Randy Alonso.— Sí, creo que es interesante ilustrar qué fue lo que pasó en aquel terrible verano de 1981.

Eric Martínez.— Entre el 1º de junio y el 10 de octubre, que se da por terminada la epidemia, se notificaron 344 203 casos de dengue, pero de ellos más de 30 000 eran casos hemorrágicos y 10 000 cumplían todos los criterios de la Organización Mundial de la Salud para ser considerados casos de fiebre hemorrágica y choque por dengue.

Tenemos una intensivista pediatra en la mesa y es conocido que un paciente en choque está a las puertas de la muerte.

Con esos 10 000 casos, pudimos haber tenido miles de fallecimientos, y aunque esas 158 defunciones, incluidas 101 niños, todavía nos duelen, hay que considerar que fue un éxito haberles podido salvar la vida a otras miles de criaturas.

El sistema de salud y todo nuestro país se movilizó como una sola persona y logramos que ya, después de mediados de julio, comenzara a disminuir la epidemia y, como dije, el último caso se notificó el 10 de octubre.

Ahora bien, en esa primera etapa de ascenso —como bien usted dice, hubo un solo caso a mediados de julio— se llegaron a notificar 11 400 casos en un solo día.

También se crearon las condiciones para que todo aquel paciente que necesitara hospitalización tuviera una cama, bien en los hospitales ya existentes o se habilitaron, se crearon —hubo escuelas que se convirtieron en hospitales—, de modo que pudimos hospitalizar, para una adecuada vigilancia y un tratamiento correcto, 116 143 enfermos; quiere decir el 33,7% del total de los casos. Eso no lo ha hecho ningún país, sencillamente porque no lo puede hacer; solo el nuestro en nuestra situación.

La tasa de mortalidad en los que hospitalizamos fue de 0,13% y, en general, de toda la epidemia, de 0,46 por 1 000. Esta es una cifra increíble y aún hoy no ha existido otro fenómeno epidémico de dengue hemorrágico en los países de América y mucho menos del sudeste asiático, en que se haya logrado una mortalidad, una letalidad tan baja.

Ahora bien, quisiera comentar dos cosas. Esto, dicho así, son números y quizás algunas madres y abuelas que recuerdan, hayan experimentado esto que yo digo; pero como desde entonces acá tenemos tantos jóvenes nacidos después, es importante señalar que esta epidemia se convirtió en una verdadera situación de ansiedad en toda la población. Primero, nadie sabía quién iba a enfermar, pero mucho menos se sabía quién de los enfermos iba a agravar y a morir. Ese estado psicológico que se crea en cualquier población con una epidemia de dengue hemorrágico, solamente lo pudimos combatir demostrando eficiencia, paralelamente a las acciones puramente médicas y a las acciones de control del medio, de reordenamiento del medio, saneamiento ambiental, control eficaz del mosquito y, por supuesto, grandes erogaciones en fumigación, etcétera. Eso generaba en nuestra población la tranquilidad imprescindible. Por lo tanto, en medio de aquel combate ya había comenzado la victoria. La victoria está dada por los cientos y después miles que salvábamos y por el mensaje de tranquilidad que dejábamos en las familias.

Era común para cualquiera de nosotros hacer una guardia nocturna en los hospitales abarrotados, y en una noche tener 20 niños en choque y con vómitos de sangre; eso generaba todo un estado de ansiedad.

¿Cómo respondió la población y los propios trabajadores de la salud? No había horario de trabajo, las otras especialidades se unían a los clínicos en el enfrentamiento, las secretarias cuando terminaban su turno de trabajo iban a ayudar en la limpieza. Fue un acto muy bonito en el sentido de que despertó una vez más esa dedicación, esa entrega y esa solidaridad en nuestro pueblo.

Randy Alonso.— Yo era pequeño pero recuerdo que en los alrededores de donde vivía también mucha gente se movilizó en función de eliminar vertederos, de limpiar zonas que estaban inundadas de agua, se empezó a fumigar en muchos lugares. Fue extraordinaria la movilización popular para enfrentar una cosa tan terrible como aquella.

Eric Martínez.— Mire, Randy, ningún país puede enfrentar una epidemia de dengue sin la participación comunitaria. No hay ningún sistema de salud que sea lo suficientemente fuerte, porque sus trasmisores viven dentro de la casa, acompañan a la persona. Por lo tanto, esa movilización social, que es imprescindible, se dio en nuestro caso en la forma que usted dice; pero es que no es solo los adultos, es que los niños, nuestros escolares crearon las brigadas aquellas de casa por casa; nuestras tropas salieron a las calles a eliminar criaderos, pero también —como decía— a contribuir a la limpieza, al ordenamiento ambiental, que es como se le llama ahora. Prácticamente no quedó nadie en Cuba que pudiera hacer algo que no lo hiciera.

¡Cuánto decir entonces de los medios de comunicación, que se pusieron en función no de crear pánico, todo lo contrario, sino de contribuir a la educación para la salud! Quienes después hemos podido estar en otros países, hemos podido poner este ejemplo de Cuba, porque muchas veces se utilizan los medios para crear confusión o en problemas de facciones políticas, y, en realidad, cuando se está muriendo la población todos, y en gran medida los medios, tienen que asumir esta postura por encima de todas las tendencias y buscar la educación sanitaria.

Randy Alonso.— Recordaba el discurso del Comandante el domingo, durante el Día de la Medicina Latinoamericana, y él hablaba de los esfuerzos que tuvo que hacer el país para poder enfrentar esa epidemia, al tener que ir a buscar algunos productos a lugares lejanos.

Rosa Elena, ¿puede usted hablarnos de ese esfuerzo?

Rosa Elena.— Sí, yo creo que si queremos tener una imagen clara de lo que es el imperialismo yanki, debemos decir que no solo introduce el virus, como quedó evidenciado por los virólogos, sino que también en un momento como ese, en que teníamos más de 300 000 enfermos, se nos negó la posibilidad de adquirir en Estados Unidos uno de los productos —el Abate— que podíamos utilizar para eliminar el factor determinante en la difusión de la epidemia, que es el vector, el Aedes aegypti. Por el bloqueo se nos negó la posibilidad de comprar este producto, elaborado por las transnacionales yankis. Hubo que desplazar aviones a Europa y a Japón para ir a buscar el Abate para poder combatir el Aedes aegypti.

Randy Alonso.— Y las motomochilas también creo que hubo que buscarlas en Japón.

Rosa Elena.— También. Pero, sobre todo, el Abate que era un producto de las transnacionales norteamericanas; y la respuesta fue que no se podía suministrar a Cuba. No solo nos introducen la enfermedad, sino que, además, nos bloquean para que no podamos disponer de los productos y de los conocimientos científicos que ya se han alcanzado para la solución del problema. No se podía disponer de ellos porque el bloqueo no lo permitía. Hubo que pedir ayuda a la Organización Mundial de la Salud y gracias a muchos amigos que tiene Cuba en el mundo. La solidaridad que se mostró, no solo interna, sino externa, también coadyuvó a que se pudieran obtener esos productos, y, en primer término, por la voluntad política de la dirección del país de salir a buscar el recurso donde estuviera, para luchar contra la plaga y salvar vidas humanas, luchar aunque fuera por una sola vida.

Randy Alonso.— A quien le quedara duda de por qué se plantea que la política norteamericana es genocida, recordando solo el ejemplo del dengue y esta criminal acción, de introducirlo primero y de negarle después a Cuba la posibilidad de salvar a tantos niños que se estaban muriendo, nos indican a las claras de qué tipo de política estamos hablando.

Doctor, ¿quería agregar algo más sobre este tema?

Eric Martínez.— Solamente recalcar que a finales de mayo fueron —como dije— los primeros casos confirmados; pero posteriores investigaciones permitieron conocer que desde fecha precedente, como fue diciembre de 1980, no en un lugar, sino en tres lugares del país, algunos casos febriles fueron después, retrospectivamente, diagnosticados como dengue. Y lo interesante es que en Ciudad de La Habana, en el municipio Boyeros; en un municipio de la provincia de Cienfuegos, y en la provincia de Camagüey, en la misma semana, habían ocurrido esos casos febriles. O sea, esa fue una evidencia epidemiológica que decía que algo no se correspondía con lo que habitualmente ocurre por una epidemia.

Una epidemia puede introducirse en un país por un viajero; pero el hecho de que se produjeran esos casos simultáneamente en tres lugares separados cientos de kilómetros, ya fue una gran sospecha.

Hay que reconocer que, desde la misma epidemia, el comentario que en ocasiones hacíamos era de que si aquello no era una agresión, se comportaba como si lo fuera. Después hubo esta evidencia, luego lo que usted ya señaló, o lo que se señaló de personas que se atribuyeron como un mérito esta monstruosidad y, finalmente, la demostración, desde el punto de vista de estudios genéticos de las cepas que también se hizo en Cuba, que el virus que circuló del serotipo dos de dengue en el año de 1981 no estaba circulando en ese momento en el mundo. Uniendo estos elementos, el criterio científico es que no ocurrió como habitualmente ocurren las epidemias y que, por lo tanto, hay que incorporarlas a esta lista de agresiones biológicas.

Randy Alonso.— Yo diría que quizás la más repugnante de todas.

Acudo a la Demanda del Pueblo Cubano al gobierno de Estados Unidos por daños humanos donde hay tres párrafos que yo quería leerle a nuestro pueblo, y que reflejan fielmente de qué es lo que estamos hablando.

Dice: "...Que las investigaciones y los estudios minuciosos llevados a cabo condujeron a la evidencia de que la epidemia fue introducida deliberadamente en el territorio nacional por agentes al servicio del gobierno de Estados Unidos. Especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad de mosquito Aedes aegypti sensiblemente asociada a la trasmisión del virus dos" —que fue el que se introdujo en nuestro país—, "según informó el coronel Phillis Rossell, en el XIV Congreso Internacional del Océano Pacífico, efectuado en 1979, solo dos años antes de que se desatara la brutal epidemia en Cuba.

"Constituye un elemento significativo el hecho de que en 1975 el científico norteamericano, Charles Henry Kalisher, en una visita a Cuba se interesó y obtuvo información sobre la existencia de anticuerpos al dengue en la población cubana y la no existencia en la misma, por lo menos en 45 años, de anticuerpos del virus dos.

"En el juicio celebrado en 1984, en Estados Unidos, contra Eduardo Arosena, cabecilla de la organización terrorista Omega-7, este confesó paladinamente haber introducido gérmenes en Cuba y reconoció que la fiebre del dengue hemorrágico fue introducida en la isla a través de grupos afines de origen cubano radicados en Estados Unidos."

Bueno, aquí en nuestro panel, también está la doctora Berta Lidia que en el año 1981, en medio de la epidemia, era pediatra en Holguín, y yo quisiera que usted nos contara su experiencia en aquel enfrentamiento a esta agresión biológica de tan terribles consecuencias para nuestro pueblo.

III PARTE

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