Berta L. Castro.— Randy, a casi 20 años de haber ocurrido la epidemia de dengue, cuando uno hace el recuento y sabe que hay jóvenes que no lo vivieron, pues yo creo que es muy importante este tipo de mesa.
Cuando se habla de genocidio siempre uno piensa en una agresión, en la guerra, en la participación, en una u otra conflagración donde hay dos ejércitos enfrentándose; pero este tipo de genocidio, como decía alguien antes de entrar, es una de las crueldades más grandes que se le podrán atribuir al imperialismo.
Sobre una inerme población, sobre todo a una población infantil en época supuesta de paz, porque nosotros no hemos tenido paz —desde que triunfó la Revolución, prácticamente se ha estado con nosotros en guerra, el imperialismo no nos ha dejado vivir en paz nunca—, una población inerme, totalmente pacífica, se produce una agresión biológica que tuvo el gran ensañamiento de que era un tipo de enfermedad que, como explicaba el profesor Eric, no se veía; al paciente usted lo veía jugando y dos o tres horas después, el líquido de su sangre había pasado a las distintas cavidades del organismo y el paciente, en muy poco tiempo, fallecía.
Era una enfermedad que nosotros no conocíamos, que no estaba dentro de las enfermedades que habíamos visto nunca en nuestra carrera de medicina; por tanto, para mí la epidemia de dengue fue —y así lo digo como persona, como cubana— un mazazo.
Yo recuerdo mi primera guardia y la imagen de una madre de la montaña holguinera, en la puerta del cuerpo de guardia, a las 11:00 de la noche, con un niño, un lactante en los brazos, y otro de la mano, los dos con sangramiento por la boca. Parecía algo de una película de terror, era algo que quizás en otro país y para otras personas podía ser capaz de paralizar, y eso fue lo que se buscó, paralizarnos. Pero al día siguiente, en Holguín —que fue una de las provincias de mayor morbilidad— tuvimos ya a un grupo de profesores de la Ciudad de La Habana enviados por el Ministerio de Salud Pública, el Estado, a quienes se les orientó —eran los primeros médicos que se habían enfrentado a la epidemia— que fueran y visitaran estas provincias y nos trasmitieran la experiencia que ya habían adquirido con los primeros casos, de los cuales algunos ya habían fallecido, lamentablemente.
Ellos nos trasmitieron su experiencia y ya nosotros salimos reconfortados, porque nos dijeron cómo habían podido enfrentarlo. Buscamos la enfermedad y ya nos sentimos un poco más preparados.
Esa misma noche se nos avisó del Partido de la provincia de Holguín, como parte del escalonamiento —que fue una de las cosas más importantes que se hizo y la manera de enfrentar una guerra con otra guerra y ubicar en los lugares con mejores condiciones del hospital a los niños más graves— que se iban a abrir escuelas. Se abrió la escuela de Formadoras de Círculos Infantiles de Holguín, que contaba con 800 camas, y allí se atendieron un total de 8 000 niños.
Esa misma noche se nos pidió que fuéramos a organizar el hospital y pensábamos que era solamente una actividad organizativa. Cuando llegamos, el Primer Secretario del Partido de la provincia y las autoridades del gobierno estaban bajando los sillones y los refrigeradores que se pusieron ya, y montando las camas del hospital en aquella escuela.
Ese hospital empezó a funcionar esa misma noche, con los médicos y enfermeras que estábamos haciendo el trabajo voluntario esa noche. Lo atendimos, y creo que esta es una cosa muy importante y que la juventud nuestra tiene que estar preparada para esto, dos médicos especialistas con alumnos de cuarto año de medicina, las graduadas de licenciatura en enfermería, que renunciaron a sus vacaciones, y, en gran parte, personal muy joven, que no dejó de ser alegre, que no dejó de hacer bromas, que no dejó de vivir; pero que desempeñó un importantísimo papel y en aquel hospital se detuvo, en el primer escalón, la posibilidad de que se murieran aquellos niños y que los graves pudieran llegar a donde tenían que llegar. O sea que el mazazo inicial, este que pudo habernos detenido, fue transformado.
Pero, además, para nosotros es un privilegio, y de eso no le cabe duda a nadie, contar, en primer lugar, con el Comandante en Jefe, y, en segundo lugar, con todos los dirigente de la Revolución que, al igual que él, visitaban noche a noche las unidades de cuidados intensivos pediátricos de aquí de la capital. Es famoso, en el hospital de San Miguel, la emoción de un niño que salió de debajo de una cámara de oxígeno y le hizo el saludo pioneril y le dijo: "Comandante en Jefe: ¡Ordene!", cosa que impactó mucho a todos aquellos trabajadores del hospital que lo recuerdan todavía como un gran momento, sin nada preparado; sino la disposición, incluso, de los niños, porque ellos sabían que el Comandante estaba diciendo: "No se puede morir un niño más." Y, realmente, a partir de aquel momento, no se murió un niño más.
Nosotros también enfrentamos los efectos del bloqueo, igual que con el Abate, cuando empezamos a comprar los equipos para crear las salas de terapia intensiva; porque Fidel, personalmente, dirigió la compra de los equipos para que hubiera una sala de cuidados intensivos pediátricos en cada uno de los lugares estratégicos del país, donde podía haber niños graves, y se creó así la red de unidades de terapia intensiva, donde hasta la fecha se han atendido 250 000 pacientes, con una mortalidad de meno de un 5%. O sea que en lugar de detenernos, de paralizarnos, lo que se provocó fue un salto de calidad en la atención al paciente pediátrico. Hoy, lamentablemente, hay 101 familias que no cuentan con un niño que podría estar en su seno, pero la victoria frente a aquella tragedia significó la posibilidad de que nosotros contemos con una red de terapia intensiva muy calificada y que permite darle atención y respuesta a una agresión como esta o a cualquier otra agresión.
Como profesionales a nosotros aquello nos enriqueció mucho, creemos que es muy importante. Los trabajadores de la salud —como decía el profesor Eric Martínez— muchos de ellos trabajaron enfermos, porque, además, teníamos al dirigente al frente, y no había otro camino que ese, que seguir adelante. Fue una situación enriquecedora para el futuro y que nos hace que los médicos cubanos que participamos en aquella campaña y a los que les hemos podido trasmitir después nuestra experiencia, estemos en condiciones de enfrentar una epidemia como aquella o cualquier otra agresión similar a aquella.
Randy Alonso.— Muchas gracias, Berta Lidia, por este testimonio que creo que es parte del espíritu que ha tenido siempre nuestro personal médico, nuestro personal de la salud, nuestros científicos, que no solo han salvado vidas humanas en nuestro país, sino que lo han hecho en otros lugares del mundo.
Quisiera preguntarle, Eric, esta experiencia de la batalla contra el dengue, ¿qué representó para el desarrollo de la asistencia médica cubana y para la propia actividad científica en la salud?
Eric Martínez.— Bueno, la doctora Berta Lidia ya refirió parte.
Un ejemplo evidente es la creación, desarrollo y consolidación de toda la red de terapia intensiva y muchas otras cosas, hay que decirlo.
Casi se puede hablar en la asistencia médica cubana de una etapa antes del dengue y después del dengue, de ahí también surgió la decisión de la formación masiva de médicos, que ya venía desde antes, pero en un plan organizado.
Randy Alonso.— En 1982 surge el Destacamento de Ciencias Médicas "Carlos J. Finlay".
Eric Martínez.— Toda la década del 80 y después la del 90, lo que ha permitido lo que ahora tenemos: ser verdaderos colaboradores en tantos países con el plan integral de salud.
También en otras esferas del país, la contribución a un pensamiento ambientalista y la importancia de ordenar el medio, única forma de evitar los criaderos de aedes egypti; pero de acuerdo con su pregunta, creo que es importante añadir que a este estado, anímico al que la doctora Berta Lidia se refirió de, en medio del combate ya, saber que usted está obteniendo victorias no basta con el sentimiento, y ahí el intelecto y la voluntad de nuestros hombres y mujeres dio resultados impactantes en materia científico-técnica.
Anoté aquí algunas ideas relacionadas con el diagnóstico. Ya en ese momento teníamos los elementos fundamentales para confirmarlo, como lo hicimos; pero el diagnóstico se desarrolló muchísimo después, al punto de que el Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí" fue designado por la Organización Mundial de la Salud centro colaborador de la OMS para el diagnóstico del dengue, entre otras cosas. No solo el desarrollo de las técnicas convencionales, sino que trabajando con otros centros de investigación, como es el centro de Inmunoensayo, el IPK crea un kit diagnóstico que se produce acoplado al SUMA y hoy podemos decir que en toda Cuba se hace ese diagnóstico de IGM, pero, además, varios países de la región, varios países, Colombia, Brasil y otros, basan su red de diagnóstico en tecnología cubana.
Recientemente en El Salvador, además de la brigada médica, de los técnicos que estaban, se donaron 5 equipos SUMA con kits para hacer 14 000 diagnósticos, ese es un ejemplo. Pero además de esas técnicas vamos a llamarlas convencionales, se logró mediante el dominio del PCR y otras técnicas, la caracterización genética de la cepa.
Ya nos referimos a que eso permitió caracterizar aquella cepa del año 1981; pero permite, sistemáticamente, caracterizar las distintas cepas que circulan en la región. De modo que Cuba irradia información y apoyo y da seguridad a los pueblos, no solo con la buena voluntad sino con hechos muy concretos: el desarrollo de una red de laboratorios dedicados al dengue, que Cuba sistemáticamente asesora, vienen virólogos y se entrenan, o va personal nuestro allá, repito, desde América Central hasta el sur, porque en Argentina recientemente se nos ha pedido participación y ahí ha estado también la asesoría cubana.
Además del diagnóstico, contribución muy importante en los aspectos de la etipatogenia de la enfermedad, cuáles son los factores de riesgo que hacen que una persona enferme de dengue hemorrágico y otra no lo haga. Esos estudios condujeron a importantes publicaciones que cambiaron el pensamiento.
El tratamiento. Hoy todavía no existe un medicamento antiviral para el dengue, pero no quiere decir que no tenga tratamiento.
Cuba desarrolló, desde aquel momento, un conjunto de conocimientos y acciones que permiten organizar la asistencia médica, identificar los signos de alarma, decidir cuáles son los que deben hospitalizarse, cuáles no, y ha sido incorporada la experiencia cubana a la guía de la Organización Panamericana de la Salud. Ejemplo: Recientemente en El Salvador, cuando la brigada médica cubana llegó moría un niño salvadoreño todos los días, y después de aplicarse esta tecnología que les acabo de decir y de capacitarse 3 000 profesionales, apenas en tres días —se dio entrenamiento en 30 hospitales a 3 000 profesionales de la salud salvadoreños— se detuvo la marcha de los fallecimientos, no falleció ningún niño más; eso es tecnología cubana puesta al servicio de los pueblos de América.
Para el control vectorial, cuántas cosas decir: ya Cuba fabrica Abate, tiene producción propia de insecticidas, el control biológico, o sea, controlar el virus, las larvas del mosquito a través de otros medios. Y aunque no existe en el mundo una vacuna todavía contra el dengue, entre los pocos países del mundo que tienen proyectos de investigación y desarrollo de vacunas del dengue, está Cuba, y la doctora Guadalupe Guzmán, que nos acompaña, es miembro del Comité de la Organización Mundial de la Salud para la vacuna del dengue.
Randy Alonso.— También la agricultura, los cultivos han sufrido con intensidad la agresión biológica de Estados Unidos contra nuestro país, y nuestro pueblo recuerda muchas de las epifitias, de las plagas que han colmado nuestros cultivos, sobre todo en los momentos en que más producción se había logrado en muchos de ellos.
El compañero Humberto nos pudiera acerca a la historia, a lo que ha pasado en estos 42 años con las plagas introducidas en nuestro país desde Estados Unidos.
Humberto Vázquez.— Sí, Randy. En el entorno del reino vegetal, como quedó demostrado en la Demanda del Pueblo de Cuba y que todo nuestro pueblo conoció, existe una larga lista de reportes de plagas y enfermedades exóticas en las plantas que antes de su aparición no existían en nuestro país, y algunas ni en nuestra región geográfica.
Para que se tenga una idea, desde 1978 y hasta 1996 se detectaron cinco afectaciones, o sea, cinco entidades exóticas en 18 años, una cada 1 315 días. Desde 1997 y hasta 1999 se detectan ocho afectaciones, o sea, ocho entidades exóticas en tres años, una cada 137 días.
Todo esto para el país, que ha tenido que enfrentarlo, ha causado un impacto económico. El país en el enfrentamiento a ello ha gastado la enorme cifra de 2 158 millones de dólares, con gastos adicionales cada uno de los años, en el orden de los 59 millones de dólares. Si este dinero hubiéramos podido invertirlo en el propio desarrollo de la agricultura, en el desarrollo de la medicina o en el desarrollo de obras sociales para nuestro país, realmente hubiese sido muy favorable para nuestro pueblo.
Se pudiera preguntar qué aval científico, qué aval de trabajo tiene nuestro país para poder detectar, enfrentar todos estos problemas, y yo diría que lo primero es la creación, el constante fortalecimiento y la existencia de un Sistema Estatal de Protección de Plantas, desarrollado por nuestra Revolución.
Te puedo decir que cuenta con un Centro Nacional de Sanidad Vegetal como actividad rectora, el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal, el Laboratorio Central de Cuarentena Vegetal, 15 direcciones provinciales, 14 laboratorios provinciales, 67 estaciones territoriales de protección de plantas, un centro de referencia y 19 puntos de fronteras. Hoy contamos con 5 819 personas, técnicos, en una composición de 2 254 profesionales, 3 051 técnicos medio, 514 obreros calificados, y hay que decir que el 71% están directamente en las unidades de producción. Y como algo más todavía, nuestro sistema cuenta con 7 018 activistas fitosanitarios. Esto es un movimiento popular que sin dudas nos ha fortalecido.
Puedo decirte también lo siguiente: Cuando conversamos con visitas que hemos tenido de otros países, nos han dicho: Tienen un sistema realmente muy grande, muy dimensionado; pero no hay país en el mundo que haya tenido que soportar esta presión de agresiones biológicas.
Como segundo aspecto te puedo decir que todo el apoyo que tiene este sistema desde el punto de vista científico, donde participa el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal, el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, el INCA, el Instituto de Investigaciones de Cítricos y Frutales, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el Instituto de Biotecnología de las Plantas, el Instituto de Investigaciones "Liliana Dimitrova", el Instituto de Investigaciones del Arroz, el INIFAT y otros del Ministerio de la Agricultura, del MES, del CITMA y del Polo Científico, todos creados y desarrollados por nuestra Revolución.