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La propuesta del Lehendakari 2

4) REDUCCIONISMO Y CONTRADICCIÓN.


REDUCCIONISMO

Añadamos a lo anterior que la propuesta es reduccionista en su concepción del "Pueblo Vasco", pues se refiere a él señalándolo como un Pueblo con identidad propia en el conjunto de los Pueblos de Europa y señalando que es depositario de un patrimonio histórico, social y cultural (lo que es cierto), sin destacar en ningún momento que no se trata de un sujeto homogéneo, sino plural, con otras identidades culturales tanto en su dimensión interior, como en su dimensión exterior, teniendo además unos límites que no pueden ser determinados territorialmente de manera precisa, ya que tanto en el espacio, como en el tiempo, la frontera que señala el perímetro que encuadra cualquier comunidad cultual es siempre difusa.

Efectivamente, por un lado, el Pueblo Vasco, culturalmente hablando, es parte del Pueblo Español. No sólo porque el Pueblo Vasco hable desde hace siglos el castellano, idioma que nació en tierras vascas, y que esta lengua sea muchísimo más hablada en la Comunidad Autónoma Vasca que el propio euskera, sino por los vínculos de todo tipo, desde poblacionales, hasta económicos, pasando por la pertenencia histórica y por la notabilísima participación de los vascos en la cultura y proyectos españoles (¿o es que no eran vascos el canciller Ayala, el marinero Elcano, los muy numerosos Secretarios de Estado vascos, Ignacio de Loyola, Baroja o Unamuno?). El Pueblo Vasco, es pues, también, parte del Pueblo Español.

Por otro lado, de la misma manera, dentro del Pueblo Vasco, hay, en sentido étnico-cultural, otros Pueblos con personalidad diferenciada, como p.ej. el pueblo Alavés, o el Pueblo Bilbaíno; liberal, cosmopolita, industrial y tantos otros pueblos con características culturales propias que existen dentro del pueblo vasco.

La propuesta del Lehendakari se cuida muy mucho de no reconocer esta pluralidad del Pueblo Vasco, su pertenencia a otro pueblo de mayor dimensión y la existencia de otros Pueblos dentro de él mismo, y no lo reconoce porque si lo hiciera, sería evidente que todos los argumentos utilizados para justificar su propuesta y el derecho de soberanía del Pueblo Vasco, serían igualmente válidos para justificar propuestas semejantes y derechos de soberanía de España, Álava, Vitoria, Vizcaya, Bilbao, Guipúzcoa, San Sebastián, etc..., y así hasta el absurdo.

ASÍ PUES, LA PROPUESTA DEL LEHENDAKARI NO SÓLO RESULTA INOPORTUNA, DESLEAL Y CONFUSA, SINO QUE NACE, ADEMÁS, DE UNA CONCEPCIÓN REDUCCIONISTA DEL PUEBLO VASCO, EN LA QUE SE OMITE LA PLURALIDAD Y DIVERSIDAD QUE LO CONFORMA.

CONTRADICCIÓN.

También es contradictoria en sus propios términos la ocurrencia de nuestro amigo Ibarretxe, puesto que tras insistir en que va a respetar el marco legal vigente, añade determinadas condiciones que hacen que, simple y llanamente, se entienda bien a las claras que su intención es muy otra. Así, anuncia solemnemente que no va "a admitir derechos de veto que nos encadenen al fondo del pozo". Cabe destacar, en primer lugar, que de la propia frase se desprende sin duda que considera que esos "derechos de veto" existen y que, a pesar de ello, no los va a repetar: ¿no se contradice tal afirmación con la igualmente solemne intención de respetar el régimen legal vigente? Así lo parece.

En segundo lugar, dado que se reconoce la existencia de esos "derechos de veto", habrá que ver a qué se está refiriendo con ellos, puesto que en el ordenamiento español no existe nada que parezca que pueda llamarse así. Lo más parecido son las mayorías cualificadas que se requieren para modificar el marco constitucional y estatutario vigente. Así es, según la Constitución (art.168) es necesario para su modificación (en los aspectos que habría que modificarla si se llevara adelante la propuesta del Lehendakari) contar con los 2/3 de cada una de las Cámaras, disolución inmediata de las mismas, elecciones generales tras las cuales las nuevas Cámaras deberán ratificar la decisión de modificar la Constitución y proceder al estudio de un nuevo texto constitucional que deberá ser aprobado nuevamente por 2/3 de ambas Cámaras y ratificado posteriormente en referéndum en toda España. Por su parte, el Estatuto también tiene un procedimiento especial de modificación que requiere no sólo la realización de un referéndum en el País Vasco, sino la aprobación de las Cortes Generales por mayoría absoluta.

Estos procedimientos, que son parte de la normativa vigente, son los únicos a los que se puede referir el Lehendakari como "derechos de veto" y los cuales anuncia no va a consentir. Por otro lado, a nadie se le escapa que no hablamos de derechos de veto, sino obviamente de mecanismos necesarios y habituales en los textos constitucionales para dotar a los sistemas de la necesaria estabilidad y proteger, igualmente, a las minorías que forman parte de un país.

A lo dicho hay que añadir que el hecho de que en la propuesta única y exclusivamente hable de la aprobación de la misma por referéndum de los ciudadanos de la CAV, sin una sola mención a las Cortes españolas, ni al resto del pueblo español (cuando, como hemos visto, la Constitución y el Estatuto obligan a la aprobación por la Cortes españolas y referéndum en toda España), es un nuevo indicio de que a pesar de que formalmente el Lehendakari señale que se respetará la normativa vigente, la realidad última es que este respeto llegará hasta el momento en el cual se convierta en un obstáculo frente a su imposible ELA. Y entonces a cualquiera le surge la duda sobre ¿qué hará en dicho momento?, ¿cómo pretende no consentir los por él llamados "derecho de veto" o "ejercicio de bloqueo"?

Otro indicio más de qué es lo que late en la propuesta del “Estatuto de Libre Asociación” es el hecho de que el propio Lehendakari haya anunciado en varias ocasiones su compromiso de realizar un referéndum en el País Vasco antes de la finalización de su legislatura.

Pero además de todo lo dicho, la manifestación recogida en el discurso de la propuesta en la que textualmente se dice "...No es verdad que tengamos un problema jurídico, es un problema de voluntad política..." incide aún más en la sospecha de que la intención última es violentar la normativa vigente.

Y dicha sospecha se torna prácticamente en certeza cuando se dice literalmente: "Se procederá a la ratificación definitiva en referéndum por parte de la sociedad vasca del Pacto político alcanzado con el Estado o, en su caso, del proyecto aprobado por el Parlamente Vasco..."

¿A qué se refiere, en su caso?... Parece que sólo se puede referir al caso en el cual no se consigan las mayorías necesarias, el caso en el cual las mayorías acordadas por todos para las modificaciones del marco básico les aten al fondo del pozo el cadáver de su ELA.


Por tanto, este cúmulo de indicios sólo puede llevarnos a concluir que el propósito manifestado en el plan del Lehendakari no es el auténtico respeto de la normativa vigente, incluyendo el respeto de los procedimientos de modificación establecidos en el Estatuto y la Constitución (lo que de hecho, con un PP y un PSOE opuestos radicalmente al "plan", haría inviable el mismo), sino el respeto de los mismos en tanto en cuanto no impidan la progresión, en el sentido propuesto por el Lehendakari, de la ruptura del marco básico consensuado por todos.

POR ESO, AL DECIR LA PROPUESTA QUE PRETENDE CUMPLIR CON LA NORMATIVA Y LLEVAR ADELANTE LA MODIFICACIÓN CON LAS MAYORÍAS NECESARIAS, ESTÁ ENTRANDO EN CONTRADICCIÓN CON LAS REITERADAS Y NUMEROSAS AFIRMACIONES REALIZADAS EN LA PROPIA PROPUESTA QUE DEMUESTRAN SU AUTÉNTICA INTENCIÓN Y SU COMPROMISO DE NO SUJETARSE A TALES MAYORÍAS SI ELLO SUPUSIERA BLOQUEAR SU PLAN O ATARLO "AL FONDO DEL POZO".



5)    ANTIDEMOCRACIA Y FALSEDAD.


ANTIDEMOCRACIA.

Una propuesta que pretende obviar los mecanismos de modificación de los textos básicos de convivencia aprobados democráticamente, mediante dos referenda por los vascos y el resto de los españoles, y que pretenda recurrir a la fórmula plebiscitaria propia de las dictaduras o las repúblicas bananeras, ha de ser considerada, por fuerza, plenamente antidemocrática.

Por otro lado, hay que añadir a lo anterior que promover la ruptura de un texto consensuado por nacionalistas, no nacionalistas y el resto de España en una situación de coacción de la mitad de la población, tampoco parece cumplir con los mínimos estándares democráticos que se puede exigir a un Gobierno autonómico. Y esto es así aunque la hipotética consulta plebiscitaria a los ciudadanos de la C.A.V. se realizara únicamente en condiciones de ausencia de violencia. En primer lugar, porque es muy intencionada la referencia a la "ausencia de violencia", en lugar de a la "desaparición de la violencia", lo que implica que incluso aunque ETA no hubiera desaparecido y continuara sobre la mesa el chantaje de una vuelta al nazismo, al asesinato y la coacción en el caso de que la propuesta resultara contraria a los intereses de la banda, se llevaría a cabo la "consulta", lo que no parece muy democrático. Y, en segundo lugar, porque a nadie se le escapa que la opinión pública actual del País Vasco está mediatizada por la falta de libertad existente para la mitad de la población que no podemos expresar con libertad nuestra opinión sin poner en riesgo nuestra integridad fisica. Una situación en la que cualquiera que se manifieste públicamente contrario al credo nacionalista puede resultar objetivo de los ataques de los nazis batasuno-etarras. Siendo esto así, todo el proceso de supuesta negociación o discusión sobre el "plan" propuesto por el Lehendakari, que no espera a la "ausencia de violencia", sino que está ya siendo promovido por este Gobierno autonómico vasco (por cierto con gran gasto de dinero público para el despliegue de su propaganda), está viciado de origen por la situación de falta de libertad existente para la mitad no nacionalista en el País Vasco, por lo que la hipotética propuesta a los ciudadanos de la C.A.V. que de dicha negociación saliera sufriría un inocultable déficit democrático, tanto más cuando, insisto, de lo que se trata es de la ruptura del marco básico de convivencia.

FALSEDAD

Por último, hay que decir que la propuesta en sí supone un gran engaño a la sociedad vasca, porque se pretende vender como el camino hacia la paz y hacia la convivencia, lo que no es más que un camino hacia una semi-independencia de contenido imposible.

Efectivamente, no se entiende muy bien cómo una propuesta que cuenta con la expresa y firme oposición de la mitad no nacionalista de la población del País Vasco, va a conseguir ser un marco que mejore la convivencia en esta tierra y que se constituya en un punto de encuentro mejor que un Estatuto que fue consensuado y aprobado por toda la población, tanto nacionalista, como no nacionalista (con excepción de los asesinos). Revestir el "plan" con el sobrenombre de "propuesta para la convivencia" no es más que un nuevo insulto a la inteligencia, no es más que el ejercicio puro y duro del cinismo para maquillar lo que no es sino un camino que pretende dinamitar definitivamente los instrumentos que permitían, precisamente, la convivencia de todos los ciudadanos del País Vasco (Estatuto y Constitución) y la incardinación de nuestra autonomía dentro de España.

El problema auténtico es que el Lehendakari entiende que lo que hay es un problema de convivencia del País Vasco con España. Nada más alejado de la realidad, no sólo porque tal planteamiento presupone la existencia de dos entidades equiparables, lo que es indefendible, sino porque principalmente el problema de convivencia existe dentro de nuestra comunidad autónoma, donde hay una mitad que se ve coaccionada, amedrentada, chantajeada, asesinada, por un grupo de nazis asesinos que se llaman ETA. Ése es el principal problema de convivencia que el Lehendakari no quiere entender. Y después de ese problema, viene, pero ya en un segundo plano, el problema que los propios vascos tenemos sobre cómo articular nuestra propia organización interna. Por tanto, el Lehendakari, al tratar de ocultar que la auténtica raíz del problema surge, sobre todo, dentro de los propios vascos, hace una propuesta por la convivencia que lo que hace, precisamente, es impedir la convivencia de los propios vascos. De hecho, la convivencia en nuestra sociedad se ha visto gravemente deteriorada desde el momento en el que el PNV y el nacionalismo en general pactaron con ETA la dinamitación de los instrumentos consensuados entre los demócratas: Constitución y Estatuto.

También se ha intentado vender esta propuesta como un camino para la paz, lo que supone única y exclusivamente intentar sacar tajada política del terrorismo de ETA. Ahora, ¿quién puede decirse honradamente que se trate de un camino hacia la paz? Hay varios motivos que delatan lo falso y mendaz de esa zanahoria, entre los que cabe destacar el muy evidente de que no satisface plenamente las reivindicaciones de los terroristas, única manera de terminar con el totalitarismo nazi por medio de la negociación. El famoso Estatuto Libre Asociado no incluye ni a Navarra, ni al País Vasco francés, por lo que no recoge la aspiración territorial de ETA y todos sabemos que ETA no deja de matar si no se le da lo que pide o se la derrota democrática y policialmente. Así es, hemos podido comprobarlo en la transición española, donde se alcanzó un acuerdo entre todas las fuerzas políticas del País Vasco con excepción del brazo político de los terroristas, y los asesinatos, los secuestros, la violencia y la coacción de todo tipo no sólo no terminó, sino que fue extremadamente virulenta. No hay nada como mostrarle los frutos que da o puede dar la violencia a los terroristas para alentarlos a continuar poniendo muertos sobre la mesa y ese sería el efecto que tendría el ELA del Lehendakari.

Por otro lado, también el ejemplo internacional del IRA puede servir para concluir la imposibilidad de conseguir la paz a través del ELA. Cuando la República de Irlanda consiguió su independencia, salvo en Irlanda del Norte, donde la mayoría de la población era protestante, ¿sirvió para que el terrorismo desapareciera? La respuesta la sabemos todos. Así pues, no hay un solo dato, un solo motivo, por el cual el plan del Lehendakari fuera a traernos la paz, por lo que presentarlo como un camino para la paz no deja de ser un nuevo engaño a la población.

POR LO DICHO, CREO QUE HAY MOTIVOS JUSTIFICADOS PARA CONSIDERAR QUE LA PROPUESTA DEL LEHENDAKARI, ADEMÁS DE INOPORTUNA, DESLEAL, EQUIDISTANTE ENTRE ASESINOS Y ASESINADOS, CONFUSA, REDUCCIONISTA, CONTRADICTORIA, ANTIDEMOCRÁTICA, ES TAMBIÉN FALSA.

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