PERSONAS DE LARGA TRAYECTORIA EN LA CIUDAD
Residentes entre l910 y 1955
· DON JULIÁN ACHA, UN EMPRENDEDOR - 1962. Fuente: Nota del periodista deportivo Luis Miguel Sánchez, ya fallecido, de la Cap. Federal, publicada en 1955. "Hace 88 años hoy -día que el hombre llegó por primera vez a la luna- nacía en Vera de Vidasoa don Julián Acha.
"La región se cerraba para la juventud que, avisorando las Américas, "escapaban" en todos los barcos posibles. Allá Julián Acha dejaría la piel de sus manos en una mina durísima, con maza y pico, ennegreciendo sus ojos el carbón, sofocándose, ansiando también escapar con el resto de los jóvenes. Se marchó a Bilbao, trabajó en una fundición, le dieron acceso a algunas maquinarias y comenzó a conocer más que el carbón, que el eco odioso del socavón. Entre un torno, una morza y una lima, cantando y silbando aprendió a vivir.
La experiencia del F.C. "De Bilbao pasó a Irún buscando horizontes; no pudo detenerse jamás. Intuyó que los ferrocarriles conquistarían al mundo; ingresó a la Compañía Internacional de Coches Cama, valiéndole ello un inmediato avance, y de allí fue a Madrid... al mundo... a la vida nueva. La compañía de los grandes "wagonlits", que hoy todavía recorren con el máximo lujo Europa y EE.UU., fue etapa decisiva en su vida. De tanto viajar y oír hablar idiomas distintos le entró deseos de llegarse a las Américas, y entonces dio ese adiós que siempre se da, eterno, a sus seres queridos que quedaron contra las piedras de Bidasoa, llorando su partida o soñando con unírsele un día.
Pasó por Buenos Aires "Buenos Aires le causó impresión imperecedera; consiguió trabajo en los talleres del ferrocarril, y eso suponía dos viajes largos sin cargo por año. Así viajó, conoció y le gustó Mar del Plata; al volver a Buenos Aires, pensó en regresar.
"Joven, de mentalidad fresca, activo, ambicioso, capaz, trabajó en la fábrica de molinos a viento de Braulio Arena; pero tenía grandes inquietudes y se fue al Uruguay, plantando todo. Luego, pensando que en Buenos Aires había más para hacer, observando los barcos "decidió hacer algo sobre ellos": entró en la compañía Mihanovich, en el área de reparaciones.
Miramar lo atrapó... "Julián Acha se cansó de fragua, de torres y grúas, rescindió contrato y viajó con destino a Miramar... ¡a esquilar ovejas! Tenía plata, crédito, amigos e impetuosa creatividad. Esquilando se dio cuenta que esos carruajes que él ayudaba a cargar y a arreglar podían ser hechos por él; y así, sin más ni más, abrió una fábrica de carruajes. Trajo de España a sus hermanos Simón y José, que también soñaban con la América que él había descubierto; con ellos también llegó su esposa. Ya con más años, mujer, prole y casa intentó algo más: abrió una herrería y armería. Tiempo después, paseando por Mar del Plata, se dio cuenta que "toda" la gente andaba en bicicleta, y dio un paso más: en la calle 34 No. 1043 abrió en 1930 una bicicletería ("Casa Acha"), donde lo acompañarían sus dos hijos más chicos, Carlos y Domingo. Lo demás es historia de un sentimiento: treinta años, con sus días y noches, dedicado al arreglo y alquiler de bicicletas, y por supuesto a su fabricación, armado y venta.
También era inventor "Ya anciano, inventó el "PataAvión", carricoche a pedal, un juguete que transporta a seis personas y que ahora se ha popularizado en muchos lugares de turismo, muy especialmente en Miramar para delicias de grandes y chicos.
"Don Julián y doña Francisca Elizondo dejaron seis hijos: Josefa, José Francisco. Julio, Segundo Martín, Domingo Isaac y Carlos Eduardo. Su hermano Simón Acha y doña Celestina Samitier también tuvieron seis hijos; ellos fueron Florencio, José, Delia, Juan Bautista, Raymundo, Reynaldo y Osvaldo. Don José, el otro hermano, fue soltero."

DON JOAQUÍN AMOEDO -1963. Fuente: Recuerdos del autor de versiones directas dadas por don Joaquín Amoedo, en sus últimos años.
Desde muy joven Joaquín Amoedo demostró gran interés en todas las actividades referidas al agro, impulsado siempre por el propósito de mejorar las razas que poblaban sus campos. Las actividades rurales en su establecimiento de campo La Ballenera, tuvieron inicio en 1910, y desde entonces Amoedo se vinculó con nuestro vecindario, aportando además la experiencia que obtuviera a su paso por otra estancia del distrito, La Mariana, de don Patricio A. Smith, de la que se hizo cargo cuando falleció su propietario en 1923. El reconocimiento de su experiencia se debe a que en varias oportunidades presentara en Palermo los ejemplares de la sucesión Patricio A. Smith, alcanzando gran éxito.
Sus propios campeones El campo de La Ballenera fue poblado con especies de ese origen, y a partir de 1940 presentó sus propios ejemplares Lincoln en Palermo. A partir de entonces habría de conquistar sucesivos ejemplares campeones. Para ese entonces la raza Lincoln participaba en dos categorías: el inglés, sobre cuyo tipo trabajaba don Joaquín, y el neozelandés, que conformaba el gusto de los nuevos creadores.
Vinieron después los días en que se comenzó a hablar aquí de la unificación de la raza; ni Lincoln inglés, ni Lincoln neozelandés. Para ese entonces, Amoedo presidía la Sociedad y no escatimó esfuerzos a favor de esa unificación, aunque con ello sacrificaba sus propios intereses; él siempre estaba en favor de la superación de la raza lanar.
Comisionado municipal Don Joaquín Amoedo no pudo sustraerse a los intereses de la comunidad y en el año 1943 aceptó la designación como Comisionado Municipal de nuestro distrito.
En una charla periodística que mantuvimos con él en su despacho comunal, nos dijo que Miramar recibiría en muy breve tiempo los beneficios del agua corriente, el de las cloacas, que seguidamente se realizaría la construcción del murallón y del paseo costanero, incluyendo esta obra toda la longitud que media entre el arroyo "El Durazno" y el muelle de pescadores, a los cuales podríamos agregar además el ensanche de la avenida de acceso a Miramar y la pavimentación de la Costanera.
Reafirmando lo dicho, sostenía que sus palabras sólo traducían la seguridad que le habían ofrecido los hombres del gobierno provincial, en el sentido de proporcionar a Miramar las obras para que en breve plazo se transformara en un gran balneario.
Promesas cumplidas Motivo de satisfacción fue para nosotros transmitir a los miramarenses ¾por medio de "Actualidad"¾ esta noticia de tanta trascendencia, teniendo en cuenta que toda la población esperaba la realización de todas esas obras.
No transcurrió mucho tiempo, y las palabras de Amoedo se concretaban en hechos. La línea ascendente de Miramar siguió su curso. Hoy las tenemos a la vista y las queremos recordar en homenaje a este hombre.
Don Joaquín Amoedo falleció el 15 de marzo de 1963 en nuestra ciudad. Sus restos fueron trasladados a la Capital Federal y reposan en la Recoleta.

RAÚL GARCÍA LUNA - SU VISIÓN DEL MAR -1966. Fuente: Charla con R. García Luna reproducida por el Autor.
En una prolongada charla que mantuvimos con Raúl García Luna ("Raulí"), cuando éste tenía 17 años, nos decía:
"Los que hemos nacido aquí, o pasado los años de la infancia, ya no podemos hablar del mar sin sentirlo nuestro, porque el mar nos dio una constante elección de pureza, de movimiento, de alegría vital. Nos dio excusas para todas nuestras travesuras y hallazgos. Nos llenó de regalos inesperados: el maravilloso jugueteo de las toninas entre las olas, el vuelo rasante de las gaviotas pescadoras, los nidos de las golondrinas en los huecos del murallón, las tormentas que eran como una fiesta furiosa, los castillos de arena construidos con mil sueños, la piel tostada y ese sabor característico de los que viven cerca de la costa.
El mar de nuestro cariño "Después crecimos y todo eso nos quedó como herencia, vimos que todos los veranos venía mucha gente, tal vez buscando lo mismo. Y la playa cambiaba. cubriéndose de colores y cuerpos pálidos. Era diferente. Pero el mar era el mismo, con más sed para saciar, pero siempre el mismo mar de nuestro cariño. A todos refrescaba por igual y, aunque alguna vez se llevara un bañista, no era culpable. Nosotros lo sabíamos; era la culpa de la negligencia y el desconocimiento de las corrientes oceánicas. Hay que ser prudente en todos los actos de la vida. También eso nos enseñó en su lenguaje de ritmo y sal.
"Hoy el mar es como un viejo amigo, al que muchas veces vamos a pedirle consejos. Es como un sabio compinche de pensamientos para quien no pasa el tiempo, un dador de paz y emoción, tan grandioso y tan humilde a la vez.
Un espejo superior "Parece que quisiera comerse la costa, pero tampoco es culpable. Si un día el hombre limitó la libertad de la costa, hoy debe limitar la invasión marina; no queda alternativa. El mar no sabe de esas cosas; él y la eternidad son una sola esencia, y lo eterno no gasta energías en funciones tan efímeras. Es posible que el mar sea egoísta, pero está solo y nos demuestra un cariño interior.
"Nuestro mar es un espejo superior. Por él vivimos y a él en última instancia nos debemos. Por eso es "nuestro" aunque no pertenezca a nadie, y por eso le dedicamos nuestra admiración de hijos marinos."

DR. PEDRO GUILLERMO BELMES -1966. Fuente: Entresacado de recuerdos del Autor y de la Asociación Amigos de Miramar.
A este señor, que trabajó mucho por Miramar, se lo puede definir como un hombre atraído por la ciencia y la tecnología, o quizás como un escritor que se valió del libro para divulgar sus ideas; pero sobre todo fue para nosotros una figura que se prolongó mediante sus realizaciones y hechos, estampados en la visión perdurable que nos legó.
Concreción de sus ideas fueron esos dos edificios enormes -que pueden albergar a 2.000 personas cómodamente-, conocidos como "Dr. Belmes I" y "Playa II", que poseen respectivamente 264 y 414 departamentos, de uno, dos y tres ambientes.
El Dr. Belmes afirmaba que los valores espirituales debían estar asociados también al turismo; señalaba que las bellas obras de la naturaleza y las creaciones materiales del hombre son importantes, pero que en el fondo constituyen elementos que- como en una Torre de Babel- se frustrarán si los valores espirituales no hacen posible que la vida y la comunicación se desarrolle en ellos. Siendo presidente de la Asociación Amigos de Miramar, allá por el año 1954, impulsó y consiguió con el apoyo general que se adoptara el slogan "Miramar, Ciudad de los Niños", que configura el alma de esta ciudad.

DON MAXIMINO LUIS DALPONTE-1966. Fuente: Contactos directos con Maximino Luis Dalponte y amigos del hogar.
Decimos en lugar aparte que la familia Dalponte es una tradición que enlaza el pasado con el porvenir, que crece a medida que el tiempo avanza. Maximino Luis es a nuestro juicio quien más hizo para ganar el lugar que hoy ocupa en la vida lugareña. Casado con doña Manuela Dolagaray, prolongaron su descendencia con siete hijos: Dora Esther, Eduardo, Rodolfo, Edgardo, Osvaldo, Carlos y Alfredo.
No es desconocida la intensa actividad que desarrollara en la ciudad por estar ligado a la política, lo que lo llevaría a ocupar una banca en el Senado provincial y cargos de jerarquía en la comuna, siendo el más destacado la jefatura municipal.
Obras son amores... Siempre ocupó un sitial importante y lo hizo con la aprobación de su pueblo, con el apoyo vecinal, aún con el de aquellos que no pensaban como él. Entre otras cosas le debemos el primer asfalto que se construyó en Miramar. Hay que reconocer su participación cuando, en oportunidad de construirse el caminoparque MiramarMar del Plata, puso todo su esfuerzo en las activas gestiones realizadas ante la gobernación. También influyó en la construcción de la Escuela no. 1 "Gral. San Martín". Durante su paso por la Comuna se realizó la construcción del Hospital municipal y de otras obras que eran desde hace mucho tiempo reclamadas por los vecinos.
Romántico recuerdo En el anecdotario miramarense se cuenta que cuando don Maximino fue nombrado Delegado en Dionisia, se trasladaba desde Miramar hasta allí en su caballo El Kaiser. Llegaba, atendía todos los asuntos pendientes, y partía de regreso cruzando campos y no por el camino tradicional. Lo hacía así sólo porque de esa manera podía llegar hasta la casa de su novia, doña Manuela Dolagaray, hoy su esposa.

DON ANASTASIO OLAIZOLA, UN PIONERO -1970. Fuente: De la serie "Vidas Miramarenses", de Eduardo Eiris Maglione, que en su momento publicara "Crónica".
Sabiendo que recopilábamos noticias para un libro relacionado con nuestra ciudad, don Eduardo Eiris Maglione quiso dejarnos como herencia de sus inquietudes -formalmente autorizada para su publicación- sus "Vidas miramarenses", que en su oportunidad publicara el periódico local Crónica. Para iniciar esta serie nada mejor y más auténtica que la de Olaizola, pescador que incentivó a otros para crear conciencia de pesca deportiva.
Imagen del luchador En las barrancas, en las playas, en las rocas, en el muelle, en el murallón, por doquier, Anastasio Olaizola empuñaba su caña de pescador; entre gaviotas y golondrinas, con marea alta o baja, con viento o sin él, con frío o con calor, bajo el sol, la lluvia, el temporal, bajo la luna, rodeado de sombras o alumbrado por un farol, durante la mañana, la tarde o la noche, sin solución de continuidad, incansablemente. Lo sorprendí a veces golpeado por las olas, impasible ante el huracán invernal y ante el copioso aguacero, con altas botas de goma y capote, encaramado en una roca, tras una pieza más... Se lo ve alerta, provisto de la caña, casco de corcho o gorra de abrigo, al lado de la cesta o caja de implementos, en todas partes, esperando el pique.
En todas las aguas Conduciendo su baqueano jeep de guerra -con gomas de baja presión que sirven tanto sobre el muelle como sobre la arena-, recorre playas, trepa barrancas, asciende médanos, cruza arroyos, ya en Chapadmalal, Mar del Plata, Pinamar, Mar del Sud, Necochea, Claromecó, Monte Hermoso, Carmen de Patagones; ya en la Laguna de los Padres, La Brava, Mar Chiquita, Chascomús; ya en el río Paraná, Paso de los Libres, Paso de la Patria, Lago San Roque en Córdoba, Nahuel Huapi y otros en Neuquén, en todo lugar de pesca habido y por haber. Conoce nuestra extensa zona marítima como las palmas de sus manos, roca por roca, pozo por pozo, sabiendo qué especie obtendrá aquí o allá.
Bautista -así se lo denomina familiarmente- es de contextura robusta, brazos firmes, mediana estatura, cabello cano, tez rosada curtida por los soles de todas las estaciones; ojos vivaces color verde claro, el color del mar. Raza vasca, hombre de pocas palabras. Nació en el partido de General Alvarado y desde los doce años vive en Miramar. Se inició como herrero y fue mecánico de excepcionales aptitudes, También fue concecionario local de Y.P.F.

DON SANTIAGO COURREGES -1974. Fuentes: Nota periodística repetida del autor repetida hace poco en "El Planeta" .
Hijo de vascofrancés, nació en Maipú, Pcia. de Buenos Aires, en 1894; vino a Miramar en 1912, un año después de la llegada del F.C. Trabajó durante muchos años en la estancia Santa Clara, de Francisco Carmelo Camet. Allí se lo vio talando árboles, alambrando, cocinando para e; personal, haciendo las compras de víveres, compartiendo largas charlas con la paisanada, mateando...
Más tarde se vino a la ciudad ingresando al hotel Miramar, ubicado en la calle 9 de Julio esquina 20, fundado en 1911 por Juan Pescataing, un hotel de amplias galerías y 70 habitaciones, con capacidad para más de docientas personas.
La década del �10 Con marcado orgullo, don Santiago contaba el aspecto que ofrecía Miramar en aquel tiempo, un campoestancia con 45 casas de material y tan sólo tres calles solamente delineadas: la 9 de Julio, la Mitre y la Legarra. Después la iglesia, la rambla de madera, los médanos dorados, y hacia el arroyo El Durazno una inmensa pradera con cardos y margaritas, y tres grandes majadas de ovejas: una sobre la costa, otra sobre el camino a Mar del Sud y la tercera detrás de la estación del ferrocarril.
El viejo hotel Miramar fue demolido en 1957 y en su lugar se edificó un rascacielos de 19 pisos, el más alto hasta la fecha; en uno de los 100 departamentos del nuevo edificio vive precisamente Santiago Courreges.
Miramar desde arriba Durante los cuarenta años siguientes la ciudad fue creciendo con el contraste de siempre, tanto ayer como hoy con panoramas contrastantes, a veces matando la armonía que nos legara la naturaleza. Desde su décimo piso Courreges describía a Miramar de la siguiente manera: "Al norte se divisa Parque Mar, poblada de casitas como de juguete, y el alejado cinturón verde de Chapadmalal; al sud, el magnífico vivero, una lejana franja marina y los dorados médanos; al este el mar, obstruido por los inadecuados rascacielos que constituyen una peligrosa muralla; y al oeste, los techos rojos de los chalets, entre verde y verde; luego otro cinturón vegetal, integrado por las quintas, y allá, muy en lontananza, Dionisia."
Don Santiago Courreges vivió mucho, observó y trabajó mucho. Siempre con su boina vasca, anteojos de lentes muy gruesos, verdosos. Soltero inveterado, arraigado a la zona que lo adoptó.

DON JUAN ETCHANDY -1975. Fuente: Nota realizada a su hija, Julia Etchandy de Isaía.
En 1912 llegó a Miramar procedente de Burdeos, desde el pueblo San Juan de Luz, en Francia, don Juan Etchandy. Pronto se casó con doña Manuela Juárez, perteneciente a una familia de Mar del Plata. De este matrimonio nacieron siete hijos: Julia, Luisa, Juana, Manuela, Pedro Antonio, Ana María y Juan Carlos.
Siempre se recuerda con cariño a don Juan Etchandy, viéndolo pasar en su sulki -construído en el taller que tenía en sociedad con los hermanos Julián y Simón Acha-, tirado por su caballito blanco. Su figura apuesta, delgada, sus largos bigotes blancos, su pañuelo al cuella, su pipa con tabaco francés, su gorra con visera, sus lustrosos botines acordonados, su pie izquierdo sobre el gastado y reluciente eje del vehículo, y siempre, indefectiblemente, usando su impecable ropa azul de trabajo.
Se dedicó durante muchos años a arreglar, vender e instalar molinos de viento; fue agente de los afamados "Agar Gross", "Aer Motor", que instalaba personalmente. Un habitual veraneante de Miramar, don Atilio Roncoroni, cuando hablaba de Etchandy acostumbraba a decir: "A don Juan, cuando se lo busca, hay que mirar para arriba: siempre está arreglando algún molino". Era aficionado a la caza, jovial, bondadoso, pero más que nada trabajador incansable. Dejó recuerdos de amistad imborrables y quienes lo conocieron difícilmente lo hayan olvidado. Falleció el 20 de niviembre de 1945, y su esposa el 27 de julio de 1972.

DON FRANCISCO FIGUEROA MENDIVIL -1975. Fuente: Datos recopilados por el Autor y recuerdos de los familiares.
Como tantos otros hombres que partieron de España en busca de horizontes, don Francisco Figueroa Mendivil arribó a Dionisia en 1916; había nacido en Ancón, provincia de Navarra, en 1895.
Trabajó en Mercedes y al siguiente año se radicó en Dionisia, pueblo que le atrajo. Fue apasionado productor y acopiador de cereales; desde la salida del sol hasta caer la tarde realizaba sus tareas sin descanso, con ese empeño y fortaleza de los hombres de estirpe vasca. En el mismo año que llegó a Dionisia, contrajo matrimonio con doña Dolores Valle y de ese matrimonio nacieron cuatro hijos: Amanda, Dolores, Dora y Raquel. Una familia ejemplar.
Activo comerciante Al frente de su comercio, Casa Figueroa & Cía. -Avda. Mitre esquina 30-, desarrolló una activa e importante acción merced a su capacidad y empeño. Fue agente de las máquinas International y del Banco de la Nación Argentina. Don Francisco Figueroa alternó siempre su actividad comercial, social, cultural y deportivo en Otamendi, juntamente con Círculo Deportivo y más recientemente con el Club de Pesca.
Francisco Figueroa falleció en 1972, y su esposa Dolores Valle de Figueroa, en el año 1974.

DON PEDRO CLEMENTE -1986. Fuente: Nota de su hijo don Pedro Clemente, ex director del semanario "Crónica".
"En el año 1914 se radicó en Miramar, procedente de Junquera, población perteneciente a la provincia de Zamora, España.
"Contrajo enlace con doña Antonia Lorusso en el año 1925 y del matrimonio nacieron dos hijos: María y Pedro; este último en el momento de escribir esta nota ejerce la dirección del Semanario "Crónica".
"En el año 1933 adquirió la propiedad de doña Victoria Rodríguez, frente al almacén "El Labrador", estableciéndose con comercio de ramos generales. Contó con la colaboración de un buen empleado por muchos años, don Maximino Martínez, dependiente con anterioridad en el almacén "Carli".
"Tras una fugaz venta del almacén a don Eduardo Lorusso, don Pedro Clemente vuelve a hacerse cargo del mismo por varios años, vendiéndolo nuevamente y esta vez a don Maximino Martínez, que tiempo después instala en la calle 25 esquina 40 el conocido Almacén "La Victoria", a cuyo frente también se encuentran sus hijos Alberto y Julio Raúl "Pedro Clemente siempre contó con el aprecio de todos por ser un hombre sumamente bondadoso."

DON LORENZO CARLI -RECUERDOS DE 50 AÑOS -1988. Fuente: Recopilación a partir de datos suministrados por su hija menor, Sarita.
Llegó a la Argentina cuando apenas tenía 12 años. Su patria fue Austria; nació en el Tirol y traía signos de aquella cultura como incorporada en los tiempos de la llamada Civilización de Halstatt. Conoció a su país a través de la lectura, y siempre recordó hechos salientes de su historia. Lamentó siempre no haber conocido mejor a su país. En Miramar buscó y halló su posición definitiva. Fue en el campo, en una planicie semejante a la fértil llanura que se extiende al norte del Danubio. El sabía del clima moderado de esta zona oriental, también sabía que los inviernos eran atemperados por el mar. Aquí encontró lo necesario para reponer su nostalgia.
Encargado de estancias Allí, en el campo, fue encargado en una estancia en Coronel Vidal, a los 18 años; administrador de la estancia La Adelina, de don Acebedo Ramos; encargado de la estancia La Eufemia, de don Fernando Otamendi; luego propietario del edificio que él mismo construyó para el almacén "El Labrador" en 1910 en pleno barrio Las Flores. Señora, prole numerosa, felicidad, todo fue alcanzado por este hombre inquieto que ha dejado huellas perdurables.
Carretas y automóviles Sarita Carli de Mesa nos trae el recuerdo de hechos y vecinos del lugar; recuerda a Ernesto Trovatt, Lorenzo Sánchez, José Mesa, Salvador Bidegain, el almacén de Metol, el "Tome y Traiga". Recuerda el paso de las carretas, algunas de ellas tiradas por bueyes, que venían en busca de arena desde la estancia "Las Piedritas". Nos cuenta también que en los grandes premios automovilísticos ella misma atendía el surtido a manija, donde cargaban combustible Raúl Riganti, Fernando Neri, Antonio Lozano, Angel Lovalbo, y otros.
Amigo de los niños Hoy el barrio de Carli sigue siendo el lugar elegido para levantar tribunas políticas, para que se reúnan los vecinos y para que allí ¾en la placita que lleva el nombre de don Lorenzo¾ estén todos los chicos del barrio. Muchos se preguntarán: ¿por qué su nombre a la plaza? La respuesta brota de inmediato: porque era un hombre bueno, servicial y amigo, muy amigo, de todos los niños.
Don Lorenzo falleció el 18 de julio de 1949; su esposa, doña Petrona Lucchini, el 7 de diciembre de 1969. Del matrimonio nacieron once hijos: Emilio, Adela, Isabel, María Ofelia, Félix, Raúl, Juan Nemecio, Zulema, Sara, Sirio e Hilda.

DON ESTEBAN PABLO ENTRÁTICO - 1943.Fuente: Los datos fueron aportados por sus descendientes; recuerdos del Autor.
Gozaba don Esteban -que vino a Miramar el 20 de junio de 1929- de grandes simpatías en todos los niveles sociales de la ciudad, por la corrección de su vida privada así como por su actuación comercial y pública.
Actuó con entusiasmo en todos los centros y sociedades que propendieron al progreso; su acción tesonera e inteligente lo hizo un elemento valioso en las entidades sociales de responsabilidad. Fue presidente de la sociedad La Colectiva durante mucho tiempo; más tarde fue miembro activo de la Asociación de Propaganda y Fomento de Miramar, demostrando siempre su afecto por la ciudad.
Don Esteban Pablo Entrático falleció el 30 de setiembre de 1943, dejando imborrable recuerdo entre quienes estuvieron siempre cerca y alcanzaron a conocer su empuje y su espíritu de participación.

Personajes de larga trayectoria. Antiguos inmigrantes de valía, Residentes fallecidos hace muchos años cuyos demás datos no se disponen
UN LISTADO DE INOLVIDABLES 1983. Fuente: Recopilación del Autor de los recuerdos aportados por los familiares y amigos.
Los nombres que siguen testimonian la presencia de los inmigrantes de las primeras décadas de Miramar, la mayor parte españoles -muchos vascos, rectos y callados-, pero también italianos y de otro origen, que se mezclaban alegremente con los hijos de esta tierra, donde eran recibidos sin discriminaciones, con un abrazo. Eran tiempos sin recelos, y aquéllos eran otros hombres. Vale la pena mirarlos, aunque ya no estén. -La mayor parte murió entre el �30 y el �55.
· Juan Acha
Nació en Bayona, Pontevedra, España, en el año 1896, llegando con sus padres a Miramar en 1899, cuando apenas tenía dos. No tenía parentesco alguno con gente del mismo apellido que habría de llegar a Miramar también por aquellos años. Trabajó en la actividad rural. Se casó joven con doña Sofía Cepeda, oriunda de Miramar; tuvieron ocho hijos. Don Juan Acha falleció en la trágica explosión de la fábrica de pólvora ubicada en la Avda. 37 entre 68 y 72, conocida como El Polvorín, en octubre de 1943.
· Félix y Juan Lucchini
Félix Lucchini era un inmigrante italiano que llegó a Miramar en el año de su fundación, 1888. Estaba casado con Elisa Baroni; tuvieron cinco hijos cuyas descendencias perduran entre nosotros, y toda su vida fue muy laboriosa desde el instante mismo de llegar a estas tierras.
Juan Lucchini fue uno de los hijos primeros de Félix, nacido en 1875; contrajo matrimonio con Teresa Pagani, unión de la cual nacieron cinco hijos: Plinio, Electra, Elisa, Armando y María Ester. Aún es recordada la casa quinta de la familia Lucchini por la hermosa plantación de frutales que poseía, especialmente cuando era la época de las cerezas. Desárrollaronse luego en la industria del ladrillo, tarea en la cual el mayor de los hijos, Plinio, fue el que más secundó a su padre. Mantuvieron esta industria pos casi cincuenta años.
· Cesáreo Gallegos
Vino desde la provincia de León, España, en 1918. Tuvo nueve hijos: Manuel, Lizardo, Benigna, José, Jacinto, Bernardino, María Elena, Felipa Cesárea y Francisca.
Fue propietario de la fonda "La Leona", en la calle 40 ¾casona que él mismo construyera¾, que atendía solícitamente en compañía de su esposa. El sitio fue reunión de la paisanada y de gente de campo de la zona. Falleció Cesáreo Gallegos en 1938, y su esposa en 1977.
· Francisco Gabriel Pérez
Nació en Zamorano, España. Llegó en 1918, y se casó con doña María Elena Falco. Del matrimonio nacieron 11 hijos: Gabriel, Luz Esther, Carlos Floreal, Julio Argentino, Emilio Arnaldo, Jorge Placer, María del Carmen, Freedy Orlando, Andrés, Luis Vicente y María Emilia.
Fue un albañil muy jerarquizado y un vecino que participó en actividades sociales y deportivas de la época, muy querido y respetado.
· Domingo Jorge
Casado con María Victoria Luis. Vino a Miramar en 1942.
Cuando llegó desde Portugal, su patria, trabajó en el campo del señor Viera, y luego en su estancia La Colmena. Más tarde, en Miramar, tuvo la pensión "Lisboa", lugar sumamente acreditado y concurrido, ubicado en la calle San Martín (la 40).
Tuvo tres hijas: Emilia, Margarita y María Augusta. Constituyeron todos una familia muy apreciada.
· José Turiani
Nació en 1860 y murió en 1941.
Llegó a Miramar procedente de Génova, Italia. Tuvo dos hijos: Luis y José. Trabajó de albañil y ha dejado trabajos apreciados que todavía perduran.
· Elías José Aón
Casado con doña Arminda Rossi, del matrimonio nacieron cinco hijos: Julia, Arminda, Reynaldo, Alfredo y Rodolfo.
Procedente de Beirut, llegó a la Argentina en el año 1901. En Miramar instaló su negocio de tienda y mercería denominado "La Media Luna". en la Avenida Mitre esquina 34, que llegó a tener una gran cantidad de clientes.
Falleció el 27 de julio de 1950, a la edad de 68 años, y su esposa, doña Arminda, el 11 de febrero de 1955.
· José Mele
Activísimo vecino cuyo deceso se produjo el 7 de setiembre de 1942.
Fue un comerciante honesto, que actuaba en el ramo de zapatería. Constituyó familia y tuvo seis hijos: Josefina, Pascual, Anita, Teodolina, Dante y María.
· José Mesa
Llegó de Asturias, España, en el año 1909. Radicose en el barrio Las Flores.
Se casó con doña Carmen Nogueiro, y tuvieron 11 hijos: María, José Ramón, Rosa, Filomena, Arminda, Baldomero, Marcelino, Ricardo, Carmen, Mercedes y Enrique.
Falleció en 1938 y su esposa en 1970.
· Silvina Parraviccini de Agrelo
Fue una de las primeras veraneantes de Miramar, radicada luego en este lugar. Propietaria del chalet "Mamapinas", ubicado en la avenida costanera, fue de los primeros en esa ubicación.
Falleció en la Capital Federal el 15 de mayo de 1943.
· Marcos José Dalponte
Casado con doña Josefa Guerricagoitía, tuvieron cuatro hijos: Raúl, Néstor, Irma e Hilda. Trabajó mucho en el campo "La Julia"; arador en la chacra de su hermano Maximino. Valuador, por muchos años, él fue quien hizo el trazado de las calles de Dionisia, arando la tierra.
Tuvo una imprenta en sociedad con su sobrino Maximino Luis, llamada "Buenos Aires", en la calle 9 de Julio entre 32 y 34. Era activo, inteligente y gran amigo de todos.
· Frutos Quiñones
Vino desde León, España, en 1904. Trabajó primero en comarcas chaqueñas; luego en Miramar, como jardinero, siempre entre flores...
Jamás le faltó su boina vasca y su pañuelo negro al cuello, su faja y un gran cuchillo jardinero que era su herramienta de trabajo. Vivió siempre muy cerca del mar.
· Antonio Varde
Llegó a Miramar en 1930, y vendió diarios ininterrumpidamente, durante más de 20 años.
Su voz era una campana que repiqueteaba durante todo el día. Recordamos que pregonaba y entregaba las revistas mostrando siempre su gracia natural y una sonrisa.
Se lo veía por todas partes en bicicleta, y donde fuera era recibido siempre con gran simpatía por su permanente buen humor.
· Lorenzo Allende
En 1912 se casó con doña Petrona Otamendi. Había nacido el 30 de diciembre de 1886 y era hijo de don Claudio Allende y Cabeza.
Desempeñó un sin fin de cargos en la comuna; fue concejal durante varios años, presidente del Concejo Deliberante en 1915 y 1916. Sustituyó en la intendencia a Atilio Orlía en 1917.
Dejó una familia muy extensa y querida en Miramar.
· Luciano Guegnolle
Fue un hombre de gran trayectoria en Miramar. En 1913 publicó un "Tratado de farmacia teóricopráctico".
Con mucha iniciativa, acompañó todos los proyectos progresistas que se iniciaban en el pueblo. El presbítero Juan Pascual Massanet realza su personalidad en el libro que escribió en 1921.
Se radicó en Miramar en 1918 y fue propietario de la farmacia "San José".
· Edmundo Díaz
Participó siempre en los acontecimientos sociales que se dieron en Miramar. Era cicerone de los veraneantes, y gran pescador de caña.
Casado con doña Jacinta Arbizu, tuvo una numerosa y respetable familia: Rosendo, Julio, Josefina y Eladio.
Puso luego una confitería, ubicada en las calles 9 de Julio y Sarmiento; fue éste un lugar muy simpático donde se reunían gran cantidad de familias miramarenses.
· José Benito Pérez
Casado con doña Martina Barendiaín, fue siempre hombre de campo.
Crió ovejas y ganado de distintas variedades. Sus actividades fueron siempre secundadas por sus hermanos Eduardo, Pedro, Andrés y Jacinto.
De su matrimonio nacieron nueve hijos, a quienes todos recuerdan con gran cariño: José, Emma, Elsa, Alberto, Saúl, Elvira, Néstor, Carlos y Edith.
· Pedro Andueza
Estaba casado con doña Francisca Dolagaray; había venido a Miramar desde Villa Sauce, lindando con La Pampa, e instaló un almacén llamado "Fénix" en el encuentro de las calles Mitre y la 30.
Durante muchos años fue el alma de la sociedad que agrupó a los almaceneros minoristas del pueblo.
Sus hijos Lucía, Anselmo, Luis, María Esther, María Nélida y Pedro Rodolfo, simpre vivieron con el ejemplo de vida que sus ancestros supieron dejarles.
· Salvador Arbelaiz
Otro vasco español que llegó a Miramar con su esposa doña Francisca Olazagasti con la idea de no permanecer mucho tiempo aquí. Pero tenían amigos, de los que jamás se pudieron separar. Tuvieron ocho hijos: Josefina, Carmen, Candelaria, Salvador, Palmira, Angélica, Elvira y Alberto Eugenio.
Tuvo una casa de forrajes y despacho de nafta y de aceite. Aún recordamos el surtidor que tenía instalado en la vereda de la diagonal F. de la Plaza, frente al domicilio de Ramón Granzotto.
El matrimonio Arbelaiz vino de Guipúzcoa, España, en el mismo barco donde viajó José Acha, su cuñada Francisca Elizondo de Acha y su hija Josefa.
· Enrique van Peteghem
Vino desde Bélgica cuando apenas tenía siete años de edad. Cuando fue mayor se casó con doña Vicenta Soares, y de este matrimonio nacieron siete hijos: Luis, Eulalia, Pedro, Haydee, Otilia, Geraldina e Irma.
Llegó a Miramar enviado por Agar Cros a colocar un motor en la Usina Eléctrica, y nunca más regresó a Buenos Aires. Paraba en el hotel Balbuena, y desde una ventana acostumbraba a deleitarse mirando la laguna Elías, que se confundía con el mar. Hay que recordar que ésta tenía antiguamente una dimensión mayor a cuatro manzanas.
Don Luis siempre andaba con su motocicleta, "haciendo ruido"; era un mecánico notable, y persona muy querida. Tuvo su primer bicicletería ubicada en la calle 28 entre 15 y 17. Falleció en 1954, y su esposa en 1968.
· Ernesto Terruggi
Procedente de Ayacucho, ciudad de la provincia de donde era oriundo, llegó a Miramar en el año 1934. Casado con doña María Bella Arata, tuvieron cuatro hijos: Mabel Nibia, Mario Ernesto, Oscar Aroldo y Nilda Esther.
Vino contratado para realizar tareas en el Playa Hotel, de Carlos Casagne, con la intención de regresar nuevamente a su ciudad; pero Miramar y su gente lo atraparon, y aquí vivió hasta su muerte en el año 1963; su esposa había fallecido en 1955.
· Ángel Prieto
Era nacido en un pueblito de la provincia de Zamora, España, desde donde vino con su esposa, Catalina de la Fuente, en 1911. Tuvieron dos hijos, Nicolás y Carmen.
Era un hombre de campo y le agradaba ver crecer los trigales; criaba animales de corral con el estilo que se seguía en su patria. Cuando los años pasaron se radicó en la ciudad. Fue vecino apreciado y querido por todos.
Falleció el 17 de marzo de 1973, y su esposa había muerto ya en 1932.
· Antonio Ferrari
Era uno de los vecinos más antiguos de Miramar; había venido de Austria siendo muy chico; se casó con doña Emma Dalponte, y del matrimonio nacieron 11 hijos: Martín, Antonio, Enrique, Armando, Catalina, Adelina, Clara, Emma, Luisa Albina y Clemente.
Durante varios años tuvo el almacén "Buenos Aires", en la Avda. Mitre y calle 36, en sociedad con Maximino Dalponte, de donde eran clientes muchos miramarenses.
· Fernando Triviño
Era uno de los pocos andaluces que vinieron a Miramar; aquí se casó con doña María Fernández, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Fernando José, José Bernardino, Pura, Francisco Antonio y Haydee.
Siempre se desempeñó en tareas rurales, destacándose en la siembra de trigo y de papa. Falleció en 1957. Dejó una familia ejemplar.
· Teodoro Rocca
Junto con Juana Eduarda Luro formaron un matrimonio del cual nacieron cuatro hijos: María Angélica, Rogelio Abel, Raúl Alberto y Reynaldo Adelqui.
La mayoría de las fotografías que aún podemos apreciar del Miramar de antaño se la debemos a este hombre, que abrazó su profesión con vocación artística
La familia Rocca ha dejado un grato recuerdo entre nosotros. Don Teodoro, hombre culto y de una conducta intachable, merece nuestra recordación.
· Pedro Olaizola
Casado con doña María San Martín, tuvieron diez hijos con los cuales formaron una querida y respetable familia: Francisco, Anastasio, Carmen Tomasa, Antonio, Bernardina, Pedro Enrique, José, Rómulo, María Inés y Gabina Esther.
Don Pedro, de origen vascofrancés, llegó a Miramar siendo muy joven e instaló una herrería en la calle Legarra y 28, para mudarse más tarde a la Avda. Mitre y 48. Allí trabajaron muchos de sus hijos.
Perdura el recuerdo de la familia Olaizola y sus lazos de parentesco se han extendido a muchas familias de nuestro ambiente.
· Claudio Allende y Cabeza
El 30 de junio de 1938 falleció a la edad de 88 años don Claudio Allende y Cabeza. La noticia de su fallecimiento causó dolor entre los vecinos porque su larga y fecunda vida fue un símbolo en estos parajes.
Don Claudio, nacido en España el 30 de octubre de 1849, llegó a nuestro país a los veinte años de edad y contribuyó al progreso de estas tierras con todas sus energías. Conoció estos parajes ocho años antes de que se fundara Miramar, y su vida transcurrió en una sucesión de actividades inteligentes. En todos los aspectos destacó su hombría de bien. Contó con la estima y el reconocimiento de las personas que lo trataron.
La entereza y las virtudes de Don Claudio perduran en sus hijos: Estanislao, Claudio, Lorenzo, Juan Antonio, Ramón, Pedro, Carmen, María, Claudia y Josefina.
· Juan Storani
Llegó a Miramar en 1905, procedente de Puerto Ricanatti, Italia. Se casó con Rosa Estefanía Galli, y tuvieron dos hijos: Elio Humberto y Aurelio Juan.
Trabajó al comienzo en el tendido de las vías del F.C. del Sud. Después se instaló con su familia en una chacra cercana a Miramar, por poco tiempo. Luego trabajó para la municipalidad regando las polvorientas calles del pueblo. En su casa quinta de la calle 37 criaba aves de corral, incluso faisanes.
Falleció el 6 de junio de 1976 y su esposa en octubre de 1991.
· José Galli
Procedente de Italia llegó a Miramar en 1890, ya casado con Herminia Chiodini.
Primero fue puestero en la estancia La Adelina, de Dionisia. En la sección quintas de Miramar instaló un horno de ladrillos. Labró la tierra para instalar una quinta y plantó frutales, los que aún hoy se recuerdan.
Seis hijos formaron esta familia: Haydee, Estefanía, José, Ángel, Emma, Guido, Herminia, Humberto y Helio.
· Zenón Lumbreras
Vino de España en 1928, ya casado con Loreta Bueno, residiendo en Trenque Lauquén varios años.
En 1943 vinieron a Miramar con sus hijos, trabajando varias parcelas de tierra que alquilaba como quintero; el producto lo vendía en una charret, como lo hacían los quinteros entonces.
Tuvieron seis hijos, falleciendo dos a temprana edad; los restantes son: Manuel, Ángel Ismael ("Cacho"), Oscar Felipe y Celia Olga.
· Ángel Lumbreras
También en 1943 llegó a Miramar don Ángel Lumbreras, ya viudo, con sus hijos Aureliano, Nancy, Ángel, Victoria e Irene. Se establecieron en la quinta El Palomar, calle 21 entre 60 y 64.
Se dedicó al cultivo de hortalizas, que vendía personalmente. Todos sus hijos desarrollaron una intensa tarea en lo deportivo, cultural y social.
Uno de sus hijos, Ángel, fue fundador de la Biblioteca Popular D. F. Sarmiento, y actuó en la Cooperativa de Consumo "Ciudad y Campo" y en otras entidades culturales y sociales.
· Avelino Acosta
Llegó a Miramar siendo aún niño; venía de España, precisamente de Hornillos de Camero, Castilla la Vieja, Logroño.
Se casó en Dionisia con Casilda Martínez, de nacionalidad española. Nacieron nueve hijos: Avelino, Nelly, Hugo, Enrique, Fenia, América, Juan, Isabel y Mabel.
Don Avelino estuvo ligado a la actividad ferroviaria; fue gremialista y dirigente de la Unión Ferroviaria. Resultó electo diputado provincial por Bahía Blanca, más tarde intendente municipal de Miramar (en 1964) y luego concejal municipal. Fue además un activo cooperativista.
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Estas páginas fueron creadas en reconocimiento al autor del libro "100 años de anecdotario histórico de Miramar", don Segundo Acha, amante eterno de la ciudad de Miramar y su historia, y también con el fin de que todo el mundo pueda conocer a ésta, mi ciudad, a través de este texto.
Para enviar críticas, alabanzas y/o sugerencias respecto a estas páginas, pueden comunicarse por e-mail con Daniel Choclin, quien con mucho gusto espera las mismas en la dirección [email protected]
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