Logo 01

Logo 02

Inicio*Revistas*Contacto
 
 página anterior
 página siguiente


Ciudad de seda
Vicente Quirarte
 

A Patricia Compeán


Habla tu espejo


Me fragmento

porque no te soporto tan entera.

Para no ser más

el primero en saber de tus mañanas.

Ni el eco de tu aliento. Ni tu nota.

Por mis venas sonrió el agua de tu día.

La boca de otra sangre,

acerada en el riel de tu sonrisa.

En este fugaz azogue se copiaron

pocos pero profundos nacimientos.

Me los llevo en mi cauda.

Los arrastro en mi quiebre luminoso.

Ardo helado, celoso, intolerante.

Cada trozo refleja tu mirada

y la luz de otro cielo que no es mío.


Habla tu perfume


Destilado de flores maceradas, del ámbar que alguna vez palpitó con la ballena, de alambiques y vidrios concertados, nacido para todas las mujeres, sobre tu carne brillan las notas más altas de mi nombre. Despliega sus alas de un modo más héroe la paloma. Me recibes como niña a punto de aceptar la comunión y prolongas esa plenitud de plaza henchida mientras el sol se afana en separarnos: tu piel es un escudo contra el tiempo, y protege y respeta nuestra alianza. La ciudad y la lluvia, tan celosas, no saben qué hacer al saberte más poderosa hembra que su imperio. Nada se pone entre tus corvas y mi lengua, mi frescura y tus hembras cavidades, tu sabor y mis venas más tensadas. Y cuando el sueño comienza a vencerte e intenta ser tu afortunado amante, aún entonces peleo. Te acaricio con un sabor de andén o de pañuelo, ansioso otra vez de que mañana todos los umbrales nos esperen.


Habla el centinela


Fortificada y luciente y generosa de haberse dado a la mañana, rendida a los azares y accidentes de las horas, eres una pequeña ciudad que al fin descansa. Duermen tus músculos de seda y debajo de ellos los andamios que sostienen tus notas y tus timbres. No cesa el trabajo de tu sangre: se empecina en tus venas rutas y en su incesante juego te mantiene. En las limpias terrazas de tu axila la noche se introduce, aroma con nueva fuerza tus rincones. Los paisajes bebidos por tus ojos viajan por otro espacio más abierto. Y tus monstruos se vuelven mariposas. En tu estrecha cintura se ponen en pie de guerra tus arcángeles. Todos los besos de tu boca, guerreros insaciables, también se entregan al cansancio. Te sueñan y aguardan la nueva hora de los pendones y el estruendo. La gloria del combate. Y falanges, cabellos, humores que en ti misma se consagran, recuperan su sitio y sus trabajos. Llueve como si Dios no tuviera otra cosa qué hacer en el planeta. Del otro lado del mundo, un solo centinela te custodia. No hay trabajo más alto que esperarte.



Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954) ha publicado libros de poesía, narrativa, teatro, crítica literaria y ensayo histórico. Sus títulos más recientes son Del monstruo considerado como una de las bellas artes y El mar del otro lado. Es investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.


   regresar al inicio del texto


Elaboración y diseño: Soluciones Telaraña     2005
Hosted by www.Geocities.ws

1