| 1. Introducción al estudio de la ciencia teológica |
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UNA FE EN LA PLURALIDAD TEOLÓGICA. EL PAPEL DEL MAGISTERIO EN LA TEOLOGÍA. Tenemos que partir de que la unidad total y perfecta sólo existe en Dios. Sin embargo, Dios es además de Unidad, Trinidad. De ahí que siendo comunidad sea Dios también una pluralidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por tanto los dos valores pertenecen a la fe, y debemos colocarlos en equilibrio, la unidad y la pluralidad. El teólogo tiene por función elaborar un discurso, pero estos discursos no son siempre los mismos. Desde la unidad de Dios, apreciamos que la Biblia, la Revelación tiene un sentido, una unidad, una línea narrativa. Pero también ésta se manifiesta en múltiples lenguajes diferentes, distintos según la época o el género literario empleado en su momento. La pregunta que nos hacemos es si hay algún criterio para afirmar la existencia de una unidad básica de la que puedan partir todos los teólogos. En caso contrario, ¿podríamos fragmentar el cristianismo, aceptando y justificando todas las tesis y opiniones teológicas? Debemos considerar dos principios. Primero que todas las teologías tienen que tener un punto de partida común que es la Revelación, que Dios ha dado de sí mismo y que se conserva en la Sagrada Escritura y la Tradición. La teología lo más que llegará a decir es que estamos ante algo minúsculo comparado con el misterio tan grande del que tratamos de hablar. En boca de Santo Tomás de Aquino: "Todo lo que se ha escrito me parece paja en comparación con lo que me ha sido revelado".Lo que expresa la teología será la verdad, pero no toda la verdad. Desde esta limitación surge el pluralismo, que afirmará también que ninguna teología cristiana tiene su certeza por si misma. Realmente todas extraen su convicción de la Revelación. La verdad revelada es una verdad dada por Dios, y el hombre va detectando y experimentando esa verdad. En este sentido la Revelación es Una, y plural será su explicitación teológica. Pero afirmamos también, en segundo lugar, que la fe está inserta en un contexto cultural, y que se hace siempre presente en una cultura concreta. Según la época y el lugar se expresará de forma distinta. Por esto la confesión de fe no es materialmente inmutable. El misterio que discursea la teología es inmutable, pero no la expresión usada en distintas épocas por los teólogos. La labor de la teología consistirá en actualizar el lenguaje de la fe. Por eso la teología es plural según tiempos y lugares distintos. Llamamos a esta síntesis "unidad multiforme de la fe". De aquí deducimos varias cosas. La misma revelación no puede darse más que en un contexto cultural concreto, en la fe cristiana hablamos de un contexto cultural judío del siglo primero. Deducimos también que el alma de toda teología será la Sagrada Escritura, esto lo dice el Vaticano II. En este sentido subordinamos las hipótesis teológicas a los resultados de la exégesis que emplea los métodos histórico-críticos (ya se verán estos conceptos en el cap. 2). Deducimos también que las definiciones dogmáticas deben reinterpretarse a la luz de la lectura de la Escritura y desde la experiencia eclesial en el mundo de hoy. Necesitamos estar atentos a la jerarquía de verdades, dice el Vaticano II. Concluimos también que la Iglesia debe interpretar y actualizar el mensaje cristiano en las culturas actuales, no necesaria y exclusivamente la cultura occidental. En definitiva, la catolicidad debe asumir un pluralismo de teologías, de prácticas e incluso de confesiones. Esto, por supuesto, va a provocar el riesgo a la división dentro de la comunidad eclesial, lo cual no nos deja indiferentes. La respuesta está en la Eclesiología. Es verdad que el carisma de explicitar y aclarar la fe la tiene el teólogo, pero el carisma de garantizar la unidad, de evitar la dispersión y de evitar el riesgo de la fragmentación teológica la tiene el Pastor, el supervisor de la comunidad, en una palabra el Obispo, y con él el Magisterio de la Iglesia. Por eso es un elemento determinante para la comunidad cristiana la confesión de fe que realizamos en el "credo", cuya verdad es inmutable, y cuyo discurso tratan los teólogos de actualizar. Los Obispos tienen el carisma de atestiguar la fe de los Apóstoles, y de velar para que esa coherencia en la diversidad de funciones ministeriales redunde en beneficio de toda la comunidad cristiana. El teólogo y su teología no está por encima de la comunidad cristiana, sino al servicio de ésta. El Obispo velará para que así ocurra; puesto que le corresponde el carisma de gobierno y de unidad. La investigación del teólogo suele estar llena de riesgos, al igual que sucede en cualquier comunidad científica. La enseñanza del teólogo no goza de una garantía total; sino que está sujeta a los vaivenes de su mismo quehacer investigador. Pero la enseñanza del Obispo forma parte de la misión que ha recibido. El Vaticano II insiste en esto, que la enseñanza del teólogo es garantía cuando está confirmada por el Magisterio. El teólogo se mueve en la inseguridad, la confirmación de la fe la realiza la Comunidad Cristiana por medio de su Obispo. Esto implica que los sacerdotes y obispos, aunque no investiguen directamente en la teología, sí deben conocer lo elaborado. De alguna forma son teólogos, en cuanto que parten de estas investigaciones para confirmar la teología realizada. El teólogo a su vez, no debe repetir sin más el Magisterio, su función es traspasar lo que presenta el Magisterio, volver a las fuentes de la fe, enriquecer el lenguaje y su expresión, hacerlo más vivo. No identificamos necesariamente "teólogo" con religiosos o sacerdote, sino que también puede haber laicos teólogos. De hecho, esto es frecuente en las Iglesias Orientales, donde los teólogos suelen ser personas casadas y con un trabajo extraeclesial. Por otra parte, la actividad de la teología debe ser sometida al rigor de la oración. Lo que aparentemente parece importante, es fácilmente relativizado a la luz de la oración. En el fondo es volver a someter la "teología" a la escucha de la Palabra, en un trabajo alternante. |
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