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PULP IBÉRICO.FANTASÍAS DE POSTGUERRA

 

Los marcianos, astronautas, ankoranos, Thorbods y demás criaturas interestelares también han tenido sobrado espacio en las páginas pulp españolas. La evasión mental que provocaban los duelos en medio de Arkansas, rápidamente se trasladó a su versión cósmica. Colonizar planetas, aniquilar civilizaciones alienígenas o salvar la Tierra de ataques extraterrestres se convirtieron en actividades muy recomendables para realizar en el trayecto del trabajo a casa o viceversa.

Por aquel entonces, la temática todavía se conocía como del espacio o del futuro; la ciencia ficción era un concepto desconocido. Para el caso de el género fantástico, las tradicionales 124 páginas de los libros "de a duro", se veían pobladas de las más extrañas criaturas, surguidas de las mentes calenturientas de los autores ibéricos.

El pionero en el terreno fantástico en nuestro país fue José de Eleola, quién, bajo el apodo del Coronel Ignotus, firmó 17 novelas del género de la fantaciencia para la colección "Biblioteca novelesco-fantástica" con títulos tan inverosímiles como "El amor en el siglo cien", Viajes planetarios en el siglo XXII", "Tierras resucitadas".

Qué decir sobre "De los Andes al cielo"; el relato de aventuras espaciales de la sevillana Mari Pepa, inventora del el "autoplanetoide" o el "orbimotor". Una heroína andaluza cuyas tediosas aventuras interplanetarias se veían interrumpidas por las disertaciones pseudodidácticas sobre conceptos científicos que sólo el Capitán Ignotus parecía entender.
El otro autor de pulp protofantástico patrio fue el Capitán Sirius, aka Jesús de Aragón, mucho mejor escritor que Eleola y de marcada influencia verniana. "40.000 kilómetros a bordo del aeroplano fantasma" y su continuación, "De noche sobre la ciudad prohibida", serán los dos títulos que dejarán huérfano el género hasta 1953.

En ese año aparecen las tres series que cambiarían el panorama marciano. "Futuro"; editada por el mítico José Mallorquí, "Luchadores del Espacio", con 234 títulos entre los que destacará la conocida saga de los Aznar (ya decía yo que tenía una aire de otro planeta...) de George H. White, pseudónimo bajo el que se escondía Pascual Enguídanos y "Espacio", donde colaboraron autores como Luis García Lecha (Clark Carrados y Louis G. Milk), y Enrique Sánchez Pascual (H.S. Thels, Law Space, Alan Comet...), y se convirtió en la triunfadora del género con más de 800 títulos entre todas sus subcolecciones.

"Futuro" supuso una revolución en el quiosco de la posguerra ya que su formato (10x16,5) y sus llamativas portadas, lo acercaban a los clásicos pulp norteamericanos.

Para la serie, Mallorquí adaptó algunas obras clásicas de la ficción norteamericana bajo el pseudónimo de J.Hill y su fino olfato para los éxitos le hizo percatarse rápidamente del posible tirón del género; "Quería conseguir la exclusiva de las obras de Bradbury, de Sturgeon, Asimov y otros, entonces totalmente disponibles. No lo conseguí. Tuve que recurrir a mis propios originales y a las adaptaciones de otros autores.

 

Finalmente, escribió muchas de las obras de la serie e inventó a uno de sus mejores personajes, el Capitán Pablo Rido, muy cercano a la figura del comandante Kirk, y por quién Mallorquí sentía una especial debilidad: "A mi Capitán Rido lo recuerdo como un héroe romántico. Él, como los viejos navegantes del siglo XV, conducía su nave con las manos en las palancas de sus timones".

En realidad Rido era un cínico piloto jubilado que trabaja a tiempo parcial subcontratado por gobiernos para realizar complicadas misiones interplanetarias acompañado de Octo, su indestructible perro de ocho patas. Rido, además, se sacaba un buen sobresueldo alquilando a turistas millonarios la máquina del tiempo que guardaba en casa, herencia de su padre.

"La saga de los Aznar" destacó dentro de la colección de "Luchadores del espacio". Se trataba de una serie de 57 episodios que mereció en título de mejor serie de Ciencia Ficción Europea en Bruselas en 1978.

La saga familiar se inicia cuando Miguel Ángel Aznar de Soto, un piloto americano de origen español es contratado por una inexistente agencia de la ONU; la Astral Information Office, para descubrir una base extraterrestre ¡en el Himalaya!.

Los personajes envejecerán y morirán, dando paso a sus sucesores que seguirán protagonizando durante décadas galácticas combates entre terrestres y alienígenas por el control del universo.

La otra gran serie de literatura fantástica de serie B es "El Orden Estelar" del gaditano Torres Quesada, escrita bajo el seudónimo de A. Thorkent que sigue todavía en funcionamiento, reconvertida en ciencia-ficción seria, gracias a la editorial Robel, fuera de los círculos de serie B.

Torres Quesada empezó con otro seudónimo, Alex Tower, en "Un mundo llamado Baboom", donde su todavía imberbe prosa estaba plagada de ataques alienígenas, viajes intergalácticos, y toda una trama de intrigas políticas con levantamientos coloniales incluidos.


Muchos antes de los pasos de Amstrong por la Luna, cuando en España todavía había racionamiento y las playas estaban desprovistas de suecas, Enguídanos y Torres Quesada ya habían creado toda una galaxia de razas, planetas e ingenios fantásticos como naves con hélices o la máquina karedón; capaz de materializar seres vivos y guardar copias de seguridad de los fallecidos.

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