Cristo: la Muerte y la Gloria Siguiente
Que el cielo haya clamado con voz de rayo
no fue una señal, sino un lamento.
La Creación enlutecida por el Verbo herido
llora a los 4 vientos,
los Reinos Vivientes se resintieron,
supieron del fatídico suceso,
de la arriesgada dicotomía
de abandonar el Cielo... por ellos.
Jerusalem, la ciudad de paz tan arisca y lejana
fue centro de las miradas celestiales una vez.
El monte de los olivos, Getsemaní,
Las calles al mediodía y el Sanhedrín
eran palcos para millones de alados,
oscuros o benditos, quienes presenciarían
el fin de los antiguos pactos.
Allá, en la calavera mortuaria de Gólgota,
las hirientes miradas de los sacerdotes,
raza cegada de exigüos caballeros mosaicos,
se iban en directo a la sombra del Nazareno:
Hombre seco de carnes, sigiloso, holgado,
Hijo de mujer, Hijo de carpintero,
Maestro hasta el cansancio,
Hijo del Dios eterno;
miraba el suelo en esa cruz alta ensangrentado,
abrumado por la fuerza de miles de años
producida por ese cáncer llamado Pecado.
Callado, musitó rompiendo el viento extenuado:
"Eli, Eli, ¿Laba Sabactani?"
Y respondieron los rayos...
En Él no había nada de ese cáncer,
pero se estaba infectando,
y ni siquiera le interesó
oponer resistencia para ese acto.
El peso de la dicotomía estaba por presagiar el impacto
de esta inmolación en el Lugar más Santo.
¡El velo se ha destrozado!
¡El Hijo y el Padre se han separado un rato!
El terremoto ha sacudido los pies de los judíos,
mientras lloraban o se reían de su martirio.
Habiendo expirado el hijo del Hombre
a Dios se ha encomendado;
Los ángeles callados
aplaudieron la soberana valentía de su Amado.
"Consumado Es...",
todo ha terminado.
Sin embargo...
¿Quién sabe que más ha pasado?
El Hijo ha muerto, ¿Porqué no quiso evitarlo?
Esto es más serio de lo que pensamos.
Esto es un enfrentamiento de poderes nunca antes observados:
La sangre del Sacrificio Perfecto contra la Potestad de Muerte,
confrontados, mano a mano, impacto a impacto,
en un encuentro tan intenso como silente.
Las gradas de ángeles están espectantes:
La Creación, delirante,
es persuadida del Gran Combate.
¿Qué es lo jugado?
La Esperanza de Redención para los mortales.
La serpiente anciente quiso destruir al Verbo Viviente,
mas no pudo, pues Su Vida es lo permanente.
¡Que incompetente! Las Tinieblas no pueden coartar la Luz,
así como el Sol no es callado por las nubes del mediodía.
En la mañana de un 3º día, resucitó El Señor.
La roca fue removida,
La Gracia se ha implantado.
En el Cielo hay algarabía,
el Padre está consolado.
La salvación es para cualquiera,
para quién la quiera,
y las Tinieblas han sido devastadas,
por el Fiel y Verdadero Campe�n de Guerra
la Creación antes perdida en la angustia
ahora descansa tranquila;
el Padre, enorgullecido de Su Hijo,
Le concede la Autoridad M�xima:
Nombre Santísimo,
el Alfa y la Omega,
el Primogénito de muchos hijos.
Abraham, David, Elías y Moisés,
dan glorias al coronado Jesucristo:
"�El Mes�as lo ha cumplido!
�Los Profetas pueden descansar,
en paz en el Para�so!
�Qu� as� sea... Qu� el mundo lo sepa!
Cristo es Real, y no leyenda;
Que el Cielo lo diga:
Cristo es Dios, Verdad y Vida;
Y Que su Esposa proclame
que fue salvada por Su Sangre."
Cristo Venci� a Sat�n y a la Muerte,
y Coronar� de su Resurrecci�n
a los que han de vivir con �l en sus moradas,
Para siempre.