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Julián
Alfredo Mendoza Martínez
Oculto
entre matorrales cerca del río, comenzó el juego de
clasificar los diferentes ruidos acarreados por la media noche. Mantuvo
rifle y linterna sobre sus piernas. El tiempo prometía darle
ésa y más oportunidades para satisfacer su pasatiempo,
consistente en dispararle a ciegas al animal de su agrado. Pero
llegó un viento fuerte, sacudió las ramas de los
árboles más frondosos, y trajo consigo diferente olores.
También hizo estallar el murmullo de la corriente contra
peñascales y alteró la armonía ambiental, no
así la tranquilidad de Julián, que continuaba con su
atención puesta en el echadero al pie del mango, a cuarenta
metros de distancia: “Con la participación del viento
resulta más divertido”, dijo. En eso, su fino oído
detectó el crepitar de una rama seca al quebrarse bajo las
pezuñas del animal que venía acercándose:
“Es un jabalí, me gusta, va hacia el punto exacto, pesa
ocho kilos”, aseguró. Olfateó a los cuatro vientos,
comenzó a calcular la velocidad de los pasos de su victima.
Escuchó de nuevo el crepitar más cerca del árbol,
puso las manos sobre sus rodillas, trató de mantener su
respiración calmada y, de pronto, como si hubiera visualizado al
animal a punto de echarse, en fracciones de segundo disparó.
Aventó la luz de su linterna: “¡Fallé, no era
un jabalí!, debo retirarme de este pasatiempo”,
murmuró al salir de su escondite. Metros adelante yacía
un tepezcuintle de aproximados cinco kilos de peso, con un agujero de
proyectil en la frente.
Alfredo
Mendoza Martínez, licenciado en Derecho, poeta y narrador
oaxaqueño, ha publicado en las revistas literarias: Cantera
Verde,
Plan
de los Pájaros,
Luna
Zeta,
Fandango;
así como en suplementos culturales de diarios locales, y El
Regional,
de Cuernavaca. Es integrante del Taller Literario de la Biblioteca
Pública Central de Oaxaca.
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