Persona en construcción

Apuntes dispersos


Estoy pensando en montar una bitácora donde volcar el cúmulo de reflexiones
que me asaltan cada momento del día y que son lo bastante inconexas como para
no poder plantearme un hilo conductor entre ellas.

Todo esto supongo que viene relacionado con mis observaciones cada vez más
desesperanzadas sobre el mundo nuestro de cada día (que tenemos que tragar
de todas todas)

En realidad, ya viene de antiguo. Cada vez que leo un periódico o veo
cualquier programa de televisión me asalta la duda sobre si la gente
de mi alrededor es consciente, en la misma medida que yo, de toda la
`parcialidad' y `deformación' que existe a nuestro alrededor, del mensaje
continuo que los medios lanzan contra nosotros y que acaba confudiéndose
con el poso ideológico que dirige nuestra forma de ver el mundo.

Utopías

10 de septiembre de 2002

Leyendo el `Archipiélago Gulag' de Solzhenitsyn, descubro nuevamente cómo
la realidad supera a la ficción (una frase tan manida que comienza a ser
vaciada de contenido); efectivamente, la fábula terrible de `1984' se queda
pequeña frente a la tremenda realidad de la antigua URSS. Por suerte
aquello quedó atrás... ahora todos nosotros podemos disfrutar de un opulento
mundo capitalista. Evidentemente el `Mundo Feliz' de Aldous Huxley es mucho
más agradable que el infierno comunista descrito por Orwell; posiblemente
la opresión sea muy parecidas, pero está claro que la VERDAD entra más
fácilmente con la zanahoria que con el palo.

Hay una diferencia entre el mundo de Huxley y el nuestro; aquella utopía,
como cualquiera que se precie, era estática, estaba terminada y culminada,
todo era perfecto y debía seguir exactamente igual por un tiempo indefinido
e infinito. Nuestra utopía actual exige que cada vez nos esforcemos más para
conseguir más, en la creencia de que algún día habrá de sobra para que todos
vivamos con holgura.

Hace unos días leía en el periódico un estudio que afirmaba que la pobreza
se había reducido en los últimos 20 años porque el número de personas que
disponía de sólo uno o dos dólares diarios para sobrevivir había descendido
considerablemente. Lo que no entraba a analizar era en qué medida habían
cambiado las condiciones de vida y habían aumentado las necesidades
`financieras' de la población: hace veinte años no existía el SIDA y no
había que pagar medicamentos a precio de extraperlo (por poner un ejemplo
especialmente demagógico)

Mi conclusión a este vaivén de reflexiones es que vivimos en un mundo muy
parecido al `Mundo feliz' de Aldous Huxley, sólo que no hemos podido aún
educar lo suficiente a los miserables para que sean felices muriéndose de
hambre, puesto que ése es su papel en esta utopia maravillosa.

Antisemitismo


12 de septiembre de 2002

Analizando un poco la cuestión, a la hora de buscar una característica
que compartan todos los cristianos sea cual sea su latitud, su cultura,
su iglesia, sus sacerdotes, sus fiestas y sus ritos, sólo he encontrado
una lo bastante arraigada y significativa: el antisemitismo.

Pero, ¿qué han hecho los judios, a parte de crucificar a Jesucristo,
para merecer tanto odio? Desde mi punto de vista, la respuesta es
sencilla: ser diferentes.

Efectivamente, en una religión con un único Dios, omnipresente y
todopoderoso, parece que cualquier diferencia supone ir en contra de la
uniformidad que garantiza la salvación... Es admisible que en distintos
países y culturas existan costumbres diversas, lo que no es tan
frecuente (ni tan admisible) es que, en el seno de una comunidad homogénea,
un grupo de personas se empeñen en ser diferentes.

El problema de los judios es que consiguen hacer convivir un sentido de
patria y un sentido de religión independientes, o sea, pueden ser
alemanes (o franceses, o rusos, o españoles) y al mismo tiempo judíos,
compatibilizando ambas realidades sin mayor problema. Esta convivencia
resulta demasiado compleja para los seres sencillos que nunca han podido
hacer dos cosas distintas al mismo tiempo (como caminar y masticar chicle)
y que por supuesto nunca han tenido la oportunidad de
compatibilizar dos formas de pensar en un mismo cerebro (el suyo).

Esta forma de vida que los judios consiguen desarrollar con naturalidad
choca con las ideologías excluyentes que se han alimentado en el seno
del cristianismo. Efectivamente, de una religión que se considera
poseedora de la VERDAD ABSOLUTA, tienden a surgir pensadores que buscan
una verdad cuanto menos única e indiscutible; las diversas ideologías
(nacionalismos, socialismos, liberalismos,...) surgidas en el mundo
occidental sufren de este virus: pretenden que existe una verdad
indicutible y que el único fin del pensamiento humano debe consistir en
encontrar el camino hasta ella. Es por ello que, cuando encuentran una
situación compleja donde no es posible separar y clasificar
convenientemente los diversos recovecos de su realidad, se encuentran
confundidas y tienen a considerar que alguien intenta engañarles y
ofuscarles su límpido raciocinio; de esta manera, la posibilidad de que
una persona compatibilice dos ¿fidelidades? aparentemente divergentes
les parece una obvia falsedaz.

En este punto no sé si ha quedado demasiado claro el hilo de mi
razonamiento, pero lo que quiero explicar es que el principal pecado de
los judios es su independencia respecto a sus conciudadanos y la
complejidad de su carácter; para muchos, entre los que me incluyo,
estas dos características no son sino virtudes, pero las fuerzas vivas
de nuestra sociedad se encuentran, en cualquier situación, muy incómodas
con personas de esta ralea.

Pero, ¿por qué esta reflexión, en este momento? Todo se debe a unas
declaraciones del portavoz del gobierno (del reino de España) hablando
de su disposición a admitir a cuanto inmigrante venga a este país siempre
y cuando asuma nuestra cultura y nuestras costumbres. Ahora que hay que
luchar contra los guetos y la segregación de los inmigrantes, resulta que
es imprescindible que `ellos' renuncien a su cultura, de forma que
nosotros podamos mantener la simplicidad de nuestros esquemas culturales
y sociales; de esta forma, si un español decidiese emigrar al norte de
Europa, a lo primero que tendría que renunciar es a cocinar con aceite
de oliva, puesto que la realidad social europea sólo acepta la
mantequilla (otro ejemplo demagógico, aunque la demagogia parece
imprescindible para explicar ciertos temas a las personas de `cultura
media' que nuestra sociedad produce)

Entonces, ¿los guetos son buenos? Por supuesto que no, pero
planteémonos un momento cuál es su causa: ¿es la intolerancia de los que
llegan, que no pueden aceptar las costumbres que encuentran en su país
de acogida, o la de los lugareños, que no pueden convivir con personas
que realizan las tareas cotidianas de manera distinta? Todos los matices
son posibles, y los casos que se presentan son muy numerosos y muy
diferentes entre sí; en cualquier caso, no deberíamos dejar de hacernos
estas preguntas.

Conclusiones:

	1. Los judios son los inventores del multiculturalismo.

	2. Mariano Rajoy, aunque no lo sepa, es antisemita (al igual
	que la mayoría de los españoles bienpensantes, que tampoco son
	conscientes de serlo, principalmente gracias a Isabel `La Católica')

Temas pendientes (aún por resolver):

	1. ¿Por qué el Islam, que adolece de los mismos vicios del
	cristianismo, se ha comportado tradicionalmente de forma más
	tolerante con otras religiones, especialmente las `del Libro':
	judaismo y cristianismo?
	
	2. ¿Entendería esta discusión un hindú? ¿Deberíamos ser todos
	politeístas para que la tolerancia reinara en el planeta?

Salvar el mundo


8 de octubre de 2002

Hay últimamente un gran número, cada vez mayor, de personas que intentan
salvar el mundo (o al menos a la humanidad) de la destrucción total. En
general, todos han descubierto que existe un pequeño campo de la actividad
humana donde ellos pueden actuar para hacer el mundo un poco mejor.

Sin embargo, desde mi punto de vista, existe un problema que hasta el
momento apenas si se ha planteado. Para ilustrar un poco esta cuestión
voy a emplear una pequeña fábula:

Había una vez tres individuos que habían descubierto la forma de salvar
el mundo.

	* Un peatón concienciado había decidido dejar de utilizar el coche
	privado con el fin de reducir la contaminación y la dependencia
	energética de los combustibles fósiles.

	* Un vegetariano había decidido dejar de comer carne con el fin de
	denunciar las condiciones inhumanas de las granjas de crianza y el
	despilfarro de recursos alimenticios destinados a alimentar al ganado.

	* Un programador informático había decidido dejar de utilizar
	programas propietarios cuyo código fuente no fuera público para
	fomentar la socialización del conocimiento técnico.

En cierta ocasión se encontraron estas tres personas y descubrieron que tenían
mucho en común: todas ellas estaban convencidas de que el mundo no iba bien,
de que había que hacer algo para cambiarlo y que este cambio podía (o debía)
producirse a partir de pequeños cambios en las pautas de conducta de la gente.
A continuación cada uno de ellos explicó con detenimiento su respectiva
postura, los motivos que le habían llevado a tomarla y las razones por la
que pensaba que dicha decisión podía afectar al bienestar global de la humanidad.

Tras esta reunión, se despidieron calurosamente, deseándose lo mejor para el
futuro y esperando que cada uno de ellos tuviese éxito en su empresa. Sin
embargo, nada más separarse, ocurrió lo siguiente:

	* El peatón se alejó paseando tranquilamente pensando lo absurdo que
	era  intentar salvar el mundo simplemente dejando de comer carne...
	Al llegar a casa encendió su ordenador y se puso a escribir un
	artículo al respecto en el Word, mientras meditaba: `tal vez sería
	buena idea utilizar un sistema operativo distinto a Windows y dejar
	de depender de Microsoft, pero es algo que está fuera de mi
	alcance..., eso sólo lo pueden hacer los expertos informáticos'

	* El vegetariano se alejó en dirección contraria pensando lo absurdo
	que era pretender salvar el mundo con un simple programa informático...
	Cuando llegó a su coche, en el que debía conducir más de una hora para
	llegar a su casa, pensó que le gustaría poder prescindir del coche en
	su vida, pero que eso era algo que no se podía permitir nadie que
	tuviera una draconiano horario de oficina como él.

	* El programador cogió inmediatamente su moto mientras pensaba lo
	absurdo que era suponer que dejar de usar el vehículo privado fuera
	a salvar el mundo. Al llegar a casa, se puso a cenar y mientras
	devoraba un espléndido filete de ternera meditaba: `tal vez dejar
	de tomar carne sería una buena decisión, pero eso sólo lo puede hacer
	gente con mucha más voluntad de la que yo tengo'.

Entre tanto, General Motors, McDonald's y Microsoft, siguieron haciendo negocios
con dos tercios de la humanidad, a pesar de que cada vez tenían una oposición
más feroz por parte de los `consumidores'.

Democracia


14 de noviembre de 2002

¡Cuán voluble resulta el concepto de democracia!

Cuando Sadam Hussein resulta refrendado con el 100% de los votos de los iraquíes,
se trata (evidentemente) de una farsa, una parodia de la democracia; sin embargo,
cuando Josep Piqué es elegido presidente del PP de Cataluña con el 93% de los
votos, se trata (evidentemente) de un amplio consenso. Desde mi punto de vista,
el primer caso es un `mejor' ejemplo de democracia que el segundo (antes se
denominaba un `congreso a la búlgara', pero ahora se llama cohesión interna).

Entre el 60% y el 70% de los españoles está en contra de apoyar una guerra
contra Irak. El gobierno español (evidentemente) está a favor. Porque una
democracia no consiste en que el gobierno actúe según las opiniones de la
población, si no en elegir cada cuatro años a unos señores que van a hacer
lo que les apetezca (en función de su `sentido de estado')

¿Qué es el `sentido de estado'? Gobernar en función de los poderosos
(las empresas). Cualquier atisbo de gobernar en favor de la población en
general (sin ningún tipo de distinción) será calificado de `electoralismo'
y debe quedar estrictamente restringido a los periodos electorales para evitar
que la oposición llegue al gobierno (evidentemente, los `amiguitos' de la
oposición no son los mismos que los del gobierno; en cualquier caso nunca se
gobernará para `el pueblo')

Siguiendo las tesis del diario ABC (sin mencionar a `La Razón'), ya es
bastante que las élites consientan en que el vulgo les infle las narices cada
cuatro años (obligándoles a protagonizar los dantescos espectaculos de las
campañas electorales), no pueden pretender además que se les `escuche'
constantemente... ¡eso conduciría al caos! Por tanto, la derecha española
consiente en que se limite la duración temporal de su mandato, pero no en que
se limite su capacidad para gobernar (cosas de la modernidad: ahora en lugar
de dictaduras de 40 años, sólo las tendremos que soportar de cuatro años,
aunque prorrogables si amenaza la horda roja)

Pero no es sólo la derecha, desde el PSOE también se alude que el método del
referéndum es el más imperfecto (especialmente si se consulta a vascos o
catalanes que, ya se sabe, son muy manipulables) porque es muy vulnerable
frente a las demagogias.

Conclusiones:

¿Qué es `demagogia'?
	Que el gobierno actúe según los intereses de la gente.

¿Qué es `democracia'?
	Que la gente actúe según los intereses del gobierno.

Evidentemente, vivimos en un país (mundo) democrático...

2 de mayo


8 de junio de 2003

Hace algo más de un mes que quiero escribir una ligera reflexión
que me asaltó el pasado día del 2 de mayo, día que la Comunidad
Autónoma de Madrid eligió como `patrón'. ¿Qué se conmemora
en esta fecha? Muy sencillo: el levantamiento del pueblo de
Madrid contra los invasores franceses en 1808.

195 años después, la postguerra iraquí nos trae una
situación similar: un ejército ocupante, procedente de una
nación rica y próspera (avanzada y moderna), pretende llevar
el progreso a otra atrasada. Libertad, igualdad y
fraternidad pretendían traer las tropas napoleónicas a una
España atrasada, ignorante y fanática. Sin embargo esta
misma ignorancia, unida al profundo fanatismo religioso,
consiguió vencer a los invasores y teorizar un nuevo
concepto militar: la `guerrilla'.

La gloriosa `Guerra de la Independencia' logró conservar
nuestro retraso respecto del resto de Europa más de un
siglo. Lo más escandaloso es que, lejos de repudiar aquella
expulsión de las `fuerzas de liberación' francesas, aún hoy
nos enorgullecemos de aquellos guerrilleros católicos
(fundamentalistas) que luchaban en contra de la democracia
venida de fuera (contra la que también habrían luchado aunque
hubiese venido de dentro). Los `afrancesados' fueros
perseguidos y muchos tuvieron que huir del país, verdaderos
traidores que aún no han recuperado el buen nombre en el
imaginario colectivo, a pesar de que las ideas que
defendieron son hoy consideradas incuestionables e
irrenunciables.

La gran victoria de la ignorancia y del fanatismo se sigue
celebrando como una gran hazaña patriótica en España.
Nosotros somos los últimos pues, que debemos sorprendernos
de la resistencia no sólo iraquí, sino árabe y musulmana, a
la invasión del ejército de la tricolor. Al fin y al cabo,
¿qué se les está ofreciendo? ¿Incorporarse al `desarrollo'
como países tercermundistas de pleno derecho? ¿Dónde, en los
últimos meses, se ha visto morir a niños famélicos: en un
país en guerra y tras diez años de embargo internacional
(Irak) o en un país plenamente democrático y cumplidor de
los mandatos del FMI (Argentina)?

Un juego de naipes


18 de septiembre de 2003.

Se juega en uno de los casinos de mi ciudad un curioso juego de
naipes. Al comienzo de cada partida se reparten todas las cartas de
una baraja entre todos los jugadores (cuyo número puede variar) a
partes iguales. A continuación comienza el juego: los jugadores
intercambian sus cartas entre sí otorgándoles un valor de cambio que
varía constantemente. Al final de cada mano, cada jugador, según su
propia habilidad, ha conseguido retener y acumular un determinado
número de cartas; muy difícilmente se mantiene el reparto original y
suele suceder que algunos jugadores más hábiles hayan acumulado un
cierto número de nuevas cartas, mientras que otros, por falta de
habilidad o de suerte, han perdido parte de las suyas. Jugar la
siguiente mano con un número mayor de cartas aporta significativas
ventajas para los que jugaron afortunadamente; las ventajas son tan
considerables que suele ocurrir que la partida se decante ya en la
primera mano. Evidentemente, el juego consiste en acumular el mayor
número de naipes, dejando a los contrincantes con las manos vacías.
Aquellos que se quedan sin cartas con las que jugar deben salir del
juego y reciben el nombre de `desheredados'. Sin embargo, es muy
difícil que el juego concluya, pues cuando un pequeño número de
jugadores han acumulado todas las cartas de la baraja, resulta muy
complicado que ninguno de ellos sea `desposeído' totalmente; mucho
antes de que esto ocurra, los `desheredados' suman un número mayor que
los jugadores y deciden que el juego debe terminar, repartiendo
nuevamente las cartas de forma equitativa, lo que se llama
`revolución'.

Esta primera modalidad del juego, que recibe el nombre de `capitalismo
clásico', ha perdido popularidad debido a que las partidas resultan
demasiado rápidas y suelen terminar en `revolución'. Los buenos
jugadores, que son los que más disfrutan con el juego, han inventado
una nueva variante que alarga las partidas casi indefinidamente.
Consiste en lo siguiente: al final de cada mano, el croupier, llamado
en este juego `estado', se encarga de retirar cartas a los que más
han acumulado para repartirlas entre los que menos tienen de forma
que puedan seguir jugando. Este sistema alarga considerablemente las
partidas, aunque depende demasiado del buen juicio del `estado'; el
croupier debe conseguir un equilibrio muy complicado: si la
redistribución resulta absoluta, entonces el juego pierde emoción y
los jugadores se aburren, si la redistribución es escasa, el riesgo
de que numerosos jugadores se queden con las manos vacías aumentan
en cada mano y acaba produciéndose una `revolución', aunque siempre
se pueden introducir modificaciones en la redistribución, llamadas
`reformas fiscales', para reconducir la situación y evitar el final
abrupto.

Sin embargo, esta segunda modalidad, llamada `capitalismo asistencial',
no resulta del agrado de todos los jugadores. Afirman los críticos que
impide disfrutar de la esencia del juego y que la `regulación'
excesiva de ciertos crupieres elimina absolutamente la capacidad de
maniobra de los buenos jugadores. Han sido éstos quienes han creado la
última variante del juego, que es la que está triunfando en la
actualidad, extendiéndose rápidamente.

En la tercera modalidad del juego, denominada `capitalismo global', se
elimina la redistribución de naipes después de cada mano, lo cual
devuelve el juego a sus orígenes. Para evitar que el juego termine
demasiado pronto, cada cierto tiempo se incorpora una nueva baraja que
se distribuye entre los jugadores, permitiendo a los `desheredados'
incorporarse de nuevo al juego. De esta forma, los buenos jugadores,
que en esta modalidad reciben el nombre de `corporaciones
transnacionales', no pierden la ventaja que acumulan a lo largo del
juego, más bien pueden continuar acumulando los naipes gracias a la
a la continua afluencia de nuevas cartas. El gran éxito de esta
modalidad se ha visto oscurecido por dos pequeños problemas: la
necesidad constante de nuevas barajas, o `recursos naturales', y la
escasez de espacio en la mesa de juego para acumular tan gran número
de naipes; para resolver estas contingencias se ha procedido a
requisar las barajas que otras mesas dedicaban a otros juegos menos
populares y a ocupar las propias mesas para poder `depositar' las
grandes `fortunas' de naipes. Esta modalidad recibe numerosos nombres,
aunque los más utilizados, aparte del oficial, son los de `crecimiento
sostenido' o `desarrollo sostenible'.

El éxito del juego ha sido tal que el ayuntamiento ha promulgado una
ordenanza prohibiendo el resto de los juegos de cartas, invitando a
todos los ciudadanos a incorporarse a la `modernidad'. Aunque aún hay
algunos excépticos, que añoran juegos como el mús o el tute, cada vez
son menos y cada vez tienen menos razones para no jugar al
`capitalismo'.

Carlos Jiménez Romera
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