3. Intro. H. Iglesia. Concepto de patrología y patrística.
3. Introducción a la Historia de la Iglesia desde la Patrología  

CONCEPTO DE PATROLOGÍA Y PATRÍSTICA.

No es exactamente lo mismo la patrología que la patrística. Patrística sería la ciencia que tiene por objeto el conocimiento de la doctrina, obra y vida de los Santos Padres. La patrología hace referencia al tratado de los Santos Padres así como a la colección de sus escritos. Este segundo término remite más a la obra que a la persona y vida. Para nosotros no es relevante esta distinción, por lo que usaremos indistintamente cualquiera de los términos.

Llamamos Padres de la Iglesia a aquellos escritores eclesiásticos de la antigüedad cristiana que la Iglesia considera testimonio autorizado de la fe. Hay cuatro aspectos que podemos deducir: lo primero es que estos escritores son eclesiásticos; no es necesario que sean curas o obispos, también hay laico. Lo relevante es que todos ellos escriben y son cristianos. En segundo lugar, son autores que pertenecen a la Iglesia antigua; y podemos acotar perfectamente hacia el año 636 como finalización de la época de los Padres. Por supuesto, hay diferentes opiniones doctrinales sobre la consideración de unas fechas u otras, ésta que he señalado me parece buena porque el 636 es la fecha del fallecimiento de San Isidoro de Sevilla, en algún momento hay que poner el inicio del medievo, y retrasarlo más parece excesivo. Otros autores prefieren fijar la fecha del inicio medievo en la caída de Roma. También existe la opinión que trata de recoger la patrología de los Padres de Oriente, extendiéndolo incluso hacia el año 1000. No entramos en estas discusiones. Lo que es imprescindible es hablar de unos siglos de oro (siglos IV y V) y de sus antecedentes, el final queda abierto como la misma historia.

El tercer aspecto en nuestra definición recogía que la Iglesia los consideraba un testimonio autorizado. Aquí estaría el primero de nuestros problemas, ¿Qué es exactamente "testimonio autorizado"? La cuestión no es sencilla, porque la iglesia considera ese "testimonio autorizado" desde los ojos del que mira el pasado y descubre herejías, heterodoxias y controversias. Mirar así es muy fácil hoy; pero en el momento en el que se hicieron no estaba tan clara cual era la ortodoxia, la santidad o la heterodoxia. La buena fe de estos Padres está fuera de duda. Luego la historia ha condenado y dejado en el olvido a unos más que otros, por cuestiones a veces muy coyunturales. Hoy la teología trata de poner a cada uno en su sitio, buscando la verdad en los autores y en su pensamiento. Por eso, es quizás más conveniente hablar de escritores eclesiásticos sin más. Decía Congar, teólogo del Concilio Vaticano II, que estamos ante el estudio de la tradición de la Iglesia. Separar los autores "santos" de los "heréticos" nos podría conducir a una confusión total. Si se formó la redacción del dogma desde la controversia, habrá que examinarlo tal y como se hizo, dividir su estudio en buenos y malos nos llevaría a una subjetividad tan excesiva como poco académica. Tampoco podemos reducirlo a una igualdad injusta, son distintos y sus aportaciones son variadas. Santos y herejes estuvieron en la misma aventura, no es posible comprender a unos sin los otros. Dejaremos crecer juntos el trigo con la cizaña, dejando el juicio de la bondad y santidad para otra ocasión.

¿Quiénes son estos escritores cristianos? Son escritores de la antigüedad, abarcan desde el siglo I hasta el siglo VIII d. C. Son escritores cristianos que pertenecen a su tiempo. Generalmente encontraremos obispos, monjes, gentes de oración, pero también descubrimos laicos, padres de familia, mártires, o creyentes sin más,... Se expresan con lenguajes diferentes, que fueron diseñando poco a poco; usando, matizando, completando y mejorando los significados. Detrás de su terminología, y porque ningún lenguaje es inocente, hubo concepciones distintas de la fe. Inexactitudes que hoy consideramos heréticas en muchos casos.

Es verdad que algunas de sus propuestas fueron demasiado excluyentes, impropias, incompletas o insuficientes para definir la naturaleza de Jesucristo, o indagar en el misterio de la Trinidad. Detrás de esos lenguajes se movían ideas bien distintas de las cosas. La cuestión del momento era a quién darle la razón. Todos parecían tenerla y todos daban sus argumentos. Hoy, no podemos considerar a todos los escritores cristianos como santos, no todos acertaron en sus intervenciones teológicas, algunos erraron gravemente, pero nos interesa la opinión y los escritos de todos ellos porque nos ayudan a comprender una época y una forma de hacer y vivir la fe y la teología.

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