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Al poco
tiempo yo y mis amigos conocimos a otras bellezas italianas: una imponente Sofía
Loren, desde la cómica “Lástima que sea una canalla” hasta el drama “Dos
mujeres”; la ingenua Gina Lollobrígida en “Pan, amor y fantasía”; el
malvado sensualismo de Silvana Pampanini en “La torre de Nesle”; e incluso
reímos con la posterior condesa Marisa Allasio en la barrial “Pobres pero
bellas” y sus secuelas de lindas comedias a la italiana. Pero jamás
olvidaré a la reprimida y seductora viuda arrastrada por la pasión, a sus
29 años, por un chico de 19, con el fondo de la guerra; él fue Jean L.
Trintignant y ella la bellísima Eleonora Rossi Drago. El tercero era yo, que vivía una
historia similar. Y el film “Verano violento”, de Valerio Zurlini, autor
después de la memorable recreación de Vasco Pratolini con su hermano en
"Crónica familiar" (llamada aquí "Dos hermanos, dos destinos").
De los franceses, aparte
de "La gran ilusión" y "La regla del juego", ambas
del genial Jean Renoir, recuerdo,
obviamente, los films de mi amado Jean Gabin: "La bandera",
"Amanece", "Pepe Le Mokó", y la tristeza que me embargaba viendo el
sufrimiento del desocupado Gabin en la Génova de mi padre (“Más allá
de las rejas”) o su amistoso cansancio de gángster en “Grisbi”, del
legendario Jacques Becker; la ternura de la pasión a los 17 (con una mujer
de 19) vivida por Gerard Philippe en un amargo y fiel retrato de la
adolescencia: “El diablo y la dama”; y algunos films desperdigados del
inigualable Louis Jouvet o el trabajo del ambiguo Pierre Fresnay en
"El renegado". También los gritos de la desmelenada Anna
Magnani (yo amé su desparpajo) en “Roma, ciudad abierta” y “La rosa
tatuada”; la realista desesperación del desconocido Lamberto Maggiorani y su hijito
en la sublime “Ladrones de bicicletas” o la del viejo jubilado que se quiere
suicidar en “Umberto D” y no lo hace por no dejar solo a su perro. En fin, memoro el neorrealismo y debo callar.
¡Cómo me ayudó a pensar! Contrariamente a gente como el novelista Manuel
Puig, que odiaba esta escuela, yo sigo homenajeando al neorrealismo en mi
corazón: “Lustrabotas”; “Vivir en paz”; “La tierra tiembla”; “Alemania,
año cero”; “La ciudad se defiende”; “Caza trágica”; “Los inútiles”; “Rocco
y sus hermanos”. Era un cine que conmovía con angustia y dicha al mismo
tiempo. Y que Garci tristemente desconoció: todos sus recuerdos se basan
en el poderoso cine norteamericano.
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Cautivos del
mal

Grisbi

El
diablo y la dama |
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