspectiva distinta de la crisis del SIDA. Esta trilogía más su
conclusión constituyen pues, la Misa de la Plaga, un documento musical
de la epidemia en nuestros días. La primera parte de esta saga sería
la presentada al festival Ars Electronica en 1986, actuación
desarrollada en los astilleros de Linz en Austria, el escenario ideal
para tan ambiciosa obra, en la que la misma autora interpreta todos y
cada uno de los instrumentos utilizados, además de las voces
pregrabadas y voz en directo.
The Divine Punishment ("El Castigo Divino"), inicio de esta
Misa, dedicada a Tom Hopkins (muerto en 1985), se basa en textos extraídos
del Antiguo Testamento, e incluye dos piezas al estilo de sendas suites:
"Deliver Me from Mine Enemies" ("Libérame de mis
enemigos"), pieza en que las voces denuncian pulsantes al tiempo
que una nebulosa orden, "This Is The Law of the Plague"
("Esta es la ley de la plaga"), contribuye a crear una atmósfera
ominosa y terrible: "Y el sacerdote buscará la plaga en un bulto,
y una pústula, y una mancha brillante. Y el sacerdote encerrará a aquél
que tenga la plaga. Y los llevará a un lugar impuro. El los separará
en su impureza. Esta es la ley de la plaga: enseñar lo que es puro y lo
que es impuro". A continuación la víctima clama con los salmos
59, 22 y 88: "¿Por qué me has abandonado?", tal como hiciera
Jesús más tarde en el Calvario. A esta angustiada pregunta le sigue
una súplica, "Libérame de mis enemigos, Oh, Dios mío",
terminando con la no menos angustiosa pregunta, "¿Mostrarás tus
maravillas a los muertos?", una lúgubre imploración de los
condenados. Al mismo tiempo se oyen resonar
onomatopeyas asfixiantes, ecos de leyendas de la antigua Grecia,
torturados lamentos, voces que parecen proceder de fuegos fatuos,
chirridos como de puertas vocalmente logrados, aterradores sonidos que
recuerdan bestias reptantes ascendiendo a la superficie procedentes de
un amargo abismo... Diamanda define esta entrega como una geografía de
la mentalidad de la plaga. Para ella son las voces maldicientes de los
acusadores las que condenan a las víctimas de la enfermedad como
"impuros". En este segmento la artista recita partes del Levítico,
concretamente un texto que juzga sin compasión a los afligidos por el
mal. El Dios del Antiguo Testamento no ofrece redención ni salvación
alguna. La Peste es el Castigo Divino, entendido en los mismos términos
que defienden los evangelistas actuales. Diamanda sostiene que el Dios
de esos acusadores homófobos es un Dios maligno, traidor, y en este
sentido la actriz se pone de parte de los que se rebelan contra tal
Dios. Si ello la sitúa en el bando de Satán, bien está. Tomando el
punto de vista de Milton en Paradise Lost ("El Paraíso
Perdido"), "es mejor reinar en el Infierno que servir en el
Cielo". Por supuesto, tales ideas conllevaron que se la tachase de
blasfema, satánica y bruja. Galas se siente orgullosa de ello, ya que
las brujas no eran sino personas que en su día rehusaron alinearse con
los poderes religiosos del momento, siendo ejecutadas por pensar de modo
independiente. En este álbum, con la segunda suite, "Free among
the Dead" ("Libre entre los muertos"), una pieza que
contiene complejos arreglos vocales e inflexiones al estilo blues,
Diamanda le da la vuelta al antiguo Dios vengador y recita textos de los
Salmos y Lamentaciones a un emergente Dios compasivo: "Líbrame de
mis enemigos, Señor. Los poderosos se han unido contra mí". Este
fragmento desmiente las acusaciones de satanismo, ya que el rebelarse
contra el Dios de los acusadores no implica tal cosa. El mismo
Jesucristo, Hijo de Dios, señala la artista, se rebeló contra el viejo
orden. La conclusión, "Sono L'Antichristo," ("Soy el
Anticristo") es un auténtico revulsivo escrito por la misma Galas.
En ella el condenado abraza términos reprobatorios y los arroja a la
cara de sus jueces: "Soy el Azote Divino, soy el Sagrado Idiota.
Soy la Mierda de Dios. Soy el Desecho de Dios. Soy la Señal. Soy la
Plaga. Soy el Anticristo." En italiano, tal como Diamanda canta
esta Letanía, la palabra para la plaga (pestilenza) conlleva una mayor
carga semántica aún. El órgano suena cada vez con más fuerza en un
crescendo cacofónico incorporando sonidos como los de una serpiente
cascabel, y la voz de la artista pone los pelos de punta. El oyente
experimenta puro nervio, una aflicción y desafío que le llegan a lo más
hondo del alma, en una inquietante y aterradora atmósfera,
desgarradora, apocalíptica, visceral. Este trabajo fue merecidamente
premiado en el festival Ars Electronica celebrado en Linz, Austria, en
1986.
En la segunda parte de esta compleja trilogía, Saint Of The Pit (Santo
Del Abismo", 1986) Diamanda habla por boca de los que, como Cristo,
fueron crucificados por sus creencias. Diamanda da aquí voz a los
afligidos por esta muerte lenta, agonizante. Junto a sus propios textos,
incluye otros de la escuela simbolista francesa, de poetas del siglo
XIX, tales como Baudelaire, Corbiere y Nerval, al ritmo insistente e
insidioso de los cánticos gregorianos. La inclusión de estos poemas
puede responder a un rasgo sentimental por parte de la artista, ya que
según ella misma dice, su hermano le dio su libro favorito de poesía
francesa en su lecho de muerte. Para Diamanda no hay mejor homenaje a su
memoria y a la de los martirizados como él, que el incluir estos poemas
en su obra. No en vano ve Diamanda a las víctimas de la plaga del SIDA
como santos actuales abandonados por una sociedad cruel y carente de la
más mínima compasión. El álbum pasa del punto de vista externo
propio de la comunidad al estado mental interno de la víctima. La obra
se abre con una ominosa introducción, "La Treiziemen
Revient," un solo de órgano Hammond. En este momento tiene lugar
una transformación espiritual, en que el dolor purga el alma, reflejándose
ello en una octava arquetípica, donde la intensa ira impotente se
diluye. A esta pieza le sigue "Deliver Me," ("Líbrame")
en un solo vibrante, como un lamento propio de la música del Oriente
Medio tan angustioso que mueve al oyente en lo más profundo de su alma.
Los gemidos de la cantante semejan flechas ardientes dirigidas hacia lo
más profundo de la esencia humana. La última sección de esta parte,
cantada en francés, es un poema de Baudelaire, que empieza: "No más
ira, no más rencor: Os derrotaré como los carniceros cayeron ante el
hacha. Como Moisés golpeó la roca en Horeb, así os haré
llorar". El final no es menos expresivo: "Soy el vampiro de
mis propias venas, uno de los de aquella gran horda perdida condenada
por el resto de los tiempos, y más allá, para reir - pero no sonreir
jamás - ". La segunda parte de este álbum se inicia con un tema
griego, homenaje a su hermano, en que la cantante explora su yo
interior, medita sobre su situación, y refleja un profundo sentimiento
de tristeza. Este tema, "L'heautontimoroumenos", contiene
sugestivas voces con una extraña carga de erotismo, de oscura
naturaleza, y retoma el poema de Baudelaire adaptado con modulaciones
posesas y obsesivas, en un surrealista diálogo entre niños y brujas,
al tiempo que apunta a una respuesta arquetípica: la nobleza de aceptar
el propio destino, aún desde el abismo del sufrimiento. La artista nos
regala con una versión operística tradicional del poema de Nerval,
"Artemis", con el que desarrolla sus atormentadas metáforas,
donde el alma se autoevalúa en una profunda introspección, llegando a
la renuncia, e incluso a la excomunión. El tema concluye con el poema
de Corbiere, "Cris D'Aveugle" ("EL Lamento del
Ciego"), en que un sostenido alarido que recuerda el de los murciélagos,
gradualmente da paso a una cacofonía de voces que ahoga el "Deus
Misericors" del coro: se oye la voz cascada de una persona anciana,
una inocente voz infantil susurrante, murmullos apenas audibles
mezclados con chirridos, arias que resuenan de cerca y de lejos,
quejidos y aullidos, gruñidos y gemidos, susurros ultraterrenos que
recuerdan el aire que escapa de una rueda pinchada o tal vez de un
globo, suspiros agónicos... Parece como si todos los monstruos del
abismo infernal hubiesen cobrado voz propia. Cuando el oyente está al límite
de su resistencia, se produce una pausa y se oye el texto final:
"Perdón por rogar tanto, Señor, si es mi destino que mis dos ojos
ardan en las fuentes del agua sagrada. El Diablo tiene sus dedos dentro.
Perdona por clamar en voz alta, Señor, contra el destino. Oigo el
viento del norte que ruge cual un cuerno de caza. Es la llamada de caza
para matar a los muertos. Ya ladro bastante yo solo, oigo el viento del
norte, oigo el cuerno de caza".
En su tercera parte de esta compleja trilogía, Diamanda utiliza la música
de Swing Low Sweet Chariot para introducir una escalofriante llamada
ante la muerte acechante. Asimismo aprovecha una parte de la Misa de
Gloria en la pieza "Double-Barrel Prayer", cuyo agresivo ritmo
transforma la obra en una extraña misa contemporánea, vitalista y
desafiante. Otros dos salmos tradicionales se incluyen aquí, el
gospel-blues "Let Me People Go" ("Dales Libertad") y
"The Lord Is My Shepherd" ("El Señor es Mi
Pastor"), en cuya interpretación la voz de la artista adquiere una
cualidad enfermiza, inquietante, agónica, como al límite de sus
fuerzas. Con "You Must be Certain of the Devil" ("Debes
estar seguro del Demonio"), Diamanda termina de un modo abrupto con
su solemne lamentación y lanza una ardiente llamada a las armas, a que
los condenados se defiendan. "Es esencial pasar a la acción
directa", exclama la artista, "Morir o matar. Sé que no es
"políticamente correcto" abogar por el uso de las armas, pero
estamos hablando de supervivencia". Diamanda exhibe un revolver de
calibre 38 en la cubierta del álbum. Ahora el Diablo es el enemigo. Y
se trata nada menos que de esos piadosos cristianos y oficiales del
gobierno homófobos cuyas políticas respecto al SIDA han declarado la
guerra a la comunidad homosexual. Diamanda recurre a la tradición
espartana de su herencia griega según la cual las mujeres transforman
su duelo en un juramento de venganza por sus muertos, puñales en mano.
Si bien el texto es ciertamente más belicoso que las anteriores
entregas, desde un punto de vista musical este álbum es el más
accesible, tal vez debido a que posee un caracter más rítmico, con un
aspecto de Diamanda más sarcástico y crítico.
Posteriormente Diamanda añade
otra entrega a la Misa de la Plaga, llamada There Are No More Tickets to
the Funeral ("Ya no hay más entradas para el funeral"). La
versión definitiva de la Plague Mass se estrenaría los días 12 y 13
de Octubre de 1990 en la impresionante catedral Episcopal de St. John
the Divine, en Manhattan, Nueva York. Según Diamanda Galas se trató de
una misa solemne para los desheredados en una iglesia que demostró lo
que es la auténtica compasión. Tal acontecimiento fue grabado, por
supuesto, y la música ha sido publicada bajo el sello Mute Records.
Como siempre, la artista recurre a su amplia gama de recursos musicales
y su aguda inteligencia. Se nota su formación pianística clásica, y
sus habilidades vocales dignas de los mejores cantantes de ópera del
mundo convierten su interpretación en algo memorable sin lugar a dudas.
Y por su contenido, al igual que todas sus otras obras, la Misa no deja
de ser un revulsivo para la sociedad en general, por su controvertida crítica
y su innegable carga que denuncia lo evidente. Pese a las presiones
recibidas para renunciar a su proyecto, o al menos suavizarlo, Diamanda
no tiene pelos en la lengua y llama a las cosas por su nombre. Lo cual
le ha valido ser acusada de blasfema una vez más, especialmente cuando
presentó esta obra en Italia, cerca de Florencia. Dado que diversas
partes de la Misa se cantan en italiano, se percibió como una misa sacrílega.
Si bien la actriz fue aclamada por sus partidarios, mayoritariamente al
tanto de la obra gracias a una revista gay (Babilonia), los
representantes del ayuntamiento, presentes en el estreno, se sintieron
horrorizados ante tamaña desfachatez. La comunidad aburguesada se
consideró ofendida y ultrajada, y los medios de comunicación del
momento la calificaron de "voz, sexo y sacrilegio", con
titulares como "Furiosa polémica rodea a la artista maldita",
"Diamanda, Ida y Vuelta al Infierno", etc. Los políticos del
partido demócrata cristiano estaban furiosos, y durante semanas
despotricaron contra su impío ultraje a la comunidad y las buenas
costumbres. La actriz jamás pretendió ofender a la sociedad italiana,
sin embargo. Para ella fue muy triste ver como se malinterpretaba su
obra. Cuando menos era de esperar que ésta se toleraría en el contexto
de su fama como respetable artista e intérprete de vanguardia. No
obstante, los que la habían presentado ante la sociedad italiana,
sufrieron las secuelas del escándalo. Diamanda no lo supo hasta más
tarde, ya que entonces se hallaba de gira y tras su actuación había
abandonado el país.
DE
FESTIVALES, FURIA Y ESCANDALOS DIVERSOS
Galas ha actuado en diversos
festivales a lo largo de su carrera, entre los que destacan sus
intervenciones en The Holland Festival, Festival Donaueschingen,
Festival Avignon, El Cuarto Foro Internacional, The New Music American
Festivals 1981 y 1983, la convocatoria de New and Unusual Music Series
de la Orquesta Sinfónica de San Francisco, y el festival de The Voice
en Roma, entre otros. Asimismo la artista ha recibido diversas becas a
lo largo de su carrera, entre ellas una Producer's Grant ("Beca de
Producción") del "National Endowment for the Arts"
americano (Opera/New Music/Theater Program), quienes colaboraron en la
producción de su Plague Mass, junto con "The Kitchen" (de la
ciudad de Nueva York) y la asociación "Intravenal Sounds
Operation".
La furia que
Diamanda expresa en sus actuaciones, por ejemplo tal como lo vemos en la
Plague Mass, adquiere proporciones legendarias, que sin duda afectan a
sus emociones, a su psique y a su cuerpo. Para ello la actriz admite que
ha de ser fuerte en lo que hace, ejercitando su disciplina técnica,
cuidando su salud, su sistema cardiovascular, su diafragma, su físico
en general, con el fin de poder expresar las poderosas emociones que
impregnan su obra, pues la fuerza con que denuncia el SIDA, las
enfermedades mentales o la guerra bacteriológica así lo demanda. El
hecho de hacer lo que cree que debe hacer le da energía. Su trabajo es
atlético y le exige cuidar de su salud. Dado que ignora si alguien
distinto podría o querría hacer lo que ella hace, sabe que a su
muerte, su trabajo muere con ella. Pese a ser consciente de su
mortalidad, no le gusta hablar del tema. En una ocasión confesó que
encuentra insultante el concepto de la propia mortalidad. Prefiere ser
ella quien determine el momento de su propia muerte. Dice haber planeado
tener su jeringuilla a punto, ser ella quien se ría de la muerte, reírse
de los dioses. Y si bien, tal como asegura, su obra se perderá a su
muerte, ella no cree poder escribirla para que otros la interpreten y
escenifiquen. Piensa seguir actuando hasta el límite, pese a las voces
agoreras que le dicen que no podrá seguir haciéndolo durante muchos años.
Considera su deber y un desafío cuidar su cuerpo para poder seguir
haciendo lo que desee.
Respecto a su faceta acústica, Diamanda ha trabajado en el aspecto operístico
acústico, habiendo interpretado por ejemplo, a Lady MacBeth, Norma,
Tosca, Erwartung (de Schoenberg), y otras obras clásicas, aunque no es
éste su interés primordial. Es por ello que no se ha dedicado nunca a
la ópera tradicional, y sus especiales óperas, en las que utiliza su
voz de un modo
absolutamente innovador y poco ortodoxo, son bautizadas por la crítica
alemana como "Schrei-Oper" ("Operas-chillido"), en
la línea del teatro expresionista alemán, aunque se ajustaría mejor
su definición con el término "monodramas", acuñado por
Arnold Schoenberg. El arte de esta excepcional mujer, aun cuando, como
ya se ha comentado, pudiera desaparecer con ella a su muerte, no deja de
ser una fuerte influencia en el mundo del arte basado en el tiempo.
Desde su más notable innovación, en la que la artista desarrolla su
voz extendiendo sus técnicas vocales hasta abarcar plenos monodaramas,
pasando por su aplicación de las técnicas de collage sonoro con su
exploración de la resonancia corporal, a través de nuevas técnicas de
respiración, textos de poesía sonora desarrollados en lo que ella
llama "teatro electroacústico cuyo núcleo es la voz del
actor", incluyendo el componente visual, siempre chocante, con sus
complejos juegos lumínicos y sus colores cambiantes que enfatizan la
intensidad alucinante de los sonidos que crea, los textos que encajan en
este conjunto, y su presencia en escena, integrando a la vez elementos
expresionistas y simbolistas, todo ello le asegura a Diamanda Galas un
puesto imborrable en la historia de las artes escénicas con su peculiar
tapiz que envuelve los medios visuales, teatrales y sonoros tendentes a
la globalización de las artes en un conjunto difícilmente olvidable en
el mundo del Arte en general.
Diamanda no considera que sus actuaciones sean americanas o europeas,
pues se siente parte de ambos mundos. Su voz nos trae la voz de los
muertos, de los oprimidos, aislados, marginados, nos despierta de
nuestro letargo y nos hace pensar, y reaccionar, ante lo que denuncia.
En palabras de Peter Frank, crítico musical de Flash Art, Galas es una
Meta-Música encuadrable en la misma categoría que Laurie Anderson,
Yoko Ono o Brian Eno, capaz de emprender lo que se puede denominar como
la "Obra de Arte Completa y Total", obra que nunca resulta en
un burdo pastiche sino que refleja su estilización visionaria en una
acertada combinación multidisciplinar. En definitiva, Diamanda es una
versátil artista cuyo arte despierta profundas pasiones en el oyente,
cuyos espectaculares montajes pueden escandalizar a ciertos sectores hipócritas
de nuestra sociedad, pero jamás pasarán desapercibidos, nos guste o
no.
Crédito:
Emma Dors
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