Atentados del 11 de Septiembre de 2001
Claudia Heiss, desde Nueva York, exclusivo para El Diario de Cooperativa

Pocos minutos después del choque del primer avión, cuando me preparaba para salir a una clase en la universidad de Columbia, recibí una llamada de Radio Cooperativa pidiendo un despacho sobre el choque de una avioneta en una de las torres gemelas. Intenté ver  la televisión, pero no había señal. Yo no tenía TV cable (las antenas de distribución de la TV abierta estaban en las torres).

Quise conectarme a Internet, pero no funcionaba la línea de discado. No tenía ninguna información. Mientras salía al aire, ví por la ventana el humo que se elevaba desde una de las torres. Mi departamento, en un segundo piso en Williamsburg, Brooklyn, tenía una excelente vista de las torres. Desde allí ví llegar al segundo avión y volar entre las dos torres. No alcancé a percatarme de la forma en que chocó.

Decidí no ir a mi clase y partí rumbo al WTC. Antes de subir al metro, hice un despacho desde mi celular mientras caminaba por la calle, en medio de las sirenas de carros de bomberos que trataban de llegar desde Brooklyn a la zona de las torres. A bordo de la línea J del metro crucé el puente Williamsburg, que pasaba casi frente a las torres. La gente se agolpó en las ventanas a ver qué ocurría. Desde ahí ví el hueco que se había formado en una de las torres, y me pregunté cómo rescatarían a las personas que estaban en los pisos superiores.

En el camino, subió al tren un hombre que venía del distrito financiero, pálido y tembloroso, y describió a los presentes la situación de pánico que había presenciado. Le pregunté si él se encontraba en una de las torres y me respondió con una sonrisa desdeñosa que no estaría sentado aquí si hubiese estado dentro de una torre.

Al llegar a Manhattan, consideré que la zona de las torres estaría acordonada, no podría acercarme, y me sería imposible obtener información para despachar a Chile en medio del caos. En cambio, seguí en el tren hasta una oficina de Washington Square donde tendría acceso a teléfonos, TV, radio e internet. La gente formaba filas en los teléfonos públicos alrededor de la plaza. Al llegar a la oficina, descubrí que las líneas telefónicas estaban casi completamente cortadas.

Logré escuchar la radio y, más tarde, la TV y de esa forma pude comunicar a Chile, por email, algunas informaciones. En la confusión inicial, algunas de estas noticias fueron erróneas: por ejemplo, informé, basada en una radio local, que el Pentágono había sido derribado (sólo un ala del edificio sufrió daños) y equivoqué las líneas aéreas a las que pertenecía cada uno de los tres aviones involucrados.

Desde una ventana, vi una columna de humo en el lugar donde estaba una de las torres. Tardé un buen rato en comprender que la torre se había venido completamente abajo. Entre ese martes 11 y el sábado 15 de septiembre, efectué decenas de despachos en directo de los que no guardé registro. Recuerdo en particular haber informado sobre las vigílias de familiares al anochecer, en Union Square y en Washington Square, donde cientos de personas permanecieron toda la noche cantando alrededor de las velas y las fotografías de las personas desaparecidas.

Martes 11/Sep/ 2001: Intercambio de emails con Sergio Campos

Miércoles 12/Sep/ 2001 : edición central del Diario de Cooperativa | avance de noticias | tarde | edición de media noche

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