
La guerra biológica de EE.UU.contra Cuba
Tribuna abierta de la Revolución en mesa redonda instructiva, 8 de diciembre del 2000, "Año del 40 aniversario de la decisión de Patria o Muerte"
(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Randy Alonso.— Muy buenas tardes estimados televidentes y radioyentes.
Las políticas de enfrentamiento a la Revolución Cubana, realizadas por los diferentes gobiernos norteamericanos a lo largo de estos casi 42 años, han vinculado el estrangulamiento económico, la exhortación a la emigración ilegal, el ataque radial y el terrorismo, con la perversa y sistemática agresión biológica que ha cobrado valiosas vidas humanas, incluida la de niños y mujeres embarazadas, y ha traído serias afectaciones a los cultivos y los animales de más amplio consumo popular.
Al análisis y recuento de la agresión biológica de Estados Unidos contra nuestro país va dedicada la tribuna abierta de la Revolución, en mesa redonda instructiva del día de hoy, en la que me acompañan en el panel, la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; el compañero Emerio Serrano, director del Instituto de Veterinaria; Aramís Fernández Luciano, jefe del Departamento de Veterinaria del Instituto de Investigaciones Avícolas; Humberto Vázquez, director general de Sanidad Vegetal; el doctor Eric Martínez, director de Ciencia y Técnica del Ministerio de Salud Pública; la doctora Berta Lidia Castro, jefa de Terapia Intensiva también del Ministerio de Salud Pública, y Jorge Ovies, director del Instituto de Sanidad Vegetal.
Se encuentran invitados en el estudio una representación de los científicos y especialistas cubanos que han tenido un papel relevante en el enfrentamiento a la agresión biológica de Estados Unidos.
Doctora Rosa Elena, me gustaría empezar esta mesa redonda haciendo un apretado recuento de las agresiones biológicas que Estados Unidos ha cometido contra Cuba en estos más de 42 años, y cómo nuestros científicos han enfrentado ese reto.
Rosa Elena Simeón.— Muchas gracias, Randy. Buenas tardes a todos los colegas y a nuestros compatriotas.
En realidad, en otras ocasiones hemos conversado alrededor de los resultados que la ciencia y la técnica han alcanzado en el país; y en cómo nuestros científicos han batallado en campos diversos de la actividad económica y social cubana, con el fin de obtener resultados científicos y para elevar la calidad de vida de la población. Sin embargo, ese imperio feroz y genocida ha interrumpido en múltiples ocasiones, con sus agresiones biológicas, el trabajo cotidiano de nuestros investigadores, que han tenido que enfrentar y darles solución, diagnosticar y emprender planes de lucha y enfrentamiento a las diferentes agresiones biológicas que en el transcurso de estos 40 años ha tenido que sufrir nuestro pueblo. Porque estas agresiones han transitado desde las personas (porque a veces ha aparecido algo tan aberrante como lo es el introducir enfermedades que afectan a los seres humanos), hasta el hecho de que cada vez que en la maravillosa obra de la Revolución y para garantizar la seguridad alimentaria de nuestra población, se incrementaba algún tipo de producción agropecuaria —prácticamente de manera inmediata— aparecía una enfermedad, aparecía una nueva plaga, que conducía a un nuevo diagnóstico y a una nueva campaña para enfrentar un gran reto.
Creo que todos los científicos sufren estas cosas, de una forma u otra muchos de nosotros hemos tenido que trabajar y, en muchas ocasiones, amanecer viendo cómo dolorosamente hay que enfrentar la muerte de personas o de animales o de plantas... eso genera sufrimiento. No nos conformamos cuando pensamos lo positivo que resulta el poder dedicar al desarrollo los recursos que la Revolución ha puesto a nuestro alcance, pero no podemos hacerlo porque hay que dedicarse a combatir el mal.
En el campo de la ciencia hoy tenemos más de 31 000 trabajadores que se dedican a la actividad científica. El país ha hecho grandes inversiones. Dedica a la investigación científica el 1,7% del Producto Interno Bruto. Pero una parte de esos esfuerzos y recursos hay que dedicarlos a las agresiones biológicas que nos hace el enemigo de nuestro pueblo. Eso lo podremos ver en esta mesa redonda, empezando por algo tan doloroso para todos nosotros como lo fue enfrentar la campaña del dengue hemorrágico, de la conjuntivitis hemorrágica y después todas las enfermedades de los animales, desde la fiebre porcina hasta la más reciente, como es el caso de la Thrips palmi.
Si nos remitimos a los informes que ha desclasificado la propia Agencia Central de Inteligencia, ya en fecha tan temprana como el año 1962, luego en 1980, por otras informaciones que se desclasificaron en esa fecha, se recoge con absoluto descaro, la introducción de enfermedades y plagas que destruyeran la obra de nuestra Revolución.
¿Qué hemos hecho los científicos? Bueno, creo que hemos combatido con la voluntad, la dedicación y la formación que nos ha garantizado la propia obra revolucionaria. La ciencia y la técnica constituyen una obra genuina de la Revolución y los científicos lo único que hemos hecho es poner un granito de arena en esa guerra tan cruel, como lo es una guerra biológica. Hemos tratado de darles solución a los diferentes problemas que en el transcurso de estos 40 años hemos tenido que enfrentar.
Esto es lo que quizás merezca la pena decir, como comentario inicial, introductorio al tema, que nos permita un poco dialogar con los diferentes especialistas que están aquí hoy y que han dedicado muchas horas, hay muchos otros que no están aquí, que han trabajado silenciosamente, como ha ocurrido en estas guerras en innumerables ocasiones. Verdaderamente ha sido el enfrentarse a una guerra, quizás de unos "tiros" tan pequeñitos como que hay que verlos debajo de un microscopio, y, en verdad, han sido horas de grandes dedicaciones y muchas veces enfrentados a enfermedades de las que anteriormente no teníamos ni referencia, ni siquiera en la literatura, no sabíamos cómo verlas, cómo enfrentarlas, y, sobre todo, lo más importante para todo científico, no solo es diagnosticar, sino es transformar, resolver y garantizar la solución del problema.
(Ruedan vídeo)
Periodista.— 1961-1962: La CIA organiza la operación Mangoos, plan para incapacitar a los trabajadores azucareros durante la zafra, utilizando medios químicos para enfermarlos.
1972: La CIA introduce en Cuba el virus de la fiebre porcina, lo que obligó a sacrificar más de medio millón de cerdos.
1979-1981: La CIA introdujo cuatro destructivas plagas que afectaron a personas y a cultivos: la conjuntivitis hemorrágica, el dengue, la roya de la caña de azúcar y el moho azul del tabaco.
Solo el dengue hemorrágico, en sus primeras semanas, dañó a 200 000 personas, de las cuales murieron 158, entre ellas, 101 niños.
En 1979, el diario Washington Post, informó que la CIA tenía un programa contra la agricultura cubana y que desde 1962 los especialistas del Pentágono fabricaban agentes biológicos para estos fines.
1984: Ante un jurado norteamericano, Eduardo Arosena, líder del grupo terrorista OMEGA-7, reconoció haber participado en una operación para introducir gérmenes en la isla, como parte de la guerra biológica contra Cuba.
Randy Alonso.— Es solo el recuento de una parte de la política de Estados Unidos hacia nuestro país, que se ha manifestado no solo en el campo de las armas, no solo en el campo de las ideas, sino también en el campo de la agresión biológica, y la cara más criminal de esta agresión biológica es el ataque premeditado contra seres humanos.
Mientras la humanidad necesita que la ciencia desarrolle a la propia humanidad, laboratorios norteamericanos se han dedicado, durante decenas de años, a introducir y a investigar sobre el desarrollo de virus mortales. Cuba ha sido víctima de esa investigación y ese desarrollo de los virus mortales en los laboratorios norteamericanos. Se recuerda el virus del dengue y el de la conjuntivitis hemorrágica.
Sobre el dengue hemorrágico quisiéramos hablar para empezar esta mesa redonda, porque sin duda creo que ha sido para los cubanos, sobre todo para los mayores, los de más edad un momento de profundo dolor —para los jóvenes creo que es muy útil conocer también esta parte de la historia de nuestro país—, aquella terrible epidemia que en el año 1981 cegó la vida de cientos de personas, entre ellas 101 niños.
Con nosotros está el doctor Eric Martínez, quien es especialista y participó activamente en esa batalla contra el dengue y hoy es un experto de la Organización Panamericana de la Salud en este tema.
Doctor, sería bueno explicarles a nuestros televidentes y radioyentes qué pasó en el año 1981 con aquella epidemia del dengue en nuestro país.
Eric Martínez.— El dengue es una enfermedad que es producida por un virus y trasmitida por mosquitos del género Aedes, el más importante es el Aedes aegypti, cuyo carácter trasmisor fue precisamente un aporte de nuestro insigne investigador Carlos J. Finlay y hace dos siglos que esta enfermedad, en su forma clásica, dengue clásico, es conocida; incluso, durante el siglo pasado, toda la cuenca del Caribe, Cuba incluida, tuvo brotes de dengue. Es a mediados de este siglo, en la década del 50, que se describe su forma mortal, su forma grave que, por asociarse a grandes sangramientos y un escape de líquido, una fuga capilar que lleva al choque y muerte en pocas horas, se le ha dado el nombre de fiebre hemorrágica dengue o, sencillamente, dengue hemorrágico.
Ese problema estaba localizado al sudeste asiático y cada año se producían cientos de miles, hasta acumular millones de casos, pero Cuba fue el primer país del hemisferio occidental que tuvo una epidemia de dengue hemorrágico. Eso ocurrió en 1981, en el verano. Los primeros casos, fundamentalmente niños, fueron identificados a finales del mes de mayo por clínicos, pediatras. Vamos a recordar que eran también los tiempos de la enfermedad meningocócica que muchos síntomas se parecen por fiebre, petequia, o sea, manchas de sangre en la piel, choque, las plaquetas bajas, etcétera, y había detalles clínicos que no se correspondían con la meningococemia y ahí aparecieron nuestros virólogos, algunos de los cuales están hoy presentes en el estudio, y en pocos días, en menos de una semana, se tuvo la confirmación de que se trataba de un brote de dengue que se estaba expresando por primera vez en su forma grave de dengue hemorrágico y choque por dengue.
Era la primera vez que los médicos cubanos teníamos que enfrentar esa enfermedad; por lo tanto, hay que reconocer que había un desconocimiento no solo en Cuba, sino que en este hemisferio, en toda la América, se desconocía la enfermedad.
La enfermedad venía asociada, como son siempre las epidemias de dengue, que son masivas, a cientos, miles, decenas de miles de casos y rápidamente eso colmó nuestros centros asistenciales de pacientes, adultos y niños, pero los niños con una especial predilección por hacer las formas graves. No se pudieron evitar las primeras muertes y, tristemente, de esa correlación entre la clínica, la epidemiología y la anatomía patológica, obtuvimos las primeras herramientas para ordenar cuál debía ser la forma científica de enfrentar el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad; pero más aún, cómo organizar la atención médica y la movilización social de toda la población durante una epidemia.
En plena epidemia ya nuestros médicos y hombres de ciencia estaban en función de encontrar soluciones que aparecieron, y paralelamente a las actividades de asistencia, estas de investigación-acción, las de capacitación. Hubo que capacitar a todas las provincias del país.
Voy a dar algunas cifras y después voy a hacer un pequeño comentario.