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Los Adventistas del Séptimo Día aceptamos la Biblia
como nuestro único credo y sostenemos una serie de creencias fundamentales
basadas en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Estas creencias,
tal como se presentan aquí, constituyen la forma como la iglesia
comprende y expresa las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Se
puede revisar estas declaraciones en un congreso de la Asociación
General, si el Espíritu Santo lleva a la iglesia a una compresión
más plena de la verdad bíblica o encuentra un lenguaje mejor para
expresar las enseñanzas de la Santa Palabra de Dios..
Las
Sagradas Escrituras | La Trinidad
| El Padre |
El Hijo | El
Espíritu Santo | La Creación | La
Naturaleza de hombre | El Gran
Conflicto | La
Vida, la muerte y Resurrección de Cristo La
Experiencia de la salvación | La
iglesia | El
remanente y su misión | La
unidad en el cuerpo de Cristo |
El bautismo | La cena del Señor
| Los dones y ministerios
Espirituales | El don de Profecía
| La ley de Dios | Mayordomía
| La conducta cristiana
| El Matrimonio y la familia
| El
ministerio de Cristo en el santuario celestial | La
segunda venida de Cristo | La
muerte y la resurreccíon | El
milenio y el fin del pecado | La
tierra nueva. | Estas son las 27 Doctrinas Fundamentales
del Credo Adventistas, seleccione alguna de ellas.
1. Las
Sagradas Escrituras
Las Sagradas Escrituras,
que abarcan el Antiguo y Nuevo Testamento, constituyen la Palabra
de Dios escrita, transmitida por inspiración divina mediante
santos hombres de Dios que hablaron y escribieron impulsados por
el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios comunica
a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la Salvación
por medio único de Jesús. Vea 2º Pedro 1:20,21
- 2º Tim. 3:16, 17 - Sal. 119:105 - Prov. 30:5,6 - Isa. 8:20
- Juan 17:17 - 1º Tesal. 2:13 - Heb. 4:12.
2. La
Trinidad
Hay un solo Dios; Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad
de tres personas coeternas. Dios es inmortal, todopoderoso, omnisapiente,
superior a todos y omnipresente. Es digno para siempre de reverencia,
adoración y servicio por parte de toda la creación.
Vea en Deut. 6:4 - Mat. 28:19 - 2º Cor. 13:14 - Efes. 4:4-6
- 1º Ped. 1:2 - 1º Tim. 1:17 - Apoc. 14:7.
3. El
Padre
Dios el Padre Eterno es el Creador, Originador, Sustentador y Soberano
de toda la creación. Es justo y santo, misericordioso y clemente,
tardo en airarse, y abundante en amor y fidelidad. Las cualidades
y las facultades del Padre se manifiestan también en el Hijo
y en el Espíritu Santo. Vea en Gen. 1:1 - Apoc. 4:11 - 1º
Cor. 15:28 - Juan 3:16 - 1º Juan 4:8 - 1ºTim. 1:17 - Exo.
34:6-7 - Juan 14:9.
4. El Hijo
Dios el Hijo Eterno se encarnó en Jesucristo. Por medio de
él se crearon todas las cosas, se reveló el carácter
de Dios, se llevó a cabo la salvación de la humanidad
y se juzga al mundo. Aunque es verdadero y eternamente Dios, llegó
a ser también verdaderamente hombre, Jesús el Cristo.
Sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros
pecados y en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos
y ascendió para ministrar en el Santuario Celestial en favor
de nosotros. Volverá otra vez en gloria para librar definitivamente
a su pueblo y restaurar todas las cosas. Vea en Juan 1:1-3, 14;
Col. 1:15-19; Juan 10:30 - 14:9; Rom. 6:23; 2º Cor. 5:17-19;
Juan 5:22; Luc. 1:35; Fil. 2: 5-11; Heb. 2:9-18;
1º Cor. 15:3,4; Heb. 8:1,2; Juan 14:1-3.
5. El
Espíritu Santo
Dios el Espíritu Eterno desempeñó una parte
activa con el Padre y el Hijo en la creación, la encarnación
y la redención. Inspiró a los autores de las Escrituras.
Infundió poder a la vida de Cristo. Atrae y convence a los
seres humanos, y renueva a los que responden y los transforma a
la imagen de Dios. Vea en Gen. 1:1,2; Luc. 1:35 - 4:18; Hech.
10:38; 2ºPed. 1:21; 2ºCor. 3:18; Efe. 4:11,12;
Hech. 1:8; Juan 14:16-18, 26; 15:26,27; 16:7-13.
6. La
Creación
Dios es el Creador de todas las cosas, y reveló en las Escrituras
el relato auténtico de su actividad creadora. El Señor
hizo en seis días "los cielos y la tierra" y todo
ser viviente que la habita, y reposó en el Séptimo
día de esa primera semana. De ese modo estableció
el Sábado como un monumento perpetuo conmemorativo de la
terminación de su obra creadora. Vea en Gen. 1:2; Exo.
20:8-11; Sal. 19:1-6; 33:6,9; 104; Heb. 11:3.
7. La
Naturaleza del hombre
Dios hizo al hombre
y la mujer a su imagen, con individualidad propia, y con la facultad
y la libertad de pensar y obrar. Aunque lo creó como seres
libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu,
que depende de Dios para la vida, el aliento y todo lo demás.
Cuando nuestros primeros padres carnales en el Edén desobedecieron
a Dios, la imagen del Señor en ellos se desfiguró
y quedaron sujetos a la muerte. Nosotros sus descendientes participamos
de esta naturaleza caída y de sus consecuencias. Nacemos
con debilidades y tendencias hacia el mal. Pero Dios, en Cristo,
reconcilió al mundo consigo mismo y, por medio de su espíritu
Santo, restaura en los mortales penitentes la imagen de su Hacedor.
Vea en Gen. 1:26-28 - 2:7; Sal. 8:4-8; Hech. 17:24-28;
Gen. 3; Sal.51:5; Rom. 5:12-17; 2ºCor. 5:19,20;
Sal. 51:10; 1ºJuan 4:7,8,11,20; Gen. 2:15..
8. El
Gran Conflicto
Toda la humanidad está ahora envuelta en un gran
conflicto entre Cristo y Satanás en cuando al carácter
de Dios, su ley y su soberanía sobre el universo. Este conflicto
se originó en el cielo cuando Lucero, dotado de libre albedrío,
se exaltó a sí mismo y se convirtió en Satanás,
el adversario de Dios, conduciendo a la rebelión a una parte
de los ángeles. Además introdujo el espíritu
de rebelión en este mundo al caer en pecado la humanidad.
El pecado humano produjo como resultado la distorsión de
la imagen de Dios en la humanidad. Observado por toda la creación,
este mundo se convirtió en el campo de batalla del conflicto
universal, a cuyo término el Dios de amor quedará
finalmente vindicado. Vea en Apoc. 12:4-9; Isa. 14:12-14;
Eze. 28:12-18; Gen. 3; Rom. 1:19-32; 5:12-21; 8:19-22;
Gen. 6-8; 2ºPed. 3:6; 1ºCor. 4:9; Heb.
1:14.
9. La
Vida, la muerte y la Resurrección de Cristo
Mediante la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad
de Dios, y en sus subimientos, su muerte y su resurrección,
Dio0s proveyó el único medio para expiar el pecado
humano, de manera que los que por fe aceptan esta expiación
pueda tener vida eterna, y toda la creación pueda comprender
mejor el infinito y santo amor del creadora justicia de la ley de
Dios no solo condena nuestros pecado, sino también nos garantiza
nuestro perdón. Juan .;3:16;Isa;53;1 Ped. 2:21,22;1Cor. 15:3,4,20-21;2
Cor. 5.14,15,19,-21,Rom:1:4;3:25;4:3.25,8.3,4;1 Juan 2;4.10,Col.
2:15;Fil. 2:6-11
10. La
experiencia de la salvación
Con amor y misericordia infinitos Dios hizo que Cristo, que no conoció
pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que nosotros pudiésemos
ser hechos justicia de Dios en Él. Guiados por el Espíritu
Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad,
nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús
como Señor y Cristo, como sustituto y ejemplo. Esta fe que
acepta la salvación nos llega por medio del poder divino
de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo
somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios y librados
del dominio del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de
nuevo y somos santificados. Vea en 2ºCor. 5:17-21; Juan
3:16; Gal. 1:4; 4:4-7; Tito 3:3-7; Juan 16:8;
Gal. 3:13; 14:1; Ped. 2:21,22; Rom. 10:17; Luc.
17:5; Mar. 9:23,24; Efe. 2:5-10.
11. La
iglesia
La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan que Jesucristo
es Señor y Salvador. Somos su pueblo, Él nos pide
reunirnos para adorarlo, para estar en comunión unos con
otros, para recibir instrucción en la Palabra, para la celebración
de la Cena del Señor, para servir a toda la humanidad y para
proclamar el evangelio en todo el mundo. La iglesia recibe su autoridad
de Cristo, que es la Palabra encarnada, y de las Escrituras, que
son la Palabra escrita. La iglesia es el cuerpo de Cristo, es una
comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza. Vea en Gen.
12:3; Hech. 7:38; Efe. 4:11-15; 3:8-11;
Mat. 28:19,20; 16:13-20; 18:18; Efe. 2:19-22;
1:22,13; 5:23-27; Col. 1:17-18.
12. El
remanente y su misión
La iglesia universalmente está compuesta de todos los que
creen verdaderamente en Cristo; pero en los últimos días,
una época de apostasía generalizada, se llamó
a un remanente para que guarde los Mandamientos de Dios y la fe
de Jesús. Este remanente anuncia la llegada de la hora del
Juicio sobre la humanidad, proclama la salvación por medio
de Cristo y pregona la proximidad de su Segunda Venida. El Señor
vendrá a buscar a su pueblo aquellos que respetaron los Mandamientos
y la Fe de Jesús. Lea Apocalipsis (Revelaciones) Cáp.14
de su Biblia. Vea en Apoc. 12:17; 14:6-12; 18:1-4; 2ºCor.
5:10; Jud. 3, 14; 1ºPed. 1:16-19; 2ºPed. 3:10-14;
Apoc. 21:1-14.
13. La
unidad en el cuerpo de Cristo
La iglesia es un cuerpo constituido por muchos miembros, llamados
de entre todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. En Cristo
somos una nueva creación. Todos somos iguales en Cristo,
quien por un mismo Espíritu nos unió en comunión
con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos
sin parcialidad ni reservas. Esta unidad tiene sus orígenes
en la unicidad del Dios triuno, que nos adoptó como hijos
suyos. Vea en Rom. 12:4,5; 1ºCor. 12:12-14; Mat.
28:19,20; Sal. 133:1; 2ºCor. 5:16,17; Hech. 17: 26,27;
Gál. 3: 27,29; Col. 3:10-15; Efe. 4:14-16; 4:1-6;
Juan 17:20-23.
14. El
bautismo
Por medio del bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección
de Jesucristo, y damos testimonio de nuestra muerte al pecado y
de nuestro propósito de andar en novedad de vida. El bautismo
es un símbolo de nuestra unión con Cristo, del perdón
de nuestros pecados y de nuestro recibimiento del Espíritu
Santo. Se realiza por inmersión en agua, y depende de una
afirmación de fe en Jesús y de la evidencia de arrepentimiento
del pecado. Vea en Rom. 6:1-6; Col. 2:12,13; Hech. 16:30-33;
22:16; 2:38; Mat. 28:19-20.
15.
La cena del Señor
La cena del Señor es una participación en los emblemas
del cuerpo y la sangre de Jesús como expresión de
fe en Él, nuestro Señor y Salvador. La preparación
para la Cena incluye un examen de conciencia, el arrepentimiento
y la confesión. El Maestro ordenó el servicio del
lavamiento de los pies para denotar una renovada purificación,
para expresar la disposición a servirnos mutuamente en humildad
cristiana, y para unir nuestros corazones en amor. Lea en 1º
Cor. 10:16,17; 11:23-30; Mat. 26:17-30; Apoc. 3:20;
Juan 6:48-63; 13: 1-17.
16. Los
dones y ministerios espirituales
Dios concede a todos los miembros de su iglesia, en todas las épocas,
dones espirituales para que cada miembro los emplee en amante ministerio
por el bien común de la iglesia y de la humanidad. Concedidos
mediante la operación del Espíritu Santo, quien los
distribuye entre cada miembro según su voluntad, los dones
proveen todos los ministerios y habilidades que la iglesia necesita
para cumplir sus funciones divinamente ordenadas. Vea en Rom 12:4-8;
1ºCor. 12:9-11,27,28; Efe. 4:8,11-16; Hech. 6:1-7;
1ºTim. 3:1-13; 1ºPed. 4:10,11.
17. El
don de Profecía
Uno de los dones del Espíritu Santo es el de Profecía.
Este don es una señal identificadora de la iglesia remanente
y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como
mensajera de Dios, sus escritos son una permanente y autorizada
fuente de verdad que proporciona consuelo, dirección, instrucción
y corrección a la iglesia. Ellos también establecen
con suma claridad que la Biblia es la norma por la cual debe ser
probada toda enseñanza y toda experiencia. Vea en Joel 2:28,29;
Hech. 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12:17; 19:10.
18. La
Ley de Dios
Los grandes principios de la ley de Dios están incorporados
en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo.
Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con
respecto a la conducta y a las relaciones humanas, y son obligatorios
para todas las personas en todas las épocas. Por medio de
la obra del Espíritu Santo, señalan el pecado y despiertan
el sentido de la necesidad de un Salvador. La salvación es
totalmente por la gracia y no por las obras, pero su fruto es la
obediencia a los mandamientos. La obediencia por fe demuestra el
poder de Cristo para transformar vidas y, por lo tanto, fortalece
el testimonio cristiano. Lea en Éxo. 20:1-17; Sal. 40:7,8;
Mat. 22:36-40; Deut. 28:1-14; Mat. 5:17-20; Heb. 8:8-10; Juan 15:7-10;
Efe. 2:8-10; 1ºJuan 5:3; Rom, 8:3; Sal. 19:7-14..
19. El
Sábado
El bondadoso Creador, después de los seis días de
la creación, descansó el séptimo día,
e instituyó el Sábado para todos los hombre como un
monumento conmemorativo de la creación. El cuarto mandamiento
de la inmutable ley de Dios requiere la observancia del Séptimo
día, Sábado, como día de reposo, adoración
y ministerio en armonía con las enseñanzas y la práctica
de Jesús, el Señor del sábado. El sábado
es la señal perpetua del pacto eterno entre Él y su
pueblo. La gozosa observancia de este tiempo sagrado de una tarde
a la otra tarde, de la puesta del sol a la puesta del sol, es una
celebración de la obra creadora y redentora de Dios. Leer
en Gen. 2:1-3; Exo. 20:8-11; Luc. 4:16; Isa: 56:5,6; 58:13,14; Mat.
12:1-12; Éxo. 31:13-17; Eze. 20:12-20; Deut. 5:12-15; Heb.
4:1-11; Lev. 23:32; Mar. 1:32.
20. La
mayordomía
Somos mayordomos de Dios, a quienes se nos ha confiado tiempo y
oportunidades, capacidades y posesiones, y las bendiciones de la
tierra y sus recursos. Y somos responsables ante Él por el
empleo adecuado de todas esas dádivas. Reconocemos el derecho
de propiedad por parte de Dios mediante nuestro servicio fiel a
Él y a nuestros semejantes, mediante la devolución
de los diezmos y las ofrendas que damos para la proclamación
de su evangelio y para el sostén y desarrollo de su iglesia.
Lea en Gen. 1:26-28; 2:15; 1ºCrón. 29:14; Hageo 1:3-11;
Mal. 3:8-12; 1ºCor. 9:9-14; Mat. 23:23; 2ºCor. 8:1-15;
Rom. 15:26,27.
21.
La conducta cristiana
Somos llamados a ser un pueblo piadoso que piense, sienta y actué
en armonía con los principios del cielo. Para que el Espíritu
recree en nosotros el carácter de nuestro Señor, nos
involucramos sólo en aquellas cosas que producirán
en nuestra vida pureza, salud y gozo cristiano. Si bien reconocemos
las diferencias culturales, nuestra vestimenta debe ser sencilla,
modesta y de buen gusto, como corresponde a aquellos cuya verdadera
belleza no consiste en el adorno exterior, sino en el inmarcesible
ornamento de un espíritu apacible y tranquilo. Significa
también que, siendo que nuestros cuerpos son el templo del
Espíritu Santo, debemos cuidarlos inteligentemente. Lea en
Rom. 12:1,2; 1ºJuan 2:6; Efe. 5:1-21; Fil. 4:8; 2ºCor.
10:5; 6:14-7:1; 1ºPed. 3:1-4; 1ºCor. 6:19-20; 10:31; Lev.
11:1.47; 3ºJuan 2.
22.
El matrimonio y la familia
El matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado
por Jesús para que fuera una unión para toda la vida
entre un hombre y una mujer, en amante compañerismo. Para
el cristiano, el matrimonio es un compromiso con Dios y con el cónyuge,
y debiera celebrarse sólo entre personas que participan de
la misma fe. El amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad
constituyen la estructura de esa relación, que debe reflejar
el amor, la santidad, la intimidad y la perdurabilidad de la relación
que existe entre Cristo y su iglesia. Pues el conjunto de hermanos
dentro de una iglesia es una familia para Cristo, quien muy pronto
vendrá a buscarla. Vea en Gen. 2:18-25; Mat. 19:3-9: Juan
2:1-11; 2ºCor. 6:14; Efe. 5:21-33; Mat. 5:31,32; Mar. 10:11,12;
Luc. 16:18; 1º Cor. 7:10,11.
23.
El ministerio de Cristo en el Santuario Celestial
Hay un santuario en el Cielo, el verdadero tabernáculo que
el Señor erigió y no el hombre. En él ministra
Cristo en favor de nosotros, para poner a disposición de
los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido
una vez y para siempre en la cruz. Cristo llegó a ser nuestro
gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en
ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período
profético de los 2300 días, inició la segunda
y última fase de su ministerio expiatorio. Esta obra es un
juicio investigador, que forma parte de la eliminación definitiva
del pecado, prefigurada por la purificación del antiguo santuario
hebreo en el Día de la Expiación. El juicio investigador
revela a las inteligencias celestiales quiénes de entre los
muertos duermen en Cristo, siendo, por lo tanto, considerados dignos,
en Él, de participar en la primera resurrección. También
toma de manifiesto quien, de entre los vivos, permanece en Cristo,
guardando los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús, estando,
por lo tanto, en Él, preparado para ser trasladado a su reino
eterno. Lea Éxodo cáp. 20, allí están
los Mandamientos. Vea en su Biblia Heb. 8:1-5; 4:14-16; 9:11-28;
10:19-22; 1:3; 2;16,17; Dan. 7:9-27; Núm. 14:34; Apoc. 14:6.
24. La
Segunda venida de Cristo
La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza de la
iglesia, la gran culminación del evangelio. La venida del
Salvador será literal, personal, visible y al alcance mundial.
Cuando el Señor regrese, los justos muertos resucitarán
y, junto con los justos que estén vivos, serán glorificados
y llevados al cielo, pero los impíos morirán. El hecho
de que la mayor parte de la profecías este alcanzando su
pleno cumplimiento, unido a las actuales condiciones del mundo,
nos indica que la venida de Cristo es inminente. El momento cuando
ocurrirá este acontecimiento no ha sido revelado, y por lo
tanto se nos exhorta a estar preparados en todo tiempo. Lea en Tito
2:13; Heb. 9:28; Juan 14: 1-3; Hech. 1:9-11; Mat. 24:14; Apoc. 1:7;
14:14-20; 1ºTes. 4:13-18.
25.
La muerte y la resurrección
La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que
es inmortal, otorgará vida eterna a sus redimidos. Hasta
ese día, la muerte constituye un estado de inconsciencia
para todos lo que han fallecido. Cuando Cristo, que es nuestra vida,
aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán
glorificados, todos juntos serán arrebatados para salir al
encuentro de su Señor. La segunda resurrección, la
resurrección de los impíos, ocurrirá mil años
después. Rom. 6:23; 1ºTim. 6:15,16; Ecl. 9:5,6; Sal.
146:3,4; Juan 11:11-14; Col. 15:51-54.
26. El
milenio y el fin del pecado
El milenio es el reino de mil años de Cristo con sus santos
rescatados en el cielo, que se extiende entre la primera y la segunda
resurrección. Durante ese tiempo serán juzgados los
impíos; la tierra estará completamente desolada, sin
habitantes humanos con vida, pero sí ocupada por Satanás
y sus ángeles. Al terminar ese período, Cristo y sus
santos y la Santa Ciudad descenderán del Cielo a la Tierra.
Los impíos muertos resucitarán entonces y, junto con
Satanás y sus ángeles, rodearán la ciudad;
pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la
Tierra. De ese modo el universo será librado del pecado y
de los pecadores para siempre. Apoc.20; 1ºCor. 6:2,3; Jer.
4:23-26; Apoc. 21:1-5; Mal. 4:1; Eze. 28:18,19.
27. La
tierra Nueva La
Trinidad
En la tierra nueva, en que habita la justicia, Dios proporcionará
un hogar eterno para los redimidos y un ambiente perfecto para la
vida, el amor, el gozo y el aprendizaje eternos en su presencia.
Porque allí Dios mismo morará con su pueblo, y el
sufrimiento y la muerte terminarán para siempre. El gran
conflicto habrá terminado y el pecado no existirá
más. Todas las cosas, animadas e inanimadas, declararán
que Dios es amor; y Él reinará para siempre jamás.
Amén. 2ºPed. 3:13; Isa. 35; 65:17-25; Mat. 5:5; Apoc.
21:1-7; 22:1-5; 11:15.
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El Hijo | El
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