El Feliz Mi-Lo-Fo
EL AMIGO DE LOS NI�OS (APROX. 300 ANTES DE CRISTO)

Mi lo Fo, un Chino muy rico,un dia estaba siendo llevado por sus porteadores a trav�s de la Puerta de la Ciudad cuando observ� un inusual n�mero de ni�os abandonados que lloraban desconsoladamente fuera de las puertas. Pidi� a sus porteadores que se detuvieran y a sus criados que le ayudasen a bajar de su palanqu�n, ya que quer�a investigar por si mismo. El siempre consider� que esto esta lo mejor que se pod�a hacer, ya que si se interrogaba sobre algo a la gente, esta tend�a a darle la respuesta que pensaban que m�s le gustar�a m�s que la verdad. Algunos de los ni�os
estaban dentro de cestos de ca�a o mimbre, pero muchos estaban simplemente sobre la hierba. Al examinarlos se di� cuenta de que no todos eran ni�as ese d�a, hab�a tres varones entre ellos. Solo se abandonaban los chicos all� en los tiempos realmente duros. "�Hay hambruna en la tierra para que estos ni�os sean abandonados aqu�?" pregunto a su mayordomo, en qui�n confiaba para recibir una respuesta que le dijese la verdad. "Si Honorable Se�or, las lluvias no han llegado en su debido
tiempo, las cosechas se han perdido y los granjeros pobres mendigan en las calles de la ciudad. Pero la gente all� tambi�n es pobre y tiene poco que dar. Mucha gente del campo ha muerto de hambre".

Habia tenido una familia peque�a, pero ya sus hijas se habian casado y sus tres hijos trabajaban como funcionarios del Emperador, lejos de su hogar paterno. Sus esposas ya eran viejas y no ten�a planes de tomar una nueva y m�s joven esposa. Protegido de la cruda realidad por su fortuna y
viviendo retirado de asuntos mundanos en una aislada casa de su gran estado, Milo Fo no era consciente de la cat�strofe que se habia extendido a lo largo y ancho del pais. Ahora que lo sab�a, hab�a decidido hacer algo al respecto. "Recojan a los ni�os" orden�; y al darse cuenta de que los
hombres solo hab�an tomado a los varones, a�adi�: "Todos los ni�os, incluyendo a todas las ni�as".

Habia decidido poner en uso algunos de los pabellones vac�os que rodeaban su atrio para cobijar a los abandonados. Luego envi� mensajeros anunciando que las mujeres que viniesen para alimentar y cuidar a los ni�os, ser�an alimentadas y pagadas por hacerlo. Las mujeres que respondieron al
llamado eran, en gran parte (tal como el sab�a que ocurrir�a), las madres de los ni�os abandonados y por lo tanto dispondr�an de leche materna para ellos. Los padres pobres de familia numerosa en
China deb�an tratar de vender uno o dos ni�os en los tiempos dif�ciles para obtener dinero y as� poder alimentar al resto de la familia. Cuando se fallaba tratando de encontrar compradores, el destino de los beb�s era el abandono - y si la madre se estaba muriendo de hambre, el ni�o morir�a
de cualquier manera, ya que tal madre no produce leche materna. Y en cuanto a las ni�as, a�n en los buenos tiempos pod�an ser abandonadas si no pod�an ser vendidas, porque una hija implicaba reunir
una dote adecuada para poder casarla adecuadamente. Una familia pobre no pod�a proveer dotes para muchas hijas y en los casos de extrema pobreza, ni siquiera para una. Los bebes varones pod�an ser adoptados por familias sin hijos, pero en casos de ni�os enfermizos era muy posible que
no viviesen, pero ellos eran raramente vendidos. Las ni�as pod�an ser vendidas (incluso por precios muy baratos), por sus padres o recogidas en la Puerta de la Ciudad por directores de prost�bulos o
gente que las llevar�an a un casa como esclavas o concubinas. Los ni�os que Milo Fo trajo ese d�a, se incrementaron con los del dia siguiente, y as� sucesivamente durante muchos d�as. Cuando por fin
lleg� la lluvia, algunos -pero muy pocos- de los ni�os fueron reclamados por sus padres. Milo Fo implement� un sistema para apoyar a las ni�as que hab�an sido abandonadas definitivamente. Fueron
bien alimentadas, vestidas y formadas en todo lo que deb�an saber sobre costura, agricultura, preservaci�n y preparaci�n de alimentos y muchas otras artes �tiles. Ellas no fueron educadas en los Cl�sicos, argumentaci�n Filos�fica; escritura e caracteres, etc. En lugar de eso se les ense�o una
gran cantidad de usos de vegetales tales como patatas, guisantes, nabos, puerros, zanahorias y cebollas, pimentones picantes, celery, puk-choi, jengibre, berenjenas, alcachofas, cacahuetes y melones, y desde luego la vital importancia de las plantas del arroz. Aprendieron tambi�n la manera de cocinas diferentes platos como sopas de vegetales, hojuelas de arroz inflado, tallarines fritos, dulce de batata, guisados de granos, y muchos otros platos. Las chicas mayores se fueron encargando de pasar a las m�s peque�as las lecciones que ellas mismas hab�a aprendido anteriormente.

Milo Fo, disfrutaba con la presencia de los ni�os en su propiedad. Habia pasado tanto tiempo all� sin el sonido de voces infantiles. El les visitaba cada d�a para comprobar que las �rdenes que hab�a impartido sobre la alimentaci�n, vestido y formaci�n se cumplian a cabalidad. Tambi�n gustaba de verles afuera jugando. Los jardines eran lo suficientmente grandes para que pudiesen jugar sin molestar a nadie.

El jardin principal hab�a sido comenzado por su tatarabuelo y aumentado con cada generaci�n. All� habia arboles de melocotones, ciruelas, albaricoques y moras, pinos enanos creciendo entre rocas,
enormes arboles gingko y muchos otros. Las rocas estaban ordenadas art�sticamente, hab�a una peque�a cascada en una jard�n acu�tico con Flores de Loto e Iris, y tambi�n peque�os pabellones en
diferentes emplazamientos, varias clases de bambu, terrazas de azalea, peonias, crisantemos y otras flores recogidas de todos los puntos del Gran Imperio Chino. Milo Fo pensaba que a�n en
invierno, los ni�os deb�an salir al jard�n un rato cada d�a, vestidos con sus limpias y almidonadas t�nicas azules sobre c�lidos pantalones y camisetas, y las mejillas sonrosadas con ejrcicio, frio y excitaci�n; sus ojos oscuros chispeando y sus rostros sonrientes. Cuando el estanque de los peces
dorados se congelaba, ellos pod�an patinar colg�ndose unos de otros, pero si uno de ellos ca�a, ca�an todos. Despu�s de quince a�os, cuando las primeras chicas hab�an crecido lo bastante, Milo Fo hizo
los arreglos necesarios para que tuviesen matrimonios adecuados para lo cual provey� buenas dotes.

Esas chicas estaban preparadas para la vida familiar y fueron muy buscadas por los hombres de la localidad que deseaban casarse. Eran fuertes y mas saludables que otras chicas de su misma edad de
la regi�n, porque no hab�an tenido que sufrir las penurias de alg�n invierno riguroso como la mayor�a de las chicas pobres. Fueron tambi�n h�biles en jardiner�a y excelentes cocineras. Ahora que eran adultas, entend�an que gracias a Milo Fo, se hab�an librado de un destino adverso, que sin
duda las hubiese alcanzado de no ser por la Compasi�n que el Se�or Milo Fo les demostr� en aquel lejano d�a cuando les di� cobijo. Milo Fo era muy estimado por todos los que le conoc�an. As� le
llegaron a nombrar como Budha (Santo).

Tristemente, cuando muri�, su familia qui�n no estaba interesada en sus actividades caritativas, gradualmente admiti� el cese de actividades de este que ha sido sin duda el primer orfanato nunca conocido en China o cualquier otro lugar del mundo. Sin embargo, su nombre representa -a pesar de haber transcurrido 2,300 a�os- el hermoso ideal de la
acci�n desinteresada, que el manifest� con su programa de cuidado de ni�os no deseados. Si ves una estatuilla de un Chino gordo, sonriente con ni�itos trepando sobre �l, ese es Milo Fo. "El Budha Sonriente", "El Santo de los Ni�os", quien a�n es reverenciado por millones de personas hasta
nuestros d�as.

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