LOS PRIMEROS AÑOS  DEL HIP HOP EN ESPAÑA
por PASTRON#7
 

PRIMERA PARTE

 
Todo empezó en 1983, cuando un pequeño grupo de unos cuantos colgados comenzamos a contorsionarnos en la calle, en el suelo,  al rítmo de una música que nosotros llamábamos Break, música de break, decíamos. Sí. era el Breakdance, el primer aviso de lo que años mas tarde sería la movida hip hop. En todos los barrios podías ver a chavales bailando popping y suelo. No fuimos conscientes de lo que teníamos en nuestras manos, tampoco sabíamos cómo había entrado en España aquel baile que venía del otro lado del Atlántico, probablemente, en Madrid, y por la base de Torrejón: los soldados americanos solían moverse por la discoteca Stone´s y seguramente fue allí donde desembarcaron el break, el rap, el electro y todo lo necesario para que muy lentamente se fuese gestando el movimiento hip hop en nuestro país.
Por otro lado, y totalmente ajeno al hip hop, un mensaje se hacía inevitablemente repetitivo en los muros y mobiliario urbano de Madrid desde 1980: “Muelle”, un joven de la periferia, músico y mensajero, que fue el primero en estampar su firma por toda la ciudad. Pronto surgieron imitadores, “escritores” de pintadas o firmas (por aquel entonces no se conocía el graffiti tal y como hoy lo entendemos) Algunos de ellos llegaron a ser tan conocidos como él: Bleck la rata, Tifón, Glub… Pero el prestigio de Muelle le viene dado no sólo por haber sido el primero, sino por ser el creador de un estilo; el estilo flechero, desconocido en el resto de Europa e imitado hasta la saciedad en los primeros años del bombardeo en España. 
En el 84, mientras estaban de moda Los Chichos, Las películas de delincuentes juveniles, Bruce Lee y Bud Spencer,  el breakdance llegó a los medios de comunicación y se popularizó entre la juventud. Salieron los Madrid City Breakers en televisión en el Un, dos, tres, los Power Breakers en Dabadabadá,  Y películas como Beat Street, Breakdance, Wild Style, Body Rock, Electric Bogaloo, y sobre todo el documental Guerra de estilos, emitido en La 2 (entonces el UHF) hace 17 años, nos hicieron ver que había algo más,  que el breakdance no era algo aislado, que formaba parte de un  movimiento que además de la música rap y el electro, tenía el componente artístico añadido de la ilegalidad del graffiti y las firmas. En aquellas cintas podíamos ir adivinando una serie de gestos, de posturas, de formas de andar características del hip hop y que iríamos copiando; eran los tiempos de las Puma, los cordones gordos y las J´Hayber.
En cuanto a los breakers, (los que mejor bailaban, nunca supe por qué, eran los gitanos) por entonces se habían multiplicado, los medios de comunicación, en especial la publicidad, (con aquellos anuncios de la droga, las zapatillas Paredes...) se habían encargado de darnos el apoyo que necesitábamos; no era raro ver de vez en cuando en TV un spot en el que aparecían muchachos bailando breakdance. Era la novedad, y los medios vieron que podían sacar tajada. En la serie “Fama” salió gente bailando break alguna vez y hasta Kiko Veneno salía haciendo el robot en “La bola de cristal”. A nosotros nos venía bien que se le prestase tanta atención a “nuestra movida”, porque la información que necesitábamos para seguir progresando, venía de Estados Unidos, y era casi imposible conseguirla. Los discos de “música de break” eran escasos: el de “Break Machine” (con el “Street dance” que pinchaban machaconamente en los coches de choque de todo el pais), el de “Let´s Break Master Genius”, el de “Lo llaman breakdance”, las bandas sonoras de las películas antes mencionadas y poco más.
 Hubo programas de radio en los que ponían la, tan ansiada por nosotros música de break; era rap y electro, y sin saberlo, comenzamos a recopilar música, que sólo podíamos oír en Radio Vinilo, 95.1 (“nairifaiv pointguan”) a altas horas de la madrugada. Hoy son clásicos de la vieja escuela, que los mas viejos del lugar guardamos celosamente en la mejor balda de nuestra estantería.
Aquello marcó nuestra infancia y adolescencia, e hizo que muchos de nosotros, destinados a compartir la calle con la droga y la delincuencia, nos apartáramos de todo aquello para dedicarnos al hip hop en cuerpo y alma, una forma pensar, de vestir, de actuar… un estilo de vida que consiste en el dejarse ver, “Que se hable de mi, que me mire todo el mundo cuando bailo en el suelo, que todos se pregunten quién es ése que pinta tanto, y que todos piensen que qué bien pinto, que cuánto estilo tengo, que cómo rimo y qué cosas cuento en mis rimas… La exaltación del ego.
SEGUNDA PARTE
Nos fuimos dando cuenta del sistema de competición que traía implícito el pertenecer a este movimiento. A menudo, la única salida para adolescentes de barrios marginales que, gracias al hip hop, tenían algo que decir. Por lo menos se hablaba de nosotros, alguien nos escuchaba e incluso nos hemos sentido idolatrados cuando se hablaba de nuestro baile acrobático o de nuestra habilidad con el spray.
Televisión Española, como casi siempre, llegó tarde a todo esto, y se les ocurrió hacer un concurso de breakdance en 1986 en el programa Tocata cuando ya se estaba dejando de bailar en los barrios y había pasado un año desde que en nuestro propio concurso nacional celebrado en la calle, en Nuevos Ministerios (nuestro centro de reunión los domingos por la mañana en aquellos años), en Madrid, se habían proclamado campeones Salvador Melgares en individuales y Madrid City Breakers (los kappa) en grupos en dura pugna con los Power Breakers. (Desde aquí, un recuerdo para ese espectador que murió tras caer desde un falso techo de El Corte Inglés al que nos habíamos subido algunos breakers para poder ver mejor el concurso)
A partir de 1986 la cosa empezó a decaer; la gente que se metió en esto por la moda lo fue dejando, tuvimos que soportar el “aquí no hay playa” y demás canciones pop, cuando lo más parecido al rap en español era una de las estrofas del “Bailando” de Alaska. Y para los que lo sentíamos como algo nuestro comienza una etapa oscura. Los medios de comunicación se lo habían cargado, lo habían usado y después lo habían tirado. Sólo la constancia de una minoría sería el acicate de un resurgimiento años más tarde.
A finales del 86, unos, refugiados en sus grupos y otros en solitario, intentábamos seguir con lo nuestro. Los que tuvimos la suerte de viajar a Estados Unidos, conseguir música (el Raising Hell de RUN-DMC, referencia obligada) y ver la MTV , de alguna manera mantuvimos el hilo con eso que ahora nos parecía tan lejano… 
1987 fue un año prácticamente en blanco para nosotros, ya no se bailaba break, no había sitios donde poder comprar música, y en cuanto al graffiti, todavía no éramos conscientes de lo que podía llegar a ser, sólo a unos pocos se les había ocurrido hacer graffiti a imagen y semejanza de los americanos. Por aquel entonces sólo se dejaban ver en Madrid “Muelle” y toda una legión de “firmadores compulsivos” con su estilo “flechero”.
En 1988 comienzan a verse ya por las grandes ciudades españolas los tags  y primeros graffitis de estilo calcado directamente del metro neoyorkino; a la difusión de este tipo de graffiti contribuyó decisivamente la publicación de los libros recopilatorios de fotografías “Subway art” y “Spraycan art”. A parte de esos libros, las influencias eran pocas, y al no disponer de información, para “hacer letras” teníamos que rebuscar en las películas en las que aparecían calles de Estados Unidos, (Warriors, Colors, Turk 182...) en los cómics o en cualquier otro lugar que oliera al “lejano” hip hop americano.
En el apartado musical, “RUN-DMC” ya eran unos clásicos y despuntaban “Public Enemy”, “Ice.T”, L.L. Cool. J”, “NWA”... Sí, ya podíamos comprar algo de “nuestra música” en algunos sitios, y el rap se destapa y comienza a llegar a la gente normal, al público en general.
En 1989 empieza el boom del rap en nuestro país. El segundo intento de asentamiento del hip hop desde que entró en 1983 en forma de breakdance. En éste año casi todas las novedades de rap americano las podemos adquirir en cualquier tienda de música, y lo más importante, gracias a la iniciativa del fotógrafo Miguel Trillo, se edita el primer disco de rap en castellano: el “Madrid hip hop”: DNI con el archiconocido “Vas a lucinar”, QSC, Estado crítico y Sindicato del Crimen serían los primeros; después vendría el “Rap´in Madrid” en el que destacó la presencia de Sweet con su “¿No ves que te quiero de verdad?, el boom del año con Randy y su “Hey pijo” y el estilo de los Jungle kings. Después vinieron el “Navidad hip hop” con los primeros beat-box y con la genial “Piensa así para algo conseguir” de QSC ; el “Rap de aquí” en el 90 y los LP´s de “DNI”, “Sindicato del crimen”, “Vial Rap”, “Sweet” “MC Randy & DJ Jonco” y los adelantados a su tiempo “BZN”. Algunos grupos como Def Con Dos intentaron aprovecharse del tirón del rap, pero el tiempo les dejó en su lugar.
El graffiti ya invade las ciudades, y a casi todos los de “la movida” nos entra un irrefrenable deseo de dejar nuestra firma en las calles, robar toda la pintura posible, pues los sprays son muy caros, y las dos marcas que había en el mercado (“Duply” y “Novelty”) tenían una oferta muy limitada de colores; incluso nos tuvimos que adaptar y en ocasiones, el interior de las letras lo rellenábamos con pintura plástica.  El caso era ir mejorando poco a poco, coger “estilo” y hacernos un nombre en el difícil arte del aerosol.
TERCERA PARTE
1990 fue un año decisivo. Gracias a los medios de comunicación (en prensa era habitual ver malísimos y poco rigurosos artículos de periodistas que “intentaban” hablar de un fenómeno que desconocían) el hip hop llegó al gran público y comenzó a saturar las pantallas y emisoras españolas. En la televisión se podían ver decorados con graffitis (“Hablando se entiende la basca” en Tele 5) y estúpidos concursos de baile y de DJ´s (la 5ª marcha). En las emisoras de radio ponían rap a todas horas y comienza la época del carteo entre escritores. Por la calle se veían multitud de chavales con gorras, pantalones anchos, mochilas y rotulador en ristre (años después los grunges nos copiarían la forma de vestir). En las grandes ciudades, sobre todo en Barcelona Madrid y Alicante el hip hop se ha extendido, y el nivel del graffiti es muy alto. Las discotecas se dan cuenta de que ahí podía haber negocio y se dedican a pinchar “nuestra música” hasta el punto de que algunas se especializan, llegando a ser centros de reunión de los llamados “raperos” Por ejemplo en Madrid: “Ya´stá”, “Nose”, “Más más más” “Travesía”...  Mientras tanto, los escritores seguíamos reuniéndonos en el mismo sitio que siete años atrás; ya no bailábamos Break, pero nos reuníamos sobre todo para hablar de nuestras cosas, conocernos e intercambiarnos fotos. Formábamos una pequeña gran familia, imperaba el “Peace, Love & Unity”, y nuestra obsesión era ser los que más y mejor pintáramos, era una competición constante en busca del reconocimiento de los demás. Jamás se nos habría ocurrido tacharnos unos a otros ni “Rayar cristales”, simplemente buscábamos el “estilo”.
El cambio en la forma de apoyar (de horizontal a vertical) la punta del 8 y medio provocó un cambio en el estilo de las firmas, ahora parecían más sencillas y legibles, pero perdían el encanto de las típicas letras “Old School” del principio.
Así pasamos hasta finales del 91. La ciudad se llenaba de firmas y “Muelle” y los “flecheros” seguían en la brecha. En el reportaje “Mi firma en las paredes”, se pudo ver cómo andaba la escena del graffiti por aquél entonces; “Tifón” y “Bleck la rata” actuaban y nos dejaban ver su cara, mientras que “Muelle” salía de espaldas, conservando así su anonimato. 
La aparición de “MC Hammer”, “Vanilla Ice” y “EL príncipe de Bel Air” nos había hecho mucho daño (hasta Lola Flores y Leticia Sabater sacaron su propio rap…). La gente se creía que el rap, el hip hop era eso. Que nosotros éramos como ellos, y acabó creando un estereotipo negativo del “rapero” y terminó por saturar el mercado; un empacho de hip hop fue lo que acabó por segunda vez con nuestra movida. 
Pero a unos cuantos no nos importaba; ya lo habíamos sufrido anteriormente con el bajón del break y fuimos fieles a nuestra forma de vida. Ya vendrían tiempos mejores, y con la experiencia que habíamos acumulado no nos pillaría desprevenidos.
 PASTRON#7

 
 
 
 
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