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TESTIMONIOS

 

 

A continuación, se detallan algunos testimonios que dan cuenta del fenómeno. Los mismos fueron extraídos de una pagina de un ex-adicto a los canales de chat, que posee varias páginas en Internet:

 "Me llamo, xxxx, tengo 22 años, y vivo conectada al IRC, en el server DALNET, canal # Argentina, desde hace un año...descubrí tu escrito...y creo a ciencia cierta que soy adicta a esto...y que quiero salir..hace un año que vivo para IRC y no se que hacer...tu texto me pego 100%. Ojalá pueda salir...y se que esto es adictivo...Trabajo y estudio con computadoras...como hago???"

A la hora de dilucidar los efectos generados, detrás del IRC, los castigos superan a los premios. Si bien se entablan lazos sociales recreando una nueva forma de comunicación, el tiempo utilizado para la diversión, hace que se le quite tiempo a otras actividades más importantes como ser el estudio. la familia, la pareja, los amigos, etc.

 "...Ahí encontré los amigos que jamás tuve,,,ahí me siento libre...mas como me gustaría ser y no puedo por mi timidez...el viernes se me vino el mundo abajo...cuando me di cuenta que si, perdí un año de estudio...un año de vida...estoy intentando zafar...empecé dejando de venir sábados y domingos a la facu a hacer Chat...ya que venia exclusivamente a eso..."

 Aunque el mito de la frialdad de las computadoras esta extendido por toda la red, lo cierto es que esta recorrida por pasiones desenfrenadas. Allí las identidades se transforman, se anulan, se proyectan. El tiempo se disipa. La instantaneidad es una clave.

"Hay días en que estoy destruida porque me cuelgo toda la noche, por trabajo y para chatear, y a la mañana no me puedo levantar, lo que pasa es que siempre decís: me quedo un ratito mas y basta pero no hay limite"

La libertad que se experimenta en los canales de chat, no tienen límites, llevando a muchos participantes al borde del exceso, encontrando la noche como mejor momento para realizarlo, ya sea porque las tarifas telefónicas son más baratas o porque es el horario donde todos se encuentran para intercambiar palabras.


Otro caso

 Un cibernauta italiano asegura haber sufrido alucinaciones tras pasar tres días navegando por Internet, aunque no explica por qué tipo de webs navegó.

 El caso ha sido conocido gracias a un psiquiatra de la Universidad Gregoriana de Roma, Tonino Cantelm, quien cree que más de cinco o seis horas de navegación por la red crean dependencia.

 Esa adicción se traduce, según Cantelm, en "sufrimiento" si el cibernauta está lejos del ordenador y no participa en los foros de discusión en Internet.

 Este caso, el primero conocido en Italia, se descubrió en el curso de una investigación que se está realizando para determinar el perfil de los adictos a Internet en Italia.

 Según los primeros resultados de este estudio, los internautas italianos adictos a la red tienen alrededor de 30 años, buena preparación cultural, son solteros y comienzan a utilizar Internet en el trabajo.


 

Texto aparecido el 13/10/99 en el diario La Nación

Autor: Marta García Terán De la Redacción de La Nación

 Hace dos años y medio, Marcos Estévez conoció las bondades de Internet. Y lo dejó todo por ella. Del uso pasó, en poco tiempo, al abuso del ciberespacio y de allí a tener una inmanejable necesidad por estar conectado a la Red. Poco le importaba, entonces, lo que pasaba en su vida real; sólo lo virtual era una realidad para él.

 Marcos tiene 33 años, es vendedor y ese trabajo le allanó el camino para internarse en las salas de chat. "Le decía a mi mujer que me iba a vender algo y no bien pisaba la calle me iba a un cibercafé, donde me quedaba cinco, seis y hasta siete horas.

 "Cuando llegaba a casa, supuestamente de trabajar, esperaba a que la familia se durmiera, para que no me vieran, y me volvía a conectar por cuatro o cinco horas más", recordó.

 Los reclamos de su mujer y de sus dos hijos no tardaron en llegar. Pasaba más tiempo frente a la computadora que con su familia. Lo que ellos no sabían era que los ingresos habían disminuido y que Marcos había dejado de pagar sus cuentas para saldar deudas con cibercafés y estar al día con las conexiones de Internet.

La esposa de Marcos tuvo mucho que ver en la recuperación de la adicción sufrida por su marido.

 

 Es que cuanto más chateaba, menos trabajaba. La Red lo atrapó de tal manera que le mentía a su mujer, adelgazó 20 kilos en un año, tuvo que pedir una beca en el colegio de su hija y se escondía para conectarse, mientras las peleas familiares aumentaban y las horas de sueño disminuían en forma drástica.

 Llegó un punto en el que el hombre prácticamente no dormía, no comía ni trabajaba: "Cada vez tenía menos plata y más problemas. Hasta que me di cuenta de que no podía seguir así y tuve que iniciar un tratamiento. Por suerte ya estoy mejor y sólo uso Internet para trabajar, aunque tengo que tener cuidado de no caer en lo mismo", explicó a La Nación.

 El de Marcos, cuyo verdadero apellido no es Estévez, no es el único caso de un problema que en la Argentina apenas comienza a asomar, pero que en los Estados Unidos ya está bien definido y es tratado desde hace unos cinco años: el de las ciberadicciones.

 

 
 
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