| Por
descontado, Garci informa que ni él ni sus amigos adolescentes (salvo uno)
la hubiesen aceptado como novia; y que la imagen cinética era un pasaporte
a un mundo de “mejor” lujuria. Ahora bien: ¿por qué los padres de Garci
suponían que ver un filme de Marilyn arrastraría sin más a su hijo a la
depravación? Sólo es aceptable como reflejo del beato catolicismo que
imperaba bajo el gobierno de Franco. De lo contrario parece desmedido,
sabiendo que en aquellos años no se utilizaba el lenguaje grosero actual y los
menores de 20 años todavía respetaban a quienes pasaban los 30. Luego
Garci confiesa que todos soñaban con Rose Loomis, el sensual papel de la
Monroe en el film “Tormenta pasional” (o “Niágara”) y me da la razón. Se
enamoraron del personaje: aquel objeto sexual ideal que alcanzó una
dimensión universal perturbadora. Sucede que en ese
período de estirones e íntimos sueños mojados uno se enamora de los
roles. En la Argentina de principios del ´50 había muchos que
idealizábamos. Nos gustaba la gente honesta como la claridad del día. En
fútbol, en tango, en jazz, en cine, en boxeo, en política. Favio ha
contado a su manera esas pequeñas felicidades en “Gatica, el mono”,
parangonando la subida del inculto y mitológico boxeador con el apogeo del
peronismo. Y su caída con la de éste.
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Tener y no tener |
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