VELOCIDAD DE FLUJO Antes de que el usuario del sistema le indicara la siguiente información requerida, el Kid ya tenía toda una gama de posibles respuestas a mano. La señal tardó un par de décimas de segundo por encima de lo normal en llegar hasta su terminal a través del mar de datos. Aquello podía deberse a terminales lentas, exceso de densidad en la vía, o a mil cosas más, pero por más que lo entendiera, no dejaba de sacarle de quicio. ¿Por qué el mundo no podía esforzarse un poco y ser tan rápido como él? Vaya pregunta. Porque si lo fuera se quedaría en el paro. Tras sopesar esta posibilidad un segundo, suspiró tranquilo. El mundo nunca sería tan rápido. Las bibliotecas virtuales parpadeaban inquietas, flotando a su alrededor. Su icono de respuesta, congelado en un movimiento de contracción, parecía una cobra a punto de saltar al menor signo de movimiento de su enemigo. El Kid volvió a suspirar, y parte de su disgusto pareció transmitirse a su programa. Una enorme porción del tiempo que se perdía en su negocio se debía a los preciosos segundos (¡a veces incluso minutos!) que sus clientes perdían sopesando las opciones que tan cortésmente él les ofrecía. Si los seres humanos fueran tan rápidos y eficaces tomando decisiones como las máquinas, éstas no existirían. De hecho, a veces le gustaría que tuvieran todas las respuestas preparadas. ¿Quiere que su hijo vaya a tal colegio, y reservar la plaza por adelantado? Posibles respuestas: si, no, lo pensaré. Ops, opción equivocada. Lo pensaré no estaría presente ni siquiera como opción en ningún formulario. No era comercial. Los primeros datos comenzaron a aflorar de entre el flujo de basura habitual. La cobra virtual del Kid se lanzó sobre ellos instantáneamente, como un astuto cazador que hubiese adivinado el siguiente movimiento de su presa con total exactitud. Leyó las respuestas con rapidez. No, el señor no quería pujar por las parcelas de terreno, no todavía. Sí, prefería que una de las cuarenta plazas ofertadas en el colegio privado cercano al parque fuera para su hijo. Las acciones habían bajado unos puntos esta mañana, aunque esperaría hasta el informe del mediodía antes de hacer un desembolso. Haría la compra habitual en el supermercado, aunque cambiaría la marca de las galletas (al abuelo le gustaban más saladas), sin olvidar el vino ni los cupones, las facturas del coche o el préstamo necesario para comprar la casa. Kid cotejó todas las opciones que había seleccionado su cliente y las procesó, alabando la sabiduría de algunas y resoplando ante la evidente necedad de otras. Cuando el siguiente "pack" de ventajas bancarias fuera lanzado a la red, él tendría que cazarlo al vuelo y cotejarlo con los de las entidades restantes mientras caía, para tener un abanico de elecciones favorables preparado a tiempo para la siguiente conexión. Dio una orden y el archivo procesó los datos, mientras abría el expediente del siguiente cliente. Chik chik chik un segundo (y medio, y tres cuartos, un entero más) y el cliente no respondía. Debía de estar en el baño o haciendo el amor con su mujer. Lo guardó en la agenda y pasó de número tan rápido que el programa casi no tuvo tiempo de cerrar el archivo. Cht, Demasiado lento. Habrá que ir pensando en actualizarse. Evan |