| 2. Introducción a la Sagrada Escritura |
| PREGUNTAS
INICIALES: INTRODUCCIÓN A LA SAGRADA ESCRITURA. ¿Es la Biblia Palabra de Dios o la han escrito autores humanos?, ¿cómo puede ser posible ambas cosas? ¿Es la Biblia igual que la que leyeron nuestros antepasados más remotos? ¿Ha cambiado alguien algo del texto original? ¿Siempre se han considerado todos los libros de la Biblia inspirados y santos? ¿Existe contradicción entre la Biblia y la ciencia?, ¿Cómo debemos interpretar los textos? Hay grupos que interpretan la Biblia literalmente, ¿está bien hecho? ¿Qué papel tiene la Biblia en la Iglesia? La Biblia es el libro, o mejor los libros, que nos permiten conocer y acercarnos a Dios un poco más. Los creyentes cristianos consideran que es "El Libro Sagrado", cuya Palabra nos remite a Dios, a quién escuchamos en su lectura meditada a la luz del Espíritu Santo. La Santa Biblia es imprescindible para la elaboración y creación de la teología. La Palabra acude en apoyo del teólogo para reconducir su trabajo, evitando la distracción especulativa en su quehacer teológico, que suele suceder cuando no se atiende lo suficiente a la Escritura Santa. La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios revelada a los hombres. Para conocer la voluntad, los signos de los tiempos, para ser fieles a Jesucristo debemos constantemente recurrir a ella. Debemos respetarla y dejar que hable por si misma. Cuando la forzamos, cuando queremos que diga lo que nosotros queremos oír, deja de ser profética y transformadora. El cristianismo, si se olvida de la Palabra de Dios, se convierte en ideología, en normas éticas o en celebraciones rituales vacías de contenido. Es además un soporte firme en la renovación de la fe y de la comunidad. Sin la Escritura, la comunidad cristiana correría el riesgo de caminar en vano, de oír su propio eco; en definitiva, de no escuchar a Dios, y lo que es más peligroso, de legitimar cualquier actitud. La Escritura nos da un rumbo, nos coloca en la senda del seguimiento de Jesús, centra nuestra vida cristiana, nos da un criterio, nos interroga y nos transforma. La Comunidad Cristiana se vivifica y crece cuando está atenta a la Palabra de Dios. Esto es aplicable también en sentido negativo: sin la Palabra revelada, el cristianismo languidece y pierde su referente esencial, en resumen, deja de ser fiel. Centrar bien este bloque nos permitirá dotar de savia y de frescura al resto de la teología. El estudio de la Biblia por parte del exégeta, implica su desmenuzamiento, su lectura exhaustiva y detallada. Se trabaja con una metodología histórico-crítica, científica; buscando lo que el autor del texto quiso decir. El teólogo luego recogerá ese fruto para actualizar el lenguaje de Dios al hombre de hoy, para seguir escuchando la voz profética de Dios. No nos es válida una lectura intimista, escapista o anárquica que haga del Libro un pretexto tergiversado para nuestras vidas. El riesgo para el creyente que lee la Biblia es hacerlo mal, anulando su capacidad transformadora. La Iglesia siempre ha sido consciente de esto, por eso desde el siglo I, ha habido un interés por ser fieles en la interpretación de las Escrituras. Los Católicos entendemos que la fidelidad en la interpretación la realiza toda la comunidad cristiana, orientada por el Magisterio, y en escucha atenta a lo que indican los exégetas. El Concilio Vaticano II nos insiste en que leamos la Biblia, que entremos y bebamos de esa fuente. Su lectura provocará la conversión al verdadero Dios, la transformación por la Palabra de Dios. Sin querer correr ese riesgo no hay cristianismo. Para evitar el fundamentalismo bíblico, el Concilio nos da unas pautas de lectura e interpretación que recogió de la renovación Bíblica, y que los teólogos previos al Concilio propusieron. En esta introducción
buscamos responder una serie de preguntas, partimos de varios interrogantes: |
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