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Lo que dijeron las estrellas en el ojo de un sapo
(cinco fragmentos)



De los demonios bienhechores la mejor de sus costumbres no es (de ningún modo) el sostener la vacilante, grávida, feliz respiración de un corredor que atraviesa un desierto bajo la niebla. Los he visto hacer cosas mejores: morderse un pezón hasta sangrar con tal de procurarse un grito para espantar cuervos de una viña o levantar un castillo con la sola ayuda de dos o tres escarabajos estercoleros.


15

Hace muchos días, Dolor, levantaste un templo, creyendo que hacías una rosa o un patíbulo.


16

Tú, que estás allá, conversando con la peste y la incertidumbre, vienes del mismo barranco de donde he salido esta tarde para encontrarme contigo.


17

Yo tuve un incendio, aquí, entre mis manos. Como hablaba tanto le puse un coro de mariposas. Como soñaba tan poco me dejó ver su harem de muchachas dormidas. Con sus llamas azules me mostró el camino de espanto que hay, entre pensar un rinoceronte (huyendo y ensangrentando) cultivos de algodón en algún lugar de Alabama y oír el ensayo de la banda de un manicomio rural en Sicilia. Si soy franco, tengo todavía una llaga supurando en todos mis dedos. No era la aurora ni anunciación alguna lo que abrigaba en ese entonces de las corrientes como de los aguaceros. Ni me hice rico ni me hice santo por guardar ese fuego que también preservaba un cerdo pinto y cuarenta y siete loros de Ipanema.


18

No me gusta la métrica del sí, el oleaje de todas las obligaciones (consteladas, vespertinas, adyacentes) y que en el mejor de los casos viene y va sin acabar de irse o de tocar para mí el aldabón de un libro cerrado, incómodo, de compartir una mesa con frutas del trópico.



Ernesto Lumbreras

Nació en Jalisco, en 1966. Ha sido becario de poesía por el FONCA. En 1991 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ciudad de la Paz; en 1992, recibió el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, por su libro Espuela para demorar el viaje. Entre sus libros publicados: Escalar el humo, 1986; Clamor de agua, Fondo Editorial Tierra Adentro del CONACULTA, 1990; Órdenes del colibrí al jardinero, Gobierno de Baja California Sur, 1991; Espuela para demorar el viaje, Joaquín Mortiz-INBA, 1993; El cielo, Fondo de Cultura Económica / Universidad de Guadalajara, 1998; Encaminador de almas, 1999. Coautor de las antologías de poesía: con Eduardo Milán, Prístina y última piedra: antología hispanoamericana presente, México, Aldus, 1999; con Hernán Bravo Varela, El manantial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986-2002, México, CONACULTA, 2003. En el 2002 publicó una colección de ensayos bajo el título Emboscados a la poesía. Su más reciente publicación es una antología poética titulada Veintisiete árboles amarillos.


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