Periódico "El
Heraldo"
Este
periódico es el resultado de la traducción de
diferentes artículos en forma colectiva por activistas
de España, Estados Unidos y Colombia de artículos
realizados originalmente por el colectivo de ex-trabajadores
CrimethInc.
Acá en Colombia editamos 1000 copias de distribución
gratuita, gracias a la realización de diferentes conciertos,
en los cuales se pudo recolectar el dinero necesario para su
edición. Actualmente está siendo distribuido en
conciertos, marchas, universidades, colegios, casas culturales
o cualquier otro espacio donde exista alguien inconforme frente
a este mundo prediseñado.
A continuación presentamos 2 artículos del periódico:
<<HAY UN MUNDO OCULTO>>
Puedes
saborearlo en el choque y el ruido de un primer e inesperado
beso, o en la sangre en tu boca ese instante después
de un accidente, cuando te das cuenta de que todavía
estás vivo. Sopla en el viento que sientes en las azoteas
de una verdadera noche imprudente de aventuras. Lo oyes en la
magia de tus canciones favoritas, cuando te elevan y te transportan
en formas que ninguna ciencia o psicología ha podido
explicar jamás. Podría ser que hayas visto evidencia
de esto, rayado en las paredes de los baños, en un código
sin clave; o hayas podido hacer una pálida reflexión
de ello en las películas que crean para mantenernos entretenidos.
Está entre las palabras, cuando hablamos de nuestros
deseos y aspiraciones, aún acechando -en alguna parte-
por debajo de las limitaciones de ser "realista" y
"práctico".
Cuando
poetas y radicales se quedan despiertos hasta el amanecer, rompiéndose
la cabeza por la perfecta secuencia de palabras o acciones,
para llenar corazones (o ciudades) con fuego, ellos están
intentando encontrar una entrada oculta a él. Cuando
tarde en la noche, los niños escapan por sus ventanas
para ir por ahí; o cuando luchadores por la libertad
buscan un punto débil en la coraza del gobierno, ellos
están tratando de entrar a escondidas en él; pues
son ellos quienes saben mejor que nosotros dónde se ocultan
las puertas. Cuando adolescentes destruyen un cartel publicitario
para provocar persecuciones -que duren toda la noche- con la
policía, o anarquistas interrumpen una manifestación
pacífica para destrozar las ventanas de una sucursal
de una gran cadena de negocios; ellos están tratando
de tomar por asalto sus puertas.
Cuando estás haciendo el amor y descubres una nueva sensación
o región del cuerpo de tu amante, y los dos se sienten
como exploradores descubriendo una nueva parte del mundo, como
si hubieran descubierto un oasis en el desierto o la costa de
un continente desconocido; como si fueran los primeros en llegar
al polo norte o a la luna, ustedes están trazando sus
fronteras. No es un lugar más seguro que éste;
al contrario, es la sensación de peligro allí
presente, que nos trae de vuelta a la vida: la sensación
de que por una vez, por un momento que parece eclipsar el pasado
y el futuro, hay algo real en juego.
Tal vez te tropezaste con esto, una vez, por accidente y quedaste
asombrado por lo que encontraste. El viejo mundo se hizo trizas
detrás de ti, y ningún doctor, físico o
metafísico pudo volver a armarlo de nuevo. Todo lo anterior
se convirtió en trivial, en irrelevante, en ridículo,
así como de repente los horizontes parecían acercarse
a tu alrededor, y caminos mucho mejores de los que pudiste imaginar
se aparecieron. Y quizás juraste que nunca regresarías,
que vivirías el resto de tu vida electrizado por esa
urgencia, en la excitación del descubrimiento y la transformación;
pero regresaste.
El sentido común impone que este nuevo mundo sólo
puede ser experimentado temporalmente, que sólo es el
shock de la transición, y nada más; pero los mitos
que compartimos alrededor de nuestras fogatas narran una historia
diferente: oímos acerca de mujeres y hombres que permanecieron
allí por semanas, años, que nunca regresaron,
que vivieron y murieron -allí- como héroes. Nosotros
sabemos, porque lo sentimos en ese ancestral rincón de
nuestros corazones que alberga el recuerdo de libertad desde
épocas remotas, que este mundo secreto se encuentra cerca,
esperando por nosotros. Puedes verlo en el resplandor de nuestros
ojos, en el desenfreno de nuestras danzas y nuestras aventuras
amorosas, en la protesta o fiesta que se escapa de las manos.
Tú no eres la única persona tratando de encontrarlo.
Estamos aquí afuera, también... algunos de nosotros
incluso estamos esperando por ti. Y deberías saber que
cualquier cosa que alguna vez hayas hecho, o considerado hacer
para llegar allí no es disparatada, sino hermosa, noble,
necesaria.
La Revolución, es simplemente la idea de que podemos
entrar a ese mundo secreto y nunca regresar; o mejor, que podemos
hacer arder éste en llamas, para revelar por completo
el que se esconde debajo.
<<ALIENACIÓN>>
En
el mundo moderno, el control es ejercido sobre nosotros de forma
automática por los lugares en los que nos movemos y vivimos.
Participamos de ciertos rituales en nuestras vidas: el trabajo,
"el tiempo libre", el consumo, la sumisión;
porque el mundo en el que vivimos, está diseñado
solamente para ello. Todos sabemos que los centros comerciales
están para que compremos, las oficinas son para trabajar,
las irónicamente llamadas "salas de estar"
son para "estar" mirando la televisión, y las
escuelas están para obedecer a los profesores. Todos
los lugares por los que viajamos tienen significados preestablecidos,
y todo lo que se necesita para que sigamos haciendo las cosas
automáticamente, es mantenernos andando por los mismos
caminos. Es difícil hacer otra cosa en las grandes tiendas,
que no sea mirar y comprar mercancías; y acostumbrados
como estamos a hacerlo, es difícil concebir que podríamos
estar haciendo otras cosas ahí, sin mencionar que -pensándolo
bien-, hacer algo que no sea comprar es casi siempre ilegal.
Cada
vez -en todo el mundo- hay menos y menos espacios libres, no
edificados, en los que se puedan dejar correr nuestras mentes
y cuerpos libremente. Casi todos los lugares a los que puedas
ir son propiedad de una persona o empresa, a los que ya se les
ha dado un nombre e impuesto un uso para ellos: finca privada,
centro comercial, superautopista, aula de clase, parque nacional.
Y nuestras muy previsibles rutas a través del mundo raramente
nos acercan a las áreas libres que aún quedan.
Estos espacios, donde el pensamiento y el placer pueden ser
libres en cualquier sentido, están siendo reemplazados
por entornos cuidadosamente controlados al estilo Disneylandia,
donde nuestros deseos son prefabricados y nos son vendidos a
expensas de nuestro dinero y nuestras emociones. Dar nuestro
propio significado al mundo y crear nuestros propios caminos
para jugar y actuar en ellos, es parte fundamental de la vida
humana; hoy, cuando no estamos nunca en espacios que estimulen
esto, no debería parecer una sorpresa que tantos de nosotros
nos sintamos desesperados y vacíos. Pero debido a que
el mundo tiene tan poco espacio libre en él, y los circuitos
de la vida diaria no nos acercan a ellos, estamos forzados a
ir a sitios como Disneylandia para encontrar algo parecido al
juego o a la excitación. Así, la aventura real
que nuestros corazones ansían ha sido reemplazada por
las falsas aventuras, y la emoción de la creación,
por el simulacro de la observación.
Nuestro tiempo está tan regulado y ocupado como nuestro
espacio; es más, la subdivisión de nuestro espacio
es una manifestación de lo que ya le ha ocurrido a nuestro
tiempo. El mundo entero vive y se mueve de acuerdo a un sistema
horario estandarizado, diseñado para sincronizar nuestros
movimientos desde un lado del planeta al otro. Dentro de este
sistema superior, tenemos nuestras vidas regidas por nuestros
horarios de trabajo o los horarios del autobús escolar,
como así también por el horario de funcionamiento
del transporte público y el de atención de las
empresas. Esta programación de nuestras vidas, que empieza
en la niñez, ejerce un sutil pero profundo control sobre
todos nosotros: llegamos a olvidar que el tiempo de nuestras
vidas después de todo es nuestro, y lo podemos utilizar
como queramos, en vez de pensar en ello como días laborales,
la hora del almuerzo y fines de semana. Una vida totalmente
espontánea es impensable para la mayoría de nosotros.
El llamado "tiempo libre", es normalmente sólo
tiempo que ha sido programado para algo diferente del trabajo.
¿Cuántas veces puedes ver el amanecer?, ¿cuántos
paseos haces durante los mediodías soleados?, ¿si
de repente tuvieras la oportunidad de hacer un excitante viaje
ésta semana, podrías hacerlo?
Estos ambientes y horarios restrictivos limitan de forma drástica
el vasto potencial de nuestras vidas. También nos mantienen
aislados unos de otros. Nuestros trabajos normalmente hacen
que pasemos un gran período de tiempo haciendo una tarea
específica con un grupo de personas en particular, en
un lugar establecido (o al menos, en un ambiente establecido,
como en el caso de los trabajadores de la construcción
o los trabajadores temporales). Estas experiencias limitadas
y repetitivas únicamente nos dan una visión muy
limitada del mundo, y nos alejan de la posibilidad de conocer
otro tipo de gente. Nuestras casas nos aíslan aun más:
hoy en día nos mantenemos encerrados en pequeñas
cajas, en parte por el miedo hacia aquellos que el capitalismo
ha tratado aún peor que a nosotros, y porque creemos
la propaganda paranoica de las compañías que venden
sistemas de seguridad. Los barrios actuales son cementerios
de lo que era la comunidad, con la gente empaquetada en cajas
por separado... exactamente igual que nuestros productos de
supermercado, sellados para "mantener la frescura".
Con gruesos muros entre nosotros y nuestros vecinos, y con nuestros
amigos y familias dispersos por ciudades y países, es
difícil tener algún tipo de sentido de la comunidad,
y más aun compartir un espacio donde la comunidad se
pueda beneficiar de la creatividad mutua. Y tanto nuestros trabajos
como nuestras casas, nos mantienen atados a un lugar, estacionarios,
incapaces de viajar más por el mundo si no es en nuestras
apresuradas vacaciones.
Incluso nuestros viajes restringen y son restrictivos. Nuestras
modernas formas de transporte: autos, buses, trasmilenio, trenes,
aviones; todos ellos nos mantienen encerrados en pistas fijas,
viendo como el mundo exterior pasa a través de una pantalla,
como si fuera un programa de televisión particularmente
aburrido. Cada uno de nosotros vive en un mundo personal que
consiste en su mayor parte en destinos conocidos (el lugar de
trabajo, la tienda de alimentos, el apartamento de un amigo,
el club de baile) con unos pocos enlaces entre ellos (sentarse
en el auto, en el metro, subir las escaleras), y poca posibilidad
de encontrar algo no imprevisto o descubrir algún sitio
nuevo. Una persona podría viajar por las autopistas de
diez países sin ver nada más que asfalto y gasolineras,
mientras permanezca dentro de su auto. Encerrados en nuestras
pistas, ni nos imaginamos el verdadero viaje libre, esos viajes
de descubrimiento que nos harían volver al contacto directo
con otras personas y con nuevas y distintas cosas, a cada instante.
En lugar de eso, nos metemos en embotellamientos, rodeados por
cientos de personas en la misma situación que nosotros,
pero separados de ellos por jaulas de acero, que resultan ser
nuestros autos; por lo que nos parecen ser objetos en nuestro
camino, antes que personas humanas. Creemos estar alcanzando
más partes del mundo con nuestros modernos transportes,
pero de hecho vemos menos de él, si es que vemos algo.
A medida que nuestras capacidades de transporte aumentan, nuestras
ciudades se extienden más y más a lo largo y ancho
del paisaje. Cada vez que aumentan las distancias se necesitan
más autos; más autos significan más espacio,
y así las distancias aumentan de nuevo... y así
sucesivamente. A este ritmo, las autopistas y las gasolineras
sustituirán finalmente todo aquello por lo que al principio
valía la pena viajar.
Algunos
de nosotros vemos a Internet como la "frontera final",
como un lugar libre -aún no desarrollado- esperando ser
explorado. El ciberespacio puede, o no puede, ofrecer cierto
grado de libertad a aquellos que puedan permitirse su uso y
el de explorarlo; sea lo que sea lo que pueda ofrecer, lo hace
con la condición que te encierres en tu casa, sometiéndote
a una amputación voluntaria. Recuerda, eres tanto un
cuerpo como una mente: ¿es libertad el sentarse inmóvilmente,
mirando fijamente luces resplandecientes durante horas, sin
siquiera usar los sentidos del gusto, tacto u olfato? ¿Has
olvidado la sensación de la hierba húmeda, o de
la arena caliente bajo tus pies descalzos, o de los eucaliptos,
o el humo de la leña en tu nariz? ¿Recuerdas el
olor de los tallos de los tomates, el destello de la luz de
las velas, la emoción de correr, nadar, tocar?
Actualmente podemos usar Internet para excitarnos, sin sentir
que nos han estafado, porque nuestras vidas modernas están
tan constreñidas y son tan previsibles que hemos olvidado
cuán placenteros pueden ser la acción y el movimiento
en el mundo real. ¿Por qué asentarnos en la tan
limitada libertad que nos ofrece el ciberespacio, cuando hay
más experiencias y emociones que las que se pueden tener
en el mundo real? Deberíamos estar corriendo, bailando,
viajando en balsa, bebiendo la vida hasta la última gota,
explorando nuevos mundos. ¿Qué nuevos mundos?
Debemos redescubrir nuestros cuerpos, nuestros sentidos, el
espacio que nos rodea, y entonces podremos transformar ese espacio
en un nuevo mundo al cual podamos darle nuestro propio significado.
Para ello debemos inventar nuevos juegos, juegos que puedan
ser realizados en los nuevos espacios conquistados, en los centros
comerciales, en los restaurantes y en las aulas. Juegos que
rompan sus significados establecidos, para poder darles significados
nuevos, de acuerdo con nuestros sueños y deseos. Necesitamos
juegos que nos reúnan de nuevo, que nos saquen del confinamiento
y la soledad de nuestros hogares privados, que nos lleven a
lugares públicos donde nos podamos beneficiar de la compañía
y la creatividad mutua. Así como los desastres naturales
y cortes de energía pueden unir a la gente y le pueden
resultar excitantes (después de todo, crea algo de emoción
variada en éste mundo lúgubremente predecible),
los juegos harán que nos juntemos haciendo cosas nuevas
y apasionantes. Deberíamos tener: poesía en las
oficinas y versos pintados en las paredes del centro comercial,
picnics gratuitos en los supermercados, talleres de sabotaje
y manualidades en las fábricas, sexo en los parques y
en las aulas, carreras de sacos en las autopistas...
Necesitamos también inventar nuevos conceptos de tiempo
y nuevas maneras de viajar. Intenta vivir sin relojes, sin sincronizar
tu vida con el resto del tan ocupado mundo. Intenta hacer un
largo viaje a pie o en bicicleta, para que así puedas
saborear todo aquello con lo que te cruzas desde tu punto de
salida hasta tu destino, sin un cristal ante tu rostro. Intenta
explorar en tu propio barrio, mirando desde tejados y alrededor
de esquinas en las que nunca antes te habías fijado:
te sorprenderás de cuánta aventura está
ahí escondida, ¡lista para que la descubras!