PERSONAS DE LARGA
TRAYECTORIA EN LA CIUDAD
Residentes
entre l910 y 1955
· DON JULIÁN ACHA, UN EMPRENDEDOR - 1962. Fuente:
Nota del periodista deportivo Luis Miguel Sánchez, ya fallecido,
de la Cap. Federal, publicada en 1955. "Hace 88 años hoy -día
que el hombre llegó por primera vez a la luna- nacía en Vera
de Vidasoa don Julián Acha.
"La región se cerraba para la juventud que, avisorando
las Américas, "escapaban" en todos los barcos posibles.
Allá Julián Acha dejaría la piel de sus manos en una
mina durísima, con maza y pico, ennegreciendo sus ojos el carbón,
sofocándose, ansiando también escapar con el resto de los
jóvenes. Se marchó a Bilbao, trabajó en una fundición,
le dieron acceso a algunas maquinarias y comenzó a conocer más
que el carbón, que el eco odioso del socavón. Entre un torno,
una morza y una lima, cantando y silbando aprendió a vivir.
La experiencia del F.C. "De Bilbao pasó a Irún
buscando horizontes; no pudo detenerse jamás. Intuyó que
los ferrocarriles conquistarían al mundo; ingresó a la Compañía
Internacional de Coches Cama, valiéndole ello un inmediato avance,
y de allí fue a Madrid... al mundo... a la vida nueva. La compañía
de los grandes "wagonlits", que hoy todavía recorren con
el máximo lujo Europa y EE.UU., fue etapa decisiva en su vida. De
tanto viajar y oír hablar idiomas distintos le entró deseos
de llegarse a las Américas, y entonces dio ese adiós que
siempre se da, eterno, a sus seres queridos que quedaron contra las piedras
de Bidasoa, llorando su partida o soñando con unírsele un
día.
Pasó por Buenos Aires "Buenos Aires le causó
impresión imperecedera; consiguió trabajo en los talleres
del ferrocarril, y eso suponía dos viajes largos sin cargo por año.
Así viajó, conoció y le gustó Mar del Plata;
al volver a Buenos Aires, pensó en regresar.
"Joven, de mentalidad fresca, activo, ambicioso, capaz, trabajó
en la fábrica de molinos a viento de Braulio Arena; pero tenía
grandes inquietudes y se fue al Uruguay, plantando todo. Luego, pensando
que en Buenos Aires había más para hacer, observando los
barcos "decidió hacer algo sobre ellos": entró
en la compañía Mihanovich, en el área de reparaciones.
Miramar lo atrapó... "Julián Acha se cansó
de fragua, de torres y grúas, rescindió contrato y viajó
con destino a Miramar... ¡a esquilar ovejas! Tenía plata,
crédito, amigos e impetuosa creatividad. Esquilando se dio cuenta
que esos carruajes que él ayudaba a cargar y a arreglar podían
ser hechos por él; y así, sin más ni más, abrió
una fábrica de carruajes. Trajo de España a sus hermanos
Simón y José, que también soñaban con la América
que él había descubierto; con ellos también llegó
su esposa. Ya con más años, mujer, prole y casa intentó
algo más: abrió una herrería y armería. Tiempo
después, paseando por Mar del Plata, se dio cuenta que "toda"
la gente andaba en bicicleta, y dio un paso más: en la calle 34
No. 1043 abrió en 1930 una bicicletería ("Casa Acha"),
donde lo acompañarían sus dos hijos más chicos, Carlos
y Domingo. Lo demás es historia de un sentimiento: treinta años,
con sus días y noches, dedicado al arreglo y alquiler de bicicletas,
y por supuesto a su fabricación, armado y venta.
También era inventor "Ya anciano, inventó
el "PataAvión", carricoche a pedal, un juguete que transporta
a seis personas y que ahora se ha popularizado en muchos lugares de turismo,
muy especialmente en Miramar para delicias de grandes y chicos.
"Don Julián y doña Francisca Elizondo dejaron seis
hijos: Josefa, José Francisco. Julio, Segundo Martín,
Domingo Isaac y Carlos Eduardo. Su hermano Simón Acha y doña
Celestina Samitier también tuvieron seis hijos; ellos fueron Florencio,
José, Delia, Juan Bautista, Raymundo, Reynaldo y Osvaldo. Don José,
el otro hermano, fue soltero."
DON JOAQUÍN AMOEDO -1963. Fuente:
Recuerdos del autor de versiones directas dadas por don Joaquín
Amoedo, en sus últimos años.
Desde muy joven Joaquín Amoedo demostró gran interés
en todas las actividades referidas al agro, impulsado siempre por el propósito
de mejorar las razas que poblaban sus campos. Las actividades rurales en
su establecimiento de campo La Ballenera, tuvieron inicio en 1910, y desde
entonces Amoedo se vinculó con nuestro vecindario, aportando además
la experiencia que obtuviera a su paso por otra estancia del distrito,
La Mariana, de don Patricio A. Smith, de la que se hizo cargo cuando falleció
su propietario en 1923. El reconocimiento de su experiencia se debe a que
en varias oportunidades presentara en Palermo los ejemplares de la sucesión
Patricio A. Smith, alcanzando gran éxito.
Sus propios campeones El campo de La Ballenera fue poblado con
especies de ese origen, y a partir de 1940 presentó sus propios
ejemplares Lincoln en Palermo. A partir de entonces habría de conquistar
sucesivos ejemplares campeones. Para ese entonces la raza Lincoln participaba
en dos categorías: el inglés, sobre cuyo tipo trabajaba don
Joaquín, y el neozelandés, que conformaba el gusto de los
nuevos creadores.
Vinieron después los días en que se comenzó a
hablar aquí de la unificación de la raza; ni Lincoln inglés,
ni Lincoln neozelandés. Para ese entonces, Amoedo presidía
la Sociedad y no escatimó esfuerzos a favor de esa unificación,
aunque con ello sacrificaba sus propios intereses; él siempre estaba
en favor de la superación de la raza lanar.
Comisionado municipal Don Joaquín Amoedo no pudo sustraerse
a los intereses de la comunidad y en el año 1943 aceptó la
designación como Comisionado Municipal de nuestro distrito.
En una charla periodística que mantuvimos con él en su
despacho comunal, nos dijo que Miramar recibiría en muy breve tiempo
los beneficios del agua corriente, el de las cloacas, que seguidamente
se realizaría la construcción del murallón y del paseo
costanero, incluyendo esta obra toda la longitud que media entre el arroyo
"El Durazno" y el muelle de pescadores, a los cuales podríamos
agregar además el ensanche de la avenida de acceso a Miramar y la
pavimentación de la Costanera.
Reafirmando lo dicho, sostenía que sus palabras sólo
traducían la seguridad que le habían ofrecido los hombres
del gobierno provincial, en el sentido de proporcionar a Miramar las obras
para que en breve plazo se transformara en un gran balneario.
Promesas cumplidas Motivo de satisfacción fue para nosotros
transmitir a los miramarenses ¾por medio de "Actualidad"¾
esta noticia de tanta trascendencia, teniendo en cuenta que toda la población
esperaba la realización de todas esas obras.
No transcurrió mucho tiempo, y las palabras de Amoedo se concretaban
en hechos. La línea ascendente de Miramar siguió su curso.
Hoy las tenemos a la vista y las queremos recordar en homenaje a este hombre.
Don Joaquín Amoedo falleció el 15 de marzo de 1963 en
nuestra ciudad. Sus restos fueron trasladados a la Capital Federal y reposan
en la Recoleta.
RAÚL GARCÍA LUNA - SU VISIÓN DEL
MAR -1966. Fuente: Charla con R. García Luna reproducida
por el Autor.
En una prolongada charla que mantuvimos con Raúl García
Luna ("Raulí"), cuando éste tenía 17 años,
nos decía:
"Los que hemos nacido aquí, o pasado los años
de la infancia, ya no podemos hablar del mar sin sentirlo nuestro, porque
el mar nos dio una constante elección de pureza, de movimiento,
de alegría vital. Nos dio excusas para todas nuestras travesuras
y hallazgos. Nos llenó de regalos inesperados: el maravilloso jugueteo
de las toninas entre las olas, el vuelo rasante de las gaviotas pescadoras,
los nidos de las golondrinas en los huecos del murallón, las tormentas
que eran como una fiesta furiosa, los castillos de arena construidos con
mil sueños, la piel tostada y ese sabor característico de
los que viven cerca de la costa.
El mar de nuestro cariño "Después crecimos
y todo eso nos quedó como herencia, vimos que todos los veranos
venía mucha gente, tal vez buscando lo mismo. Y la playa cambiaba.
cubriéndose de colores y cuerpos pálidos. Era diferente.
Pero el mar era el mismo, con más sed para saciar, pero siempre
el mismo mar de nuestro cariño. A todos refrescaba por igual y,
aunque alguna vez se llevara un bañista, no era culpable. Nosotros
lo sabíamos; era la culpa de la negligencia y el desconocimiento
de las corrientes oceánicas. Hay que ser prudente en todos los actos
de la vida. También eso nos enseñó en su lenguaje
de ritmo y sal.
"Hoy el mar es como un viejo amigo, al que muchas veces vamos
a pedirle consejos. Es como un sabio compinche de pensamientos para quien
no pasa el tiempo, un dador de paz y emoción, tan grandioso y tan
humilde a la vez.
Un espejo superior "Parece que quisiera comerse la costa,
pero tampoco es culpable. Si un día el hombre limitó la libertad
de la costa, hoy debe limitar la invasión marina; no queda alternativa.
El mar no sabe de esas cosas; él y la eternidad son una sola esencia,
y lo eterno no gasta energías en funciones tan efímeras.
Es posible que el mar sea egoísta, pero está solo y nos demuestra
un cariño interior.
"Nuestro mar es un espejo superior. Por él vivimos y
a él en última instancia nos debemos. Por eso es "nuestro"
aunque no pertenezca a nadie, y por eso le dedicamos nuestra admiración
de hijos marinos."
DR. PEDRO GUILLERMO BELMES -1966. Fuente:
Entresacado de recuerdos del Autor y de la Asociación Amigos de
Miramar.
A este señor, que trabajó mucho por Miramar, se lo puede
definir como un hombre atraído por la ciencia y la tecnología,
o quizás como un escritor que se valió del libro para divulgar
sus ideas; pero sobre todo fue para nosotros una figura que se prolongó
mediante sus realizaciones y hechos, estampados en la visión perdurable
que nos legó.
Concreción de sus ideas fueron esos dos edificios enormes -que
pueden albergar a 2.000 personas cómodamente-, conocidos como "Dr.
Belmes I" y "Playa II", que poseen respectivamente 264 y
414 departamentos, de uno, dos y tres ambientes.
El Dr. Belmes afirmaba que los valores espirituales debían estar
asociados también al turismo; señalaba que las bellas obras
de la naturaleza y las creaciones materiales del hombre son importantes,
pero que en el fondo constituyen elementos que- como en una Torre de Babel-
se frustrarán si los valores espirituales no hacen posible que la
vida y la comunicación se desarrolle en ellos. Siendo presidente
de la Asociación Amigos de Miramar, allá por el año
1954, impulsó y consiguió con el apoyo general que se adoptara
el slogan "Miramar, Ciudad de los Niños", que configura
el alma de esta ciudad.
DON MAXIMINO LUIS DALPONTE-1966. Fuente:
Contactos directos con Maximino Luis Dalponte y amigos del hogar.
Decimos en lugar aparte que la familia Dalponte es una tradición
que enlaza el pasado con el porvenir, que crece a medida que el tiempo
avanza. Maximino Luis es a nuestro juicio quien más hizo para ganar
el lugar que hoy ocupa en la vida lugareña. Casado con doña
Manuela Dolagaray, prolongaron su descendencia con siete hijos: Dora Esther,
Eduardo, Rodolfo, Edgardo, Osvaldo, Carlos y Alfredo.
No es desconocida la intensa actividad que desarrollara en la ciudad
por estar ligado a la política, lo que lo llevaría a ocupar
una banca en el Senado provincial y cargos de jerarquía en la comuna,
siendo el más destacado la jefatura municipal.
Obras son amores... Siempre ocupó un sitial importante
y lo hizo con la aprobación de su pueblo, con el apoyo vecinal,
aún con el de aquellos que no pensaban como él. Entre otras
cosas le debemos el primer asfalto que se construyó en Miramar.
Hay que reconocer su participación cuando, en oportunidad de construirse
el caminoparque MiramarMar del Plata, puso todo su esfuerzo en las activas
gestiones realizadas ante la gobernación. También influyó
en la construcción de la Escuela no. 1 "Gral. San Martín".
Durante su paso por la Comuna se realizó la construcción
del Hospital municipal y de otras obras que eran desde hace mucho tiempo
reclamadas por los vecinos.
Romántico recuerdo En el anecdotario miramarense se cuenta
que cuando don Maximino fue nombrado Delegado en Dionisia, se trasladaba
desde Miramar hasta allí en su caballo El Kaiser. Llegaba, atendía
todos los asuntos pendientes, y partía de regreso cruzando campos
y no por el camino tradicional. Lo hacía así sólo
porque de esa manera podía llegar hasta la casa de su novia, doña
Manuela Dolagaray, hoy su esposa.
DON ANASTASIO OLAIZOLA, UN PIONERO -1970. Fuente:
De la serie "Vidas Miramarenses", de Eduardo Eiris Maglione,
que en su momento publicara "Crónica".
Sabiendo que recopilábamos noticias para un libro relacionado
con nuestra ciudad, don Eduardo Eiris Maglione quiso dejarnos como herencia
de sus inquietudes -formalmente autorizada para su publicación-
sus "Vidas miramarenses", que en su oportunidad publicara el
periódico local Crónica. Para iniciar esta serie nada mejor
y más auténtica que la de Olaizola, pescador que incentivó
a otros para crear conciencia de pesca deportiva.
Imagen del luchador En las barrancas, en las playas, en las
rocas, en el muelle, en el murallón, por doquier, Anastasio Olaizola
empuñaba su caña de pescador; entre gaviotas y golondrinas,
con marea alta o baja, con viento o sin él, con frío o con
calor, bajo el sol, la lluvia, el temporal, bajo la luna, rodeado de sombras
o alumbrado por un farol, durante la mañana, la tarde o la noche,
sin solución de continuidad, incansablemente. Lo sorprendí
a veces golpeado por las olas, impasible ante el huracán invernal
y ante el copioso aguacero, con altas botas de goma y capote, encaramado
en una roca, tras una pieza más... Se lo ve alerta, provisto de
la caña, casco de corcho o gorra de abrigo, al lado de la cesta
o caja de implementos, en todas partes, esperando el pique.
En todas las aguas Conduciendo su baqueano jeep de guerra -con
gomas de baja presión que sirven tanto sobre el muelle como sobre
la arena-, recorre playas, trepa barrancas, asciende médanos, cruza
arroyos, ya en Chapadmalal, Mar del Plata, Pinamar, Mar del Sud, Necochea,
Claromecó, Monte Hermoso, Carmen de Patagones; ya en la Laguna de
los Padres, La Brava, Mar Chiquita, Chascomús; ya en el río
Paraná, Paso de los Libres, Paso de la Patria, Lago San Roque en
Córdoba, Nahuel Huapi y otros en Neuquén, en todo lugar de
pesca habido y por haber. Conoce nuestra extensa zona marítima como
las palmas de sus manos, roca por roca, pozo por pozo, sabiendo qué
especie obtendrá aquí o allá.
Bautista -así se lo denomina familiarmente- es de contextura
robusta, brazos firmes, mediana estatura, cabello cano, tez rosada curtida
por los soles de todas las estaciones; ojos vivaces color verde claro,
el color del mar. Raza vasca, hombre de pocas palabras. Nació en
el partido de General Alvarado y desde los doce años vive en Miramar.
Se inició como herrero y fue mecánico de excepcionales aptitudes,
También fue concecionario local de Y.P.F.
DON SANTIAGO COURREGES -1974. Fuentes:
Nota periodística repetida del autor repetida hace poco en "El
Planeta" .
Hijo de vascofrancés, nació en Maipú, Pcia. de
Buenos Aires, en 1894; vino a Miramar en 1912, un año después
de la llegada del F.C. Trabajó durante muchos años en la
estancia Santa Clara, de Francisco Carmelo Camet. Allí se lo vio
talando árboles, alambrando, cocinando para e; personal, haciendo
las compras de víveres, compartiendo largas charlas con la paisanada,
mateando...
Más tarde se vino a la ciudad ingresando al hotel Miramar, ubicado
en la calle 9 de Julio esquina 20, fundado en 1911 por Juan Pescataing,
un hotel de amplias galerías y 70 habitaciones, con capacidad para
más de docientas personas.
La década del �10 Con marcado orgullo, don Santiago contaba
el aspecto que ofrecía Miramar en aquel tiempo, un campoestancia
con 45 casas de material y tan sólo tres calles solamente delineadas:
la 9 de Julio, la Mitre y la Legarra. Después la iglesia, la rambla
de madera, los médanos dorados, y hacia el arroyo El Durazno una
inmensa pradera con cardos y margaritas, y tres grandes majadas de ovejas:
una sobre la costa, otra sobre el camino a Mar del Sud y la tercera detrás
de la estación del ferrocarril.
El viejo hotel Miramar fue demolido en 1957 y en su lugar se edificó
un rascacielos de 19 pisos, el más alto hasta la fecha; en uno de
los 100 departamentos del nuevo edificio vive precisamente Santiago Courreges.
Miramar desde arriba Durante los cuarenta años siguientes
la ciudad fue creciendo con el contraste de siempre, tanto ayer como hoy
con panoramas contrastantes, a veces matando la armonía que nos
legara la naturaleza. Desde su décimo piso Courreges describía
a Miramar de la siguiente manera: "Al norte se divisa Parque Mar,
poblada de casitas como de juguete, y el alejado cinturón verde
de Chapadmalal; al sud, el magnífico vivero, una lejana franja marina
y los dorados médanos; al este el mar, obstruido por los inadecuados
rascacielos que constituyen una peligrosa muralla; y al oeste, los techos
rojos de los chalets, entre verde y verde; luego otro cinturón vegetal,
integrado por las quintas, y allá, muy en lontananza, Dionisia."
Don Santiago Courreges vivió mucho, observó y trabajó
mucho. Siempre con su boina vasca, anteojos de lentes muy gruesos, verdosos.
Soltero inveterado, arraigado a la zona que lo adoptó.
DON JUAN ETCHANDY -1975. Fuente:
Nota realizada a su hija, Julia Etchandy de Isaía.
En 1912 llegó a Miramar procedente de Burdeos, desde el pueblo
San Juan de Luz, en Francia, don Juan Etchandy. Pronto se casó con
doña Manuela Juárez, perteneciente a una familia de Mar del
Plata. De este matrimonio nacieron siete hijos: Julia, Luisa, Juana, Manuela,
Pedro Antonio, Ana María y Juan Carlos.
Siempre se recuerda con cariño a don Juan Etchandy, viéndolo
pasar en su sulki -construído en el taller que tenía en sociedad
con los hermanos Julián y Simón Acha-, tirado por su caballito
blanco. Su figura apuesta, delgada, sus largos bigotes blancos, su pañuelo
al cuella, su pipa con tabaco francés, su gorra con visera, sus
lustrosos botines acordonados, su pie izquierdo sobre el gastado y reluciente
eje del vehículo, y siempre, indefectiblemente, usando su impecable
ropa azul de trabajo.
Se dedicó durante muchos años a arreglar, vender e instalar
molinos de viento; fue agente de los afamados "Agar Gross", "Aer
Motor", que instalaba personalmente. Un habitual veraneante de Miramar,
don Atilio Roncoroni, cuando hablaba de Etchandy acostumbraba a decir:
"A don Juan, cuando se lo busca, hay que mirar para arriba: siempre
está arreglando algún molino". Era aficionado a la caza,
jovial, bondadoso, pero más que nada trabajador incansable. Dejó
recuerdos de amistad imborrables y quienes lo conocieron difícilmente
lo hayan olvidado. Falleció el 20 de niviembre de 1945, y su esposa
el 27 de julio de 1972.
DON FRANCISCO FIGUEROA MENDIVIL -1975. Fuente:
Datos recopilados por el Autor y recuerdos de los familiares.
Como tantos otros hombres que partieron de España en busca de
horizontes, don Francisco Figueroa Mendivil arribó a Dionisia en
1916; había nacido en Ancón, provincia de Navarra, en 1895.
Trabajó en Mercedes y al siguiente año se radicó
en Dionisia, pueblo que le atrajo. Fue apasionado productor y acopiador
de cereales; desde la salida del sol hasta caer la tarde realizaba sus
tareas sin descanso, con ese empeño y fortaleza de los hombres de
estirpe vasca. En el mismo año que llegó a Dionisia, contrajo
matrimonio con doña Dolores Valle y de ese matrimonio nacieron cuatro
hijos: Amanda, Dolores, Dora y Raquel. Una familia ejemplar.
Activo comerciante Al frente de su comercio, Casa Figueroa &
Cía. -Avda. Mitre esquina 30-, desarrolló una activa e importante
acción merced a su capacidad y empeño. Fue agente de las
máquinas International y del Banco de la Nación Argentina.
Don Francisco Figueroa alternó siempre su actividad comercial, social,
cultural y deportivo en Otamendi, juntamente con Círculo Deportivo
y más recientemente con el Club de Pesca.
Francisco Figueroa falleció en 1972, y su esposa Dolores Valle
de Figueroa, en el año 1974.
DON PEDRO CLEMENTE -1986. Fuente:
Nota de su hijo don Pedro Clemente, ex director del semanario "Crónica".
"En el año 1914 se radicó en Miramar, procedente
de Junquera, población perteneciente a la provincia de Zamora, España.
"Contrajo enlace con doña Antonia Lorusso en el año
1925 y del matrimonio nacieron dos hijos: María y Pedro; este último
en el momento de escribir esta nota ejerce la dirección del Semanario
"Crónica".
"En el año 1933 adquirió la propiedad de doña
Victoria Rodríguez, frente al almacén "El Labrador",
estableciéndose con comercio de ramos generales. Contó con
la colaboración de un buen empleado por muchos años, don
Maximino Martínez, dependiente con anterioridad en el almacén
"Carli".
"Tras una fugaz venta del almacén a don Eduardo Lorusso,
don Pedro Clemente vuelve a hacerse cargo del mismo por varios años,
vendiéndolo nuevamente y esta vez a don Maximino Martínez,
que tiempo después instala en la calle 25 esquina 40 el conocido
Almacén "La Victoria", a cuyo frente también se
encuentran sus hijos Alberto y Julio Raúl "Pedro Clemente siempre
contó con el aprecio de todos por ser un hombre sumamente bondadoso."
DON LORENZO CARLI -RECUERDOS DE 50 AÑOS -1988.
Fuente: Recopilación a partir de datos suministrados
por su hija menor, Sarita.
Llegó a la Argentina cuando apenas tenía 12 años.
Su patria fue Austria; nació en el Tirol y traía signos de
aquella cultura como incorporada en los tiempos de la llamada Civilización
de Halstatt. Conoció a su país a través de la lectura,
y siempre recordó hechos salientes de su historia. Lamentó
siempre no haber conocido mejor a su país. En Miramar buscó
y halló su posición definitiva. Fue en el campo, en una planicie
semejante a la fértil llanura que se extiende al norte del Danubio.
El sabía del clima moderado de esta zona oriental, también
sabía que los inviernos eran atemperados por el mar. Aquí
encontró lo necesario para reponer su nostalgia.
Encargado de estancias Allí, en el campo, fue encargado
en una estancia en Coronel Vidal, a los 18 años; administrador de
la estancia La Adelina, de don Acebedo Ramos; encargado de la estancia
La Eufemia, de don Fernando Otamendi; luego propietario del edificio que
él mismo construyó para el almacén "El Labrador"
en 1910 en pleno barrio Las Flores. Señora, prole numerosa, felicidad,
todo fue alcanzado por este hombre inquieto que ha dejado huellas perdurables.
Carretas y automóviles Sarita Carli de Mesa nos trae
el recuerdo de hechos y vecinos del lugar; recuerda a Ernesto Trovatt,
Lorenzo Sánchez, José Mesa, Salvador Bidegain, el almacén
de Metol, el "Tome y Traiga". Recuerda el paso de las carretas,
algunas de ellas tiradas por bueyes, que venían en busca de arena
desde la estancia "Las Piedritas". Nos cuenta también
que en los grandes premios automovilísticos ella misma atendía
el surtido a manija, donde cargaban combustible Raúl Riganti, Fernando
Neri, Antonio Lozano, Angel Lovalbo, y otros.
Amigo de los niños Hoy el barrio de Carli sigue siendo
el lugar elegido para levantar tribunas políticas, para que se reúnan
los vecinos y para que allí ¾en la placita que lleva el nombre
de don Lorenzo¾ estén todos los chicos del barrio. Muchos
se preguntarán: ¿por qué su nombre a la plaza? La
respuesta brota de inmediato: porque era un hombre bueno, servicial y amigo,
muy amigo, de todos los niños.
Don Lorenzo falleció el 18 de julio de 1949; su esposa, doña
Petrona Lucchini, el 7 de diciembre de 1969. Del matrimonio nacieron once
hijos: Emilio, Adela, Isabel, María Ofelia, Félix, Raúl,
Juan Nemecio, Zulema, Sara, Sirio e Hilda.
DON ESTEBAN PABLO ENTRÁTICO - 1943.Fuente:
Los datos fueron aportados por sus descendientes; recuerdos del Autor.
Gozaba don Esteban -que vino a Miramar el 20 de junio de 1929- de grandes
simpatías en todos los niveles sociales de la ciudad, por la corrección
de su vida privada así como por su actuación comercial y
pública.
Actuó con entusiasmo en todos los centros y sociedades que propendieron
al progreso; su acción tesonera e inteligente lo hizo un elemento
valioso en las entidades sociales de responsabilidad. Fue presidente de
la sociedad La Colectiva durante mucho tiempo; más tarde fue miembro
activo de la Asociación de Propaganda y Fomento de Miramar, demostrando
siempre su afecto por la ciudad.
Don Esteban Pablo Entrático falleció el 30 de setiembre
de 1943, dejando imborrable recuerdo entre quienes estuvieron siempre cerca
y alcanzaron a conocer su empuje y su espíritu de participación.
Personajes de larga trayectoria.
Antiguos inmigrantes de valía, Residentes fallecidos hace muchos
años cuyos demás datos no se disponen
UN LISTADO DE INOLVIDABLES 1983. Fuente:
Recopilación del Autor de los recuerdos aportados por los familiares
y amigos.
Los nombres que siguen testimonian la presencia de los inmigrantes
de las primeras décadas de Miramar, la mayor parte españoles
-muchos vascos, rectos y callados-, pero también italianos y de
otro origen, que se mezclaban alegremente con los hijos de esta tierra,
donde eran recibidos sin discriminaciones, con un abrazo. Eran tiempos
sin recelos, y aquéllos eran otros hombres. Vale la pena mirarlos,
aunque ya no estén. -La mayor parte murió entre el �30 y
el �55.
· Juan Acha
Nació en Bayona, Pontevedra, España, en el año
1896, llegando con sus padres a Miramar en 1899, cuando apenas tenía
dos. No tenía parentesco alguno con gente del mismo apellido que
habría de llegar a Miramar también por aquellos años.
Trabajó en la actividad rural. Se casó joven con doña
Sofía Cepeda, oriunda de Miramar; tuvieron ocho hijos. Don Juan
Acha falleció en la trágica explosión de la fábrica
de pólvora ubicada en la Avda. 37 entre 68 y 72, conocida como El
Polvorín, en octubre de 1943.
· Félix y Juan Lucchini
Félix Lucchini era un inmigrante italiano que llegó a
Miramar en el año de su fundación, 1888. Estaba casado con
Elisa Baroni; tuvieron cinco hijos cuyas descendencias perduran entre nosotros,
y toda su vida fue muy laboriosa desde el instante mismo de llegar a estas
tierras.
Juan Lucchini fue uno de los hijos primeros de Félix, nacido
en 1875; contrajo matrimonio con Teresa Pagani, unión de la cual
nacieron cinco hijos: Plinio, Electra, Elisa, Armando y María Ester.
Aún es recordada la casa quinta de la familia Lucchini por la hermosa
plantación de frutales que poseía, especialmente cuando era
la época de las cerezas. Desárrollaronse luego en la industria
del ladrillo, tarea en la cual el mayor de los hijos, Plinio, fue el que
más secundó a su padre. Mantuvieron esta industria pos casi
cincuenta años.
· Cesáreo Gallegos
Vino desde la provincia de León, España, en 1918. Tuvo
nueve hijos: Manuel, Lizardo, Benigna, José, Jacinto, Bernardino,
María Elena, Felipa Cesárea y Francisca.
Fue propietario de la fonda "La Leona", en la calle 40 ¾casona
que él mismo construyera¾, que atendía solícitamente
en compañía de su esposa. El sitio fue reunión de
la paisanada y de gente de campo de la zona. Falleció Cesáreo
Gallegos en 1938, y su esposa en 1977.
· Francisco Gabriel Pérez
Nació en Zamorano, España. Llegó en 1918, y se
casó con doña María Elena Falco. Del matrimonio nacieron
11 hijos: Gabriel, Luz Esther, Carlos Floreal, Julio Argentino, Emilio
Arnaldo, Jorge Placer, María del Carmen, Freedy Orlando, Andrés,
Luis Vicente y María Emilia.
Fue un albañil muy jerarquizado y un vecino que participó
en actividades sociales y deportivas de la época, muy querido y
respetado.
· Domingo Jorge
Casado con María Victoria Luis. Vino a Miramar en 1942.
Cuando llegó desde Portugal, su patria, trabajó en el
campo del señor Viera, y luego en su estancia La Colmena. Más
tarde, en Miramar, tuvo la pensión "Lisboa", lugar sumamente
acreditado y concurrido, ubicado en la calle San Martín (la 40).
Tuvo tres hijas: Emilia, Margarita y María Augusta. Constituyeron
todos una familia muy apreciada.
· José Turiani
Nació en 1860 y murió en 1941.
Llegó a Miramar procedente de Génova, Italia. Tuvo dos
hijos: Luis y José. Trabajó de albañil y ha dejado
trabajos apreciados que todavía perduran.
· Elías José Aón
Casado con doña Arminda Rossi, del matrimonio nacieron cinco
hijos: Julia, Arminda, Reynaldo, Alfredo y Rodolfo.
Procedente de Beirut, llegó a la Argentina en el año
1901. En Miramar instaló su negocio de tienda y mercería
denominado "La Media Luna". en la Avenida Mitre esquina 34, que
llegó a tener una gran cantidad de clientes.
Falleció el 27 de julio de 1950, a la edad de 68 años,
y su esposa, doña Arminda, el 11 de febrero de 1955.
· José Mele
Activísimo vecino cuyo deceso se produjo el 7 de setiembre de
1942.
Fue un comerciante honesto, que actuaba en el ramo de zapatería.
Constituyó familia y tuvo seis hijos: Josefina, Pascual, Anita,
Teodolina, Dante y María.
· José Mesa
Llegó de Asturias, España, en el año 1909. Radicose
en el barrio Las Flores.
Se casó con doña Carmen Nogueiro, y tuvieron 11 hijos:
María, José Ramón, Rosa, Filomena, Arminda, Baldomero,
Marcelino, Ricardo, Carmen, Mercedes y Enrique.
Falleció en 1938 y su esposa en 1970.
· Silvina Parraviccini de Agrelo
Fue una de las primeras veraneantes de Miramar, radicada luego en este
lugar. Propietaria del chalet "Mamapinas", ubicado en la avenida
costanera, fue de los primeros en esa ubicación.
Falleció en la Capital Federal el 15 de mayo de 1943.
· Marcos José Dalponte
Casado con doña Josefa Guerricagoitía, tuvieron cuatro
hijos: Raúl, Néstor, Irma e Hilda. Trabajó mucho en
el campo "La Julia"; arador en la chacra de su hermano Maximino.
Valuador, por muchos años, él fue quien hizo el trazado de
las calles de Dionisia, arando la tierra.
Tuvo una imprenta en sociedad con su sobrino Maximino Luis, llamada
"Buenos Aires", en la calle 9 de Julio entre 32 y 34. Era activo,
inteligente y gran amigo de todos.
· Frutos Quiñones
Vino desde León, España, en 1904. Trabajó primero
en comarcas chaqueñas; luego en Miramar, como jardinero, siempre
entre flores...
Jamás le faltó su boina vasca y su pañuelo negro
al cuello, su faja y un gran cuchillo jardinero que era su herramienta
de trabajo. Vivió siempre muy cerca del mar.
· Antonio Varde
Llegó a Miramar en 1930, y vendió diarios ininterrumpidamente,
durante más de 20 años.
Su voz era una campana que repiqueteaba durante todo el día.
Recordamos que pregonaba y entregaba las revistas mostrando siempre su
gracia natural y una sonrisa.
Se lo veía por todas partes en bicicleta, y donde fuera era
recibido siempre con gran simpatía por su permanente buen humor.
· Lorenzo Allende
En 1912 se casó con doña Petrona Otamendi. Había
nacido el 30 de diciembre de 1886 y era hijo de don Claudio Allende y Cabeza.
Desempeñó un sin fin de cargos en la comuna; fue concejal
durante varios años, presidente del Concejo Deliberante en 1915
y 1916. Sustituyó en la intendencia a Atilio Orlía en 1917.
Dejó una familia muy extensa y querida en Miramar.
· Luciano Guegnolle
Fue un hombre de gran trayectoria en Miramar. En 1913 publicó
un "Tratado de farmacia teóricopráctico".
Con mucha iniciativa, acompañó todos los proyectos progresistas
que se iniciaban en el pueblo. El presbítero Juan Pascual Massanet
realza su personalidad en el libro que escribió en 1921.
Se radicó en Miramar en 1918 y fue propietario de la farmacia
"San José".
· Edmundo Díaz
Participó siempre en los acontecimientos sociales que se dieron
en Miramar. Era cicerone de los veraneantes, y gran pescador de caña.
Casado con doña Jacinta Arbizu, tuvo una numerosa y respetable
familia: Rosendo, Julio, Josefina y Eladio.
Puso luego una confitería, ubicada en las calles 9 de Julio
y Sarmiento; fue éste un lugar muy simpático donde se reunían
gran cantidad de familias miramarenses.
· José Benito Pérez
Casado con doña Martina Barendiaín, fue siempre hombre
de campo.
Crió ovejas y ganado de distintas variedades. Sus actividades
fueron siempre secundadas por sus hermanos Eduardo, Pedro, Andrés
y Jacinto.
De su matrimonio nacieron nueve hijos, a quienes todos recuerdan con
gran cariño: José, Emma, Elsa, Alberto, Saúl, Elvira,
Néstor, Carlos y Edith.
· Pedro Andueza
Estaba casado con doña Francisca Dolagaray; había venido
a Miramar desde Villa Sauce, lindando con La Pampa, e instaló un
almacén llamado "Fénix" en el encuentro de las
calles Mitre y la 30.
Durante muchos años fue el alma de la sociedad que agrupó
a los almaceneros minoristas del pueblo.
Sus hijos Lucía, Anselmo, Luis, María Esther, María
Nélida y Pedro Rodolfo, simpre vivieron con el ejemplo de vida que
sus ancestros supieron dejarles.
· Salvador Arbelaiz
Otro vasco español que llegó a Miramar con su esposa
doña Francisca Olazagasti con la idea de no permanecer mucho tiempo
aquí. Pero tenían amigos, de los que jamás se pudieron
separar. Tuvieron ocho hijos: Josefina, Carmen, Candelaria, Salvador, Palmira,
Angélica, Elvira y Alberto Eugenio.
Tuvo una casa de forrajes y despacho de nafta y de aceite. Aún
recordamos el surtidor que tenía instalado en la vereda de la diagonal
F. de la Plaza, frente al domicilio de Ramón Granzotto.
El matrimonio Arbelaiz vino de Guipúzcoa, España, en
el mismo barco donde viajó José Acha, su cuñada Francisca
Elizondo de Acha y su hija Josefa.
· Enrique van Peteghem
Vino desde Bélgica cuando apenas tenía siete años
de edad. Cuando fue mayor se casó con doña Vicenta Soares,
y de este matrimonio nacieron siete hijos: Luis, Eulalia, Pedro, Haydee,
Otilia, Geraldina e Irma.
Llegó a Miramar enviado por Agar Cros a colocar un motor en
la Usina Eléctrica, y nunca más regresó a Buenos Aires.
Paraba en el hotel Balbuena, y desde una ventana acostumbraba a deleitarse
mirando la laguna Elías, que se confundía con el mar. Hay
que recordar que ésta tenía antiguamente una dimensión
mayor a cuatro manzanas.
Don Luis siempre andaba con su motocicleta, "haciendo ruido";
era un mecánico notable, y persona muy querida. Tuvo su primer bicicletería
ubicada en la calle 28 entre 15 y 17. Falleció en 1954, y su esposa
en 1968.
· Ernesto Terruggi
Procedente de Ayacucho, ciudad de la provincia de donde era oriundo,
llegó a Miramar en el año 1934. Casado con doña María
Bella Arata, tuvieron cuatro hijos: Mabel Nibia, Mario Ernesto, Oscar Aroldo
y Nilda Esther.
Vino contratado para realizar tareas en el Playa Hotel, de Carlos Casagne,
con la intención de regresar nuevamente a su ciudad; pero Miramar
y su gente lo atraparon, y aquí vivió hasta su muerte en
el año 1963; su esposa había fallecido en 1955.
· Ángel Prieto
Era nacido en un pueblito de la provincia de Zamora, España,
desde donde vino con su esposa, Catalina de la Fuente, en 1911. Tuvieron
dos hijos, Nicolás y Carmen.
Era un hombre de campo y le agradaba ver crecer los trigales; criaba
animales de corral con el estilo que se seguía en su patria. Cuando
los años pasaron se radicó en la ciudad. Fue vecino apreciado
y querido por todos.
Falleció el 17 de marzo de 1973, y su esposa había muerto
ya en 1932.
· Antonio Ferrari
Era uno de los vecinos más antiguos de Miramar; había
venido de Austria siendo muy chico; se casó con doña Emma
Dalponte, y del matrimonio nacieron 11 hijos: Martín, Antonio, Enrique,
Armando, Catalina, Adelina, Clara, Emma, Luisa Albina y Clemente.
Durante varios años tuvo el almacén "Buenos Aires",
en la Avda. Mitre y calle 36, en sociedad con Maximino Dalponte, de donde
eran clientes muchos miramarenses.
· Fernando Triviño
Era uno de los pocos andaluces que vinieron a Miramar; aquí
se casó con doña María Fernández, de cuyo matrimonio
nacieron cinco hijos: Fernando José, José Bernardino, Pura,
Francisco Antonio y Haydee.
Siempre se desempeñó en tareas rurales, destacándose
en la siembra de trigo y de papa. Falleció en 1957. Dejó
una familia ejemplar.
· Teodoro Rocca
Junto con Juana Eduarda Luro formaron un matrimonio del cual nacieron
cuatro hijos: María Angélica, Rogelio Abel, Raúl Alberto
y Reynaldo Adelqui.
La mayoría de las fotografías que aún podemos
apreciar del Miramar de antaño se la debemos a este hombre, que
abrazó su profesión con vocación artística
La familia Rocca ha dejado un grato recuerdo entre nosotros. Don Teodoro,
hombre culto y de una conducta intachable, merece nuestra recordación.
· Pedro Olaizola
Casado con doña María San Martín, tuvieron diez
hijos con los cuales formaron una querida y respetable familia: Francisco,
Anastasio, Carmen Tomasa, Antonio, Bernardina, Pedro Enrique, José,
Rómulo, María Inés y Gabina Esther.
Don Pedro, de origen vascofrancés, llegó a Miramar siendo
muy joven e instaló una herrería en la calle Legarra y 28,
para mudarse más tarde a la Avda. Mitre y 48. Allí trabajaron
muchos de sus hijos.
Perdura el recuerdo de la familia Olaizola y sus lazos de parentesco
se han extendido a muchas familias de nuestro ambiente.
· Claudio Allende y Cabeza
El 30 de junio de 1938 falleció a la edad de 88 años
don Claudio Allende y Cabeza. La noticia de su fallecimiento causó
dolor entre los vecinos porque su larga y fecunda vida fue un símbolo
en estos parajes.
Don Claudio, nacido en España el 30 de octubre de 1849, llegó
a nuestro país a los veinte años de edad y contribuyó
al progreso de estas tierras con todas sus energías. Conoció
estos parajes ocho años antes de que se fundara Miramar, y su vida
transcurrió en una sucesión de actividades inteligentes.
En todos los aspectos destacó su hombría de bien. Contó
con la estima y el reconocimiento de las personas que lo trataron.
La entereza y las virtudes de Don Claudio perduran en sus hijos: Estanislao,
Claudio, Lorenzo, Juan Antonio, Ramón, Pedro, Carmen, María,
Claudia y Josefina.
· Juan Storani
Llegó a Miramar en 1905, procedente de Puerto Ricanatti, Italia.
Se casó con Rosa Estefanía Galli, y tuvieron dos hijos: Elio
Humberto y Aurelio Juan.
Trabajó al comienzo en el tendido de las vías del F.C.
del Sud. Después se instaló con su familia en una chacra
cercana a Miramar, por poco tiempo. Luego trabajó para la municipalidad
regando las polvorientas calles del pueblo. En su casa quinta de la calle
37 criaba aves de corral, incluso faisanes.
Falleció el 6 de junio de 1976 y su esposa en octubre de 1991.
· José Galli
Procedente de Italia llegó a Miramar en 1890, ya casado con
Herminia Chiodini.
Primero fue puestero en la estancia La Adelina, de Dionisia. En la
sección quintas de Miramar instaló un horno de ladrillos.
Labró la tierra para instalar una quinta y plantó frutales,
los que aún hoy se recuerdan.
Seis hijos formaron esta familia: Haydee, Estefanía, José,
Ángel, Emma, Guido, Herminia, Humberto y Helio.
· Zenón Lumbreras
Vino de España en 1928, ya casado con Loreta Bueno, residiendo
en Trenque Lauquén varios años.
En 1943 vinieron a Miramar con sus hijos, trabajando varias parcelas
de tierra que alquilaba como quintero; el producto lo vendía en
una charret, como lo hacían los quinteros entonces.
Tuvieron seis hijos, falleciendo dos a temprana edad; los restantes
son: Manuel, Ángel Ismael ("Cacho"), Oscar Felipe y Celia
Olga.
· Ángel Lumbreras
También en 1943 llegó a Miramar don Ángel Lumbreras,
ya viudo, con sus hijos Aureliano, Nancy, Ángel, Victoria e Irene.
Se establecieron en la quinta El Palomar, calle 21 entre 60 y 64.
Se dedicó al cultivo de hortalizas, que vendía personalmente.
Todos sus hijos desarrollaron una intensa tarea en lo deportivo, cultural
y social.
Uno de sus hijos, Ángel, fue fundador de la Biblioteca Popular
D. F. Sarmiento, y actuó en la Cooperativa de Consumo "Ciudad
y Campo" y en otras entidades culturales y sociales.
· Avelino Acosta
Llegó a Miramar siendo aún niño; venía
de España, precisamente de Hornillos de Camero, Castilla la Vieja,
Logroño.
Se casó en Dionisia con Casilda Martínez, de nacionalidad
española. Nacieron nueve hijos: Avelino, Nelly, Hugo, Enrique, Fenia,
América, Juan, Isabel y Mabel.
Don Avelino estuvo ligado a la actividad ferroviaria; fue gremialista
y dirigente de la Unión Ferroviaria. Resultó electo diputado
provincial por Bahía Blanca, más tarde intendente municipal
de Miramar (en 1964) y luego concejal municipal. Fue además un activo
cooperativista.
Estas páginas fueron creadas en reconocimiento
al autor del libro "100 años de anecdotario histórico
de Miramar", don Segundo Acha, amante eterno de la ciudad de Miramar
y su historia, y también con el fin de que todo el mundo pueda conocer
a ésta, mi ciudad, a través de este texto.
Para enviar críticas, alabanzas y/o sugerencias respecto
a estas páginas, pueden comunicarse por e-mail con Daniel
Choclin, quien con mucho gusto espera las mismas en la dirección
[email protected]
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