Participación del Encuentro Anarcopunk - 2005
Lugar:
Cali - Colombia
Fecha: 19 de febrero del 2005
El colectivo ContraCultura participó en este encuentro
presentando la ponencia titulada "La Verdad. Libertad.
Inasible.", la cual se presenta a continuación:
“Y
a muchos de ellos los fascinó también
el ruido, el rock, la guitarra eléctrica y otras cosas
demoníacas”.
Luis Buñuel.
El surrealismo fue en su época una de las expresiones
del arte mas contracultural que conozco y aun hoy tiene mucho
que mostrarnos, principalmente a las que nos intentamos libertarias.
Por supuesto sus raíces dadaístas son -para nosotros
como punkies- una circunstancia lo suficientemente llamativa
para contar por sí sola. Sin embargo creo que el surrealismo
manifiesta algo más inquietante que el mero quebrantamiento
de las formas convencionales del arte. Esto no significa que
piense que Dadá haya sido mera destrucción, dio
todo lo que podía dar como tarea, digámoslo así,
de acción directa y llegó a un punto en el que
necesitaba hacer un alto en el camino. Tal reflexión
llevaría a la propuesta de nuevas formas y contenidos
para el arte y en general para el pensamiento humano.
Dadá
entonces, fue un ejercicio de romper las estructuras, de destruir
y rebelarse absoluta y espontáneamente frente a todas
las manifestaciones culturales de occidente; principalmente
esas que solían llamarse “arte”. Baste decir
que la radicalidad de Dadá llegó incluso a destrozar
la noción estándar de arte, introduciendo manifestaciones
culturales artísticas que hasta ese momento no eran consideradas
como tales. Esto me recuerda al anticristo de los Pistols, al
llamado a destrozar de Narcosis o a algunas líricas depresivas
de RIP. Tocar dos acordes, gritar destempladamente en términos
“soeces” dirían los más, no puede
ser ni será nunca una manifestación musical validada
por la cultura. Sin embargo mucha de la música que se
hace actualmente en Norteamérica –solo por nombrar
un ejemplo significativo- tiene influencias de la estética
y el ruido punk.
Pero
volvamos al surrealismo y sus raíces Dadá. Ya
que hablar sobre este último llevaría una buena
cantidad de charlas, quisiera sintetizar arbitrariamente el
aporte de Dadá en relación con nuestros intereses.
Este movimiento develó –en términos freudianos-
el malestar humano frente a la cultura, tanto al nivel de su
carácter comercial y mercantil, como a un nivel más
abstracto con el cual intentó derrumbar el paradigma
de la racionalidad. En este punto quisiera hacer una salvedad,
mi intención no es hacer un tratado antiracional, mi
idea es por un lado mostrar como es que Dadá llega al
surrealismo y por otro que no todas las cosas son reducibles
a la razón.
Dadá,
entonces, fue una guerrilla que intentó derrocar el Poder
y cuando se encontró ad portas de lograrlo necesitó
de una reflexión que le indicara qué hacer, una
vez tal destrucción fuera realizada. ¿Qué
queda después de destruir todo? ¿De que se trata
el arte, si ya no es derroche de virtuosismo, deleite espiritual
de ricos y poderosos, ni rehén de las galerías?
Así
pues, se hizo necesario darle un nuevo sentido al arte. Este
nuevo e importante sentido fue el producto de una búsqueda
liderada por André Bretón y su grupo, los surrealistas.
Dicho sentido está fundamentado en el descubrimiento
más inquietante del siglo XIX: el INCONSCIENTE.
Antes
de Freud la realidad era considerada como un espacio que abarcaba
únicamente percepciones concientes, mediante las cuales
el ser humano accedía a un mundo del cual tenía
control. Era conciente tanto de sí mismo como del mundo
de manera clara y por lo tanto su libre albedrío con
respecto a estas cosas estaba garantizado. Esto implicaba que,
por un lado podíamos rendirle cuentas a dios de nuestros
actos y por otro, que el conocimiento científico podía
abarcar la totalidad de los fenómenos humanos. Ahora
bien, con el advenimiento del inconsciente se comienza a recorrer
un lado oscuro humano, que siempre había sido evidente
pero que nos negamos a ver durante siglos. Un ejemplo claro
de ello es el supuesto “descubrimiento” freudiano
de la sexualidad infantil, que tanto escándalo produjo
en la mayoría de esferas sociales del mundo europeo.
Pero
entonces al no existir completa certeza o verdad en la religión
o la ciencia, ¿Dónde se encuentra la verdad? ¿Principalmente
la verdad sobre nosotras mismas? La verdad más profunda,
la que nos determina y es siempre latente, está –nos
advierte Freud- en el inconsciente. Según esta tesis
se enfocaron los surrealistas, para dar un respuesta positiva
a la cuestión de fundamentar el arte y, más interesante
aún, el pensamiento en general.
Muy
esquemáticamente podemos decir que la conciencia tiene
que ver con la racionalidad, con la ciencia. El instinto y el
deseo con lo irracional, o mejor –para no dar pie a interpretaciones
de corte nazi- con lo no racional. El arte ha defendido, en
la mayoría de los casos, la idea de que está inclinado
hacia la pulsión, hacia al deseo. Por lo tanto al tomar
en serio el inconsciente, el arte se revela como el lugar de
la verdad. De una “verdad” no racional, que complementa
la verdad científica.
Ya
lo habían anticipado Nietzsche y Baumgarten de alguna
manera. Este último argumentaba, que el arte era el único
camino posible hacia el verdadero individuo, a su concreción
y no a generalidades como hacen los conceptos no sólo
de la ciencia, sino incluso del lenguaje cotidiano. Empero este
campo no es sistematizable. Así, hay verdades que no
se pueden sistematizar. El ser humano debió conformarse
con esta verdad encriptada en el inconsciente y por definición
incognoscible, inapresable, y renunciar a la vana esperanza
de una Verdad absoluta. Los surrealistas no podían hacer
otra cosa que enfrentar esta “revelación”
y aprovecharse de ella. Es por eso que dieron tanta importancia
al sueño, a la locura y en general a los momentos no
reflexivos del ser humano. También a la libertad absoluta
en el arte y el pensamiento. El ser humano está constantemente
enfrentándose al principio de realidad, que muchas veces
choca con sus deseos. Todos y todas necesitamos espacios donde
podamos desarrollarnos como absolutamente libres, y esta es
una de las facetas más importantes de nuestra existencia.
A pesar de que estoy de acuerdo con Marx en que es fundamental
apropiarnos de los medios de producción, esto no tiene
sentido alguno si no hay seres humanos capaces de crear, pensar
y expresarse libremente a través de esos medios de producción.
Los
surrealistas fueron entusiastas y a la vez críticos con
la política de su época. Apoyaron a los republicanos
en la guerra civil española y algunos de ellos se hicieron
comunistas, cuando estalló la revolución de Octubre.
Sin embargo la desilusión del grupo no se hizo esperar.
No era posible para ellos una revolución en la que arte
y política estuvieran de tal modo separadas, que entraran
en constante conflicto. La ciencia y la política por
lo tanto, manejan cierto tipo de verdad que ignora (afortunadamente)
la verdad fundamental sobre la humanidad, que es, recalco, incognoscible.
Sin embargo ésta necesariamente se debe pensar y manifestar
artísticamente, e incidir en las prácticas cotidianas.
Para
finalizar quisiera decir, que según nuestra búsqueda
libertaria no basta (aunque es necesario) hacer análisis
de las condiciones objetivas de la sociedad capitalista, por
más exhaustivos que estos sean, para transformar una
sociedad. Nosotras y nosotros queremos ser concientes del carácter
revolucionario de la expresión y la creación humana.
La política pretende ser una ciencia, pero no es suficiente.
Si tenemos en cuenta la experiencia surrealista trataremos que
nuestra vida no sea sólo política, sino también
artística. En el sentido del arte que nos legó
este grupo. Esto nos garantiza una constante búsqueda
de la verdad, que es una segura vacuna contra el mortal virus
del dogmatismo.
Por
S.
[email protected]
Colectivo Kontra-C