Emerio Serrano.— Como han explicado los compañeros que me han antecedido, la salud animal no ha estado exenta de la agresión imperialista, y si grave y genocida fue la que se cometió con la introducción del dengue, también la introducción de enfermedades y plagas en nuestros animales, constituye, además del daño que se produce por la muerte de los mismos, el que ocasiona a las personas al no poderse alimentar, o sea, privarlos de una fuente de alimentación importante, y es una de las formas que ha tenido el imperialismo para vencer a nuestro pueblo por hambre, cuestión que, como todos conocemos, no ha podido lograr.

Al igual que otras esferas relacionadas con el desarrollo científico técnico, el sistema de la medicina veterinaria en Cuba también, durante estos 40 años de la Revolución, se ha visto muy fortalecido con la formación de más de 6 000 médicos veterinarios y más de 10 000 técnicos medios, existe una red de laboratorios diagnósticos, un sistema de vigilancia en todo el país, muy relacionado con múltiples centros de investigación científica, las universidades, que apoyan todo el trabajo de la salud animal y donde el Centro de Sanidad Agropecuaria ha desempeñado también un papel muy importante, tanto en el diagnóstico como en las investigaciones, relacionadas con la salud.

Como bien se explicaba con anterioridad, ya desde fecha tan temprana como el año 1962, en los planes del "Proyecto Cuba", específicamente las agresiones de carácter biológico ya estaban concebidas, y, coincidiendo con esta misma fecha, o sea, a finales del año 1962, se produce el primer ataque biológico a los animales, específicamente a la avicultura cubana.

Este año coincide con el inicio del desarrollo avícola en el país donde ya estábamos pasando de una avicultura de traspatio a una avicultura intensiva, y se presenta la enfermedad de newcastle, que es una enfermedad que tiene una alta contagiosidad, provoca una alta mortalidad de más de un 80% de la masa avícola, y tiene una propagación muy rápida. El primer brote se presenta en la provincia de Pinar del Río y se empieza a detectar en el resto del país, específicamente en Matanzas y en la región oriental. Todos los brotes tenían una causa común, o sea, un sentido común, que se producían después de haber utilizado una vacuna que era producida en esos momentos en los Laboratorios de Productos Veterinarios del Instituto Nacional de Reforma Agraria, que era la vacuna contra la viruela aviar que se les pone a todos los pollitos de un día de nacidos.

¿Qué fue lo que se pudo determinar? Que esta vacuna había sido manipulada, en este caso, contaminada con el virus del newcastle en estos mismos laboratorios, un aspecto que fue corroborado en un juicio donde se determinó la responsabilidad individual en dicho caso. Esta acción produjo la muerte de más de un millón de aves y las pérdidas fueron alrededor de 3 millones y medio de pesos.

Este es el primer hecho que se conoce —como decía anteriormente— de guerra biológica en nuestro país.

Posteriormente, en junio del año 1971, se detecta el primer brote de Peste Porcina Africana, que era una enfermedad que no estaba en el hemisferio, era una enfermedad propia de Africa, y que vuelve a introducirse en el año 1980 en la provincia de Guantánamo, ocasionando grandes pérdidas económicas. Sobre estos dos casos existe un amplio expediente que pone al descubierto la participación directa de la CIA y grupos contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos. Pensamos que el doctor Aramís Fernández y la doctora Rosa Elena, que fueron protagonistas excepcionales, por su trabajo en el diagnóstico y el control de esta enfermedad, pueden después abundar en este tema.

Más tarde, en agosto de 1981, en la provincia de Las Villas, específicamente en una empresa en Placetas, aparece la pseudodermatosis nodular bovina. Esta es una enfermedad que produce daños en la piel además de una linfoadenitis generalizada. Si bien el impacto inicial no fue de grandes pérdidas desde el punto de vista que ocasionara muertes en la masa ganadera, no es menos cierto que las medidas que hubo que adoptar para su control, y además —como en el caso de otras enfermedades que se han expuesto aquí— no existía la experiencia del diagnóstico y del control de las mismas; nos ocasionó grandes pérdidas desde el punto de vista económico, y también es una enfermedad que no se ha podido erradicar en el país.

Como un elemento que nos ilustra la mano enemiga en este caso, hay que decir que esta enfermedad coincide en el tiempo donde se introduce el dengue hemorrágico.

En esa misma fecha un vocero de la Embajada norteamericana en Nicaragua propaga la noticia de que Cuba estaba sufriendo un brote de fiebre aftosa, cuestión que es completamente incierto, ya que Cuba es un país indemne a esta terrible enfermedad. Con el objetivo de apoyarnos en el programa de control y en el diagnóstico, vinieron científicos del antiguo campo socialista y de otros países occidentales. Me referiré al informe de un especialista en la enfermedad, de Francia, que precisó bien claro la posibilidad del origen, y cito textualmente: "No me explico técnicamente cómo se pudo haber introducido la enfermedad en Cuba, ya que la vía fundamental de trasmisión es por el contacto de animal afectado al animal susceptible", cuestión que en ese tiempo no era posible, pues no se había realizado ninguna importación de animales, y, lógicamente, se hacía evidente que la enfermedad se había introducido.

También ya en el año 1989 se produce la introducción de otra enfermedad de la ganadería vacuna, que es la mamilitis ulcerativa, que provoca grandes pérdidas con relación a su alta contagiosidad, y en la reducción de la producción de leche. Este hecho coincide con el momento en que la ganadería cubana tenía un mayor desarrollo, cuya expresión mayor fue el millón de litros de leche que se estaba produciendo en este momento en la provincia de La Habana. Coincide también con el caso del descubrimiento de nuestra recordista mundial Ubre Blanca; o sea que, como bien planteaba la doctora Rosa Elena, todos estos hechos han estado siempre ligados al desarrollo de una determinada rama, en este caso la pecuaria, en el país.

Después, en el año 1993, más recientemente, y ya en momentos en que el período especial arreciaba, se detecta la enfermedad hemorrágica viral del conejo, también muy relacionados en este caso sus daños con el objetivo de que esta especie es utilizada para la producción de muchas vacunas, medicamentos e investigaciones, como es la prueba de epirógenos en los hospitales, y también era un elemento importante para la nutrición de nuestra población en esos momentos.

Las medidas adoptadas, afortunadamente, independientemente de los daños que se ocasionaron, pudieron evitar que se produjeran grandes daños en el caso de la producción de vacunas y de medicamentos. Sí en el caso de la salud animal, de una forma indirecta, se vio afectada la producción de la vacuna contra el cólera porcino, que se produce utilizando el conejo, y propició que a finales de ese año hubiera una epizootia de esta enfermedad y, lógicamente, tuvo un daño indirecto.

Ultimamente, ya en el año 1996, se introduce la varroasis, que es la enfermedad más grave que tienen las abejas, que produce grandes daños por la mortalidad de sus colmenas, que también había algunos países del área afectados, pero que lo lógico hubiera sido que la afectación, por los vientos y por otras formas, hubiera sido por el oriente del país; sin embargo, se produce la afectación en la llanura de Matanzas, entre Matanza y La Habana, precisamente en la zona donde está la mayor producción apícola del país, casi el 30% de esta producción, y después se propagó al resto del territorio, ocasionando graves pérdidas por la muerte de las colmenas y erogación de divisas para la compra de medicamentos.

Resumiendo, hay siete enfermedades que han afectado la masa animal en cinco especies, que han ocasionado pérdidas millonarias también, y que no podemos pensar que estas sean las últimas. Estamos alertas, al igual que los demás sistemas, porque este es un mecanismo que han utilizado nuestros enemigos para afectar nuestros animales y por consiguiente a la población.

Randy Alonso.— Usted decía que unas de las enfermedades más notables en toda esta etapa de agresiones biológicas contra nuestro país fue la fiebre porcina africana, que se presentó en dos oportunidades en diferentes momentos durante estos 42 años, y adelantaba que el compañero Aramís Fernández fue uno de los que, junto a la doctora Rosa Elena Simeón, participó en el control de esta enfermedad y de su erradicación durante esas dos oportunidades.

Sería bueno, Aramís, conocer su experiencia de cómo se introdujo esa enfermedad en nuestro país y qué medidas se adoptaron para poder enfrentarla.

Aramís Fernández.— Como se ha expresado en distintas oportunidades en esta mesa, en esta guerra sucia y genocida nada queda a la casualidad. No fue, por tanto, casual que el enemigo escogiera la fiebre porcina africana para introducirla en nuestro país en el año 1971, tampoco fue casual que lo hiciera por la provincia de La Habana.

Se escogió la fiebre porcina africana porque es una enfermedad viral, muy contagiosa, que cuando se introduce en un territorio que no ha sido afectado previamente produce una mortalidad virtualmente del ciento por ciento, pero, además, produce síntomas y lesiones, que por su comportamiento desde el punto de vista poblacional es semejante a otras enfermedades que por entonces existían en el país, especialmente una muy conocida popularmente, a la que se denomina pintadilla, y eso contribuía a que al aparecer la enfermedad se pudiera presentar confusión y, aprovechando ese período de confusión, la enfermedad pudiera seguirse propagando.

Tampoco es casual que haya sido escogido como escenario la provincia de La Habana, porque precisamente a partir del año 1969, aunque ya previamente se habían realizado esfuerzos en el desarrollo de la rama porcina en el país, se potenció el desarrollo porcino del país con la creación del Combinado Porcino Nacional, y en el caso de la provincia de La Habana se creó un plan especial en el cual se importaron valiosos ejemplares porcinos del extranjero, material genético que tenía como propósito no solo incrementar la crianza, sino, a más largo plazo, producir una mejora en nuestros animales autóctonos.

Existía también en esta provincia un centro de cuarentena a través del cual nuestras autoridades sanitarias realizaban las importaciones que se hacían del extranjero como una medida de garantía de que esas importaciones no comprometieran el estado sanitario del país. Es precisamente La Habana el lugar que se escoge para dar el zarpazo, y surge la enfermedad en un cebadero que tenía más de 11 000 cerdos de ceba, y a la cual, dada la estructura de la producción en aquellos momentos, se llevaban tantos cerdos de las unidades estatales como también de los que se les compraban a los particulares, lo que facilitaba, como sucedió, la introducción de la enfermedad.

A partir del momento en que se realizan las primeras investigaciones y se llega a la certeza, se tomó la decisión por parte del Gobierno Revolucionario y de las altas autoridades de nuestro país, de acometer de inmediato su erradicación, y junto con ello tomar todas las medidas para evitar que la enfermedad se expandiera a los países vecinos.

Este es un hecho que fue trascendental, por cuanto esta enfermedad, que era conocida desde los primeros años del presente siglo y que su primera descripción por un científico inglés fue en el año 1921, en 50 años estuvo circunscrita al continente africano, precisamente al Africa sudsahariana. A finales de la década del 50 llegó a España y posteriormente a Italia, países que tenían intereses coloniales en el Africa y a través de ese movimiento llegó; un poco después hubo episodios de introducción en Francia e Italia que lograron erradicarla rápidamente.

Es decir que no había realmente vínculos que justificaran su introducción por vía natural; no obstante, junto con la campaña de eliminación, que exitosamente se desarrolló en un período muy breve, solo 45 días, se realizaron investigaciones tratando de confirmar las vías, llamemos normales, a través de las cuales la enfermedad podía haber sido introducida al país; se hicieron no solo estudios de carácter epidemiológicos, sino se hicieron estudios forenses: se desenterraron huesos de animales que habían muerto en períodos anteriores a la fecha de la epizootia, y por método de laboratorio se determinó si la enfermedad había estado o no presente, y se pudo precisar —seguramente la doctora Rosa Elena podrá ahondar sobre estos tópicos— con toda exactitud que era imposible que la enfermedad hubiese sido introducida por canales normales, comerciales, viajeros, etcétera.

La enfermedad fue erradicada, pero a un costo de sacrificio de cerca de medio millón de cerdos, entre los cuales ejemplares genéticos de un altísimo valor.

Hubo necesidad de una gran movilización. Los que vivieron aquella época recordarán los puntos de desinfección que se pusieron en la frontera, las enormes cantidades de desinfectantes que fue necesario utilizar para evitar que la enfermedad se transmitiera a otras provincias del país, y una gran movilización de los actores sociales que tuvieron que colaborar con el servicio veterinario para combatir la enfermedad.

VI PARTE

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