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RESOLVER PROBLEMAS ES CUIDAR_SE |
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CÓMO RESOLVER PROBLEMAS...O EVITARLOS Por Lic. Noemí Bonasera Algunos
problemas en el modo de relacionarse, generalizados en la sociedad,
afectan de forma medular cada familia. 1)
Un problema de comunicación ineficaz: en lugar de preguntar se le
adjudican al otro sentimientos e ideas que no tiene argumentando que,
como se lo conoce se lo puede adivinar, “yo sé que es lo que le
pasa” se dice. O en otros casos la comunicación queda a medio camino:
“le pregunto qué le pasa y no me contesta” o, “pensé que me lo
iba a decir, pero no, y pasó el tiempo” o, “estaba esperando que me
lo pidiera él” o, “nunca le pude decir lo que pensaba” “debería
decírselo pero no me animo”, etc. 2)
Un problema de confusión en los límites. Entre lo correcto o
incorrecto, lo claro y lo confuso, la realidad y la ficción, lo
verdadero y lo falso, lo importante y lo accesorio, lo sano de lo
malsano, etc. 3)
Un dañado contrato social. Se traicionan pactos, se desconocen
acuerdos, se cambian cláusulas sin conversarlas, se actúa como si
dentro de un contrato no existiera la otra parte o fuera sólo un
elemento de explotación. 4)
Un problema ya no privativo de un sector o sociedad específico sino más
abarcador que es el uso -abuso- del lenguaje y particularmente de los
sustantivos y calificativos. 5)
Un doble discurso que contradice tanto la palabra como la acción como
el contexto o la posición de una persona respecto a otra. (Un adulto
que dice querer a los hijos pero los maltrata). Estos
cinco elementos combinados son fuentes inagotables de violencia y
enfermedad. Por
eso, si bien es complicado revisar una trama afectada por estos
perturbadores efectos en cada grupo consideramos posible y recomendable
un cambio en este estilo de relación.
Cuando se ha vivido una situación
traumática pueden aparecer, como consecuencia, diferentes síntomas a
veces combinados. Temores, evitaciones, pesadillas, desinterés,
amnesia, restricción de la vida afectiva, inhibiciones, dificultad para
dormirse o para concentrarse, irritabilidad, estado de alerta,
introversión y aislamiento, depresión o desgano, etc. Otras
fuentes: A partir de haber
vivenciado una situación amenazante, peligrosa para la integridad o la
vida como un accidente, robo, secuestro, inundación, intervenciones
quirúrgicas complicadas, etc., recomponer el equilibrio emocional y un
mínimo de seguridad en el afectado resulta bastante difícil si no se
cuenta con una ayuda profesional, sobre todo cuando se han producido pérdidas
irreparables. Aún
sin llegar a tales extremos, situaciones de gran estrés o de estrés en
pequeñas dosis pero recurrentes, continuadas y prolongadas en el
tiempo, como en el caso de recibir maltrato sostenido, también pueden
producir algunos de estos síntomas de variada y negativa incidencia en el
desarrollo personal. Lo
traumático genera un daño psíquico que sin llegar a inhibir
totalmente las funciones básicas de la persona ni el desarrollo de su
vida cotidiana pueden socavar el ánimo de la persona, conducir a
depresiones encubiertas, a graves inhibiciones o a complejos cuadros
psicopatológicos. Además,
actuar como si nada hubiera pasado, tratar de olvidar o tapar la
angustia evitando ponerse en contacto con su origen, profundiza el daño
que los mismos síntomas provocan. Porque los síntomas, como
indicadores psicológicos, representan la certeza de que algo no
funciona bien, que hay temas pendientes que reclaman atención, que un
aspecto importante de la persona ha sufrido un impacto y que no se ha
recibido al respecto reparación alguna. ¿Cómo
sobrevienen los cambios? Todo
aquello que produce malestar o sufrimiento representa un signo, una señal
de alarma en la vida de las personas que muchas veces no es escuchada.
Hemos visto sostener situaciones de violencia, de abuso, humillantes a
lo largo de muchos años. Cuando el sufrimiento crece y lo inaceptable
ha conservado su vigencia, su estructura y el conflicto se agrava y se
va gestando un hecho brusco y posiblemente más traumático.
Parece una constante que muchas personas toleren en la vida diaria
situaciones que les aporta gran monto de malestar o amargura, a lo largo
del tiempo. Años de tolerancia a la violencia, sin resolver aquello que
no funciona, conviviendo con el estrés, con preocupación, falta de
respuestas y necesidades insatisfechas sólo puede incrementar el riesgo
de enfermar. Se abren las puertas a la baja autoestima, a los problemas
psicosomáticos, a los conflictos agravados, a más violencia, etc. ¿Hay
modo de prevenir problemas graves en las relaciones humanas?. Partimos
de la base que si. Consideramos como
un punto básico de conflicto aquel que las personas tienen consigo
mismas. Al no detectar o bien dejar pasar que algo está afectando o
tener ese conocimiento pero no generar un cambio para revertir los
motivos del malestar sostiene las conductas que lo producen. ¿Porqué vemos personas
que toleran sufrimientos interminables?, ¿Modos de vida aplastantes?,
¿Hay una propuesta para vivir mal?, ¿Hay un sometimiento generado
desde la infancia? ¿Transmitido
por generaciones? ¿Se ha decretado en alguna parte que la vida es igual
a sufrimiento?, ¿Lo vital se transforma en letal imperceptiblemente?,
¿Porqué las experiencias traumáticas tienen un poder tan
transformador?. Una fuerte crisis conyugal trae gran sufrimiento pero
también una gran apertura a nuevas configuraciones y posibilidades. ¿Es posible que el
sufrimiento extremo opere de motor para la búsqueda de salidas al
conflicto? Puede ser, pero también provoca todo tipo de enfermedades. Cada
ser humano tiene un cúmulo de recursos que muchas veces quedan sin
utilizar simplemente porque es poco probable ir a buscar aquello que no
se sabe que se tiene. Hasta que no se descubre tal conocimiento no se le
puede echar mano. Por
otra parte, los recursos personales se potencian siempre que se produce
un intercambio con otros que traen a su vez su propio bagaje de
conocimientos. Por eso la recomendación se centra en no quedarse solo o encerrado en el problema y buscar una apertura hacia el cambio.
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