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Introducción:
La Biblia declara que hay dos clases básicas de leyes:
(1) las leyes físicas y (2) la ley moral. La naturaleza
opera bajo las leyes físicas. Las plantas producen semillas
y frutas en armonía con leyes fijas (Gén. 1:11).
El sol, la luna y las estrellas se mueven en órbitas
precisas, de acuerdo a la disposición y designio de la
voluntad divina (Gén. 1:14-18). Si no hubiera sido por
el conoci-miento de las leyes físicas de Dios designadas
para gobernar el universo, y por la cooperación con esas
leyes, el hombre no hubiera podido ir a la luna. Si se violaran
las leyes físicas, inmediatamente surgiría el
caos. Dios ha colocado a todos los seres inteligentes que él
ha creado, no solo bajo leyes físicas, sino también
bajo las leyes morales. La ley moral expresa la voluntad del
Creador para esos seres inteligentes, porque él ha dado
a cada uno de ellos la habilidad de tomar decisiones morales
entre lo bueno y lo malo. La violación de la ley moral
produce el caos como ocurrió en la época antes
del diluvio y en el gran pecado y degradación de la humanidad
al fin del tiempo.
1. Los Diez Mandamientos.
Ex. 20:1-7 Dios ha expresado
la ley moral a la humanidad en la forma de los Diez Mandamientos.
Rom. 7:12 La ley de Dios es justa y buena; no es gra-vosa para
el hombre. Nos demuestra el estilo de vida más feliz.
Ecl. 12:13 Los Diez Mandamientos expresan "el todo del
hombre". La primera tabla (preceptos del 1-4) define su
deber hacia Dios; la segunda tabla (preceptos 5-10) definen
su deber hacia su prójimo.
2. La naturaleza de los Diez
Mandamientos.
Sal. 119:96 Aunque la ley de
Dios es breve, es amplia, cubriendo en principio todos los aspectos
de la vida humana.
Dios y los Diez Mandamientos
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I Ped. 1:16 Rom. 7:12 Los Diez
Mandamientos son un re-flejo del carácter de Dios. De
manera que los principios sobre los cuales descansan son eternos.
Apoc. 15:3 Sal. 25:8
Rom. 7:14 Mat. 5:21, 22, 27, 28
La Ley de Dios es espiritual, esto es, examina y comprueba los
pensamientos y motivos del corazón, donde se origina
el pecado (Mar. 7:21-23) así como nues-tros actos externos.
I Juan 4:8 El carácter de Dios es un carácter
de (Mat. 22:36-40) amor. De manera que los preceptos de su ley
se basan en el principio del amor: supremo amor a Dios y amor
abne-gado hacia nuestros seme-jantes.
Esto significa que cada precepto de los Diez Mandamientos tiene
un lado positivo, así como un negativo. Por ejemplo:
"No matarás" significa no solamente que el
cristiano no matará a otro ser humano, sino también
que procurará promover la vida y el bienestar de todo
ser humano en todo lo posible.
a. La primera tabla:
Gén. 35:1-4; 2:1-3 Puesto que Dios es eterno (Sal. 90:2),
resulta claro que los pri-ncipios del amor supremo hacia los
otros seres hu-manos siempre han existido y siempre existirán.
Esos principios están ex-presados en los Diez Mandamientos.
b. La segunda tabla:
La evidencia del Génesis nos demuestra que los preceptos
Gén. 18:19; 4:8-11 de esta eran conocidos de oídos
desde el mismo principio de Gén. 39:7-9; 19:1-10 la existencia
humana. Pasarían mu-chos siglos antes que
Gén. 44:8;12:11-13 fuera nece-sario proclamarlo de nuevo
y es-cribirlos sobre una
tabla de pie-dra.
3. La función de los Diez Mandamientos:
I Juan 3:4; Rom. 7:7 El Espíritu Santo usa la ley para
convencernos de pecado y mostrar-nos nuestra perdida condición.
Esta función convencedora de la ley nos ayuda a sentir
nuestra necesidad de Cristo quien es el único que puede
salvarnos de nu-estros pecados.
Rom. 2:17, 18
Salm 40:8 La ley también funciona para en-señarnos
continuamente la volun-tad de nuestro Padre. Esto nos sirve
de guía para la vida cris-tiana, de brújula única
en su clase para verificar nuestro curso de acción durante
toda la vida.
4. La ley Interior
Heb. 8:8-10; Isa. 51:7 Dios no solo quiere perdonar nu-estros
pecados, sino también es-cribir su ley en nuestros corazo-nes.
Esto es, él desea que los diez Mandamientos se conviertan
en nuestra ley interior que adi-estre a la conciencia a ser
sen-sible a su autoridad en todas las cosas.
Rom. 13:8-10 Dios hace de la
ley moral de los Diez Manda-mientos nuestra ley interior (Gál.
5:14, 22) implantando en nuestros corazones el amor hacia él
y hacia nuestros semejantes. El que ame a Dios en forma suprema
deseará en forma natural obedecer los primeros cuatro
precep-tos. Y si ama a los demás como a sí mismo,
obedecerá los últimos seis y las aplicaciones
que abarquen.
Sant. 2:8-12 El juicio determinará
si la ley de Dios y su principio de amor ha llegado a formar
parte de la realidad viviente en las vidas de los seres humanos
que son súbditos del Soberano de la tierra y el universo
entero. Mat. 25:31-46.
Juan 15:1-8 La Ley interior
se convierte en realidad para los que están unidos con
Cristo Jesús.
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