Poemas de cuelgas

estos son algunos

de los poemas

que forman

nuestra

cuelga

permanente

   
 
volver a la página principal

 

 

PARA EL GATO
Sueño inocente

No quiero ser más aquel que soy:
quiero ser un insecto monstruoso
con tentáculos y antenas negras.
Y todos me adorarían.

A mis amantes sabré infundir
miedo y sometimiento,
y pagarán con una lluvia de oro
sus largas prestaciones.

Cada noche harán un estrago
de moralistas y retóricos
para después entrar por las ventanas
y distenderme sobre las jóvenes desnudas,

mientras el gentío desde la calle
me aplaude y me obedece
comiendo la carne de los muertos,
bebiendo la sangre de los ricos.

Y no me falta mucho,
y no me falta mucho
para que se cumpla este sueño.

 

 

Willcock

De Temas

 

7

los niños de los muertos
con globos rojos
son la esperanza de los muertos
con los autitos
quizás no han muerto
con muñecas de lana
entre sus padres muertos
que lamen helados
y los miran muertos
crecer rápido casi
como crecen los muertos
después de mil palabras
teóricamente si esta muerto
este amor por los niños
característico de los muertos
hace tener todavía más niños
que quizás no nazcan muertos
pero de pronto desfallecen
y se convierten en otros muertos
dispuestos a tener más niños
que es la esperanza de los muertos,
tantas generaciones
y siempre, siempre más muertos
verifican esta cadena,
esta expansión de muertos
niños vertiginosos
por los cuervos espacios vacíos
sin causa y sin tiempo,
como lo verifican los muertos,
con vaga satisfacción.

Willcock

De
LA PALABRA MUERTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MUERTE DE UN NATURALISTA

Todo el año en el corazón de la aldea
supuraba el lino, lino verde de flor pesada;
se había podrido, atascado entre terrones enormes.
Día tras día se cocía bajo un sol de justicia.
Delicadas burbujas reventaban, las moscardas
tejían en torno al olor una fuerte gasa de sonido.
Había libélulas y mariposas moteadas,
pero lo mejor de todo era la baba cálida y espesa
de las huevas de rana que crecían como agua cuajada
a la sombra de las riberas. Cada primavera
venía yo a llenar frascos con los granos
gelatinosos, que colocaba en los alféizares de casa
y en estantes de la escuela; y los vigilaba, esperando
a que los puntos engordasen y se convirtieran de golpe
en renacuajos que nadaban ágilmente. La Señorita Walls
nos explicaba que la rana papá se llamaba la rana toro
y que croaba, y que la rana mamá
ponía cientos de huevecitos, que eran
huevas de rana. Además las ranas servían para predecir
el tiempo, porque se ponían amarillas al sol,
y marrones cuando llovía.

Luego un día de calor,
cuando los campos apestaban a boñiga entre la hierba,
las ranas airadas invadieron la charca de lino;
me colé entre los setos, atraído
por un croar que nunca había oído antes.
Espesaba el aire un coro grave. Por toda la charca
había ranas panzudas agazapadas en los terrones;
sus cuellos fofos se hinchaban como velas.
Algunas brincaban. Su chapoteo era una amenaza obscena.
Otras, quietas como granadas de barro,
emitían pedos de sus cabezas chatas.
Sentí náuseas, me di la vuelta y salí corriendo.
Los reyes del lino estaban reunidos
para vengarse, y yo sabía
que si metía la mano, las huevas la agarrarían.


Seamus Heaney
De
Antología poética

 

En Costa Rica

Aún en los restos de madera llameantes
exhibiéndose en el mismo lugar perdura el verde:
como un girasol que va revelando el verde y el azul, intermitentemente.
Es en Costa Rica donde se halla el genuino rostro
del lagarto chino, del anfibio dragón caído, viviente fuego de artificio.

Salta y sobre la superficie del arroyo se encuentra, rey
con rey, con su propia imagen, y ayudado
por la triple cresta que tiene sobre el lomo corre en dos patas arrastrando
la cola, hasta que se desvanece en el aire para sumergirse
de un salto en el fondo del arroyo; ocultándose como el cacique de cuerpo
dorado se ocultaba.

en el lago Guatavita.
Corre, nada, vuela, todo para llegar
a su basílica – “visible o invisible,
es el Señor de los Ríos, Lagos y Mares”, que gobierna enviando
sus órdenes en forma de nubes –y también puede ser “corto o largo,
grueso o fino, según le plazca.”

 

Marianne Moore

De El basilisco emplumado

 

CUATRO BOLEROS MAROQUEROS

1
Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar por ti.

2
Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.

3
Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.

 

Antonio Cisneros
Lima, Perú- 1942

 


CUANDO EL DIABLO ME RONDABA
ANUNCIANDO TUS RIGORES

Señor, oxida mis tenedores
y medallas, pica estas muelas,
enloquece a mi peluquero,
los sirvientes
en su cama de palo sean muertos,
pero líbrame del diablo. Con su olor
a cañazo y los pelos embarrados,
se acerca hasta mi casa.
Lo he sorprendido
tumbando entre macetas de geranio,
desnudo y arrugado.
Estoy un poco gordo, Señor,
espero tus rigores, mas no tantos.
He envejecido en batallas,
los ídolos han muerto.
Ahora, espanta al diablo,
lava estos geranios y mi corazón,
hágase la paz, amen.

 

Antonio Cisneros
Lima, Perú- 1942

 

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis
contemplando unas sábanas
que sólo de mí penden


sin querer olvidar que en ésta balsa,
de tiempo que detengo y de escafandra


con pasos de mujer
nunca fui absuelto


en el adolescente y en el viento


ni en la cuerda del crawl, que de los hierros
cavernosos comienza
a separarse;


ni siquiera en las manos deslizándose
ni en el agua -que corre entre los dedos-

ni en los dedos, ligándose despacio


para remar con aprensión
de nuevo

allí donde no hay mesa para apoyar los brazos

y esperar que alguien venga
desde su pueblo a visitarnos;


nadie fuma ni duerme, y -en días
de gran calma-

sobre el plato de un hombro


puede viajar un vaso.


Héctor Viel Temperley

De
Crawl

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AHORA VUELO TAN RAPIDO

Ahora vuelo tan rápido
que bastaría que rozara con la uña
una cabeza de alfiler
para estallar en mil pedazos.

Antes prefería volar lento
y bajo.
Pasaba sobre las copas de los árboles
y veía a mi padre y a mi abuelo conversando.

Yo pasaba con miedo de que me vieran.
Pero nunca levantaban la cabeza.


Héctor Viel Temperley

De
HUMANAE VITAE MIA, 1969

 

 

Una mujer está en el baño, desnuda, su ropa
seca está sobre el suelo mojado.
La ropa va absorbiendo poco a poco el agua.


Ricardo Carreira

De
POEMAS

 

 

Las puertas de madera están sujetas al marco
de hierro.
Hay tres paredes sin puerta.
Sobre el suelo hay tres grandes máquinas sujetas
al suelo con tornillos.
No pasa la luz entre el suelo y la máquina.
Estoy en la calle haciendo fila entre diez
empleados.
Han alquilado mis manos y mis pies durante
treinta años, diez horas por día.
Tengo mis zapatos sujetos a mis pies.
Me aceptan, y paso por la puerta, encuentro
tornillos, aserrín y agua a mi paso.
Allá está la máquina esperándome como una
estatua de acero sucio y gris.
Contra la pared, cerca del borde del techo, hay
una ventana que deja pasar la luz que se mezcla
con la luz de la pieza.
Una delgada capa de grasa se une entre la
palanca de mando y mi mano.
Soy la continuación de la máquina y el suelo.
El sonido del parlante de la oficina se mezcla
con la luz de la calle y la luz de neón de la
habitación sobre mí.

Mi mano se despega de la máquina,
cierro el puño y pienso en mí.
La mano.

Ricardo Carreira

De
POEMAS

 

 

 

 

 

 

 

EL CADÁVER

¿Por qué no entré por el pasillo?
Qué tenía que hacer en esa noche
a las 20.25, hora en que ella entró,
por Casanova
donde rueda el rodete?
Por qué a él?
entre casillas de ojos viscosos,
de piel fina
y esas manchitas en la cara
que aparecieron cuando ella, eh
por un alfiler que dejó su peluquera,
empezó a pudrirse, eh por una hebilla de su pelo
en la memoria de su pueblo
Y si ella
se empezara a desvanecer, digamos
a deshacerse
qué diré del pasillo, entonces?
Por qué no?
entre cervatillos de ojos pringosos,
y anhelantes
agazapados en las chapas, torvos
dulces en su melosidad de peronistas
si ese tubo?
Y qué de su cureña y dos millones
de personas detrás
con paso lento
cuando las 20.25 se paraban las radios
yo negándome a entrar
por el pasillo
reticente acaso?
como digna?
Por él,
por sus agitados ademanes
de miseria
entre su cuerpo y el cuerpo yacente
de Eva, hurtado luego,
depositado en Punta del Este
o en Italia o en el seno del río
Y la historia de los veinticinco cajones

Vamos, no juegues con ella, con su muerte
déjame pasar, anda, no ves que ya está muerta!
Y qué había en el fondo de esos pasillos
sino su olor a orquídeas descompuestas,
a mortajas,
arañazos del embalsamador en los tejidos
Y si no nos tomáramos tan a pecho su muerte, digo?

Néstor Perlongher

 

 

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
Unas rosas re-raras, oh,
Y había un terrible olor a incesto, a violetas macho,
Y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín, llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
Y la mayonesa se cortó en la cocina
Y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
De la enagua, el néctar de lo senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pies, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, a dónde llevas
Ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
Y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
Con sus durezas y blanduras y patas
Y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
Con la boca llena
De sangre:
Que la sangre sueña con dalias
Y las dalias empiezan a sangrar
Y las palomas abortan cuervos
Y claveles encinta
Y unas magnolias curiosísimas, oye,
Unas rosas re-raras, oh.

 

Oscar Hahn


Cafiche de la muerte

Como carne de cóndores hirvientes
o de tordos quemados como cresta
del rojo al negro se cambió la fiesta
y en silencio se fueron los clientes

Se nos vació no más todo el prostíbulo
se vaciaron las camas y los bares
y todas las que estábamos de a pares
sollozamos de a una en el vestíbulo

Por el pasillo viene la señora
siempre tan maternal siempre a la hora
con su taza de té y un trago fuerte

Para qué te moriste desgraciado
Mira mi pobre cuarto desolado
tipo traidor: cafiche de la muerte.

Oscar Hahn

De
ESTRELLAS FIJAS EN UN
CIELO BLANCO

 

 

 

 

 

 

La frontera

La frontera es tierra de nadie
con un caballo desalmado
ando por ahí
a nuestro paso
no florece nada
llevo las anteojeras bien puestas
para que no se sepa
el terror que le tengo al desconcierto
por ejemplo mi caballo
se arma y se desarma
ahora es una canoa que baja del río al mar
al agua de nadie
en lo profundo hay perlas
peces que se devoran entre sí
pero visto de acá no se nota
así tuviera ojos en la espalda vería las cosas siempre igual
mi caballo de cola larga
deja estelas de vidrio
para que los nadadores
no puedan seguir el rastro
anda
por capricho
con un antifaz de llanero solitario
es exactamente lo mismo
de un lado u otro de la frontera
y no entiendo por qué
tenemos que andar por la línea
y no entiendo por qué
mi caballo se convierte
y ahora es un tren que cruza la montaña
y ahora es un rey que no pisa lo negro ni lo blanco
y ahora abre un paraguas delicado
y ahora soy yo misma
cargándome sobre el lomo
cansadísimo.

Roberta Iannamico

 

 

Al final de la hilera de carpas amarillas
un hombre tendido sobre una lona
cierra los ojos
y mantiene en su mente la imagen del cielo:
la intensidad de la luz, la forma;
después
con las manos enterradas en la arena caliente
abandona su cabeza
a las cosas que la ocupan,
recuerda con vaguedad una escena de triunfo.

 

Darío Rojo

De LA PLAYA

 

 

 

No me ves


Salgo a la oscuridad del patio,
pasa el helicóptero, con su ruido,
su chorro blanco y sus hélices invisibles,
inspeccionando la ciudad.
No sabés nada de mí...
no sabés nada de mí..!
repito dentro del vaso de cerveza
que tengo cerca de la boca
y vuelvo contento para adentro.

Daniel Durand

 

 

MALLARMEANA.

Pone la cebolla en la sartén
demasiado segura de que es invierno
demasiado temerosa del olor que se lleva su pelo
de la consagración que humildemente
la perfuma. Sabe y no
que cocina
que los círculos blancos de la cebolla
pronto estarán dorados

 

José Villa

Del libro OCHO POEMAS

 

 

Brillos

La verdad rebota en el patio
de un pe hache prestado:
un haz rectangular,
amarillo, encuadra plantas verdes
y tierra húmeda
en macetas oscuras, diciembre
veinticinco, tres de la tarde: ella

prepara el té, corta el zumbido de la heladera
con ruidos amables, claros: loza y loza
o el agua hervida que ahora completa
humeando una taza
y un aroma empieza a trepar en el vapor,
mezclándose,
a ver si comprendemos.

Damián Ríos

 

 

MIENTRAS ME LAVO LA CARA

Darío, parado, grita y gesticula.
Bajo una frazada marrón
Daniel se ríe y habla de sus novias.
Están borrachos y los que gritan en la cocina,
como diputados, también.
Mi vieja, resucitada,
golpea las ventanas, pidiendo entrar.
Al amanecer, bajo una claridad despiadada:
cigarrillos, libros desperdigados,
platos de comida.
Camino, despacio, hasta el baño;
se que la desgracia está sobre nosotros,
no ahora, tampoco el año próximo,
todavía somos jóvenes, pero eso
se pierde enseguida.
No tenemos nada, pienso,
mientras me lavo la cara,
ni un oficio, ni una herencia,
ni una casa de sólida piedra.

Fabián Casas

De EL SALMÓN

 

 

 

no soy bi, soy tri


cuando vos te fuiste,
yo me quedé pensando en
todo estos grandes conceptos
como fidelidad, confianza y amor.
leí un par de relatos de un tal bioy
o cortázar o no sé cuanto
y me di cuenta de
que vos siendo argentina
nunca vas a entender mi necesidad
de escuchar las palabras justas.

así que, cuando vos me llamaste
después de cierto tiempo diciéndome
que me extrañabas a mí
casi me muero de golpe.

no soy bi, soy tri:
tu transa trimestral
tu rengo trípode
tritriste y triunfante
tribal, trivial
trisexual.

Timo Berger

 

 

Barros

la versión de ese risco
que se aplana, la cama subterránea
hundida en el mar. mas allá la musiquita
irrita las agallas del pez de paja.
el trasplatino, su jiga hierofonte,
nace de la joroba de un mendigo,
nace de su caballada.
la versión no lo favorece.
cromos antiguos trastocados,
plomo de las barajas, de los salmos.
en una esquina hay buen toque
para hundir un bar para siempre.
medir los disparos;
la mesa cuadrada, la mesa rosa...
cuando rodara capital
y sombras cortadas por un paso borroso.


2

ayer estaba recordando
tu casa, la ojiva,
el pozo donde sacábamos agua.
aquello que cantaba
tan hundido y hermoso
desde el fondo de ese pozo
en esa casa.

 

Francisco Garamona

 

 

El gran Furcio

Lo que deseaba era mantener en frío

los nervios, antes de la ocasión

antes del cohete. Lo que pasara después

no era nada; necesitaba

mantener astutamente la cabeza

gacha, levantarla apenas

en los momentos de estribillo,

con un desliz de ojos hacia arriba

aspirar y volver a bajar

reconcentrado y siguiendo

el mosaico de tapitas de gaseosa

en el asfalto.

Mientras algunos hacían caballito para mirar

las mujeres eructaban con un regusto breve

de tuco, los chicos miraban a través

de las botellas marrones

como en un eclipse. Yo hacía el circuito, ya

por la vuelta cuarenta al menos

discreto, formal, atento a los aplausos y los coros

con una bolsa de papafritas que chupaba

en vez de masticar.

Cuando el animal salió, impresionante

como un ojo o una chispa, la mayoría

retrocedió unos metros de las barandas.

En ese momento, quemando nervios

comencé a empujar hasta ubicarme

en una peligrosa avanzada, delante

de ese animal tatuado, cobrizo, extraterrestre.

Salté la verja y lo monté. Un corcoveo

y ya estaba entre las heces, en el piso, consciente

de haber tocado el gran Furcio.

Miguel Angel Petrecca

 

 

 

 

 

 

 

DOS

Los carritos llevados a mano
cargan las redes y las latas
de los botes a las casas.

Las blancas redes
finísimas
se secan
como barbas
tendidas en los árboles.

 

Guillermo Neo

De Sucesos orilleros

 

 

Yo, La Tirana, rica y famosa
la Greta Garbo del cine chileno
pero muy culta y calentona, que comienzo
a decaer, que se me va la cabeza
cada vez que me pongo a hablar
y hacer recuerdos de mis polvos con Velázquez.
Ya no lo hago tan bien como lo hacía antes
antes, todas las noches y a todo trapo
ahora no.
Ahora sólo a veces entrar a una Iglesia
cuando no hay nadie
porque me gusta la luz que dan ciertas velas
la luz que le dan a mis pechugas
cuando estoy rezando.
Y es verdad, mi vida es terrible
mi vida es una inmoralidad
y si bien vengo de una familia muy conocida
y si es cierto que me sacaron por la cara
y que los que están afuera me destrozarán
aún soy la vieja que se los tiró a todos
aún soy de una ordinariez feroz.

 

DIEGO MAQUIEIRA

De LA TIRANA

 

   

 

volver a la página principal

 

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1