|
1.
Nuestros cuerpos son templos de Dios por creación y redención.
I Cor. 6:19, 20 Nuestros cuerpos no son nuestros, sino de Dios.
2. Puesto
que nuestros cuerpos pertenecen a Dios, tenemos la obligación
de mantenerlos en condiciones en que él pueda ocuparlos.
Rom. 12:1 El
cuerpo debe ser dedicado a Dios.
3. El cuerpo
como templo puede ser contaminado de las siguientes maneras:
Dan. 1:8 Por
lo que comemos o bebemos.
Judas 8 Por pensamientos impuros.
Lev. 10:8-10 Por tomar bebidas alcohólicas.
I Cor. 6:9, 10 Los impuros y borrachos no entrarán en
el cielo.
Jueces 13:4 Dios prohibe el uso de alimentos o bebidas que perjudiquen
la salud.
"La abstinencia de todo alimento y bebida perjudiciales
es fruto de la verdadera religión" (OE 361).
4. Los cristianos
comen, beben y actúan para honra de Dios (I Cor. 10:31)
I Tés. 5:23 Santificados por completo.
2 Cor. 7:1 Tenemos que limpiarnos de toda contaminación
de carne y espíritu.
I Cor. 9:25-27
La temperancia y el domino propio se necesitan en la vida cristiana.
I Cor. 9:25 Todo el que quiera triunfar será temperante
en todo.
|