| 4. Teología moral fundamental |
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CRISIS MORAL DE NUESTRA SOCIEDAD Este deterioro de la moral la encuadra la filosofía en toda una sociedad y modelo cultural que se va derrumbando. El modelo clásico se ha venido a llamar "modernidad", y la crisis de hoy sería la "posmodernidad. En la modernidad nació desde la Ilustración hasta la Segunda Guerra Mundial aproximadamente, ya que dicen los filósofos que estamos en un periodo de transición. Se creía en el progreso, el hombre llevaba las riendas de la historia, la ética estaba separada de Dios y triunfaba el interrogante del filósofo Kant sobre el deber moral y su imperativo categórico, "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". En el plano religioso el hombre moderno sentía que había robado su libertad a los dioses, y se sentía fuerte frente a una trascendencia opresora del hombre. La "modernidad" era una sociedad atea, donde la razón es una búsqueda que se abre ilimitadamente al hombre moderno. Las razón y la ciencia habían triunfado frente a la religión, decían. Sin embargo, la "posmodernidad" destruye muchos de estos valores, con algunos nuevos rasgos que ya podemos ver. La "posmodernidad" detiene la idea de progreso y se encuentra de frente con el fracaso, que conduce al escepticismo. El "superhombre" que quería ser, ahora se siente incapaz de acabar con el hambre, la miseria o la guerra. Está condenado a repetir sus atrocidades históricas, una tras otra. La sensación es de ser víctima de sí mismo, ya no triunfa, sino que sobrevive aislado de otros hombres. Es más pesimista, la humanidad ya no lo puede todo. Se refugia en la apariencia y la estética, y desprecia lo moral. No importa tanto ser bueno, como parecerlo. La estética triunfa sobre la ética, separando el comportamiento moral público del privado. En lo privado se puede hacer lo que se quiera, en lo público hay que guardar las formas. El mito de nuestro tiempo es "Narciso", importa la apariencia, la juventud adolescente eterna, el dinero, el éxito y el triunfo inmediato. Los valores del sacrificio, la penitencia, la humildad o la generosidad se ponen en cuestión. La misma solidaridad acaba siendo una lucha de egoísmos La "posmodernidad" trae un retorno de la religiosidad, entendida como consumo y compraventa. Las religiones tradicionales aparecen como demasiado "dogmáticas", y son rechazadas con escepticismo y fuertes críticas. El refugio religioso del hombre de hoy será lo esotérico, los horóscopos, los brujos y magos, las sectas o los psicólogos; todo ello entendido como remedio para la infelicidad. El concepto de pecado molesta, ya no se mira directamente a Dios, salvo para justificar la conducta. La idea que nos hacíamos de Dios como Padre, con alguna autoridad, es sustituida por un Dios "abuelito" o "light", que tolera todos los caprichos y acciones. Dios se convierte en la medida de mis necesidades. Dios ha resucitado en la "posmodernidad", pero lo ha hecho enmudecido, para que no moleste demasiado. Ser ateo hoy suena demasiado intransigente, el agnosticismo será la opción públicamente correcta en la posmodernidad. Lo religioso quedará para el ámbito de lo privado, incluso se considera ser intolerante o irrespetuoso hablar de Dios públicamente. En la "modernidad" se buscaba la razón y la verdad. Esta se suponía cercana a las ciencias, pero la "posmoderidad" comprueba una pluralidad discursiva, de ahí su escepticismo. Todo es discutible en la posmodernidad, todo es relativo. Deja de haber una verdad para pasar a no creer en nada. Ninguna verdad será posible. O se afirma la única verdad posible: "nada es verdad de manera absoluta". Esta "posmodernidad" acarrea una fragmentación del hombre, conducente a un profunda infelicidad. El resultado es una especie de vacío sin tragedia, no importa quienes somos pero nos da igual. El refugio de la felicidad es la "fiesta eterna". Es el "don´t worry be happy", traducido significa "no te preocupes, se feliz". La moral posmoderna se divide en moral pública y moral privada. También hay una disolución de los valores morales que se hacen cambiantes según sean las circunstancias. La tolerancia se convierte en pasotismo; y la moral se relativiza, ya no hay catálogo de pecados, cada uno se hace una moral a su medida. Los principios morales de la "modernidad", muchos de ellos sustentados por el marxismo, se derrumbaron con la caída del muro de Berlín. Ha desaparecido cualquier posibilidad de hacer un mundo distinto, justo, solidario, y a la altura del hombre. La utopía no puede vencer al mercado, y la única moral que se va imponiendo es la del liberalismo capitalista, siempre hedonista, retocada con algunos parches del posmarxismo tales como el feminismo, la defensa del medio ambiente, o el pacifismo. El "modelo económico capitalista" es el modelo cultural, económico y social, que incorpora una serie de valores y de pautas de comportamiento cuyo principal valor moral es la sociedad de consumo. La moral del capitalismo sustituye a toda una serie de valores anteriores clásicos, propios de la Ilustración o del cristianismo. La clave será la libertad de elegir, ese es el fundamento de toda moral hoy, si hay libertad, parece que no hay problemas. Sin embargo parece que la libertad del hombre de hoy es menor que hace décadas. La libertad entendida como autocontrol, no como opción variada de formas distintas de bienestar. La sociedad de consumo actual condiciona esa libertad con sus dictados de consumo, productos y marcas. El capitalismo ha secuestrado la libertad haciendo un valor absoluto en el debate moral, libertad ante la conciencia, ante Dios, ante la sociedad, ante la vida,... Su único límite es la libertad de los demás, máxima que predica también el liberalismo económico. La autoridad como valor entra en recesión, al igual que el Estado, cuya intervención es para asegurar el bienestar. Los demás valores se supeditarán a éstos: libertad y bienestar. Esta moral posmoderna y capitalista tiende a considerar todo como si fuera un valor económico, "tanto tienes tanto vales". Es una consigna tan cierta como antigua. Por ejemplo, los hombres y sus vidas tienen valor en función de su categoría social, y un pobre no vale lo que un hombre rico, un Palestino no vale lo que un Norteamericano. Hemos creado una nueva sociedad con categorías de ciudadano, la igualdad es el valor más en retroceso cuando la libertad se absolutiza. Esta moral está fuertemente influida por la publicidad, el actuar se convierte en una búsqueda inmediata del placer, es la construcción de una sociedad hedonista, incapaz de sufrir salvo por más bienestar y dinero. El valor del tener y de las posesiones estará por encima del valor de la gratuidad. El hombre que hace las cosas gratis está en crisis, por eso cuesta tanto tener un hijo o hacer algo toda la vida. Se busca el "tener" como intento de ser "algo" en la vida. El éxito y el poder se van a situar en la atalaya de la sociedad. El valor supremo es triunfar a costa de todo, es llegar a la cima. Esto se aprecia en los medios de comunicación audiovisuales donde lo que más importa para muchos personajes que inundan la información rosa o los concursos es ser "famosos", sin más. Es el triunfo del narcisismo llevado a su más absurda situación. Moralmente importarán los fines sin reparar en medios. La ética de la posmodernidad capitalista invita a la apariencia y al disimulo, es importante el aspecto externo más que el interior del hombre. La estética inunda y barre los valores morales tradicionales. Lo bello tiene presencia, lo bueno tiene que ser forzosamente hermoso, sino tal vez deje de ser bueno. Esto distorsiona la verdad moral de muchas cuestiones, asuntos que son complejos tienen una solución estética más que moral. La elección de un candidato a cargo público tiene que ver más con su aspecto estético externo que con la capacidad del sujeto. Es decir, lo importante no es ser bueno, sino parecerlo; los valores del cuidado del cuerpo, de la moda y la estética en las formas sociales están por encima de la bondad o maldad de los hombres. La moral está en crisis, pero tampoco termina de desaparecer, tal vez, porque no sea posible, y en el fondo se aprecia que se necesita al menos unos mínimos éticos para poder sobrevivir. Para el cristiano, sin duda, la pregunta moral es ineludible, ser creyente implica tener un estilo de vida. Creer en Jesucristo no puede ser sólo aceptar unas ideas teológicas, ser creyente lleva necesariamente a un compromiso de vida. La moral teológica debe ayudar a plantear y a resituar un estilo de vida distinto, que sabemos que nos conduce a la Felicidad. |
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