GUERRA IMPERIAL El oficial al mando era por este orden Roy, Baltrom y Bruce en último lugar, aunque la maniobra prefijada se tenía que realizar a rajatabla, y este rango solo serviría para movimientos alternativos. Bruce pensó que era un buen movimiento para destruir más unidades que el enemigo, pero que estaba pensado con un carácter autodestructivo, pues no se requerían buenas maniobras individuales y quedaba en manos de la suerte que algún disparo de unidades terrestres acabara con ellos. Parece que Baltrom también se dio cuenta de este detalle, porque propuso un incremento masivo de velocidad, lo que nos otorgaría más posibilidades de salir intactos. Era justo, ya que según las maniobras estaban abandonados de alguna forma a su suerte. De modo que surcaron el cielo a una velocidad de vértigo arrasando quizás menos de lo que deberían pero de lo que salieron con vida. Abajo la cosa se ponía fea, humos de colores para provocar niebla, granadas en exceso. Y la mejor baza de las hordas: Parece que poco les importaba a los militares de las hordas la supervivencia de sus miembros mecánicos pues les mandaban siempre en primera línea en un cuerpo a cuerpo mientras tiraban morteros de superexplosión hacia esta posición, donde se encontraban individuos de los dos bandos. Así que de esta forma prudencial salieron con vida del primer asalto, lo que les permitió por otro lado repetir el ataque con la misma estrategia. Retrocedieron al llegar a su cuadrante final, y volvieron a la carga. Bruce atisbó a uno de esos monstruos metálicos situado detrás de un enorme edificio en ruinas. Estaban numerosos soldados de tierra, por lo que quiso variar su posición para misilar al enorme hojalata. Pero cuando quiso variar su trayectoria no pudo. Estaba siendo controlado por el ordenador de su nave que se movía sincronizando su movimiento con los de las otras dos. Esto limitaba en exceso la capacidad de movimientos de Bruce, y se desesperaba, mientras veía como aquella enorme máquina destrozaba a decenas de los suyos disparando miles de balas por segundo. Terminaron de completar con exito su segundo ataque, y ante la desesperada situación de todos sus aliados, decidió actuar por su cuenta. Roy advirtió de la desactivación de movimientos asistidos, y desconectando el sistema, Bruce comenzó la guerra por su cuenta. Así se sentiría más cómodo, no llevaba tanta velocidad por lo que podría atisbar los disparos enemigos y esquivarlos haciendo gala de su habilidad en el manejo. La situación era desesperada. Los demás escuadrones con los que intentó conectar por radio no contestaban y Roy y Baltrom deberían ahora buscarse la vida por su cuenta. De modo que redujo la velocidad y comenzó a apuntar desplegando su arsenal de misiles. Tenía tres cañones incorporados debajo de cada a la lo que provocaba auténticas barridas en el terreno. Divisó un escuadrón de centenares de enemigos de a pie. Estos siempre estaban escudados por un aéreo por lo que primero quiso encargarse de él. Dio un rodeo, el otro caza lo detectó en su radar por lo que ganó altura. Quería que él atacara ahora al escuadron de abajo mientras él le escupía desde arriba, pero no cayó. Con una rápida maniobra subío hasta su encuentro sin darle tiempo a bajar el morro y acabo con él de un misilazo. Ahora si que atacó a la escuadra terrestre, una de las más importantes. El láser era muy efectivo en el uno contra uno pero para masacres en masa era mas practico el uso de centenares de balas de metralla disparando en todas direcciones. De todos modos uso ambos. Estableció contacto con otros pocos cazas que quedaban. No habían hecho tan mal su trabajo pues la mayoría de la unidades tierra-aire que tanto preocupaban a sus superiores habían sido destruidas. Esto era un alivio aunque siempre quedaba la posibilidad de alguna unidad traicionera, oculta entre la niebla. Las instrucciones a partir de aquí eran claras: Mantener el tipo el tiempo suficiente hasta que aparecieran las bansuters, viciando el aire con sus humos de retirada, señal que sería indicio de vuelta a casa. Como poco, y según se avisó, eso no ocurriría hasta dentro de cuatro horas. Bruce avanzaba con cautela. El combate ahora requería poner en práctica toda la habilidad en el cuerpo a cuerpo. Disparaba aquí y allí, disparos rasos, a unidades de tierra, o a esos malditos robots que estaban en todas partes. Estuvo largo tiempo haciendo de las suyas, en solitario. Al cabo de unas horas, cuando el grueso de la guerra había ya pasado y la munición empezaba a escasear, se encontró un gigante metálico desplomado en el suelo, unidades llamadas B-48. No tenía capacidad motora, pero asaltarlo estaba poniendo en serios apuros a las unidades terrestres de la república. No acertaban con los bazoocas. Tenían que acercarse personalmente con granadas de mano o fusilarle con laser en los bajos de su motor desde cerca. Decidió hecharles una mano. Mientras aquel B-48 se consumía en llamas tras una espectacular explosión, Bruce cayó en la cuenta de que apenas le quedaban dos misíles. Su emisor de láser a menos del quince por ciento y no es bueno forzarlo bajo estos niveles, pues puede provocar una explosión. Estas meditaciones fueron del todo inútiles, cuando descubrió lo que pasaba por su pantalla retrovisor. Uno de esos cazas enemigos estaba justo detras de él midiendo el láser que le haría estallar por los aires. Aceleró lo más rápido que pudo. El disparo impacto en su a la derecha y le hacía perdía el control irremediablemente. A duras penas podía mantener erguida la nave, con el caza detrás disparando, si cayera a campo abierto sería su final sin duda, por lo que decidió esconderse. Tras esquivar algunos disparos dirigió su aeronave hacia un edificio en ruinas. Estaba hueco por dentro. Era peligroso meterse por entre una de sus plantas pues el ala afectada podría hacer perder el control y chocar contra el suelo o el techo. Se introdujo por el esqueleto del edificio a lo que el caza le siguió imprudentemente y mientras la nave avanzaba moribunda y daba vueltas sobre sí misma hacia una explosión segura, Bruce pensó en activar el botón de salto en paracaídas. Saldría propulsado hacia arriba, pero no sabía bien donde estaría el techo del avión cuando saliera despedido pues éste seguía girando a toda velocidad. Tuvo suerte, cuando presionó eject el techo se encontraba lateralmentey fue lanzado a toda velocidad con la fuerza de treinta caballos que tiraran de él sin dejar de dar vueltas por el veintavo piso de aquel rascacielos inerte sin paredes. La explosión de la nave malherida fue acto seguido, sin nadie que la controlara, no tardó en explotar. No acabaron ahí los problemas para Bruce. La fuerza de impulso fue tan grande, que no dejó de rodar hasta caerse por el lateral del edificio. Inútiles fueron los esfuerzos de Bruce para frenarse y agarrarse al borde de la plataforma, aunque algo le salvó. El paracaídas activado acto seguido de su expulsión de la nave abierto como estaba logró engancharse a lo largo de la planta, por lo que Bruce paró en seco evitando su caída al vacío. Quedó colgado unos instantes, mientras veía como el caza enemigo que venía detrás se había visto afectado por la explosión, y aunque consiguió atravesar el edificio, su piloto saltaba ahora de la incendiaria nave. --Mataré a ese cabrón --se dijo. Con una asombrosa flexión logró encaramarse sano y salvo. Miró al suelo. Allí seguían sus compañeros de tierra los cuales se veían ahora atacados por más cazas que venían de todas partes. Se quedó asombrado y sorprendido. No entendía por qué este ataque sorpresa. Debían ser de los últimos que quedaban ya de su bando y no comprendía como les habían descubierto con tanta facilidad. Tampoco se explicaba como le había atacado tan rápidamente aquel caza, casi sin que le diera tiempo a ser detectado por su radar. Algo raro estaba pasando. Tenía todo el cuerpo dolorido pero a pesar de eso decidió bajar abajo a ayudar a los suyos. Desenfundó el armamento. No necesitaba visión infrarroja, pero si la mascarilla anti gases, al menos hasta que se disiparan un poco los humos de la guerra. Encontró unas ruinosas escaleras por las que bajó con sumo cuidado con el rifle en ambos brazos. Una vez abajo, buscó a sus compañeros. No se veía nada. Usó los infrarrojos. Un humo blanco invadía todo por completo. Ellos seguramente habrían detectado su presencia por lo que le esperaban. --A cubierto¡ --gritó alguien. Una enorme explosión casi lo alcanza. Divisó ahora débilmente el uniforme de los cuerpos especiales de la República. Se reunió a ellos. --¡Son demasiados¡ No somos capaces de huir de ellos, nos vienen de todas las direcciones. Si almenos tuvieramos granadas de mano... --Yo tengo granadas. Creo que las tengo... en mi bolsa delantera bolsillo. --¡Trae aquí, joder¡ --¡Apartaos¡ --Y tirando todas las granadas de las que disponia Bruce aprovecharon para escapar, se introdujeron dentro de un edificio. --Gracias, tio. Nos has salvado. No se como narices nos encuentran con este jodido humo blanco que hay por todos sitios, yo no les vería ni aunque les tuviera a tres metros. --Refugiemonos en aquel edificio, rápido. Y cubriéndose la espalda unos a otros, avanzaron hasta el edificio. --¿Nombre? --Atkinson. Bruce Atkinson. Tercer oficial de la 33 escuadra aérea. --¿Escuadra aérea? Pensé que estaban todos muertos. --Sí. Nosotros lo teníamos más crudo pero cuando las cosas se han calmado, tuvimos mas posibilidades de aguantar. --¿Hace mucho que dejaste la nave? --Unos veinte minutos. --Con razón aun te quedaban granadas. --Chicos, ¡tenemos aquí a todo un héroe de la aviación¡ --Sí, he oido que esos antiaéreos os han derribados como a perdices. --No lo entiendo. Eramos pocos, pero es increible que nos masacraran de esa manera. --A nosotros nos pasa lo mismo. Parece que esos robots con nariz de hojalata nos olieran como perros hambrientos. --¡Cuidado, vienen por la retaguardia! Y tirando una ráfaga de fuego cruzado, consiguieron retroceder unos metros, hasta la esquina de otro edificio abandonado. --Esto es increible. --Han herido a Jull y a Bobby. --Nos están destrozando. Ya no podemos huir más. Caminaron unos pasos. Abriendose paso entre el apestoso humo blanco. --¿Cuánto falta para la recogida? --Hora y media aproximadamente. --Demasiado... --¡Hey, mirar lo que he encontrado¡ Cuando fueron al lugar, encontraron que uno de los soldados había econtrado a un piloto de las hordas malherido. --Mirar tiene puesto el paracaidas y todo. --Espera, dejamelo a mí --gritó Bruce. --De poco te va a servir.... --Y cuando Harry, se disponía a dispararle a bocajarro el piloto enemigo sacó una pistola de mano y clavó tres disparos en su estómago. --¡Que no escape¡ Salió corriendo. Desapareció en la niebla. Bruce salió corriendo detrás de él. No se veia nada. Aquel humo blanco lo invadía todo. Bruce cerraba la boca para no tragarlo y se abría paso entre él con la manos. De pronto se encontró un muro como de dos metro de alto. Lo saltó, y caminó sobre él para saltar encima del piloto de las hordas avalanzándose sobre él. Se había desprendido de su ametralladora en la persecución, por lo que no tuvo mas remedio que enzarzarse en una pelea a puñetazos. Se propinaron golpes por ambas partes, pero al fin Bruce parecía tomar el control de la situación. Y teniéndole controlado, sujeto por brazos y piernas Bruce intentó buscarle el arma de fuego con la que había matado a Harry. La encontró. Pero tambíen encontró algo que le sorprendió amargamente. Regristandole su cazadora, un radar. Aproximadamente detectaba una extensión de dos kilómetros a la redonda. Aquel humo blanco no se disipaba. Un radar con puntos rojos y azules. --Puntos rojos y azules. ¡Rojos y azules!, ¡Puntos de los dos bandos¡ Se apresuró a socorrer a sus compañeros, olvidándose del piloto. --¡Correr¡ Los tenéis ahí, correr. --¡Es el microchip!, ¡os detectan por el microchip! Un ruido de metralla continuado acabó con su carrera, y su esperanza. En el radar, decenas de puntos azules rodeaban ahora a los puntos rojos que se apagaron por completo. Solo pudo salir corriendo. Corrió, a pesar de su fatiga, y encontró un sitio relativamente seguro. Sacó el cuchillo de supervivencia, y apretando los dientes, se lo clavó en el hombro hasta sacarse el microchip. --¿Cómo...? ¿cómo demonios lo detectaban? Bruce pensaba que interceptaron las frecuencias a través de las cuales estaban todos conectados, o quien sabe, quizás no fue mas que un complot de alguna parte de la corporación. Caminó, como pudo, pues estaba terriblemente cansado. Con el radar intentó encontrar al piloto que se le había escapado. Pero el piloto había caido en la cuenta de esto y siguiendo su rastro no encontró más que otro microchip. Por lo menos ahora tendría a los demás controlados. La niebla se disipaba por momentos. Llegó a pensar que era humo provocado por las hordas para no ser visto por ellos que se creían a salvo. Así se explicaba todo. Es imposible que hayamos ganado en estas condiciones. Pero ahora él tenía su guerra particular. Buscaba con insistencia a aquel maldito piloto de las hordas. No debía andar muy lejos. Sin niebla, se veía todo mucho mas claro. Bruce no pararía hasta encontrarlo. De pronto un puño se estrello en su cara. Le había oido y esperado detrás de una columna. Siguió golpeándolo. Bruce estaba quizás demasiado hecho polvo como para pararle los golpes, y el horda, se estaba ensañando a su gusto. Finalmente quiso darle el golpe de gracia. Bruce sangraba por la nariz. El piloto retrocedió unos pasos para coger una enorme piedra con la que aplastarle. Pero Bruce tenía algo que decir al respecto. Había tirado su enorme ametralladora para poder cogerle en aquella persecución , pero recordemos que todavía le quedaba por estrenar su pistola de mano y su cuchillo de supervivencia. El piloto se dio la vuelta para coger la piedra con las dos manos. Bruce sacó la pistola lentamente y apuntó. El piloto le miró con cara de terror, y disparó. Poca fortuna, sin duda. Había recibido tantos golpes en la cara que su visión se nublaba por momentos y se turbaba. Se intentó concentrar en el disparo, pero apenas podía sostener la pistola. Falló, mas o menos. El disparo le dio entre el tórax y el hombro. No fue un tiro mortal por lo que el piloto salió corriendo como pudo ante los fallidos disparos de Bruce. Intentó recobrar la compostura, las balas de la pistola se había acabado ya y no le quedaba mas que el enorme cuchillo para defenderse. Se oyó un ruido de motor. El maldito horda había rescatado una especie de moto. Era una de esas que manejan los malcom-z, robots de cuerpo a cuerpo. Era una especie de sidecar cibernético en el que cabina dos de esos malditos robots. Bruce subió al primer piso de uno de aquellos restos de edificios. Mientras, el horda iba de un sitio a otro con la moto. Saltaba, parecía divertirse. Se encontró con Bruce en aquel desértico primer piso. No había paredes, solo techo, suelo y columnas. El piloto se divertía a sus anchas pateando a Bruce de un sitio. Estaba indefenso. Se limitaba a intentar levantarse mientras el horda daba vueltas en torno a él y desaparecía de repente para volver y propinarle un golpe. Saltaba de un edificio a otro con la moto, pero de pronto, fue Bruce quien desapareció. Rivers |