LAS BARRAS DE
LOS DIABLOS.
La perra brava suda y se
desgañita en cada partido, sea en la capital del
Estado o en otra plaza. Los miles que son
festejan cada gol del Toluca agitando banderas,
quemando cohetes, mojándose con agua, cerveza
"Victoria", refresco o lo que sea. La
celebración característica de la 'perra' es
quitarse la camiseta; la idea surgió en un
partido cuando la 'Perra' dijo: "Yo me quito
la playera si meten gol los del Toluca". Los
directivos del Toluca autorizaron a la 'perra' a
poner unos lazos para dividir al público de lo
que es la porra; asi cuando uno está dentro del
lazo, se tiene que quitar la camiseta, si no, le
dan playerazo limpio hasta que se la quite.
(Fuente: Semanario REDES)

TENTANDO LA SUERTE
DEL DIABLO
Por
Alejandro Ortiz, revista No. 3
"Futbol Total"
"La afición del
Toluca es única en México. Es una motivación
muy importante el hecho de tenerla atrás de
nosotros. Ojalá dentro de la cancha podamos
seguir brindándole los triunfos que se merece.
Fabian Estay"
El equipo del Toluca gana
a quien sea en su casa. Para el rival, meterse a
la Bombonera y enfrentar al número 12 es tentar
demasiado la suerte del Diablo. Son muy pocos los
equipos que han salido ilesos de la experiencia.
La fantástica irrealidad
del ser.
Hablar de la afición que
tiene nuestro futbol es reconocer los
fantásticos espacios de expresión que nacen de
una historia ancestral viva; manifiesta a través
del festejo y la conmemoración de un evento
trascendente, en este caso el futbol. Es hablar
también de un público que hace un ritual en
forma generosa y que cada vez que llega el
encuentro, transforma su existencia en un espacio
ilimitado de éxtasis y desahogo de las penurias
que lo afligen en su vida cotidiana.
Hay que celebrar,
después ya veremos qué.
En la ciudad capital del
Estado de México y como en contados lugares de
la República Mexicana, se celebra desde hace
algún tiempo, éste rito incesante de la fiesta
futbolera. La gente se viste con los mejores y
más vistosos atuendos roji-blancos toluqueños,
si no es suficiente, se escoge el preferido de
los miles de estandartes que encontramos por
doquier: cintas para la frente con un sin fin de
leyendas; cachuchas y gorros de arlequín o
gorros frigios y hasta de satín o peluche.
Banderas, banderines, banderolas y estandartes de
todos tamaños y sabores para gusto de los
presentes. Una pintadita de rostro por acá, por
allá las camisetas de los ídolos o de otros no
tan ídolos pero siempre festejados. Mas acá el
doncito con los artefactos más raros y
extraños; desde matracas tradicionales,
chicharras, armónicas, silbatos, maracas,
sirenas; hasta el merolico clandestino que
anuncia los cohetones tamaño
"cahuama", los "chifladores",
los "cañones", "buscapies" y
los "chinos" de gran escandalera. Con
ellos se rompe cualquier viso de solemnidad y se
revive al mas mustio de la porra.
Una vez al interior del
estadio el olor a azufre y la tambora se perciben
una hora antes del partido. La algarabía de las
porras y la afición apenas se detiene por
instantes para dar paso al suspiro contenido por
la acción ráfaga del encuentro. El humo de los
cohetones deja traslucir el claro apiñamiento de
los miles que festejan a los héroes locales al
momento del desborde o al instante del pase
preciso, el lance del portero, el testarazo al
travesaño o al invitado especial; la suerte del
golpe a la red por el principal protagonista: el
gol.
La fiesta de los de Casa
El ambiente al interior
de la bombonera se caldea. Cada victoria del de
casa nos haca sentir que la historia es cíclica
y no lineal como la razón quiere hacernos
entender. Acá se viene a gozar, a sufrir y a
llorar. Uno a uno los equipos visitantes muerden
el polvo al tentar la suerte de este Diablo
mejorado, ya sea Pumas, Guadalajara o América.
Mientras caen los goles
todo vuela; los vasos de cerveza, los listones de
color, las cintas blancas de impresion y los
papelitos de color; hasta los dedos de la mano
del fiel de la perra (Rolando) que por un
descuido, y entre los efluvios etílicos, se le
olvido cerciorarse de lo largo de la mecha del
cohetote que prendía. Y ¡PUM!, sólo de esa
forma se perdió el desenlace. Por cierto, la
sangre pasó desapercibida entre el color de su
camisa, que hecha girones, envolvía el malogrado
muñón izquierdo y los dedos que le quedaban con
vida. Sin embargo esto que es común aquí, ya no
significa algo de preocupación, la fiesta
seguía y seguía.
El infortunado era de la
Perra Brava, que es una de las porras del Toluca.
La más avezada y prendida. La que con mejores
dotes entona el grito oportuno y la
"cabula" encendida.
No sólo la perra brava
muerde
La Perra nació cuando el
equipo fue campeón hace dos años. La idea
surgió del Perro, un procaz jefe de taxistas que
decidió organizar, en el ala poniente del
estadio, las frases más ardientes e incisivas y
conformar nuevos ritos de presencia en la
animación toluqueña. A la hora del gol, el
grito de esta porra se transformó al de la
perra, sólo por seguir fielmente el don de mando
y organización del amo. Brava por ser altiva y
elocuente. Y cuando muerde, muerde fuerte. No
importa si llueva, nieve o truene. Al ritmo de
cualquier son baila y por aquí y por allá y
cuando el gol, a quitarse todos las camisas para
mostrar los abultados vientres de la anímica
condición perruna.
A cada instante la voz
uniforma de la perra, promueve el clásico mambo
ocho del buen Pérez Prado, con un retoque de
final cumbiero; uno, dos, tres, cuatro, cinco,
seis, siete, ocho, mambo hu T O L U C A !!!!
Tararacachán, Tararacachá... y así hasta
completar nueve mágicos movimientos de rima
intermitente, unos mas leves y otros muy
groseros. Otros nuevos y espontáneos, que como
dice el vecino de tribuna de sol, sólo aquí en
este momento es como nacen y como uno se acuerda
de ellos, pero sólo aquí, en este momento.
La del Tigre Toño
En sección sombra
también se cuecen habas, mas tranquilas pero no
por eso desprenden menos aroma. Ahí la porra del
Tigre Toño mantiene un incesante ritmo de
jolgorio choricero. Más en pausa; como
nostálgico por dejar pronto el evento. Acá el
grito es menos intenso, pero igual de emotivo,
mientras su orquesta toca un repertorio
interminable de antología tradicional mexicana.
Que va desde corridos, sones, cumbias salsas y
otras nuevas y otras modernas. Ahí los gritos
aislados encuentran respuesta en un alud de
carcajada intermitente. Un pícaro tras otro
compiten por quedar mejor entre los presentes.
Andanzas del Diablo Mayor
La porra del Diablo Mayor
es la más antigua, respetada y reconocida. Es ya
una agrupación cuyos miembros gozan de la
simpatía de propios y extraños. No hace mucho
tiempo en el estadio Azteca el Diablo Mayor
explotó un cohetón en plena tribuna de
visitante. La autoridad no permitió el
sacrilegio y la violación a la ley de armas de
fuego y manejo de explosivos. Fue detenido el
infractor y puesto a disposición del Ministerio
Publico. Cual fue la sorpresa de la autoridad al
enfrentar a toda la porra del Toluca unida como
nunca. Realizó un bloqueo descomunal que durante
cuatro horas impidió el afluente de vehículos
en el periférico sur a la altura del Estadio
Azteca. La ley tuvo que flexibilizar su postura y
como dice el refrán popular voluntariamente a
fuerzas dejar libre al líder de la porra
toluqueña.
Sólo una porra de futbol
Mientras el aroma de la
victoria permanezca, la afición seguirá
volcándose una y otra vez hacia el festejo en un
éxtasis toluqueño sin precedente. Hemos de
reconocer que por mas escándalo y críticas de
exceso que se le pueden hacer, además de las
ovbias diferencias que existan entre una y otra,
el comportamiento de la afición es ejemplar. Son
muy pocos los casos de desmanes y desorden que se
les puede achacar. En cada encuentro se festeja
como nunca; pero nunca se pierden los estribos,
sólo uno que otro borrachín que perdió de
plano se "puso" demasiado y quedó
tendido en el graderío
RECUADRO:
El tiempo pasa...
Los diablos avivan el
anafre de la pasión toluqueña mientras la
añeja Bombonera, que descansa a los pies del
Calvario y la Teresona, vibra y sucumbe ante la
algarabía del grito y la pachanga. El carbón
está al rojo vivo envuelto de las llamas azules
del tormento y la caldera rebozante por el ardor
del fuego.
...y no te puedo olvidar,
te traigo en mi pensamiento constante mi amor y
aunque trato de olvidarte cada día te extraño
mas
Perecería que la
monumental efigie de López Mateos, asoma al
templo y se embeleza con esta fiesta de azufre,
tambora y canto. Desde antes la rijosa, la perra
brava, del ala izquierda, ya anda en la arenga.
Apenas minutos después y la otra, la tradicional
del Tigre "Toño", empieza y no se
detiene un momento mientras le da por entonar
todo un repertorio de orquesta. Para seguir ahí
la tarde, más y más fiesta.
Las noches sin ti,
agrandan mi soledad, a veces he estado a punto de
irte a buscar... .dime que cosa me hiciste que no
te puedo olvidar.
Porque han de saber que
una y otra no se llevan. Al parecer no hay alma
chocarrera que se compadezca y las conmine a
sincronizar las propuestas. Pero abajo, en la
cancha, son los dominios del averno. Ahí
gobierna el Diablo Mayor y casualmente concilia
los extremos.
Si vieras, yo como te
recuerdo en mis locos desvelos le pido a Dios que
vuelvas...Si vieras yo como te recuerdo será
porque aun te quiero...
Mefistófeles se pasea
con su séquito: las niñas animadoras en
coreografía de "experto", un Chapulín
Colorado choricero, un pollo rojo que deambula
atento; al final, las ánimas siniestras al
acecho. Pero... no hay que temer es sólo fiesta,
un evento de comunión al extremo.
Espero que tu escuches
esta canción, donde quiera que te encuentres
espero que tú, al escucharla te acuerdes de mi
como me acuerdo de ti.
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